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Miles de vidas perdidas: el costo del machismo en las calles

“¿Qué es lo que exige ser un hombre, un hombre de verdad? Reprimir sus emociones. Acallar su sensibilidad. Avergonzarse de su delicadeza, de su vulnerabilidad. Abandonar la infancia brutal y definitivamente: los hombre niños no están de moda. Estar angustiado por el tamaño de su polla…. No saber pedir ayuda. Tener que ser valiente, incluso si no se tienen ganas. Valorar la fuerza sea cual sea su catácter. Mostrar la agresividad.” Virgine Despentes

La muerte de Julián Esteban pudo haber sido la tragedia de cualquiera de nosotros. Se fue un hijo, un hermano, un nieto, un sobrino, un amigo. Esta es una causa que nos involucra a todos y que necesita de todos. Entre enero y diciembre de 2019 murieron en el país 6,333 personas en siniestros viales. En 2020, un año atípico, de muy baja actividad vehicular por la pandemia y los confinamientos, murieron 5,458, tan solo 18% menos que el año previo. Y en lo que llevamos del 2021 no escampa. Mientras que a nivel nacional hay un aumento en muertes del 44% durante el primer semestre del año frente al mismo período del 2020 (peatones +50%, ciclistas +23%, motos +62%) en Bogotá es del 38 % (peatones +42%, ciclistas +36%, motociclistas +44). Para que nos demos una idea, en lo que llevamos de pandemia, entre 2020-2021, han muerto en Colombia más personas menores de 30 años en siniestros viales que por COVID19. Aquí nadie está exento de que la tragedia lo agarre.

Detrás de cada muerte en las vías hay responsabilidades puntuales, pero también una enorme responsabilidad que compartimos como sociedad. Las muertes en el tráfico NO son accidentales. Hay condiciones del entorno, así cómo situaciones y comportamientos que las causan. Al frente tenemos un problema de política pública que en primer lugar requiere de un fuerte cambio de mentalidad por parte de la sociedad y por quienes tienen la responsabilidad de diseñarla y ejecutarla. Todas son muertes prevenibles.  La pregunta es ¿Qué vamos a hacer para cambiar esto? ¿Qué necesitamos hacer para pacificar nuestras calles y carreteras? ¿Cómo le hacemos frente a esta cultura de machos que nos está matando? ¿Cómo vamos a reaccionar frente a la muerte de Julián Esteban?

Pues les quiero contar que hay cosas pasando. Que hay voluntades que quieren ayudar.

El pasado 16 de julio, un grupo de expertos se reunió bajo una dinámica de Hackatón -organizado por La Silla Vacía y Bancolombia- precisamente con el objetivo de encontrar soluciones que nos ayuden a enfrentar esta cultura machista, carro-céntrica y violenta que manda en las vías. Participamos 17 personas, de las cuales 11 fueron mujeres y 6 hombres.

El rompehielo de la jornada consistió en compartir una experiencia personal como víctimas o victimarios de machismo en las calles.  Alguna chica habló de la vez que caminando por la calle fue acosada sexualmente con lenguaje vulgar por un grupo de hombres.  Otra mencionó como algunos hombres no resisten que una mujer los sobrepase en la bicicleta porque de inmediato emprenden una carrera. Se mencionaron casos de viajes en carretera y en la ciudad a velocidades asesinas y el frecuente matoneo al que son sometidos ciclistas por conductores de carro. Y me acuerdo también, del caso de una participante que confesó sorprenderse a ella misma usando frases como “vieja bruta” o “vieja tenía que ser”.

Desafortunadamente nos sobran historias de estas.  Aquí todos hemos sido testigos directos, víctimas, y aunque nos cueste reconocerlo, también victimarios o culpables de actitudes, comportamientos y el uso de lenguaje machista en las calles de la ciudad -así sea de manera inconsciente-.  Creo que podemos decir que los hombres son los principales protagonistas de muchos incidentes, que son mucho más propensos que las mujeres al riesgo y a adoptar actitudes agresivas –hay estudios que así lo demuestran-, pero tampoco podemos desconocer que las mujeres también participan. Simplemente, porque están inmersas en la misma cultura machista y carro-céntrica que nos gobierna a todos. Entonces, vemos que además de la diferencia de género, el rol desde el cual participamos como usuarios de la vía y la ciudad es otro determinante clave de nuestras actitudes y comportamientos cotidianos. Sucede que cuando nos ponemos al frente del timón de un carro o una moto, somos matones, caprichosos, afanados y agresivos, pero a penas nos bajamos y asumimos el rol de peatones, automáticamente nos volvemos temerosos, sumisos, pasamos a la defensiva.

