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Abrir restaurantes y revivir la ciudad

El piloto para la reapertura de restaurantes de Bogotá, “A Cielo Abierto”, estará sucediendo esta semana que viene, 3,4, 5 y 6 de septiembre, entre jueves y domingo.

En rueda de prensa de hace un par de semanas, la alcaldesa López confirmaba su realización y revelaba algunos detalles:

“Vamos a cerrar y peatonalizar unas 100 calles de nuestra ciudad, de jueves a domingo para que la gente pueda trabajar al aire libre, no en espacio cerrado. Mejor ventilado, por lo tanto con menos riesgo, con otros protocolos de bioseguridad, para que podamos volver a tener el sector de restaurantes y gastrobares trabajando, no todos los días, pero si de jueves a domingo, o de viernes a domingo.”
Claudia López.

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Ya hemos visto cómo en otras ciudades del mundo los restaurantes han vuelto a abrir al aire libre, aprovechando su espacio público y sobre todo sus calles: Nueva York, Madrid, París, y muchísimas otras más.

Ha sido un fenómeno global que le ha devuelto la vida y la alegría a las ciudades, abriéndonos los ojos y la imaginación sobre las enormes posibilidades que tenemos en medio de esta difícil crisis para avanzar con hechos concretos la apuesta por ciudades más humanas, sostenibles y menos carro-dependientes.

 

Entonces, tenemos que entrar en esto, reconociendo que, detrás de la reapertura de restaurantes, hay una oportunidad de hacer algo mucho más significativo que solo abrir restaurantes. Por supuesto es un paso vital para reactivar la economía, dándoles a muchos negocios del sector la oportunidad de sobrevivir y salvar miles de empleos. Pero además de esa urgencia, hay una oportunidad soñada de devolverle la ciudad a las personas, activar y reconquistar nuestro espacio público, mejorar barrios y afianzar dinámicas de proximidad que nos inviten a movernos a pie y en bicicleta como las mejores opciones, por encima del carro.

A través de este piloto podemos restaurar y consolidar la vocación peatonal -desaprovechada- de muchas de las zonas donde ocurrirá el piloto; Usaquén, Zona G, Calle Anticuarios, Parkway, Macarena, Quinta Camacho, Calle 11 en el centro y muchas otras más.

¿Somos conscientes de la oportunidad que tenemos entre manos?

Y, sin embargo, esto solo será posible, si apostamos y tomamos riesgos con la suficiente claridad y convicción de saber muy bien el tipo de ciudad que queremos ser cuando se acabe la crisis. ¿Queremos una ciudad más carro dependiente, asfixiada y congestionada? ¿O, por el contrario, una ciudad con mejor calidad de aire, sostenible, amable y que ponga por delante de los caprichos del carro las necesidades de las personas y la salud de la ciudad? De acuerdo a como actuemos y aprovechemos el momento, saldremos de la crisis.

Ojalá quienes están al frente de estos proyectos, tanto en Bogotá como en las diferentes ciudades del país, dimensionen el tamaño de la oportunidad que tienen entre manos y la responsabilidad que les corresponde de saberla aprovechar.

Si el proyecto es exitoso y se realiza desde la comprensión de lo que es posible lograr y lo que está en juego, es realmente importante lo que podemos ganar y avanzar mejorando la calidad de nuestras calles, barrios y ciudades.

Algunos puntos para tener en cuenta

Además de la dimensión económica, hay que ver estos proyectos con ojos de oportunidad para:

  • Bajarle la velocidad a calles y barrios.
  • Mejorar barrios.
  • Promover y afianzar dinámicas de proximidad, incentivando que personas lleguen a pie y en bicicleta a sus destinos.
  • Reactivar espacio público muerto y en desuso.
  • Mejorarle y abrirles más espacio a los peatones. Restaurar y consolidar la vocación peatonal -desaprovechada- de muchas de las zonas donde es posible que ocurra el proyecto.
  • Darles nuevos usos y sentido a nuestras calles. Sobretodo en estos momentos que el aire libre y el espacio exterior cobran tanto valor como aliados para protegernos del virus y convivir con este1.

Por ningún motivo y en ningún caso, hacerlo a costa de la seguridad, comodidad y espacio de los peatones.

Si hay un principio rector que debe orientar la implementación y el escalamiento de cualquier iniciativa de estas, tendría que ser este.

Si se hace en andenes suficientemente anchos, está bien. Pero de lo contrario, será mucho más estratégico buscar otros espacios, y siempre está la posibilidad de aprovechar la calle.

Vale la pena repetir. Siempre está la posibilidad de aprovechar la calle

Para el caso de calles es posible aplicar diferentes esquemas/alternativas:

  • Peatonalizaciones completas.
  • Peatonalizaciones flexibles. Aplicadas ciertos días y en ciertos horarios.
  • Calles lentas. Permiten acceso únicamente a tráfico local: residentes, servicios de ciudad, emergencias, casos especiales. (Ver: Los Niños se toman las calles)
  • Readaptación y angostamiento de calles. Se eliminan carriles de ciertas vías con el fin de habilitar espacio en la calle para el uso que se le quiera dar, en este caso, la posibilidad de disponer de mesas para activar negocios de comida.

La aplicación de cualquiera de estos conceptos tendrá implicaciones muy positivas para la calidad de los barrios, quizás entre las más importantes y urgentes, la de bajarles la velocidad a sus calles.

Es el momento de mejorarle el espacio a quienes caminan, no de reforzar la cultura de dejarlo de último en las consideraciones de diseño y gestión de la ciudad.

Urbanismo táctico (de verdad)

El urbanismo táctico en medio de la pandemia tiene que entenderse como un recurso sobretodo funcional para actuar con gran velocidad para readaptar y reconfigurar espacios públicos, incluidas calles y avenidas.

Hay que ser muy conscientes y empáticos frente a la realidad económica del momento y pensar en los mensajes que envía cualquier intervención. Todo lo ornamental y estético, creo que debe y puede pasar a un segundo plano en estos momentos. Lo más importante es concentrarse en la operación e implementación.

Este es uno de esos casos en los que menos puede ser más. La vida que cobrarán las calles y los espacios de la ciudad, será lo realmente atractivo y cautivante.

Se necesitarán cierres y protecciones para lo cual pueden utilizarse materas, conos, pintura y otros materiales de muy bajo costo, que también pueden embellecer.

No promover esquemas Drive Thru

El piloto de Bogotá está contemplando un esquema de estos. Ojalá reconsideraran. (Ver propuesta.)

En primer lugar, no hay un mayor sinsentido que asociar los conceptos, métodos y objetivos del urbanismo táctico, con iniciativas que ayudan a facilitarle la vida a los carros y promueven su uso.

Por otra parte, no hacen parte de nuestra cultura. ¿Vamos ahora a poner de moda comer entre el carro? ¿No les parece que terminar en eso es el síntoma del fracaso absoluto de la calidad de vida? ¿Cuál es la coherencia de eso frente al discurso de la ciudad sostenible que queremos ser y la necesidad de desincentivar viajes en carro?

“Si diseñas una ciudad para carros y para el tráfico, consigues carros y tráfico. Si diseñas una ciudad para personas y lugares, consigues personas y lugares.”-Fred Kent, Fundador Project for Public Spaces.


​​​​Todos sabemos de la fuerte reacción que se viene por parte del carro y la moto por temor al virus. Ya hemos visto los trancones en cuanto se han relajado las medidas.

Que aparezcan iniciativas de los privados en este sentido, es de esperarse y las habrá de sobra. Pero que lo promueva la administración, desatinado, por decirlo suavemente.

La coherencia entre discurso y medidas es importante.

En cambio, muy bienvenida la opción de los camiones de comida. Esta es una coyuntura perfecta para promover y explorar este tipo de innovaciones. Al aire libre, aprovechando espacio de vía, con la posibilidad de activar espacio público.

Promover viajes a pie y en bicicleta, no en carro

Todos los esfuerzos y la creatividad tienen que emplearse en tratar de promover y afianzar dinámicas de proximidad, para que las personas lleguen a pie y en bicicleta a sus destinos, no en carro. Lo ideal es que las personas se acerquen a la oferta gastronómica bajo una lógica de ciudad de 15 minutos, es decir, lo que quede cerca. Eso sería lo ideal.

Para esto será clave pensar en esquemas de ciclo-parqueaderos seguros en los puntos de destino. Lo cual además puede significar una fuente de ingresos para quienes las cuiden. Lo mismo que hemos visto por años del señor que nos cuida el carro, pero para bicicletas.

Bogotá necesita miles de ciclo-parqueaderos en sus destinos comerciales y esquemas que garanticen su seguridad.

¿Qué más podemos y necesitamos hacer para incentivar que lleguemos a pie y  en bicicleta a nuestros destinos?

Miedo a la palabra peatonalizar

Por cuenta de experiencias como la 7ª peatonal, la palabra peatonalización despierta los peores miedos en los bogotanos. Lamentablemente, se asocia con todo lo que puede salir mal y no con los enormes beneficios que han demostrado traer cuando se hacen bien; reactivación económica por mayor circulación de potenciales clientes, valorización de los predios, más impuestos, tejido social, calles más activas y dinámicas, seguridad vial, etc.

Tan mala ha sido esa experiencia, que los establecimientos de ese corredor, no tendrán la posibilidad de abrir en el marco de esta estrategia bajo un esquema de cielo abierto.

En lo posible, puede ser recomendable y estratégico, buscarle otra palabra.

Listos a defender la propuesta frente a la cultura de la carro-dependencia. La mejor defensa es que salga muy bien.

Aparecerá una oposición muy fuerte y radical a este esquema por parte de defensores a ultranza del derecho a utilizar y estacionar el carro a sus anchas. Hay que estar muy preparados para defender la medida con argumentos, pero sobre todo con la buena implementación y gestión de la estrategia.

Hay que hacerlo muy bien y saber demostrar los beneficios económicos y sociales del proyecto. Pero, sobre todo, su carácter estratégico y solidario para contener la crisis económica y el terrible ciclo de pobreza que estamos viviendo.

“Cuando empujas el status quo, éste empuja de vuelta, fuerte.” Streetfight— Janette Sadik-Khan

Hay que medir el impacto de las estrategias desde el día 1 y en diferentes aspectos

Se recomienda medir impacto sistemáticamente y mucha sensibilidad para ajustar y mejorar lo requerido sobre la marcha. Vale la pena medir impacto sobre: 1) contagio 2) impacto económico para restaurantes, pero también para el comercio cercano 3) la satisfacción y aceptación sobre el cambio del uso de los espacios y las calles.

En la medida que funcione y se respalden los buenos resultados con evidencia de aceptación y beneficios económicos, queda la posibilidad de hacer permanentes muchos de los cambios en las calles.

Por muchas razones necesitamos que esto salga muy bien; para los negocios, para la economía, para empezar a recobrar la vida, para el presente y el futuro de la ciudad.

Lo que hay en juego trasciende la reapertura de restaurantes.


Serie: La ciudad como solución a los retos del COVID19

1Con el equipo de investigación de la Universidad del Rosario Data-Lama estamos brindándole apoyo a los alcaldes del país, utilizando data para entender el comportamiento de la epidemia y asesorándolos en el diseño de soluciones urbanas para reanudar actividad económica y social bajo un esquema de monitoreo y evaluación de impacto para sus estrategias.

Ciudades a cielo abierto como alternativa a la cuarentena

Serie: La ciudad como solución al COVID19

Después de más de 140 días encerrados en la casa, la respuesta a todo no puede seguir siendo “quédense en casa”, “teletrabajen”, “pidan domicilio”, “operación candado”, “toque de queda”. El regreso a una nueva normalidad tendrá que ser lento, prudente y gradual, pero, además, deberá contemplar estrategias distintas al confinamiento, que nos ayuden a retomar la vida, de la manera más segura posible, protegiéndonos del virus, pero también cuidando otros aspectos de la salud física y mental de las personas. Y por supuesto, que nos ayuden a reactivar la economía.

La experiencia de cientos de ciudades del mundo nos demuestra que, es precisamente esa ciudad al aire libre, a la que le hemos dado la espalda por tanto tiempo, la que aparece hoy, como una de las apuestas más seguras y necesarias para enfrentar este largo proceso de recuperación económica y normalización de la vida que tenemos por delante.

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Esto quiere decir que, Bogotá y las demás ciudades del país requieren de un plan urgente para habilitar espacio exterior que soporte cualquier otro plan o estrategia para reactivar la economía y la reanudación de la actividad social de las personas. La pregunta es: ¿Tenemos ese plan listo en Bogotá? ¿Están trabajando las diferentes ciudades del país en algo así?  ¿Más allá del piloto de reapertura de restaurantes de finales de agosto, qué más vendrá para septiembre? ¿Abrirá la Ciclovía? ¿Cómo más podemos aprovechar parques, plazas, calles y otros espacios?

Importante para la reactivación de la economía. Importante por razones de salud física y mental. Importante para la salud de nuestros barrios y comunidades.

En la ciudad y su espacio público, incluidas sus calles, siguen esperando muchas oportunidades y soluciones para enfrentar las exigencias del momento. Es urgente empezar a aprovecharlas.

Todas las ciudades del país tendrían que estarse preguntando y actuando sobre lo siguiente:

  • ¿Cuál es la manera más estratégica de aprovechar nuestras calles y el espacio público de la ciudad en estos momentos?
  • ¿Cómo pueden ayudarnos a responder a los desafíos que nos está planteando el COVID?

A continuación, unas ideas de cómo y dónde hay oportunidades concretas para desplegar este plan.

 Reapertura de restaurantes y comercio al aire libre.

Aprovechamiento de espacio en calles y espacio público para reactivar actividad de restaurantes y comercio.

Ejemplos: Nueva York, Paris, Madrid, Tampa, Ciudades de Asia, Portland, Bucaramanga (Piloto), Vilnius/Lituania.

Para el caso de calles es posible aplicar diferentes esquemas/alternativas:

  • Peatonalizaciones completas.
  • Peatonalizaciones flexibles. Aplicadas ciertos días y en ciertos horarios.
  • Calles lentas. Permiten acceso únicamente a tráfico local: residentes, servicios de ciudad, emergencias, casos especiales.
  • Readaptación y angostamiento de calles. Se eliminan carriles de ciertas vías con el fin de habilitar espacio en la calle para el uso que se le quiera dar, en este caso, la posibilidad de disponer de mesas para activar negocios de comida.

El piloto de reapertura de restaurantes en Bogotá, “A Cielo Abierto”, está programado para el próximo 3 de septiembre. En Colombia, Bucaramanga se animó a liderar la aplicación de este esquema y ya realizó un primer piloto el pasado 26 de junio. ​​​​​​​También hicieron pilotos Cali y Barranquilla.

La iniciativa tiene el potencial no solo de ayudar a reactivar la economía de la ciudad (restaurantes, comercio), sino también de potenciar y consolidar la vocación peatonal de muchas de las zonas donde ocurrirá el piloto, mejorando considerablemente la vida del barrio; Usaquén, Zona G, Calle Anticuarios, Parkway, Macarena, Quinta Camacho, Calle 11 en el centro y muchas otras más.

Otro efecto muy positivo para la ciudad que puede resultar de este ejercicio, es bajarles la velocidad a nuestras calles.

Desafortunadamente, para muchos negocios, el piloto habrá llegado demasiado tarde.

Mercados Campesinos con protocolos de bioseguridad en los barrios.

Ejemplos: California, Ciudades en Canadá y España

Un mercado campesino al aire libre, con buenos protocolos de bioseguridad y reglas claras de funcionamiento y circulación, puede ser más seguro para mercar que incluso el Carulla más pinchado de la ciudad a puerta cerrada.

Después de los episodios de contagio en Corabastos, en el mes de Abril la alcaldesa dijo: “tenemos que decentralizar Corabastos”.

¿Por qué no desplegar mercados campesinos para que lleguen a los barrios de la ciudad? Podrían ubicarse en  plazas, parques y calles.

Algunas de las ventajas que traerían son: 1) más seguro al aire libre, 2) mejores precios y se eliminan intermediarios, 3) conexión campo-ciudad, 4) se reactiva la vida del barrio,  5) se promueven dinámicas positivas de proximidad 6) activamos y revitalizamos espacios públicos muertos y en desuso.

Que vuelva la Ciclovía. Calles abiertas y calles lentas. 

En materia de facilitar actividad física y social, no se entiende, por ejemplo, cómo es que la Ciclovía ha permanecido cerrada durante estos 5 meses de crisis.  Hay que ver a decenas de ciudades del mundo, desplegando ciclovías barriales y otros esquemas de cierres viales, para ofrecerle a las personas esa opción de espacio exterior, que permita suficiente distancia física, en la proximidad de sus casas.

A falta de Ciclovía, las personas han buscado cualquier otro espacio para realizar actividad física, como la nueva ciclorruta de la Cr 7a. El problema es que en un carril se difícil garantizar la necesaria distancia física, pero también aparecen riesgos de accidentes porque se utiliza como Ciclovía; hay personas paseando perros, caminando, niños aprendiendo a montar en bicicleta, etc.

En el ámbito de actividad física y social todo está prácticamente bajo llave; Ciclovía, subidas a Patios y al Verjón, parques metropolitanos, clubes deportivos, gimnasios.

Calles Abiertas y Calles Lentas.

  • Cierre de calles para recreación de todos con suficiente distancia física. Un estilo de ciclovías barriales.
  • Calles que priorizan su acceso a tráfico local: residentes, servicios de la ciudad, casos especiales.

 Ejemplos: Oakland, San Francisco, Nueva York, Montreal.  Ver artículo: Los niños se toman la ciudad.

Urbanismo táctico para inducir distancia física en parques y otros espacios públicos.

Por supuesto, la realización de cualquier actividad debe contemplar y diseñarse pensando en garantizar distancia física, no aglomeración y todas las demás medidas necesarias de bioseguridad.

¿Cuántas actividades culturales, deportivas y económicas podríamos retomar aprovechando los parques de la ciudad? ¿Qué tal aprovechar las calles y darles nuevos usos?

  • Cine, obras de teatro, conciertos  y otras actividades culturales.
  • Actividades físicas y deportivas cómo: yoga, entrenamiento deportivo, meditaciones, los aeróbicos de la Ciclovía.
  • Ferias de comercio a cielo abierto.

 

Centros de ciudades peatonales.

Con el fin de garantizar suficiente distancia física para la reapertura segura y ordenada de actividad económica, algunas ciudades adelantan esquemas de peatonalización de calles y cierres viales dando prioridad de acceso a residentes y comercio local.

Ejemplos: Ciudad de México, Atenas, Londres, Barcelona

Ciclorrutas temporales.  

Ejemplos: Bogotá, Milán, Auckland-Nueva Zelanda, Paris, Ciudad de México.

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Bogotá aprovechó el principio de la crisis para dar un paso muy importante al habilitar un número muy significativo de nuevos kilómetros de ciclorrutas para las bicicletas. Los planes para protegerlas y hacerlas permanentes, en el caso de los corredores de la 9ª, 7ª y Cll 13, avanzan a muy buen ritmo.

Las nuevas ciclorrutas traen consigo el enorme reto de gestionar el comportamiento de ciclistas y carros para que el corredor funcione. Necesitan de mucha gestión, gerencia y procesos de cultura ciudadana.

El otro gran reto que le queda a un corredor como el de la 7a es el de buscar esquemas para priorizar el transporte público de buses. Importante, porque a mayor tiempo de recorrido, mayor el riesgo de contagio para quienes lo utilizan. Importante, porque la ciudad necesita recuperar urgentemente la confianza en su sistema de buses para que sea una verdadera opción frente a la moto y el carro.

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Finalmente. Si leemos bien el momento, veremos como la actual coyuntura de crisis, nos está ofreciendo una oportunidad que no volverá a repetirse de:

  • Reivindicar el espacio público como el lugar por excelencia donde vivimos y se vive la ciudad.
  • Habilitar espacios exterior para desarrollar diferentes actividades, económicas y sociales, al aire libre, donde es más seguro y posible garantizar distancia física.
  • Abrirle más espacio a la bicicleta y al peatón, como las mejores alternativas de movilidad para hacerle frente al COVID, así como para el mediano y largo plazo de la ciudad.
  • Introducir y afianzar dinámicas de proximidad que aterrizan con hechos esa idea de la ciudad de los 15 minutos, con la cual se eliminan viajes en carro y se activa la vida de barrio.
  • Bajarles la velocidad a las calles, a los barrios, a la ciudad.
  • La oportunidad de aterrizar y materializar con hechos el discurso de la sostenibilidad urbana.

Todos estos esquemas pueden desplegarse con relativa facilidad y a bajo costo, dando la posibilidad de pilotearse, ajustar/iterar sobre la marcha, medir impacto en las personas y en la economía local, y en caso de resultar exitosos, queda la posibilidad de mantenerlos en el tiempo con importantes resultados para la salud de las personas, la calidad de nuestros  barrios y el repunte de la economía.

El esfuerzo de adaptación y sacrifico que hemos hecho los ciudadanos ha sido enorme. Necesitamos, después de 5 meses de encierro, que los gobiernos empiecen a demostrar que se han preparado y han pensado en algo diferente a las cuarentenas para retomar la vida y convivir con el virus.

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Serie: La ciudad como solución a los retos del COVID.

Artículo anteriores: Las ciudades se juegan su futuro hoy, ¿Qué hará Bogotá?, La ciudad como solución a los retos del COVID, Los niños se toman las calles.

Serie: La ciudad como solución a los retos del COVID19

¨La ciudad no es un problema, la ciudad es una solución. ¨ Jaime Lerner

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Urbanismo Táctico en el Parque de la 93 para ayudar con el distanciamiento social

Ante un panorama bastante incierto de la vacuna, que podrá tardar en llegar entre 12 y 18 meses, estamos obligados a aprender a convivir con el virus. Superar el virus tomará tiempo, quizás varios meses.

Por otro lado, el confinamiento tiene su límite, tanto por razones económicas -hambre, informalidad, desempleo, el colapso de los negocios- como por cuestiones de salud física y mental. La fatiga de la cuarentena la estamos sintiendo todos; niños, adultos, personas mayores. La presión por reabrir y reanudar la vida aumenta con el paso de los días. Hay que buscar un equilibrio entre las posiciones pro-vida y pro-economía; entender que no son excluyentes, y que, por el contrario, ambas se necesitan y son complementarias. La idea es cuidar la salud y no morirnos, no solo de COVID19.

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El desgaste lo estamos sintiendo todos.

Ya sabemos que uno de los mejores aliados que tenemos para enfrentar el COVID es el espacio exterior. Afuera, al aire libre, las posibilidades de contagio son significativamente menores que en espacios cerrados.

Es por esta sencilla pero poderosa razón que la ciudad y su espacio público, incluidas sus calles -considerando las exigencias que nos ha impuesto el COVID19-, están llamadas a jugar un papel determinante pensando en la urgencia de reanudar de manera segura y responsable, que cuide la vida, la actividad económica y social que tanto estamos anhelando y necesitando.

Otra parte importantísima de la ecuación es el escenario actual de pocos carros en las vías y la enorme oportunidad que la coyuntura nos está dando de favorecer alternativas sostenibles de movernos como la bicicleta y caminar. Porque nos ayudan contra el virus hoy y son estratégicas para el futuro, porque a diferencia del carro y la moto, son limpias, amables y generosas con la ciudad. Además de la vida, está en juego el futuro de las ciudades: carro-dependencia vs sostenibilidad urbana.

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Ciclorruta Cr 7a – Respuesta estratégica para la crisis que le abre espacio a la bici en la ciudad. Ya se confirmó que será permanente.

Por eso, hay que moverse con mucha determinación y sentido táctico, e ir ajustando sobre la marcha, porque la ventana de oportunidad es estrecha y se va cerrando con cada día que pasa; con cada nuevo anuncio de reabrir sectores, con cada carro que sale otra vez a ocupar las calles.

¿Cuál es la manera más estratégica de aprovechar nuestras calles y el espacio público de la ciudad en estos momentos? ¿Cómo pueden ayudarnos a responder a los desafíos que nos está planteando el COVID?

Estamos viendo cientos de cierres viales por obras en la actual coyuntura sin generar traumatismo. Positivo porque avanzan. Positivo porque dan empleo.  Positivo porque le bajan la velocidad a las calles.

¿Qué otros usos diferentes al de mover y estacionar carros podemos darles?

Bajo un lente que reconoce este valor de las calles y el espacio público para enfrentar la crisis, plantearé en próximos artículos una serie de soluciones prácticas y fácilmente accionables que pueden ser aplicadas al contexto bogotano y de otras ciudades.

Mirar con atención lo que están haciendo otras  ciudades del mundo que ya han superado etapas de la pandemia es urgente y necesario. Lo mismo que prestar atención a ideas y soluciones que provienen desde lo privado y la misma ciudadanía.

La apuesta por la sostenibilidad es lo responsable y estratégico para lo urgente pero también para el futuro.

Necesitamos dar un debate sobre las soluciones para la crisis por fuera de la dinámica perversa de la polarización que se está adueñando de la coyuntura y que nos pasará factura en muertes y el colapso absoluto de la economía.

¡De verdad, Bogotá, ¿no vamos a atrevernos a ir por más?!   

Primer momento de la crisis – Cuarentena estricta, contención del virus

La ciudad cierra

 El COVID nos ha obligado a replantearlo todo. Ha sido un gran experimento global de adaptación. Un episodio extremo que ha sacudido los cimientos de la vida que llevábamos, obligándonos en todas las esferas a modificar comportamientos y a hacerlo con un enorme sentido de urgencia, responsabilidad y sentido estratégico. La letalidad del virus le impuso a la humanidad entera una serie de exigencias para proteger la vida, catalizando este cambio brusco de hábitos y un proceso global de innovación y trasformación positiva para el futuro, quizás tan poderoso en magnitud como la misma crisis. Procesos que proyectábamos para dentro 10, 15 o más años, se aceleraron para instalarse hoy.

El ámbito de las ciudades, no ha sido la excepción.