Siempre me ha llamado la atención la cara de incredulidad y gratitud de los peatones en Bogotá -sin importar si es hombre, mujer, joven o mayor- cuando un carro, como es deber, les da paso. Y de la misma manera, su falta de asombro, cuando ven carros invadiendo los espacios que naturalmente les pertenecen. Lo que hace la costumbre. 

Mientras escribo esto, ocurre la tragedia del niño Julián Esteban Gómez de 13 años, que, mientras entrenaba ciclismo de ruta junto a su abuelo en la vía Cajicá-Zipaquirá -su gran ídolo era Egan Bernal-, fue arrollado por un conductor de tractomula (48-52 toneladas) que, según cuenta su tío, les pitó y les arrimó el vehículo, hasta que nervioso, “Julián pierde el equilibrio y cae entre las ruedas”. Es difícil que encontremos un ejemplo más triste y contundente de todo lo que puede salir mal bajo esta cultura matona, egocéntrica y que vive de afán, dónde la solidaridad y la generosidad con el otro es lo realmente excepcional. Y donde la falta de empatía, o esa incapacidad de ver nuestra propia fragilidad reflejada en el otro, así sea un niño, está en el centro del problema.

Frente a esto, hay que decir que la consolidación de una ciudad que ha sido pensada, diseñada y gestionada para el carro mucho más que para las personas, es un factor que sin duda contribuye a exacerbar el fenómeno. El diseño de las calles, sus andenes y la ciudad en general tiene un efecto muy importante en el comportamiento de las personas, así como reforzando la creencia de la superioridad del carro en la sociedad. Por ejemplo, calles excesivamente anchas inducen al conductor a acelerar, mientras que calles más angostas a ir más despacio. O está el caso de los puentes peatonales, que son más anti-peatonales que cualquier cosa, pues lo que logran es dificultarle y extenderle el trayecto al peatón a cambio de velocidad y prelación para los carros. También tenemos los radios de giro que prácticamente invitan a tirarle el carro a los peatones en los cruces de esquina, y, por ejemplo, semáforos peatonales que duran varios minutos para los vehículos y escasos segundos para quienes van a pie. Ni hablar de la calidad y estrechez de los andenes o sencillamente su completa ausencia. Y así, vemos como van sumando elementos del diseño de las calles y la infraestructura urbana que nos van dejando un escenario que, al priorizar al carro, al fuerte, al veloz, al contaminante, al que más capacidad de hacer daño tiene, pues deja también un contexto que maltrata y amenaza sistemáticamente a peatones, ciclistas y otros actores vulnerables como niños, adultos mayores y personas en condición de discapacidad. Por su parte, las mujeres también han visto sus necesidades relegarse por este lente predominantemente masculino que diseña y construye la ciudad.

Y por supuesto que no es solo la infraestructura. Las señales que van creando este imaginario de “superioridad” del carro y las manifestaciones del machismo en las vías también nos llegan por el lado cultural y los comportamientos cotidianos de las personas en las calles. Carros estacionados sobre andenes y otros espacios peatonales, bloqueando rampas de acceso y ciclorrutas. Concesionarios exhibiendo sus carros en el andén y la publicidad de carros y motos que nos meten hasta por las narices. El abuso de la “gente importante y bien” andando a sus anchas en sus camionetas blindadas, a toda velocidad, volándose semáforos en rojo y parqueando a placer. Domiciliarios andando desbocados por las calles sin dios ni ley; impulsados por modelos de empresas que premian la velocidad en la entrega. La costumbre de tirarle el carro, la moto, el bus y hasta la bicicleta a quienes caminan. El acoso sexual y el “piropeo” en el transporte público y en la calle a las mujeres que caminan. Escenas frecuentes de conductores que se insultan y se van a los golpes, a veces con crucetas y otras armas improvisadas. Y, por ejemplo, la Guerra del Centavo que, pasan los años, y seguimos sin ser capaces de desmontar por completo.