Mucho ha cambiado en ellas desde que se desató la pandemia. En la 1ª fase de la crisis, en medio de confinamientos estrictos, las ciudades prácticamente se cerraron al público. Los ciudadanos adentro, la ciudad afuera sola, quieta, silenciosa. En Bogotá, como parte de la respuesta urgente buscando contener el contagio, se habilitaron rápidamente ciclorrutas temporales, sumando  84 nuevos kms a los 540 existentes, y se restringió a un 35 % la ocupación de Transmilenio (¿Es 35% adecuado?). Por otro lado, las ventas de bicicletas se han disparado en Bogotá y en el mundo; se rapan las bicicletas (en Bogotá tristemente también se las están robando), el inventario de las fábricas está agotado (“Vendimos 8 bicicletas en 20 minutos”). En este primer momento de contención de la pandemia, el COVID ha dejado un escenario de muy pocos carros circulando por las calles, una racionalización a tope de su uso, mucha prudencia y temor de usar transporte público masivo (TM y SITP), a ojo cerrado una disparada de la bicicleta (por economía, comodidad y oportunidad), y por supuesto, la conveniencia de hacer vueltas y andar la ciudad a pie.

Al margen de la dureza y las dificultades de la crisis, salir afuera a las calles y vivir Bogotá sin carros o con muy pocos, ha sido una de las mejores experiencias en medio de toda esta locura. Lo más parecido en tiempos normales son los domingos de Ciclovía o esos primeros días de enero en los que se desierta la ciudad; días en los que Bogotá baja la velocidad, respira y toma aire para volver nuevamente el lunes a la misma hostilidad que nos es tan familiar de trancón, pito y contaminación, semana, tras semana, tras semana.

Entonces, algo maravilloso que ha sucedido bajo este experimento de restricción permanente de carros y motos -salvo para lo estrictamente necesario-, es que se nos han revelado de manera clara y tangible las oportunidades y los beneficios de vivir en una ciudad donde el carro deja por fin de ser el protagonista de sus calles, para cederle ese lugar a las personas. Es un momento, que, a pesar de lo difícil, le está ayudando a las ciudades, incluida Bogotá, a romper con ese imaginario de carro-dependencia, que tanto nos ha costado en calidad de vida, pero que, para muchos, sigue siendo tan difícil de ver, entender o aceptar. Lo mismo que para desmontar esa falsa idea de que las calles les pertenecen exclusivamente a los carros, o que solo sirven para que estos circulen o se estacionen a sus anchas.

Economist

Fuente: The Economist

Es que el cambio de atmósfera en tiempos del COVID ha sido tremendo; calles potencialmente más seguras en términos de accidentalidad -sobre todo para niños y adultos mayores-, caminamos más y la bicicleta es una gran opción, a falta de parques abiertos vemos niños jugando en las vías, mejoró la calidad del aire, fluye el transporte masivo, ahorramos tiempo que antes perdíamos en trayectos y el odioso trancón, liberamos tiempo para lo que queramos (trabajo, familia, ejercicio, vueltas), menos afán, chao al pito, más silencio, más paz, más cordialidad, etc., etc. Con los carros guardados, o como simples invitados de la ciudad, aunque ya empezando a reaparecer en números conforme se reactivan sectores de la economía, se ha manifestado una mucho mejor ciudad para vivir. Más sostenible y saludable, más amable, solidaria, incluyente, cohesionada y que prioriza la vida.

 ¿Ven el panorama que intenta asomarse para las ciudades, Bogotá incluida?

Niño Patineta

Definitivamente con el COVID llegó la oportunidad soñada, que no volverá a repetirse, de dar un salto gigantesco hacia la promesa postergada de una ciudad más sostenible.  Las condiciones están dadas -políticas y de contexto- para entrar rápidamente a redistribuir espacio vital y limitado de la ciudad cedido históricamente al carro, para devolvérselo a las personas.  Favorecer opciones de movernos como la bicicleta y caminar, además de ayudarnos contra el virus -porque permiten el distanciamiento social, suceden al aire libre donde es menor la posibilidad de contagio y contribuyen a descongestionar Transmilenio-, son las alternativas más limpias y sostenibles para el futuro de la ciudad. Moñona.

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Bogotá ya supo dar un ejemplo enfático de esto, con la veloz implementación de los 84 nuevos kms de ciclorrutas desde el simulacro del 18 marzo, con la promesa de dejar algunas como permanentes. La semana pasada quedaron ratificados Cr 7 (18 kms) y Cll 13 (3.2 kms). Otras ciudades como Lisboa, Ciudad de México, Manizales, Lima y Barcelona han seguido su ejemplo. Definitivamente, es la hora de moverse con acciones audaces y tácticas que vayan más allá de lo inmediato y resulten estratégicas para el mediano y largo plazo de la ciudad. Le llegó la hora al urbanismo táctico de verdad, escala ciudad.

CIclovia Temporal 7a

Foto: El Espectador

Nunca el panorama ha sido tan claro y oportuno políticamente para traducir la visión de sostenibilidad urbana en hechos y acción. ¿Se imagina la tempestad política y reacción en contra que habría desatado el nuevo carril para bicicletas en la Cr 7ª bajo un contexto distinto al actual? La pelotera absoluta. Por eso, bajo cualquier otro contexto, bien haríamos en darnos por bien servidos con lo logrado hasta la fecha. ¿Pero hoy? Con el viento soplando a favor así de fuerte, de ninguna manera. Imposible que la ciudad que le dio vida a la Ciclovía se resigne a lo alcanzado hasta hoy y no se anime a ser más ambiciosa.

 La distopia del carro y el centro comercial uniendo fuerza

Por otro lado, hay que actuar rápido y para ayer fue tarde porque la reacción inercial que se viene por parte de la moto y el carro por temor al COVID, será tan fuerte, previsible e irracional como nuestra obsesión cultural con los motorizados. Ya Cine Colombia anunció auto cine en Unicentro y la reacción fue como si fueran a estrenar, ahora sí, la última temporada de Juego de Tronos o la siguiente de Star Wars. Nada menos que la distopia del carro y el centro comercial uniendo fuerzas. Para que vayan viendo de qué tamaño es la pelea.

Auto Cine Unicentro

¿Será que no se nos ocurre nada mejor que esto? Foto: Twitter Munir Falah

“Unicentro al parking será un espacio de entretenimiento para que el cliente disfrute de cine, teatro, conciertos y eucaristías desde su carro. Todo se hará desde el vehículo sin la necesidad de que la gente se baje.”, Camilo Ángel, Gerente de Unicentro

Desde el gobierno distrital se le ha dado mucho bombo al redoblamiento de su apuesta por la bicicleta como respuesta al COVID, pero bastante menos visible ha sido todo lo dirigido al peatón y la caminabilidad. En la 7ª peatonal, que tendría que ser el pedazo de espacio público más espectacular de la ciudad para caminar -tras 6 traumáticos años de obra-, primero, no se puede caminar, y segundo, representa hoy uno de los potenciales focos de contagio más latentes por el hacinamiento, caos y desorden que allí se han instalado. ¿Acaso no ven la enorme oportunidad que hay de recuperar y gestionar el corredor bajo los parámetros de distanciamiento social y protocolos de bioseguridad que nos exige el COVID? Primero, es lo responsable con la vida y la gravedad de la crisis, pero segundo, la oportunidad de sacar al corredor de la olla.

En Medellín, por ejemplo, además de nueva infraestructura ciclista, aprovecharon la coyuntura para tumbar un puente “peatonal” (por antipeatonal) y reemplazarlo por un paso a nivel, protegido, con cebra y semaforizado, para priorizar a quienes caminan. ¡Qué mensaje para la sostenibilidad! Lo anterior para señalar, que la oportunidad es amplia y comprehensiva, tanto para bicis como para peatones. Ambos son claves. Podríamos seguir ese buen ejemplo de Medellín, pero también hacer muchas otras cosas más. Los ejemplos que puede seguir Bogotá de acciones tácticas para adaptar a su contexto sobran en el mundo.

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Foto: Twitter Carlos Cadena – Secretario Movilidad Medellín

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Foto: Twitter Xavier Treviño

El confinamiento tiene su límite. Pensando en convivir con el virus

Ahora, pensando en lo que se viene que es cómo convivir con el virus – proyectan que la vacuna tardará entre 12 y18 meses-, veremos que será la misma ciudad, afuera en su espacio público, incluidas sus calles, la que está llamada a jugar un rol determinante pensando en la urgencia de reanudar de manera segura y responsable, que cuide la vida, la actividad económica y social que tanto estamos anhelando y necesitando. Básicamente, por la sencilla pero poderosa razón, que afuera al aire libre, los riesgos de contagio son considerablemente menores que en espacios cerrados. Pero, además, por razones de salud física y mental. Necesitamos espacio exterior, verde, caminar, recibir luz del sol, socializar. El aislamiento tiene su límite.

Finalmente, el tráfico de Bogotá cobra cada año en promedio las vidas de 500 personas, con peatones (50%), ciclistas (12%) y motociclistas (35%), poniendo el mayor número de estos muertos. En medio de la cuarentena, el límite de velocidad se fijó en 50 kms para toda la ciudad. Pero con las calles vacías, así haya cámaras de control, la sugestión oculta que reciben los conductores es la de pisar el acelerador. El problema de la velocidad ha estado presente en Bogotá durante su confinamiento, pero también en muchas otras ciudades del mundo. Con las calles desocupadas de carros, nos quedamos esperando una caída drástica en la accidentalidad, que nunca llegó; 12 muertos y más de 460 lesionados entre el 25 de marzo y el 19 de abril. Hace 1 semana, a 100 metros de mi casa, en medio de una zona residencial por la que pasaban niños y señores trabajaban enterrando cables, vi una camioneta volar por el aire aparatosamente y caer sobre el andén, tras colisionar con un carro blindado en la intersección. De milagro no hubo muertos.

Propuesta de unos niños revolucionarios que se toman las calles para jugar

El otro fuerte mensaje que nos está dejando la coyuntura es que hay que hacer mucho más para bajarle la velocidad a nuestras calles. Aquí el portafolio de opciones es amplio. Pero si la ciudad quiere empezar con una muy buena, fácil, barata y sencilla de aplicar, es la que estos niños en la foto de abajo, en un barrio del norte de Bogotá, le están señalando a la Alcaldesa y a su Secretario de Movilidad.  La posibilidad de cerrar algunas calles locales -dónde solo entra el tráfico local/residencial-, para el disfrute y uso de las personas. Quizás, hasta más simbólico y revolucionario que tumbar un puente peatonal, sea cerrar una o varias calles, para permitirle a unos niños que jueguen tranquilos y libres en ellas (Priorizando zonas residenciales, alrededores de parques y colegios, iglesias, complejos de salud, y barrios donde faltan parques y espacio verde, etc.).

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Es el momento de entrar a escoger entre dos opciones; la ciudad y sus calles para las personas, vivir y cuidar la vida, o, para mover y estacionar carros, que es lo mismo a seguir postergando y quebrando sistemáticamente la promesa de una ciudad más sostenible y humana.  Esperemos que quienes están en posiciones de liderazgo en la ciudad sean conscientes de la enorme pero fugaz oportunidad que tenemos entre manos, y, por lo tanto, también, de la equiparable responsabilidad de saberla aprovechar; actuando con la urgencia y el sentido táctico que el momento necesita.

¿Será que en medio de este crítico momento somos capaces de darle a nuestras calles usos más prioritarios, estratégicos y solidarios, diferentes al de mover y estacionar carros?

¿Tendremos la claridad de visión y el atrevimiento de ir por más?

¿Aprovechará Bogotá su oportunidad?

**En las próximas notas, algunos ejemplos concretos de posibles escenarios, acciones y estrategias para actuar frente al COVID en Bogotá, que además le ayudarían a fortalecer su apuesta por la sostenibilidad.

La deuda de Rappi con Bogotá

En estos momentos, la ciudad está apagada, sus calles desoladas. Sin duda, a la ciudad le está haciendo falta su gente y a su gente le hace falta su ciudad. Son días en los que el espacio púbico y sus calles son de muy pocos. La gran mayoría hemos tenido que guardarnos en nuestras casas y las pocas y cortas veces que salimos, ¿qué vemos?, o, ¿qué observamos desde nuestras ventanas? a veces a alguna persona paseando el perro, de pronto a otra caminando a hacer alguna compra, de vez en cuando a los señores que barren las calles, algún policía aquí y allá, uno que otro ciclista, pero en general, muy pocos o nadie (yo he empezado a disfrutar mucho de un enorme Urapán que hay afuera de mi ventana y las decenas de pajaritos que llegan a él).

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La vista desde mi ventana. Urapán, calles solas y Rappis

Ah, y lo otro que observamos al salir, porque han permanecido activos y visibles en la ciudad, son los domiciliarios, principalmente los que van de naranja intenso. Así es, los rappis o rappitenderos siguen ahí; los vemos en números sentados esperando pedidos en algún andén, pedaleando sus bicicletas o acelerando sus motos para hacer sus entregas. En medio de estos tiempos extremos y extraños, es de lo poco que notamos que se ha mantenido fijo y presente en el paisaje urbano de Bogotá.

Bajo esta mirada, me parece importante que hablemos del papel que Rappi, un negocio urbano en lo más profundo de su esencia, viene jugando para la ciudad. Acaso, ¿Hay alguna otra empresa privada o marca más presente y visible que Rappi en ese paisaje cotidiano de Bogotá? Quizás Transmilenio, quizás los amarillos. Pero no. Definitivamente, es el gran batallón de domiciliarios naranja lo que más registramos por estos días afuera en sus calles; antes y durante la pandemia. Y a eso, súmele lo que vemos de Rappi en noticias y redes sociales.

Lo primero, es que en medio de este monumental desafío del Covid19, Rappi ha probado un enorme valor social y económico. Sencillamente, porque resultaron imprescindibles o se hicieron imprescindibles para dar respuesta a la crisis. ¿Y cómo lo han hecho? Pues nos han ayudado a que la gente se quede en casa, centralizan la operación de miles de domiciliarios lo que permite elevar y controlar estándares de higiene (esperemos que eso sea así, aunque hay quejas de algunos Rappitenderos sin los elementos de seguridad) y a trazar el movimiento del servicio, vital también, y de lo más importante, se consolidan hoy como fuente de empleo y de ingresos para miles de familias de escasos recursos en  ciudades de Colombia y la región en medio de la que ya es la peor catástrofe económica de la que tengamos memoria.

La Revista Semana de esta semana, informaba que, en medio del trauma económico actual, el número de rappitenderos ha pasado de 17,000 a 30,000 en Bogotá. Y aun más indicativo de la destrucción actual del mercado laboral es que han pasado de recibir 4,000 solicitudes de empleo semanales a 120,000. En medio del cataclismo, parece que se han hecho incluso más fuertes y necesarios que en tiempos normales.

Por otra parte, su protagonismo ayudando a mitigar la crisis bajo este contexto de confinamiento, libre de interacciones entre rappitenderos y ciudadanos, también les ha servido para neutralizar esa mala reputación que venían recogiendo como consecuencia de las innumerables incomodidades y riesgos causados por la actividad del negocio en los ciudadanos. Lo cierto es que en medio de la coyuntura actual se ha dado un giro súbito y muy oportuno de su imagen; por imprescindibles, pero también como resultado del sentido de solidaridad y reconocimiento que se ha despertado entre la gente por quienes, como los rappitenderos, prestan un servicio crucial en estos momentos, mientras exponen a diario sus vidas al virus. Bien merecido.

Ahora, la paradoja de Rappi es que nos trata divinamente desde la comodidad de nuestros sofás -aunque nunca falten los problemas tecnológicos o de servicio-, pero bastante mal cuando la interacción con sus dinámicas de negocio tiene lugar en el escenario de la ciudad. Desde el hogar es sinónimo de practicidad, velocidad y la posibilidad de resolver problemas. Pero a penas pisamos la calle, sentimos que contaminan visualmente, que invaden y degradan espacios públicos, somos víctimas de sus conductas irresponsables y hasta temerarias conduciendo sus bicicletas y motos por calles, andenes y contravías, y en general, percibimos que son más parte de los problemas que nos agobian a diario y no de las soluciones y actitudes cívicas y solidarias que tan urgentemente necesitamos. Pareciera que ya no les importamos, se han ganado la reputación que nada les importa, o que lo que les importa es el $, pero no la calidad de vida del ciudadano. Tremenda bipolaridad ésta.

La cuestión es: ¿Qué va a hacer Rappi cuando dejen de estar solos en la ciudad? ¿Sabrá Rappi aprovechar la coyuntura actual de crisis para ajustar su operación y comportarse mejor en la ciudad cuando todos volvamos a participar en ella? ¿Serán capaces de sostener esta bien ganada imagen de imprescindibles en tiempos “normales”?

 Uno esperaría que sí, que tienen todo para hacerlo. Y como lo veo, es un asunto de prioridad y decisión que pasa por su liderazgo.

La capacidad de Rappi para innovar a ritmos vertiginosos es evidente. Todo el tiempo están saliendo con algo nuevo (Rappi cash, Rappi crédito, Rappi solidario, Rappi video juegos, Rappi patineta, Rappi taxi, etc., etc., etc.). Sin duda alguna cuentan con una facultad bastante especial para leer las oportunidades del mercado, que a su vez pasa por entender al usuario, al consumidor, al ciudadano, y lo han confirmado desde el día 1 de la empresa. Rappi no ha cumplido 5 años de creada y ya existe en 9 países de la región.

Por otra parte, además de abrir mercados y posibilidades para ellos, han demostrado ser buenos jugadores para el ecosistema de innovación del país, impulsando nuevas ideas de otros emprendedores pero también de negocios consolidados en campos desde la micromovilidad (patinetas Grin) pero también de inclusión financiera (Rappi Pay Davivienda) y hasta robótica (en plena crisis han piloteado el uso de robots para hacer sus entregas -en alianza con KiwiBot, empresa especializada en eso, robots-). La joven empresa ha dado muestras permanentes de saber cooperar y su modelo parece operar bajo dinámicas de mutua ganancia, donde su propio éxito va estrechamente ligado al éxito de otros. ¿Qué les impide entonces llevar toda esta capacidad innovadora, espíritu de cooperación y vocación de solucionador de problemas a su relación con la ciudad?

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Foto: Joaquín Sarmiento

 En el caso de Rappi, no se me ocurre un mejor momento que éste para que replanteen su relación con la ciudad. ¿Se imagina el efecto de Rappi haciéndolo bien en Bogotá? ¿Qué tal ayudando a liderar procesos de transformación cultural urbana en temas como movilidad sostenible y seguridad vial? Hoy, es de lejos la empresa más visible en la ciudad, tanto física, virtual y noticiosamente. Bajo esa mirada, ¿se imagina el lector otro mejor ejemplo de liderazgo empresarial para la ciudad? Yo no. Sencillamente porque detrás de cada rappitendero, hay la posibilidad de inyectarle civismo y buena onda a Bogotá. Lo que sería un hit para la ciudad y también para la empresa.

Actuar con solidaridad y responsabilidad por la ciudad y su gente, además de ser lo correcto, es buena estrategia y buen negocio. Lo contrario, seguir descuidando la ciudad por pensar que se prioriza el negocio y su crecimiento apresurado, amenaza con erosionar ese elemento de confianza que es tan importante a la hora de cuidar la lealtad del consumidor, y que palpablemente, está en la pepa de su modelo de negocio. Al fin y al cabo, ¿No ha sido la ciudad como escenario de su negocio y el ciudadano como su cliente, lo que les ha permitido nacer, existir y prosperar?

En Bogotá necesitamos sin duda de buenos liderazgos políticos y ciudadanos, pero indiscutiblemente también, de liderazgos empresariales que contribuyan con sentido de responsabilidad y actitudes de generosidad a mejorar lo que es de todos. El dolor y el aprendizaje obligado que han venido con esta crisis y la falta que nos está haciendo la ciudad en este momento deberían ser suficiente motivación para que todos lo hagamos bastante mejor con Bogotá.

“Never let a good crisis go to waste” decía alguien por ahí. Nunca dejes que una buena crisis se desperdicie.

Cebras por la Vida reseñado en El País de España

Quién iba a pensar que salir a la calle con rodillos y tarros de pinturas a pintar pasos peatonales con color y arte fuera a llegar tan lejos. Hoy el periódico El País de España reseña el Proyecto de Cebras por la Vida como ese referente de activismo urbano creativo que pelea por el derecho a caminar en nuestras ciudades y por el diseño de ciudades que en el centro de todo ubiquen a las personas. Los invito a leer y a ver el video.

Defendiendo el derecho de los peatones para que puedan caminar con seguridad por la ciudad

Un especial agradecimiento a Paula García y a Fernando Casado del Proyecto Towards the Human City. Un honor haber sido parte de su maravillosa aventura de visibilizar proyectos transformadores de nuestras ciudades.

Bogotá 2015: El sueño es nuestro para construir

Collage5El 2015 será un año decisivo para Bogotá.

Y tiene que serlo, porque desde ya tenemos que empezar a reversar lo que han sido una secuencia de años no tan afortunados para la ciudad y para quienes en ella vivimos. Si bien es un año de elecciones y lo que se decida en las urnas será determinante,  lo más significativo tendrá que ver con la reacción que la ciudadanía escoja frente a los retos que enfrentamos. Bien podemos seguir quejándonos al tiempo que autodestruimos buena parte de nuestra calidad de vida con nuestros comportamientos y apatía, o podemos empezar a proponernos y proponerle a los demás actitudes más generosas y constructivas frente a lo que significa vivir en la ciudad.

A pesar de los nefastos liderazgos que han maltratado la ciudad y que se han probado incapaces de tomar decisiones de fondo que muevan la ciudad hacia adelante, ya va siendo hora de que los ciudadanos entendamos y asumamos que el problema es nuestro y que de nosotros dependerá sacar a Bogotá del hueco. Y tenemos afán, porque ya hemos perdido demasiado tiempo confiando las soluciones de la  ciudad en unos líderes que no han llegado. Entonces, la apropiación del futuro de la ciudad por parte de sus ciudadanos, tendrá que coexistir con la posibilidad de que sigan llegando malos gobernantes; desde ya podemos y debemos ser mejores que ellos. Eventualmente les ganaremos el pulso y les cerraremos la puerta.

Corría el año de 1997 cuando Jaime Garzón le dijo esto a un grupo de estudiantes de la Universidad del Valle:

“Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlo. ¡Nadie!”

Pues esas mismas palabras se las estaría exhortando a los bogotanos en estos momentos.

En términos de liderazgos políticos para Bogotá veo una elección de alcalde muy poco promisoria, con una elección demasiado contaminada de política nacional. Una política nacional rapándose la ciudad, pensando en sus respectivos proyectos de poder, pero no en verdaderos proyectos de ciudad. Es la historia de los pasados 12 años y 3 administraciones (7 alcaldes). Ya veremos.

Así que tendremos que ver cómo en medio de lo que tendrá lugar el año entrante, buscamos la manera de posicionar una agenda ciudadana para la ciudad que obligue a la política a tenernos mucho más presentes. Poner en el centro de la agenda temas como: calidad de vida, responsabilidad política e institucional, pensar obsesivamente en los ciudadanos y que el centro del discurso y la política pública sea su gente. En los temas de ciudad no hay izquierda o derecha que valga; el centro de todo consiste en mejorarle la calidad de vida a sus ciudadanos y de construir una ciudad para vivir y ser felices. No podemos seguir tragando entero y nos haría mucho bien plantarnos escépticos frente a promesas de revoluciones urbanas o cuentos de que en 4 años lo habrán resuelto todo. La reconstrucción de la ciudad le exigirá su cuota de sacrificio a todas las partes  y será un camino que tendremos que ir tejiendo entre todos.

 Ya hemos padecido lo suficiente como para volver a creer en charlatanes y el costo de la apatía ha sido inmenso.

Digo todo esto sin ánimo pesimista. Todo lo contrario. Esta es mi manera de ser optimista frente a una ciudad que lo único que no puede permitirse, es que su gente renuncie a soñar con una mejor Bogotá.

Eso sí, el sueño es nuestro para construir.

Llegar a viejos en Bogotá: MIEDO

Ayer martes 3 de junio salió una nota en El Tiempo que ilustra la gravedad del problema del peatón en Bogotá, algo que con toda seguridad se replica en las demás ciudades del país: Ser peatón en Bogotá es un peligro para el adulto mayor.

“En una edad en la que deberían estar gozando de la vida y caminando tranquilamente por las calles de la ciudad, los adultos mayores están en peligro cada vez que intentan cruzar una vía o subir a un medio de transporte público en Bogotá.”

Como están actualmente las cosas en Bogotá, de la manera como se comportan sus vías y espacio público, es un titular que no solo les aplica a nuestros abuelos pero igualmente a otros grupos vulnerables de la ciudad como niños, personas en condición de discapacidad y mujeres en estado de embarazo, entre otros. El diseño físico de la ciudad y las dinámicas de su prehistórico sistema de transporte resultan no solo excluyentes sino que sistemáticamente los agreden, poniéndolos en riesgo.

“Por cada 100 personas de ese grupo de edad que fallecieron en los últimos siete años en accidentes viales, 83 eran peatones.”

Así las cosas, conforme nos vamos haciendo viejos y vamos perdiendo movilidad, la agresividad de la ciudad nos va llevando al encierro y al aislamiento. Con nuestra autonomía seriamente constreñida, entonces nos iremos desactivando y marchitando. Vaya manera de tener que enfrentar la vejez.

¡Qué susto llegar a viejo en esta ciudad!

Un panorama así debería causarnos absoluto terror a las generaciones más jóvenes. ¿Qué se está haciendo hoy en Bogotá para cambiar el estado de las cosas? La nota menciona un pacto firmado entre la Secretaría de Movilidad y algunos actores de la ciudad…..no especifica.  ¿De verdad un pacto? ¿Otro pacto? Para qué nos decimos mentiras; más carreta y otro saludo a la bandera.

La verdad es que o empezamos a exigir y a ver acciones concretas como mejoras en el diseño y mantenimiento de la infraestructura física de la ciudad –visibles y tangibles-, pensadas para priorizar al peatón y al ser humano, y otras acciones de corte pedagógico y regulatorias dirigidas a cambiar comportamientos como por ejemplo controles de velocidad en las vías por parte de la policía, entre muchas otras posibles y necesarias, o esta es la ciudad que con plena seguridad recibiremos más adelante.