Al final, esta combinación de comportamientos, creencias y detalles de nuestra infraestructura que se refuerzan mutuamente, termina por convertir las calles de nuestras ciudades y las carreteras del país en infames escenarios de intolerancia, violencia y muerte.

Fueron dos, casi tres horas de reflexión y trabajo, que nos alcanzaron para perfilar lo que podrían ser unas buenas campañas masivas de comunicación para abordar cuatro grandes retos del problema: 1) Des-escalar el lenguaje en los conflictos que se presentan en las calles/vías 2) Rescatar y valorar los comportamientos más precavidos y responsables que demuestran las mujeres al manejar. Derrumbar la falsa idea de que los hombres son unos duros para conducir. 3) Intentar cambiar valores que los hombres asocian con su masculinidad al conducir como la velocidad y la agresividad. 4) Intentar introducir un nuevo hábito entre los conductores en las calles que refleje valores como empatía, respeto por la vida, generosidad, paciencia, cortesía. Avanzamos bastante, pero lo cierto es que faltó tiempo para llevar las propuestas al punto que todos habríamos querido.

Entonces, la invitación que le quiero hacer a La Silla Vacía y a Bancolombia es a que aprovechemos el impulso, dándole continuidad al ejercicio hasta llegar a una muy buena propuesta que podamos accionar. Este es un tema demasiado importante, pero también ignorado y aplazado, que nos cuesta miles de vidas, y que necesita de una coalición amplia de actores y liderazgos -desde gobierno nacional, gobiernos locales, sector privado, sociedad civil, academia y medios de comunicación- que ayuden a darle a la seguridad vial un lugar mucho más importante en la agenda política del país y nuestras ciudades. Estoy convencido que este esfuerzo que ya inició, y que ya cuenta con 2 espacios previos de reflexión e ideación, así como con una alineación importante de actores y voluntades, puede ser el comienzo de algo muy valioso tanto para Bogotá como para el resto del país. Necesitamos de iniciativas como esta, que, llevadas a la acción, nos ayuden a pasar de la indignación a las soluciones.

Finalmente, tenemos que tener muy claro que una campaña solitaria y aislada de poco servirá. El reto de pacificar las calles de nuestras ciudades y las vías del país requiere de un esfuerzo mucho más amplio y sostenido en el tiempo, que además de unas muy buenas campañas que eduquen y sensibilicen, involucra también un trabajo a fondo de mejora de la infraestructura y el diseño urbano, así como del control y el ejercicio de la autoridad en las vías, que deberá trascender gobiernos. Sobra decir que esto necesita sí o sí, de un decidido liderazgo institucional y político, que apenas medio se empieza a asomar.

Así que tenemos la obligación de hacer más, mucho más. Y hay que empezar ya. El único homenaje que les sirve a Julián Esteban y a las miles de víctimas que han muerto en nuestras vías es pasar de las condolencias y las promesas, a un compromiso firme y decidido, materializado en hechos reales, de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que su tragedia no se vuelva a repetir.

Una vida perdida, es una vida perdida.

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Bogotá: Tareas urgentes, que NO son tareas de un sólo gobierno

Corto, Mediano y Largo Plazo

En el último artículo del 2015 (Bogotá 2015: El sueño es nuestro para construir)  mencionaba lo importante que iba a ser este año que sintiéramos afán por cambiar las cosas en Bogotá. Aquel fue un mensaje, principalmente dirigido a la ciudadanía bogotana, advirtiendo que su reacción es inaplazable.

Para este artículo me referiré a una serie de problemas o frentes de política urbana que desde la gestión gubernamental tampoco pueden esperar, pero que además deben abordarse con perspectiva y estrategias para el corto, mediano y largo plazo. Son frentes de política que desde el primer día del próximo gobierno deben y pueden arrancar, recogiendo lo que sea que hayan dejado los penosos 3 gobiernos de los últimos 12 años, pero que por su dimensión, temporalidad e importancia, requieren sí o sí de continuidad por parte de las administraciones siguientes a la que inicia el 1 de enero de 2016. No son tareas de un sólo gobierno. Son procesos que como todo en la ciudad, requieren de un continuo mejoramiento por parte de todas las administraciones.

Desde que tuve la oportunidad de oírlo en su visita a Bogotá en noviembre del año pasado, se me quedó grabado el slogan que el exalcalde catalán Jordi Hereu dio a su gobierno: “Mirar a lo lejos, trabajar desde cerca”.  En Bogotá tenemos que pensar y actuar más bajo preceptos como este. Hace ya más de una década, los alcaldes Peñalosa y Mockus le apostaron  a “construir sobre lo construido.”

Es clave que la ciudadanía vea acción por parte de su gobierno y que sienta que detrás de todo hay una administración obsesionada por resolver sus problemas, pensando en su calidad de vida. Y en ese sentido, cualquiera que sea alcalde a partir de 2016 deberá ver en la infinidad de problemas y retos que hoy plantea la ciudad, un número equivalente o mayor de oportunidades para transformar el estado de las cosas y así recuperar la percepción del bogotano sobre su ciudad; “la ciudad no es un problema, sino una solución” dice Jaimer Lerner (Ver: La inspiración de un hueco).

A continuación identifico algunos de estos frentes de política, pero con seguridad hay muchos más. Identificarlos, entenderlos y preparar un plan aterrizado para realizarlos es tarea obligada de todos los candidatos a la alcaldía.

Temas:

  1. Recuperación de la malla
  2. Disminución de la accidentalidad vial, priorizando la situación de peatones. La meta tiene que ser 0 muertes de peatones (La puesta en marcha de una estrategia de Visión 0, como la que actualmente desarrollan ciudades como Nueva York y San Francisco).
  3. Recuperación general del espacio público – Teoría de las Ventanas Rotas- (publicidad, pasa calles, basuras, grafiti, andenes, parques, ventas ambulantes, otros) (Efecto positivo en percepción de seguridad de los ciudadanos)
  4. SITP y Transmilenio – Recuperación y expansión del sistema. Mejoramos lo que ya tenemos.

Bogotá Cómo Vamos Encuesta de Precepción
Bogotá Cómo Vamos
Encuesta de Percepción- Lo que opinan los ciudadanos

¿Qué otros temas o frentes de política deben y pueden empezarse a trabajar desde el día uno de gobierno, pero con perspectiva y proyección para el mediano y largo plazo? Es decir, tareas que deberá empezar rápidamente la administración entrante, planteando una hoja de ruta accionable y aterrizada para sus 4 años de gobierno, pero además, con proyección para que las administraciones futuras continúen, terminen y consoliden los procesos.

En el próximo artículo desarrollaré el punto de la recuperación de la malla vial y continuaré con el enorme reto de poner a andar una estrategia ambiciosa y comprehensiva para enfrentar la accidentalidad vial de la ciudad.

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Cebras por la Vida

Los niños y el color se tomaron la 7a peatonal – Cebras por la Vida

“Sueño que la 7ma nos haga más humanos y más hermanos.” Transeúnte

Cebras por la Vida, Noviembre 8, 2014 – Fundación Solidaridad por Colombia

Siempre que hay una intervención de Cebras por la Vida es un día especial. No es exageración. Algo increíble sucede, porque a pesar de que se programen en plena temporada invernal como la que vivimos actualmente, el clima siempre conspira en nuestro favor. El viernes 7 de noviembre no paró de llover. Y todos sabemos lo que le pasa a la ciudad cuándo caen esos aguaceros enfurecidos. Pero al día siguiente, sábado, el aguacero aguantó; nos apuró eso sí, pero se contuvo milimétricamente hasta que acabamos de pintar nuestros 2 pasos peatonales en plena 7ma peatonal. Creo que el cielo tiene un gran aprecio por lo que hacemos.