Finalmente. Apelando al instinto egoísta y cortoplacista que muchas veces nos caracteriza a los bogotanos, lo que bien valdría la pena que entendiéramos es que trabajar desde ya por una  ciudad que cuida y proteje a nuestros adultos mayores, es en últimas, pensar en nuestra propia calidad de vida mirando hacia el futuro.

En ese sentido, está en nuestras manos y en nuestro presente, construir las condiciones de nuestro propio futuro. Lo que no empecemos a hacer hoy lo lamentaremos  más adelante.

¿Cómo queremos llegar a viejos? ¿Qué tipo de vejez queremos vivir? Para pensarlo.

Gil Peñalosa, consultor internacional en temas de desarrollo urbano, al hablar del tipo de ciudades que debemos construir se refiere una y otra vez a la regla 8-80. Esta establece que para construir una ciudad verdaderamente humana tenemos que edificarla de tal manera que les funcione a un niño de 8 años y a una persona de 80.

Piense en una persona mayor de 80 años y en un niño de 8. ¿Se sentiría tranquilo enviándolos juntos a dar un paseo a pie al parque? ¿O por cuenta propia? Si la respuesta es NO, hay mucho por mejorar.


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Urbanismo Táctico en el Parque 93

“La falta de recursos dejó de ser una excusa válida para no actuar. Esa idea de que sólo es válido actuar en el momento en el que se cuente con todas las respuestas y todos los recursos, es la mejor receta para la parálisis.” Jaime Lerner, Ex-alcalde de Curitiba.

Palabras clave: Cebras por la Vida, Urbanismo Táctico, participación ciudadana, activismo urbano, respeto por el peatón

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En medio de estos días de invierno, pareciera que las estrellas y que el mismo San Pedro, comprendieran la importancia del proyecto ciudadano Cebras por la Vida. El jueves y el viernes había llovido y el sábado las vías amanecieron mojadas. Y aunque nos pegamos un buen susto hacia las 10:30 am, cuando cayeron unas buenas gotas que nos obligaron a parar -empezamos a las 6:00 am-, milagrosamente, a los pocos minutos la lluvia se detuvo, permitiéndonos continuar hasta acabar. Hacia las 2:30 pm ya habíamos terminado los 9 pasos peatonales del Parque de la 93. El sol se había reservado para salir en ese momento. El domingo volvería a llover.  El proyecto de los pasos peatonales hizo parte del proyecto de renovación del parque, que reabrió nuevamente sus puertas a la ciudadanía ese mismo sábado 10 de mayo.  Vayan a verlo.

Para los que no saben, Cebras por la Vida es una iniciativa ciudadana que a través de intervenciones artísticas en las calles busca visibilizar la problemática del peatón en Bogotá y reclamar por mejores condiciones de infraestructura y culturales que lo protejan y dignifiquen.

La semana pasada El Espectador publicaba la siguiente nota: Un peatón muere al día en Bogotá. El artículo señala que de 136 muertes en accidentes de tránsito, entre enero y marzo de 2014, 79 fueron peatones (58% de las víctimas). Entretanto, solamente 3 conductores murieron. Y avisaba algo supremamente grave para la ciudad: en términos generales la accidentalidad vial en la ciudad aumentó en un 17% con respecto al mismo período del 2013. La desproporcional cifra de muertes de peatones evidencia algo que es de puro sentido común pero que culturalmente ignoramos: entre los actores de la vía, el peatón es de lejos el más frágil y vulnerable. Pero en Bogotá se le trata a las patadas; se le embiste con el carro, ventas y autos que invaden su espacio estacionando sobre los andenes, motos transitando sobre aceras, ciclorutas  mal diseñadas que le quitan espacio, obras que lo sacan a las calles, andenes destruidos, un aire envenenado de exhosto, la constante amenaza de un atraco, etc., etc.

Lo que sucede en las calles de la ciudad es una tragedia y se equivoca quien crea que la cosa no es con él. Muy pocos se mueven en carro, algunos y creciendo los que van en moto (desastre  a la vista), muchos utilizan el pésimo transporte público de la ciudad, hay unos héroes urbanos que lo hacen en bicicleta, pero lo cierto es que peatones somos todos. Es precisamente por eso que la causa del peatón es tan estratégica; porque al involucrarnos a todos nos invita a trabajar colectivamente por una mejor ciudad. Y porque nos ayuda a ordenar prioridades. En Bogotá necesitamos urgentemente ambas: causas comunes y que la calidad de vida de las personas se priorice sobre cualquier otra cosa. Además, no podemos perder de vista que la gran mayoría de personas que camina diariamente en Bogotá lo hace por necesidad. Entonces, es además una cuestión de inclusión, equidad y democracia. Hay otro mensaje importante que quiere dejar Cebras por la Vida: podemos empezar ya; una cebra, castigar el parqueo sobre andenes, mantener en buen estado la señalización, controles de velocidad, respetar los PARES, cederle el paso a quien camina, en fin. Necesitamos con urgencia salir de la parálisis. ¿No creen?

“Si diseñas una ciudad para carros y para el tráfico, consigues carros y tráfico. Si diseñas una ciudad para personas y lugares, consigues personas y lugares.” Fred Kent, Fundador Project for Public Spaces.

“Si diseñas una ciudad para carros y para el tráfico, consigues carros y tráfico. Si diseñas una ciudad para personas y lugares, consigues personas y lugares.” Fred Kent, Fundador Project for Public Spaces.

En el mundo del urbanismo acciones como las que realiza Cebras por la Vida se conocen como urbanismo táctico. Pequeñas acciones en el corto plazo, dirigidas a lograr un cambio de largo aliento.

Apoyaron: ciudadanos y amigos, Combo2600, La Ciudad Verde, Ciclopaseo de los Miércoles, Secretaría de Movilidad, Veeduría Distrital, Parque 93.

Las motos, Frankenstein y gobernar como reinas de belleza

Fuente: colcarros

Fuente: colcarros

Esto ya lo sabemos. Pasa el tiempo y ante la falta de una actitud decidida para enfrentar los múltiples problemas de movilidad de la ciudad, el escenario por supuesto se crece, se agrava y políticamente se torna cada vez más compleja su solución. Hace un par de días, para sorpresa de la ciudad, los motociclistas organizaron una jornada de protesta, una operación tortuga, según ellos, porque se les está persiguiendo de manera injusta; “Que se las tienen montada”. ¿Qué podrán estar reclamando? En 5 minutos uno los ve violando la totalidad del código de tránsito. Algo inverosímil. Pero entiendo que es el resultado, de esta costumbre nacional, ni siquiera distrital, de evadir la resolución de los problemas por años, de esa capacidad nuestra de observarlos crecer impávidos desde el balcón, hasta que por supuesto se salen de madre, llevándonos a todos por delante.

Es lo que ha pasado con el desbocado fenómeno de la moto en la ciudad. Ahora, ¿Por qué ha crecido y continuará creciendo? Por un lado está lo económicas que resultan y la facilidad con la que se accede a ellas, pero incluso más determinante para inducir su compra y uso, es la pésima oferta de un servicio de transporte público de buena calidad y el atasco general de las vías. El metro tomará años en llegar, pero entretanto, no hay una puesta en marcha seria del SITP y la expansión del sistema de Transmilenio lleva paralizada desde hace años. Igual de quieta está la expansión de la red de ciclorutas y cualquier esfuerzo por acondicionar la ciudad para la seguridad y comodidad de peatones. Es un grave síntoma del fracaso de nuestros gobiernos por atender responsable y estructuralmente la crisis de movilidad. Para encimar, la receta se torna absolutamente tóxica, diría que letal, cuando no hay autoridad a la vista–ni distrital, ni nacional, tampoco de policía-, resuelta a regular su comportamiento en las vías. Este fenómeno que nadie se mide a atajar, es un claro reflejo del decaimiento institucional en Bogotá –aunque sea un problema de índole nacional- y de la ausencia de liderazgo público para enfrentar este y muchos otros temas más.

Bajo este escenario, los motociclistas,  ejerciendo su fuerza numérica, pelearán por sus ventajas en esta ciudad completamente congestionada y fragmentada. La tendencia seguirá pronunciándose, habrá más motos, que representarán más votos, y claro, entre ellos se solidarizarán. Ya lo vemos pasando. Es algo natural. Así cómo hay EL Ciclopaseo de  los Miércoles –un rito ciudadano admirable e inspirador-, por ahí ya se ve algo así como El Motopaseo -para mí, lo opuesto-. De esta manera, ante la falta de un contrapeso en términos de soluciones de fondo a la crisis de movilidad y la anemia institucional, ellos seguirán elevando su voz, con o sin razón.

¿Será que el gobierno, al sentarse a hablar con ellos sobre sus reclamos, los que sea, les reclamará tan duro sobre sus responsabilidades? Responsabilidades que tienen con los demás, pero igualmente con ellos mismos. Es que basta con pasar un rato afuera en la ciudad, para verlas caer como moscas.  Se accidentan, pero a la vez causan una proporción enorme de accidentes. Detrás del pobre peatón (54% -accidentes fatales-), son los que más mueren en las calles de la ciudad (21.5%). ¿Será que el gobierno entiende que más que conciliar posiciones con ellos y hacerles promesas, y decirles que sí a todo, tiene es que trabajar en un paquete de verdaderas soluciones de movilidad, entre ellas, poner en cintura la conducción temeraria de motos, taxis, buses y autos?

Hoy hay en el país casi 5 millones de motos y están disparadas. La bola de nieve se hace cada vez más miedosa. Acá tenemos a un Frankenstein creciendo y en nuestras narices.

La pregunta que dejo es la siguiente: ¿Cuánto le costará al país y a la ciudad, en vidas, en contaminación, en calidad de vida, continuar haciéndose los pendejos con el monstruo? El lapo político es un chiste frente al daño que le ocasionarán al país si no se ataja.

Y finalmente. Nadie lo podría haber dicho mejor que el vicepresidente Garzón por estos días, definitivamente: “no se puede gobernar como una reina de belleza.”

Artículo anterior sobre el tema: Las motos y su más grave pecado

Hacer del peatón la prioridad: Ruta hacia una gran ciudad

Ojo en el peaton

0 El ojo siempre en el peatón. Su cuidado, la obsesión de la ciudad.

No sé si sienten lo mismo, pero yo veo una Bogotá paralizada, patinando sobre el mismo eje, sobre los mismos problemas, ahogándose en retórica, diagnósticos y estudios de grandes proyectos de transporte o infraestructura, polarizada políticamente y fragmentándose cada vez más. Ahora, y ya lo he dicho, no hay crisis, sin que detrás se encuentren infinidad de oportunidades.  ¿Pero dónde están las de Bogotá?

 La idea que vengo a compartirles es la siguiente: para hacer de Bogotá una ciudad caminable a lo largo y ancho, varias cosas son indispensables, que si se logran, y es posible empezar ya, hoy mismo, nos conducirán en la dirección para avanzar en la construcción de una gran ciudad para vivir y ser felices.

 ¿Por qué es estratégico para la transformación de la ciudad? ¿Cómo nos puede ayudar un enfoque colectivo que priorice al peatón a levantar esta ciudad de sus múltiples crisis? (Movilidad, inseguridad, contaminación, confianza, eficacia de su gobierno,  autoridad, espacio público, economía, salud) ¿Cómo nos puede ayudar a poner en movimiento la transformación física y cultural de la ciudad?

 Entre las razones, desarrollaré las siguientes: 1) Ordenar Prioridades y Dimensión Humana, 2) Empezar ya y Pequeñas Acciones que son Determinantes 2) Empatía y Causas Comunes, 3) Seguridad 4) Sostenibilidad y 5) Buen Gobierno y Gestión. Empezaré por las primeras tres y volveré con las demás en futuras notas.

 Ordenar Prioridades y Dimensión Humana

 “Si diseñas una ciudad para carros y para el tráfico, consigues carros y tráfico. Si diseñas una ciudad para personas y lugares,  consigues personas y lugares.”

Fred Kent, Fundador Project for Public Spaces.

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Ciudades para vivir y ser felices

 Para comenzar, pensar en el bienestar del peatón nos ayuda a ordenar y a reenfocar nuestras prioridades. Nos obliga a hacernos preguntas fundamentales, que pareciera hemos dejado de hacernos.  Por ejemplo: ¿Cómo queremos vivir? ¿Qué necesitamos para vivir mejor? ¿Más carros? ¿Parques? ¿Centros Comerciales? ¿Qué necesitamos para ser felices?

 Pensar en la problemática del peatón, nos jala con gran fuerza a  centrar nuestra atención en las necesidades de los seres humanos que vivimos la ciudad, primero y siempre. Nos invita a observar la ciudad y sus dinámicas con nuevos ojos, instándonos a pensar su diseño y funcionalidad, su infinidad de detalles, desde el respeto por la escala y dimensión humana. ¿Cuáles son las verdaderas necesidades de las personas que vivimos en la ciudad? Bajo un enfoque que prioriza al peatón, las personas son lo importante, no la comodidad de los carros. Bogotá necesita ordenar sus prioridades y habría que empezar por esto. ¿No creen?

 Porque pasa el tiempo, y se afianza en Bogotá una cultura cada vez más dependiente del auto particular, que vemos a diario cómo va comiéndose la calidad de vida de todos sus ciudadanos, sin discriminar por estrato, y que ya sabemos, terminará por colapsar la ciudad.