En esta oportunidad la actividad contó  con un proceso muy interesante de reflexión con los niños de la Fundación Solidaridad por Colombia, que fueron los protagonistas de la jornada. Antes de salir a la calle, tuvimos 3 sesiones previas en las que conversamos con ellos sobre la problemática del peatón en la ciudad y analizamos los riesgos que enfrentamos quienes caminamos en Bogotá. Estos niños en particular, a diferencia por ejemplo de niños más acomodados, encontramos que tienen un gran sentido de la ciudad, lo que se debe en gran medida a que caminar es su principal medio de transporte. ¿Existe una manera más íntima y directa de vivir la ciudad que caminándola? Caminan al colegio, a sus sesiones por las tardes en la fundación, llegaron caminando ese día al punto de encuentro, en fin. Lo mismo pasa entre los miembros de sus comunidades y familias. Para ellos caminar no es opcional. Y téngalo claro: para usted es igual, así se le pierda de vista.

Hay que ver a estos niños (8-14 años) ubicando direcciones y puntos de la ciudad que consideraban peligrosos. Hay que verlos describiendo situaciones y lugares con ese enorme sentido común que aplican por ser niños: “en ese punto los carros van demasiado rápido, en ese otro no hay cebra o ninguna otra señalización, ahí deberían pensar en poner un semáforo, los carros no respetan los semáforos en rojo, etc.” ¿No creen que a la crisis de la ciudad y a la búsqueda de soluciones para sus problemas es necesario meterle mucho más sentido común? En el proceso, tuvimos un momento clave cuando hablando del problema tocamos el concepto de empatía: ese principio tan poco practicado en Bogotá pero tan importante, que sencillamente consiste en ponernos en los zapatos del otro. ¿Y qué implica que lo practiquemos más? Observación, generosidad, solidaridad, consideración, aprecio por la diferencia, en fin. Absolutamente necesario para la vida en la ciudad y crítico cuando nos referimos al problema de la accidentalidad vial. Al fin y al cabo, todos somos peatones en el algún momento.

Mientras escribo, pienso en lo siguiente: ¿Cómo enseñarán estos conceptos clave (empatía y sentido común) en los colegios de la ciudad? Ejercicios como el de la pintada de la cebra, nos muestran cómo la ciudad es a la vez una gran herramienta y un gran escenario para educarnos todos; niños y adultos. En este caso, tanto cómo aprendieron los niños durante el ejercicio de la pintada, aprendimos los adultos de ellos; y hasta de pronto más. Ese día, sin nunca haberlo hecho y a partir de unas instrucciones muy escuetas, los niños armaron equipos, tomaron iniciativa alrededor de distintos roles (barrer calle, pintada, mezcla de colores, diseño, entrevistas a transeúntes, recoger materiales, rotar funciones) y se pusieron manos a la obra. Es como si les fuera natural el trabajo en equipo. Lo rápido que interiorizaron la lógica de la técnica para pintar la cebra fue impresionante; si en la 1ª nos demoramos tanto, la 2ª la hicimos en la mitad del tiempo; y siempre fuimos paso a paso. Durante ese par de horas nos dedicamos a jugar con mucha seriedad. Cómo da de gusto encontrarse con estas demostraciones de inteligencia colectiva y de trabajo sobre un objetivo común.

Sin ninguna duda, fueron los niños los protagonistas y líderes de este toque de color, arte, educación y vida que recibió la 7ma peatonal durante el pasado sábado 8 de noviembre.

El mensaje final que dejan es este: La transformación de la ciudad es nuestra para hacer y caminando nos encontraremos todos como iguales.

Los dejo con las imágenes que hablan por sí solas.

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Nota** Un agradecimiento muy especial a Liliana Bohórquez, Directora de Seguridad Vial de Bogotá y a todo el equipo de la Secretaría de Movilidad. Complementaron la actividad de una manera muy especial: obra de teatro, música, refrigerio, unas cartillas sobre el tema para colorear, y sobretodo, una gran actitud y disposición.

Gobierno y ciudadanía no solo sí pueden sino deben trabajar en equipo. En la medida que lo hagamos, aprenderemos.

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Llegar a viejos en Bogotá: MIEDO

Fuente: http://nostrommo.blogspot.com/2011/11/tu-me-odias-no.html
Fuente: http://nostrommo.blogspot.com/2011/11/tu-me-odias-no.html

Ayer martes 3 de junio salió una nota en El Tiempo que ilustra la gravedad del problema del peatón en Bogotá, algo que con toda seguridad se replica en las demás ciudades del país: Ser peatón en Bogotá es un peligro para el adulto mayor.

“En una edad en la que deberían estar gozando de la vida y caminando tranquilamente por las calles de la ciudad, los adultos mayores están en peligro cada vez que intentan cruzar una vía o subir a un medio de transporte público en Bogotá.”

Como están actualmente las cosas en Bogotá, de la manera como se comportan sus vías y espacio público, es un titular que no solo les aplica a nuestros abuelos pero igualmente a otros grupos vulnerables de la ciudad como niños, personas en condición de discapacidad y mujeres en estado de embarazo, entre otros. El diseño físico de la ciudad y las dinámicas de su prehistórico sistema de transporte resultan no solo excluyentes sino que sistemáticamente los agreden, poniéndolos en riesgo.

“Por cada 100 personas de ese grupo de edad que fallecieron en los últimos siete años en accidentes viales, 83 eran peatones.”

Así las cosas, conforme nos vamos haciendo viejos y vamos perdiendo movilidad, la agresividad de la ciudad nos va llevando al encierro y al aislamiento. Con nuestra autonomía seriamente constreñida, entonces nos iremos desactivando y marchitando. Vaya manera de tener que enfrentar la vejez.

¡Qué susto llegar a viejo en esta ciudad!

Un panorama así debería causarnos absoluto terror a las generaciones más jóvenes. ¿Qué se está haciendo hoy en Bogotá para cambiar el estado de las cosas? La nota menciona un pacto firmado entre la Secretaría de Movilidad y algunos actores de la ciudad…..no especifica.  ¿De verdad un pacto? ¿Otro pacto? Para qué nos decimos mentiras; más carreta y otro saludo a la bandera.

La verdad es que o empezamos a exigir y a ver acciones concretas como mejoras en el diseño y mantenimiento de la infraestructura física de la ciudad –visibles y tangibles-, pensadas para priorizar al peatón y al ser humano, y otras acciones de corte pedagógico y regulatorias dirigidas a cambiar comportamientos como por ejemplo controles de velocidad en las vías por parte de la policía, entre muchas otras posibles y necesarias, o esta es la ciudad que con plena seguridad recibiremos más adelante.

Finalmente. Apelando al instinto egoísta y cortoplacista que muchas veces nos caracteriza a los bogotanos, lo que bien valdría la pena que entendiéramos es que trabajar desde ya por una  ciudad que cuida y proteje a nuestros adultos mayores, es en últimas, pensar en nuestra propia calidad de vida mirando hacia el futuro.

En ese sentido, está en nuestras manos y en nuestro presente, construir las condiciones de nuestro propio futuro. Lo que no empecemos a hacer hoy lo lamentaremos  más adelante.

¿Cómo queremos llegar a viejos? ¿Qué tipo de vejez queremos vivir? Para pensarlo.

Gil Peñalosa, consultor internacional en temas de desarrollo urbano, al hablar del tipo de ciudades que debemos construir se refiere una y otra vez a la regla 8-80. Esta establece que para construir una ciudad verdaderamente humana tenemos que edificarla de tal manera que les funcione a un niño de 8 años y a una persona de 80.

Piense en una persona mayor de 80 años y en un niño de 8. ¿Se sentiría tranquilo enviándolos juntos a dar un paseo a pie al parque? ¿O por cuenta propia? Si la respuesta es NO, hay mucho por mejorar.

8-80
http://www.8-80cities.org/8-80-rule


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Hacer del peatón la prioridad: Ruta hacia una gran ciudad

Ojo en el peaton
0 El ojo siempre en el peatón. Su cuidado, la obsesión de la ciudad.

No sé si sienten lo mismo, pero yo veo una Bogotá paralizada, patinando sobre el mismo eje, sobre los mismos problemas, ahogándose en retórica, diagnósticos y estudios de grandes proyectos de transporte o infraestructura, polarizada políticamente y fragmentándose cada vez más. Ahora, y ya lo he dicho, no hay crisis, sin que detrás se encuentren infinidad de oportunidades.  ¿Pero dónde están las de Bogotá?