 As­í es que tenemos que dejar de diseñar y acomodar para el carro –sólo aproximadamente el 14% de viajes se hacen en carro particular-, y devolverle la ciudad a los seres humanos. Y para esto, nada como una política deliberada de priorizar al peatón, que le ayude a la ciudad a activar este radical cambio de chip. Primero las personas, priorizar la calidad de vida del ciudadano, proteger vidas humanas, etc. Es una cuestión de equidad, pero también, de viabilidad de la ciudad.

No me caben dudas. Un enfoque así, invitaría a la ciudad a actuar con mayor determinación y sentido de urgencia, en el sentido de mejorar y ampliar el sistema de transporte público (acabar con esa mafia de la “Guerra del Centavo), y mejorar las condiciones de ciclistas y peatones. Un enfoque así, orientaría mejor el criterio y las decisiones dentro de la administración, en cuanto al diseño y la ejecución de sus proyectos, por ejemplo el SITP. ¿O creen que el problema de las dobles tarjetas o su lenta implementación, resultaron de pensar obsesivamente en la calidad de vida del ciudadano? Un enfoque así, acercaría mucho más al cuerpo de policía de la ciudad a la ciudadanía, y entonces, quisiera pensar, habría podido evitarse, por ejemplo la muerte del joven grafitero. Un enfoque así, daría un enorme énfasis, al orden y al estado del espacio público, pues es allí, donde construimos confianza los ciudadanos y cobra verdadera vida la ciudad.

 ¿A quién o a qué se debe la ciudad si no es a las personas que en ella vivimos? ¿A sus ciudadanos? Entonces, empezar por aquí.

 Podemos empezar ya. Pequeñas acciones que son determinantes.

 “El valor no es más que la acumulación de pequeños pasos.”

Gyory Konraid.

Cebras por la Vida

Pequeñas acciones que son determinantes

¿Qué esperamos para dar inicio a la transformación? Podemos empezar a activar ya un proceso de transformación positiva de la ciudad, desde pequeñas intervenciones y acciones, alrededor del cuidado del peatón, que destrabe la parálisis de la ciudad. ¿Cómo protegemos y dignificamos a las personas que caminan en la ciudad? Acciones como  pintar las cebras de la ciudad, señalizar calles, vigilar la velocidad en las vías, sacar a los carros de las aceras, ordenar y embellecer la vida exterior de la ciudad, podrían desencadenar un proceso de gerencia y recuperación del espacio público, que Bogotá necesita urgentemente.  Además, así se enviaría un poderoso mensaje a la ciudadanía de compromiso por mover la ciudad hacia adelante, a través de acciones y hechos palpables que impactarían positiva y de manera  inmediata la calidad de vida de los ciudadanos. Acciones que lo ciudadanos verán, pero que además sentirán.

Al mismo tiempo, la ciudad irá ganando confianza para moverse hacia intervenciones de mayor escala. Pero hay que dar esos primeros pasos con consistencia y determinación. La gente está cansada de tanta promesa de transformación que se queda en el discurso. Entonces, a través de pequeñas acciones que son necesarias para cuidar y dignificar al peatón, que son factibles y realizables en el corto plazo, pondremos en movimiento una transformación real, concreta y gradual de la ciudad.

Que no nos quepa duda, de los pequeños detalles depende el éxito de la ciudad.

 Empatía y Causas Comunes

 “Las ciudades tienen la capacidad de darle algo a todos, solo sí, y solo cuando, se construyen entre todos”

Jane Jacobs

NO hay andenes por donde transitar. Toca por la calle

NO hay andenes por donde transitar. Toca por la calle

 En Bogotá es urgente, diría que vital, que encontremos causas comunes que nos acerquen y nos inviten a construir colectivamente la ciudad. En eso, creo que muchos estamos de acuerdo. Ahora, ¿Quién no es peatón? La respuesta es clara. Lo cierto es que todos somos peatones y nadie está exento del riesgo de la violencia vial que se vive en la ciudad. Tenemos que ser conscientes que en cualquier momento, en cuestión de un segundo, una atropellada nos puede cambiar la vida o llevarse la de algún ser querido. Posiblemente, no haya otra causa en la vida urbana, que nos aglutine como la defensa del peatón.

 Obligadamente, la problemática del peatón nos pone a ver a través de las necesidades del otro y a pensar en las necesidades de los grupos más frágiles y vulnerables de la sociedad. Precisamente por ser el actor más frágil y vulnerable en la vía, el peatón requiere de especial consideración y cuidado. Un énfasis deliberado en su cuidado, nos ayudará a fortalecer la conciencia colectiva sobre el cuidado  y respeto de la vida, y nos obliga a que entre ciudadanos nos protejamos mutuamente.  La del peatón, es una causa que nos invita a trabajar juntos, gobierno y ciudadanía, pero además, sin importar diferencias de género, edad, estrato, raciales, o de tendencia política. ¿Izquierda o derecha? Qué importa.  Todos somos peatones. En esto, por ejemplo, el discurso de Petro y Peñalosa es casi el mismo.

Cebra de Colores Cr 11 con Cll 87

 Esta es una pregunta que no me canso de hacer: ¿Ha pensado en lo que le significa a una persona en silla ruedas moverse por Bogotá y las implicaciones que eso tiene en su vida? ¿Lo mismo, por ejemplo, para una persona mayor de edad o para una mujer en estado de embarazo? También vale la pena preguntarnos: ¿Cómo queremos llegar a viejos? ¿Nos sentimos tranquilos con la ciudad como está, para nuestros hijos? La causa del peatón no solo nos invita, sino que además obliga a pensar en la construcción de una ciudad que nos funcione a todos.

 El diseño y la gestión de la ciudad, son un poderoso instrumento que bien pueden segregar o excluir, o por el contrario, producir verdaderas condiciones de equidad e inclusión en la vida de las personas.

Para pensar: ¿Cómo el enfoque de priorizar al peatón le ayudaría a la seguridad de la ciudad?

¿Qué le pasó al Día sin Carro?

Día sin Carro Bogota, Febrero 6 de 2013

Día sin Carro Bogota, Febrero 6 de 2014

Pasó el día sin carro. Otro. Y a pesar de la importancia que tiene una jornada como esta para la ciudad, en medio de la crisis y la congestión diaria que vivimos los bogotanos, para reflexionar, para convencernos de que es posible vivir de otras maneras, vivir mejor, vuelve a quedar la sensación de que el Día sin Carro sigue perdiendo brillo y acogida entre los ciudadanos. Lastimosamente los ciudadanos, pero todos en general, parecemos comprender cada vez menos su valor y significado. Antes siempre podíamos anticipar el rechazo de gremios como FENALCO. Predecibles y miopes. Sin embargo, este año, sorprendentemente expertos del tema urbano y movilidad como Eduardo Beherentz, también le dieron palo ¿Qué le pasó a la jornada? ¿Qué hay que hacer para recuperarle su significado?

Pasan los años, y aunque hay que reconocer que la administración actual hizo esfuerzos interesantes en las pasadas 2 jornadas, sobre todo habilitando la red de ciclovías, queda claro que para recuperarle su energía y dinámica, el esfuerzo debe ser significativamente mayor por parte del equipo organizador y del gobierno en su totalidad.  Lo veo así; fue tal el sentimiento que se enraizó a lo largo de tantos años de pereza institucional preparando y animando la jornada, que para reversarlo, se necesitará de algo realmente especial, sobre todo, en el sentido de devolverle coherencia y consistencia al día. Mucha coherencia y consistencia.  Porque salimos ese día a las calles, y si bien las revoluciones de la ciudad en algo disminuyen, ahí sigue la plaga de motos que nadie ataja, la Guerra del Centavo que nadie enfrenta, el abuso diario del gremio de los taxistas, Transmilenio más colapsado, y algo nuevo y que es el colmo, carros blindados de particulares transitando (ahora no compran 2 carros, se compran un blindado), configurando el paisaje de la ciudad. Mientras tanto, ni el trancón, ni la contaminación ceden. ¿Qué mensaje envía un escenario como este a los ciudadanos? Así pues, se hace difícil legitimar la jornada.  ¿No creen?

Lo cual me trae a otro punto importante.  La jornada no puede tratarse ni entenderse como un proyecto de un día y ya, ni aislado de lo que pasa en la ciudad. Tampoco puede depender del extraordinario, pero solitario esfuerzo de los apasionados de la bicicleta. Si bien la fecha en que salimos en bicicleta,  caminamos y usamos el transporte público es fundamental, la etapa de preparación de la ciudadanía, dónde se nos invita y seduce a vivir la ciudad de una mejor manera, es tanto o más importante. Debe haber mucha comunicación previa, alrededor de una preparación de la ciudad para vivir la jornada – (rutas, actividades, alquiler de bicicletas, parqueaderos)-, indicando las posibilidades y ventajas que ofrece el día.

Por otra parte, desde el gobierno debe trabajarse obsesivamente por mejorar y evolucionar la jornada año tras año. Para eso, es clave entender lo que funcionó y no funcionó de cada jornada, con el objetivo de proponerse mejoras concretas y posibles para la próxima edición.  ¿Cómo mejoramos la jornada? ¿Qué nuevos elementos podemos incorporarle? ¿Cómo fortalecemos su componente pedagógico? Por ejemplo, si ya sabemos del problema de las motos ¿Por qué no se tramitó lo necesario para eliminarlas? Si sabemos que la flota de buses tradicionales es la que más contamina ¿Por qué siguen saliendo en esas cantidades? Que sea un proyecto de ciudad más que de gobierno.  Deben haber unas metas muy concretas que guíen su preparación y ayuden a medir su éxito: número de ciclistas y peatones en las calles, niveles de contaminación, usuarios SITP y Transmilenio, y por supuesto, prestarle mucha atención al ánimo y las reacciones de la gente.

Finalmente, el Día sin Carro debería plantearse como fecha referente en el tiempo para que el gobierno le presente a la ciudadanía avances significativos en materia de movilidad, en términos de indicadores y también de proyectos. Para que nos cuenten por ejemplo en qué va el SITP, qué ha pasado con las nuevas fases de Transmilenio y los estudios del metro, en qué va el proyecto de bicicletas públicas y la expansión de la red de ciclorutas, para que nos digan cómo se ha comportado la accidentalidad vial y qué han hecho al respecto. Para que rindan cuentas.

El Día sin Carro es mucho más que una jornada aislada. Viéndolo bien, fácilmente podría ser una poderosa herramienta de política pública y de comunicación con la ciudadanía, alrededor de la cual planteamos un camino aterrizado y colectivo para salir de esta profunda y repetitiva crisis de la movilidad de la ciudad.

La pregunta no puede ser si seguimos o no con el Día sin Carro. La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Cómo hacemos para rescatarlo, fortalecerlo y mejorarlo año a año?

Nota final. Sobre la advertencia que emitió la Secretaría de Movilidad la semana pasada (Ver: Bicicarriles pintados sin permiso por ciudadanos serán borrados), justo en la víspera del Día sin Carro, en el sentido de que borrará bicicarriles ciudadanos, la invitación es a que aproveche estratégicamente todas esas ganas  y la energía de los ciudadanos que quieren aportar con acciones y propuestas a la transformación de la ciudad, articulándolas a su trabajo. El Distrito no se puede dar el lujo de despreciar estos esfuerzos (Ver: La bobada de borrar ciclocarriles ciudadanos). Detrás de estas acciones hay unos ciudadanos activos y bien intencionados, que le están diciendo algo, y mal haría el gobierno en cerrarles la puerta en sus narices. Aquí lo que hay, es una gran oportunidad de replantear las relaciones gobierno-ciudadanía y para innovar en nuevas formas y canales de participación ciudadana.

El espacio público de Bogotá ¿Chicharrón u oportunidad?

Una calles de San Francisco

Una calle de San Francisco

Una ciudad es tan exitosa y democrática como la calidad del espacio público que les ofrece a sus ciudadanos. De esto, estoy convencido. Pero hoy por hoy, hay que decirlo, el estado del espacio público de Bogotá es para llorar; deprimente[1]. Para comprobarlo, basta con asomarse a la ventana y ver. La ciudad está vuelta $%$&.

¿Cuál es la razón de esto? A mi modo de verlo es bastante claro: ya van a ser varios los años, demasiados, en los que sencillamente no ha habido quien gerencie y vele por el cuidado de su espacio público. Este no se cuida, no se mantiene, no se restaura, no se regula, no se proyecta, y por supuesto, tampoco hay quien sancione a sus transgresores. Y esto es hablando de estándares mínimos y básicos. ¿Recuerdan la niña que murió el año pasado al caer en una alcantarilla sin tapa? (Esta nota da una buena muestra de lo trágico que esto resulta: Bogotá: 10 noticias diferentes al caso Petro)  Mientras tanto, es evidente que todos, incluyendo autoridades y agencias del distrito, contribuyen lo suyo -con hechos, comportamientos y omisión- a su descomposición[2].