 La idea que vengo a compartirles es la siguiente: para hacer de Bogotá una ciudad caminable a lo largo y ancho, varias cosas son indispensables, que si se logran, y es posible empezar ya, hoy mismo, nos conducirán en la dirección para avanzar en la construcción de una gran ciudad para vivir y ser felices.

 ¿Por qué es estratégico para la transformación de la ciudad? ¿Cómo nos puede ayudar un enfoque colectivo que priorice al peatón a levantar esta ciudad de sus múltiples crisis? (Movilidad, inseguridad, contaminación, confianza, eficacia de su gobierno,  autoridad, espacio público, economía, salud) ¿Cómo nos puede ayudar a poner en movimiento la transformación física y cultural de la ciudad?

 Entre las razones, desarrollaré las siguientes: 1) Ordenar Prioridades y Dimensión Humana, 2) Empezar ya y Pequeñas Acciones que son Determinantes 2) Empatía y Causas Comunes, 3) Seguridad 4) Sostenibilidad y 5) Buen Gobierno y Gestión. Empezaré por las primeras tres y volveré con las demás en futuras notas.

 Ordenar Prioridades y Dimensión Humana

 “Si diseñas una ciudad para carros y para el tráfico, consigues carros y tráfico. Si diseñas una ciudad para personas y lugares,  consigues personas y lugares.”

Fred Kent, Fundador Project for Public Spaces.

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Ciudades para vivir y ser felices

 Para comenzar, pensar en el bienestar del peatón nos ayuda a ordenar y a reenfocar nuestras prioridades. Nos obliga a hacernos preguntas fundamentales, que pareciera hemos dejado de hacernos.  Por ejemplo: ¿Cómo queremos vivir? ¿Qué necesitamos para vivir mejor? ¿Más carros? ¿Parques? ¿Centros Comerciales? ¿Qué necesitamos para ser felices?

 Pensar en la problemática del peatón, nos jala con gran fuerza a  centrar nuestra atención en las necesidades de los seres humanos que vivimos la ciudad, primero y siempre. Nos invita a observar la ciudad y sus dinámicas con nuevos ojos, instándonos a pensar su diseño y funcionalidad, su infinidad de detalles, desde el respeto por la escala y dimensión humana. ¿Cuáles son las verdaderas necesidades de las personas que vivimos en la ciudad? Bajo un enfoque que prioriza al peatón, las personas son lo importante, no la comodidad de los carros. Bogotá necesita ordenar sus prioridades y habría que empezar por esto. ¿No creen?

 Porque pasa el tiempo, y se afianza en Bogotá una cultura cada vez más dependiente del auto particular, que vemos a diario cómo va comiéndose la calidad de vida de todos sus ciudadanos, sin discriminar por estrato, y que ya sabemos, terminará por colapsar la ciudad.

 As­í es que tenemos que dejar de diseñar y acomodar para el carro –sólo aproximadamente el 14% de viajes se hacen en carro particular-, y devolverle la ciudad a los seres humanos. Y para esto, nada como una política deliberada de priorizar al peatón, que le ayude a la ciudad a activar este radical cambio de chip. Primero las personas, priorizar la calidad de vida del ciudadano, proteger vidas humanas, etc. Es una cuestión de equidad, pero también, de viabilidad de la ciudad.

No me caben dudas. Un enfoque así, invitaría a la ciudad a actuar con mayor determinación y sentido de urgencia, en el sentido de mejorar y ampliar el sistema de transporte público (acabar con esa mafia de la “Guerra del Centavo), y mejorar las condiciones de ciclistas y peatones. Un enfoque así, orientaría mejor el criterio y las decisiones dentro de la administración, en cuanto al diseño y la ejecución de sus proyectos, por ejemplo el SITP. ¿O creen que el problema de las dobles tarjetas o su lenta implementación, resultaron de pensar obsesivamente en la calidad de vida del ciudadano? Un enfoque así, acercaría mucho más al cuerpo de policía de la ciudad a la ciudadanía, y entonces, quisiera pensar, habría podido evitarse, por ejemplo la muerte del joven grafitero. Un enfoque así, daría un enorme énfasis, al orden y al estado del espacio público, pues es allí, donde construimos confianza los ciudadanos y cobra verdadera vida la ciudad.