A pesar de su importancia y relevancia para todo lo que ocurre en la ciudad e implica vivir en ella, el tema permanece a  la deriva y sin dolientes. Es un chicharrón por el que nadie quiere responder y por el que pocos piden respuesta. ¿Cuál es la agencia responsable y líder del tema? ¿Es el IDU? ¿Es Movilidad? ¿Es el IPES? ¿Es la Defensoría del Espacio Público? Me imagino a cualquiera contestando medio en chiste, medio serio: “¿De verdad? Nooooo…¡¿Eso de verdad existe?!” ¿Coordinan estas agencias sus políticas y acciones? ¿Quién responde por qué dentro del Distrito? ¿Cuál es la agenda para el espacio público de Bogotá? Preguntas elementales sobre el tema, que estoy seguro, difícilmente le sabrán responder en el Distrito.

Un reconocido arquitecto decía lo siguiente: “En el andén todos nos encontramos como iguales.” Y es cierto.  El buen espacio público se traduce en equidad y dignifica a los que menos tienen. Entretanto, hay que ver cómo en Bogotá, los ricos pero también quienes pueden, optan cada vez más por privatizar y llevar a interiores su comodidad;  clubes privados, fincas, gimnasios, centros comerciales, futbol 5, etc. Es lamentable. La escasez de alternativas que ofrece la ciudad, además de fragmentarnos y segregarnos, afianza esa enajenante cultura del “shopping mall”.  Y entonces, sucede que mientras unos pocos se llenan los bolsillos de dinero y los demás deambulan como zombis, fracasamos como sociedad. Así de sencillo.

Un señor repara la pared que le rayaron

Un señor repara la pared que le rayaron

Gerenciar el espacio público es una necesidad vital y permanente de la ciudad. Alguien lo tiene que hacer desde el gobierno, y hacerlo bien. Pero más que eso, lo realmente importante es reconocer que el espacio público es una fuente sinigual de todo tipo de oportunidades para la ciudad y de felicidad para sus ciudadanos. Tener buenos parques, calles bonitas y seguras para caminar, plazas públicas, zonas verdes, gente y actividad, -espacio público vibrante y saludable- se traduce en oportunidades de recreación, económicas, para el buen vivir, culturales, de empleo, para cohesionar comunidades y construir confianza. Es ahí donde encontramos la verdadera vida de la ciudad. Además, una ciudad que gerencie adecuadamente su espacio público, tendrá mejores chances de gobernar la inseguridad[3].

Hacerlo es una inversión en calidad de vida para todos. Lo contrario y seguir igual, es la erosión de la dignidad de la ciudad y de todos los que en ella vivimos.


[1] Bogotá tiene 3.6 mts2 de espacio público per cápita. Meta nacional: 15 mts2

[2] Les encanta pautar con Pepe Pegotero. Y acordémonos del día en que Bieber, acompañado y protegido por la policía, grafiteó los muros de la 26,

[3] Teoría de las Ventanas Rotas

Justin Bieber y sus rayones

El cagón del Justin Bieber, escoltado por varios policías de la ciudad y su seguridad privada, detiene sus 4×4 blindados en plena avenida 26,  para grafitear, junto con un grupo de sus compadres, los muros de la ciudad. Esto sucede en horas de la noche. Tratamiento de estrella. Hay unos que hacen lo que se les da la gana, cuando se les da la gana con la venia sumisa y pendeja de nuestras autoridades. Así funciona esto por acá.  Un ejemplo más de lo atrofiado del criterio de nuestra policía. ¿Para quién trabajan? ¿Alguien sabe? Un ejemplo más de cómo en este país los privilegios y la seguridad se han privatizado, se le entregan a unos pocos. Un ejemplo más de cómo se perratean las posiciones de autoridad, de cómo se desdibujan las normas. De cómo, en cuestión de valores y prioridades sencillamente todo lo tenemos patas arriba. Igualito a cómo cuando uno de nuestros decorosos políticos parquea donde le place o pasa con su caravana de escoltas, abriendo camino, sin respetar pares, semáforos en rojo, nada. Para ellos esto no es nada. Es normal. Es su derecho divino. El derecho divino a pasar por encima de todos y de todo.

Alguien lo decía muy bien en las redes sociales: “Los mismos que mataron a Diego Felipe Becerra, ayer acompañaron a Bieber para que rayara alguna de las paredes de la ciudad.” Es fuerte, pero tiene mucho de cierto.

Como ciudadano de a pie, uno suele temerle a la racionalidad de nuestra policía; sí, tristemente dudamos de sus intenciones, criterio y disposición de ayudarle a la ciudadanía. A veces, al verlos actuar, o cuando recibimos este tipo de noticias, es inevitable preguntarse qué los motiva. Es normal encontrarse con opiniones de ciudadanos diciendo que viven detrás de la mordida, o que están para joder más que para ayudar, o que nunca aparecen cuando se les necesita, o que sucedió en sus narices pero que nada hicieron. Si bien no podemos generalizar, lo cierto es que como cuerpo de autoridad sufren de un preocupante déficit de credibilidad frente a la ciudadanía.

Por otra parte, esto sucede en una ciudad que se encuentra absolutamente devorada por el grafiti. Donde el arte se confunde con el  rayón burdo que agrede. Y donde ese rayón burdo, nubla el arte callejero de los verdaderos artistas. Asimismo, la muerte del joven grafitero evidencia los riesgos que enfrenta una actividad como el grafiti en un contexto inseguro y cargado de riesgos como lo es la noche bogotana.

Por todo lo anterior y más, le corresponde a la ciudad encontrar maneras de canalizar positivamente la actividad del grafiti. Personalmente, estoy convencido que en el arte urbano tenemos una poderosa herramienta para revitalizar y embellecer nuestra ciudad, para acercar y activar comunidades, al tiempo que aprovechamos y potenciamos el talento, la creatividad y energía de miles de nuestros jóvenes. En esto, recientemente el gobierno de Gustavo Petro,  llevó a cabo una valiosa iniciativa, invitando a colectivos de artistas urbanos a intervenir con grandes formatos las culatas de la avenida 26.

El resultado habla por sí solo. (Ver fotos) ¿Qué más sigue de todo esto? ¿Profundizarán en el desarrollo de estas políticas? Esperamos que sí.

Ahora, de manera preocupante, este incidente deja ver cómo las políticas de unos van por un lado y las actuaciones de los otros por caminos muy distintos. Algo muy desafortunado y me atrevería a decir que trágico, pues para que esto de la ciudad funcione, el diálogo y la coordinación entre policía y gobierno, y su alineación de prioridades, son elementos absolutamente obligatorios.

Cebras por la Vida volvió a jugar

Intervención #2 – Colegio La Palestina, Cll 80 con Cr 76, Engativá

En julio de este año, un compañero de este grupo de jóvenes quedó en coma tras ser impactado por un articulado de Transmilenio a las afueras del Colegio.

Estamos muy agradecidos con este grupo de jóvenes del Colegio La Palestina. Todos trabajamos en equipo. Lo hicieron con la seriedad de niños jugando. Como debe ser. Lo hicieron ver muy fácil. Esperamos haberles dejado una buena reflexión sobre el problema del peatón en la ciudad y que lo hayan disfrutado tanto como nosotros. Contamos con ellos para que el mensaje le llegue a muchos más.

Santiago Martín, un estudiante que participó en la actividad, dijo lo siguiente: “utilizando el arte para hacer llamativa a la cebra, se le da importancia al peatón, uno de los actores más importantes en la movilidad”. (Obtenido de nota de ADN)

Esto es una expresión ciudadana. Quizá, con colores, las señales de tránsito dejen de ser invisibles.

Esto sucedió el viernes 25 de octubre de 2013.

Pequeño ajuste, gran beneficio. El taxista creativo

El trancón por el PEZ-Artista Urbano

Trancón bogotano por el PEZ-Artista Urbano

¿Cómo un taxista innovó alrededor de sus horas de trabajo, mejorando significativamente varios aspectos de su vida? ¿Cómo aprovechó el caos de la movilidad de la ciudad, visualizó un sistema bloqueado, y modificando su rutina, su comportamiento, mejoró significativamente su calidad de vida, al tiempo que generó un beneficio colectivo para la ciudad?

Los taxistas son una fuente privilegiada de información sobre la ciudad. Desde hace ya un par de años, interesado en sondear la ciudad, no desperdicio oportunidad para conversar con ellos. Algo siempre se aprende. Se da uno una idea de lo que está pensando la gente, de cómo estamos sintiendo la ciudad. No sólo son excelentes conversadores, sino que además son conversadores informados. Consumen enormes cantidades de radio, cada cual con sus preferencias, pero por las tardes, me atrevería a decir que La Luciérnaga está prácticamente asegurada ¡Pa desestresarse dicen! Imagínese que no. Pero además, por lo general recogen los periódicos gratuitos (ADN y Publímetro) en las mañanas, cuentan con el voz a voz del radioteléfono, y lo más importante, son testigos presenciales del acontecer urbano. Los manes andan enchufados. Por eso me gusta preguntarles por esto y lo otro: ¿Qué opinan sobre los grafitis de la 26? ¿Sobre la aplicación para celulares TAPPSI? ¿Cómo vivieron los paros? ¿Cómo vieron lo de las basuras? ¿Qué pasó en la ciudad y cómo se comportaron las vías? ¿Qué opinan de nuestro alcalde? Lo que hay es tema.

En fin, pues llegando hace un par de días de viaje, en el camino entre el aeropuerto y mi casa, la pregunta que le hice al taxista fue puntualmente sobre las nuevas medidas del Pico y Placa. ¿Usted sabe eso cómo es que va a funcionar? Algo discutimos sobre la medida, sin embargo, de repente, en medio de los argumentos que iban y venían, me contó algo asombroso que me llamó la atención y alrededor de lo cual, centraríamos la conversación hasta llegar a mi casa.

Era la primera vez que lo oía de un taxista y se resume en lo siguiente:

En medio del apocalíptico tráfico capitalino, medio en el cuál un taxista se gana la vida, el tipo se atrevió a pensar y a actuar diferente a los demás. Buscó la manera de competir de una manera muy distinta, casi que opuesto a como lo hace la manada. Fue necesario un poco de análisis y también diría que de cabeza fría y reposada.  De un cambio de lentes para ver las oportunidades  que hay detrás de cualquier crisis, en su caso, el caos de Bogotá. Prefirió no jalarle más a esa infructuosa y salvaje guerra del centavo que se libra en las calles capitalinas. ¡Pensó en su calidad de vida! ¿Qué hizo? Muy sencillo. Dejó así con el trancón que se desata de lunes a viernes entre 4 pm y 8 pm. Eso es todo. Innovó alrededor de sus horas de trabajo.

Me lo dijo así: “Ya no le jalo más al trancón de por las tardes. Decidí que a las 4 pm me voy para mi casa. Llego, me doy una siesta entre las 5 y las 6, paso tiempo con mis hijos, ceno con la familia y regreso a trabajar entre las 7:30pm-8:00 pm y hasta la medianoche. Antes trabajaba de corrido hasta las 11 pm. Ahora me hago entre 25 y 30 mil pesos más diarios, trabajando más tranquilo, sin estar metido en el trancón (Se gana el recargo nocturno y hace más carreras).”

¿A cambio de qué el trancón? Mejor economía, tiempo con la familia, ver crecer a sus hijos, una buena comidita casera como a todos nos gusta, levantarse al día siguiente más descansado, con el ánimo renovado, disfrutar de su tiempo en el trabajo, etc., etc., etc. No tiene precio. ¿Para qué competir por el margen? Y para encimar, hay un carro menos en las trancadas y endemoniadas calles de la ciudad. Me pareció un ejemplo contundente de creatividad, innovación y aplicación del sentido común ¿Qué tal que todos pensáramos y actuáramos un poco más como él? ¿Qué tal devolverle al sentido común el lugar que se merece en la toma de nuestras decisiones? Optar por sencillo y aplicable. ¿Cuántos problemas de nuestra movilidad capitalina podríamos resolver así? ¿Y en general de la ciudad? ¿De nuestra propia cotidianidad?

Las buenas historias de la ciudad se encuentran en las calles, en sus detalles, cosas maravillosas que no se evidencian y que pasamos por alto. ¿Cuántas soluciones sencillas, baratas y de rápida aplicación para resolver miles de problemas de la ciudad pasamos por alto?

Reinventando la cultura ciudadana para Bogotá

Arrastro una emoción muy grande desde la última intervención que realizamos de Cebras por la Vida el pasado miércoles, 14 de agosto de 2013. Hemos empezado una faceta maravillosa y emocionante de este proyecto ciudadano que ha centrado su mensaje en la urgencia que tenemos como sociedad de darle al peatón, a las personas que caminamos la ciudad, que somos todos, un lugar en lo más alto de las prioridades de nuestro proyecto urbano y de sociedad. Nuestro proyecto siempre ha tenido como propósito articular esfuerzos, inculcar y amplificar el mensaje, y empezamos por lo más importante: la ciudadanía. Esto se gesta por ciudadanos preocupados y comprometidos con su ciudad, que han entendido que cualquier proyecto exitoso de ciudad, necesita de una ciudadanía activa, exigente y crítica, pero también propositiva y corresponsable. Una ciudadanía que se toma muy en serio su rol como agente de cambio que interviene directamente en las transformaciones de su entorno.

Es de esto precisamente de lo que queremos contagiar. Asimismo, siempre hemos querido demostrarnos y demostrarle a la ciudad que es posible y al mismo tiempo necesario, encontrarnos alrededor de causas comunes por las cuales trabajar.  Es más, estamos convencidos que no hay otro camino para  sacar adelante a Bogotá. Las soluciones tendrán que salir de nosotros.

Y es entonces como esta nueva versión de Cebras por la Vida evidenciará cómo sí somos capaces de hacerlo, un colegio, una raya, una cebra a la vez. Será un trabajo gradual y acumulativo, que tendrá en la ciudadanía, y en los niños especialmente, su principal mano de obra y vocería. Los niños serán los grandes protagonistas de esta hazaña.

Este nuevo momento de nuestras intervenciones en el espacio público reúne varios nuevos elementos que nos permitirán llevar nuestro mensaje de respeto por el peatón más lejos y con mayor fuerza. Hablare de dos muy importantes:

  • Alianza con Colegios Distritales y lo niños como portadores del mensaje: Estuvimos en el barrio Restrepo (famoso por el comercio de zapatos) de la localidad Antonio Nariño, en el sur de la ciudad, trabajando con aproximadamente 40 jóvenes de la Institución Educativa Guillermo León Valencia. Comienza un proyecto que desde el pasado martes llevará el mensaje de respeto por el  peatón a la ciudad a través de un trabajo en llave con los niños y jóvenes de nuestros colegios distritales. Específicamente, junto a ellos, estaremos interviniendo y reparando con colores y creatividad la señalización vial de las zonas aledañas de sus propios colegios. La apuesta es empezar con intervenciones, un colegio por mes. ¿Qué mejor que generar esta conciencia en nuestros niños y que a la vez sean ellos los multiplicadores del mensaje?
  • Ciudadanía y gobierno de la ciudad suman esfuerzos alrededor del proyecto: Algo muy importante que logramos para el futuro del proyecto es que entidades claves del distrito como las Secretarías de Movilidad, Educación y Gobierno y la Veeduría Distrital (primera en sumarse) se unieran a este, cada una de ellas aportando desde sus respectivos roles y fortalezas. El martes pasado apoyaron cerrando las vías y ayudando a controlar el tráfico. La idea es que en los próximos días, semanas, la Secretaría de Movilidad se haga presente en el lugar, complementando nuestra intervención con la señalización vial pendiente (pictogramas, letrero de zona escolar) e instalando estoperoles (reductores de velocidad) sobre las franjas de colores. Adicionalmente, el componente pedagógico se reforzará a través de talleres de capacitación sobre accidentalidad vial que la Secretaría de Movilidad llevará a los colegios. El proyecto es en sí mismo una propuesta de conversación de doble y más vías. La ciudadanía pone. El gobierno pone. Todos ganamos. Y lo mejor, nadie pierde.

Jaime Garzón le dijo a un grupo de jóvenes universitarios lo siguiente en una conferencia en la Universidad del Valle, corría el año de 1997:

“Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselos.”

Haríamos bien en recoger estas palabras para llevarlas a la práctica en nuestras ciudades, en nuestros entornos, barrios, comunidades. Sin duda, este es otro mensaje central de nuestra iniciativa.

Al final, lo que queremos es una ciudad que a través de insistir sobre la importancia del respeto por el peatón, con hechos concretos y la búsqueda de cambios culturales,  nos encamine hacia una sociedad más incluyente, solidaria y democrática.

Nuestro regalo de cumpleaños (475) para Bogotá: Cebras al Colegio

Cebras por la Vida continua, ahora, llevando la iniciativa a Colegios Distritales. Llevaremos el mensaje a toda la ciudad.

Por: http://combo2600.com/

Cebras por la Vida

Cebras por la Vida

Hace unos meses pintamos la primera cebra de colores en Bogotá. A partir de ese momento descubrimos la fuerza transformadora que tiene la acción ciudadana, propositiva, colectiva y creativa. Hoy, en sus 475 años, tenemos otro regalo para la ciudad.

Hace algunos meses, la Veeduría Distrital, que acompaña el proceso de la Mesa de Cabildantes Estudiantiles de Bogotá, nos invitó a que aportáramos nuestro conocimiento y nuestras capacidades como iniciativas ciudadanas para identificar posibles estrategias que aporten en la construcción de entornos escolares seguros; una cuenta pendiente con los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de la capital.

En conjunto identificamos serias deficiencias en materia de señalización y demarcación de las zonas escolares, que alimentan la inseguridad de las niñas y los niños que diariamente van y vienen de sus colegios a pie. Era, por lo tanto, la mejor oportunidad para integrar nuestra exitosa experiencia de las cebras de colores a la política pública de la ciudad e imprimirle a los entornos escolares un nuevo significado, en donde el peatón sea el centro y la prioridad.

Junto con nuestros amigos de Cebras por la Vida y la Veeduría Distrital, también se unieron a esta iniciativa las secretarías de Gobierno, Movilidad y Educación, quienes están comprometidos en hacer realidad el sueño de tener cebras de colores en los entornos escolares. Esperamos aunar esfuerzos entre las instituciones, la ciudadanía y el sector privado para darle a Bogotá alternativas en la ejecución de sus políticas públicas, que trasciendan en el tiempo con un sentido de corresponsabilidad, innovación y amor por la ciudad.

 Con la Mesa de Cabildantes Estudiantiles de Bogotá se escogieron 4 colegios piloto para la intervención, que están ubicados en las localidades de Antonio Nariño, Rafael Uribe Uribe, Engativá y Bosa; allí estaremos devolviéndole a Bogotá y a sus más frágiles peatones, un espacio seguro y colorido para caminar.

 Es por eso que queremos contarles sobre nuestra nueva iniciativa e invitar a los que quieran acompañarnos a que vengan el próximo miércoles 14 de agosto, desde las 11 de la mañana, a pintar la primera cebra de colores en la IED Guillermo León Valencia, ubicado barrio Restrepo (Carrera 24b sur con Calle 16) en dónde le entregaremos a la ciudad el que será el regalo más colorido en sus 475 años.

La defensa del peatón: una apuesta por la sostenibilidad urbana

Les comparto una reciente entrevista sobre el Proyecto de Cebras por la Vida. Ver entrevista original en el El Espectador.

Un movimiento ciudadano, “Cebras por la Vida” (ver registro fotográfico), trabaja para que la ciudad proteja y trate de manera digna al peatón. Con arte y recursos propios, estos activistas le apuestan a que con su mensaje la autoridad de la ciudad asuma un liderazgo y que todos, gobierno, organizaciones y ciudadanos, ataquemos de frente un problema que deja casi una víctima mortal al día. Hablamos con German Sarmiento, líder de esta iniciativa, que por lo pronto ya ha tenido eco en la Veeduría Distrital.

¿Qué es y cómo nace la iniciativa?
La iniciativa se llama “Cebras por la Vida” y el nombre se deriva de una actividad que hicimos hace algún tiempo con el colectivo paisa La Ciudad Verde que se llamaba “Bicis por la Vida”, y que consistió en pintar bicicarriles en distintas ciudades de Colombia, de forma simultánea en una jornada. Desde que incursioné en el tema de ciudad, hace unos tres años, le he dado mucha importancia al lugar del peatón en la ciudad. Hay que verlo de una manera estratégica para que la ciudad nos funcione a todos. Aquí el peatón es invisible y es un actor que requiere atención en muchos detalles de la ciudad: señalización, andenes, aspectos culturales. Las carencias se notan en aspectos simples y cotidianos como no darle la vía al peatón en los cruces, el parqueo de vehículos sobre los andenes, y la falta de respeto a los lugares señalados y destinados para personas con discapacidad.

¿Por qué el peatón es un actor crítico en la ciudad?
El peatón es una persona que nos obliga a ponernos en los zapatos del otro, porque al fin y al cabo todos somos peatones. En algún momento quien maneja un carro va a tener que dejar su vehículo y va a tener que enfrentar la ciudad como peatón. Y en esta ciudad se le trata como a un ciudadano de segunda. Eso se nota en su misma actitud: es un actor sumiso, es un actor miedoso, es un actor que le toca andar a la defensiva porque no solo no le dan vía, sino que incluso muchas veces le echan el carro encima. Eso se aprecia en la mirada temerosa del peatón, que cruza con sobresalto porque sabe que cuando el semáforo cambie a verde para los carros tiene que salir corriendo.

¿Por qué la causa del peatón y no otra más taquillera?
Yo tengo un blog que se llama “Miblogota” (www.miblogota.com) y me he dedicado mucho a escribir sobre la experiencia de la ciudad vivida a través del lente del ciudadano de a pie. Trato de rescatar principios tan sencillos como: primero las personas y después los carros, llevar temas que están escondidos y sacarlos a la luz para que hagan parte del debate urbano, entre ellos el tema del peatón. Detrás de esta iniciativa existe una crítica fuerte a la gestión del gobierno de la ciudad en términos de que cosas tan sencillas como tener la señalización vial en buen estado es algo que no se está haciendo. Y así como esto, existen muchísimos detalles que le competen al gobierno de la ciudad. Lo que vemos es que no hay una gerencia de la ciudad, no hay una acción proactiva y sistemática de mantener la ciudad en buen estado. Y eso es importantísimo por un tema de autoestima, pero en el caso concreto del peatón el tema de la señalización no es algo accesorio. Las cebras no están de adorno, cumplen un rol práctico que es proteger la vida de las personas.

 “El peatón es invisible en Bogotá y se le trata como a ciudadano de segunda” Sigue leyendo

El sistema está quebrado II: Sin justicia no hay ciudad

“En la mayor parte de los hombres el amor a la justicia no es más que el dolor de sufrir la injusticia.”

François de la Rochefoucauld  (1613-1680) Escritor francés

Fuente: Revista Semana

Fuente: Revista Semana

¡Qué tragedia! Un joven borracho revienta su vehículo contra taxi y mueren 2 mujeres jóvenes profesionales. La semana anterior, un bus del SITP al parecer pierde sus frenos  y causa un inverosímil accidente que deja 3 muertos en Usme. Mientras escribo esto, CityTV informa que 2 mujeres mueren arrolladas por una tractomula intentando cruzar una avenida en el sur de la ciudad. “Esta avenida es un cementerio” dice un señor del sector. Otro comenta que hace años debían haber puesto un semáforo en esa vía, que los accidentes son recurrentes y que preocupantemente hay un colegio muy cerca del lugar. Van a ser unos seis meses atrás que escribía sobre la tragedia del niño Sebastián Nieto, de 6 años, que perdió la vida cuando camino al colegio, se lo llevó por delante una buseta que no respetó un semáforo en rojo. El conductor debía 67 millones de pesos en comparendos. Nosotros preocupados por el trancón, que no es para menos, pero la verdadera tragedia es esta inseguridad en las vías que se extiende como una epidemia por la ciudad. Hay que ver la manera como caen a diario motociclistas en las calles, uno detrás de otro, como moscas; que como el trancón, se han vuelto parte de nuestro paisaje urbano. Ah, no ha pasado una semana y vuelve a ser noticia el SITP con otro de sus buses involucrado en un accidente, al parecer, nuevamente por fallas en sus frenos. Pequeños detalles que fallan.

Y otra vez  salen todos al unísono, ante la calentura de la tragedia, a pedir la cárcel para conductores borrachos. Una Ley que así lo ordene. Y creemos que con eso habremos solucionado algo. Este es un país ahogado en normas y procedimientos ¿Pero y la institucionalidad que garantice su aplicación? ¡Qué se aplique equitativamente! ¿Y la justicia para el ciudadano de a pie? ¿Dónde está? No la hay para hacer respetar por ejemplo límites de velocidad y semáforos en rojo, o el cobro de 67 millones de pesos en comparendos que debía el busetero que mató a Sebastián y para garantizar la cancelación de por vida de  cualquier posibilidad suya de conducir al frente de un servicio de transporte público. Acciones concretas y viables, que evitarían tragedias, de haber una eficiente y asertiva gerencia de la ciudad. Que regule e imparta justicia, que sea garante del orden en la vida urbana, que vele por el cumplimiento de normas básicas, sencillas, diría que de puro sentido común, antes de que la tragedia ocurra. Nuevamente.

En el caso de Sebastián ¿Qué hacía este irresponsable conduciendo un servicio de transporte público? ¿Dónde estaba la autoridad mientras este bárbaro acumulaba infracciones? En el caso de las motos, cuyo número aumenta vertiginosamente ¿Cuándo se tomarán medidas asertivas para proteger sus vidas y las de todos nosotros? En general, ¿Cuándo se implementarán acciones concretas, sistemáticas, con buen criterio, que regulen la velocidad dentro de la ciudad? ¡Quién sabe! Pero entretanto, seguiremos en esta crónica de tragedias anunciadas, prevenibles, cuyas soluciones o previsiones se mueren en la carreta y la debilidad del aparato estatal y su autoridad. En mi artículo anterior afirmaba que el sistema está quebrado.” ¿Dudas?

La crisis de justicia se evidencia mucho más allá de lo que sucede al interior del sistema judicial y lo que pasa por entre las manos de los jueces. Eso sin duda, está muy mal. Hablo de la justicia que no se administra en nuestra cotidianidad, en miles de situaciones, que las damos por pequeñas omisiones y transgresiones, pero que como vemos cobran vidas.

Estas tragedias son sin duda el resultado de eso.