 ¿A quién o a qué se debe la ciudad si no es a las personas que en ella vivimos? ¿A sus ciudadanos? Entonces, empezar por aquí.

 Podemos empezar ya. Pequeñas acciones que son determinantes.

 “El valor no es más que la acumulación de pequeños pasos.”

Gyory Konraid.

Cebras por la Vida
Pequeñas acciones que son determinantes

¿Qué esperamos para dar inicio a la transformación? Podemos empezar a activar ya un proceso de transformación positiva de la ciudad, desde pequeñas intervenciones y acciones, alrededor del cuidado del peatón, que destrabe la parálisis de la ciudad. ¿Cómo protegemos y dignificamos a las personas que caminan en la ciudad? Acciones como  pintar las cebras de la ciudad, señalizar calles, vigilar la velocidad en las vías, sacar a los carros de las aceras, ordenar y embellecer la vida exterior de la ciudad, podrían desencadenar un proceso de gerencia y recuperación del espacio público, que Bogotá necesita urgentemente.  Además, así se enviaría un poderoso mensaje a la ciudadanía de compromiso por mover la ciudad hacia adelante, a través de acciones y hechos palpables que impactarían positiva y de manera  inmediata la calidad de vida de los ciudadanos. Acciones que lo ciudadanos verán, pero que además sentirán.

Al mismo tiempo, la ciudad irá ganando confianza para moverse hacia intervenciones de mayor escala. Pero hay que dar esos primeros pasos con consistencia y determinación. La gente está cansada de tanta promesa de transformación que se queda en el discurso. Entonces, a través de pequeñas acciones que son necesarias para cuidar y dignificar al peatón, que son factibles y realizables en el corto plazo, pondremos en movimiento una transformación real, concreta y gradual de la ciudad.

Que no nos quepa duda, de los pequeños detalles depende el éxito de la ciudad.

 Empatía y Causas Comunes

 “Las ciudades tienen la capacidad de darle algo a todos, solo sí, y solo cuando, se construyen entre todos”

Jane Jacobs

NO hay andenes por donde transitar. Toca por la calle
NO hay andenes por donde transitar. Toca por la calle

 En Bogotá es urgente, diría que vital, que encontremos causas comunes que nos acerquen y nos inviten a construir colectivamente la ciudad. En eso, creo que muchos estamos de acuerdo. Ahora, ¿Quién no es peatón? La respuesta es clara. Lo cierto es que todos somos peatones y nadie está exento del riesgo de la violencia vial que se vive en la ciudad. Tenemos que ser conscientes que en cualquier momento, en cuestión de un segundo, una atropellada nos puede cambiar la vida o llevarse la de algún ser querido. Posiblemente, no haya otra causa en la vida urbana, que nos aglutine como la defensa del peatón.

 Obligadamente, la problemática del peatón nos pone a ver a través de las necesidades del otro y a pensar en las necesidades de los grupos más frágiles y vulnerables de la sociedad. Precisamente por ser el actor más frágil y vulnerable en la vía, el peatón requiere de especial consideración y cuidado. Un énfasis deliberado en su cuidado, nos ayudará a fortalecer la conciencia colectiva sobre el cuidado  y respeto de la vida, y nos obliga a que entre ciudadanos nos protejamos mutuamente.  La del peatón, es una causa que nos invita a trabajar juntos, gobierno y ciudadanía, pero además, sin importar diferencias de género, edad, estrato, raciales, o de tendencia política. ¿Izquierda o derecha? Qué importa.  Todos somos peatones. En esto, por ejemplo, el discurso de Petro y Peñalosa es casi el mismo.

Cebra de Colores Cr 11 con Cll 87

 Esta es una pregunta que no me canso de hacer: ¿Ha pensado en lo que le significa a una persona en silla ruedas moverse por Bogotá y las implicaciones que eso tiene en su vida? ¿Lo mismo, por ejemplo, para una persona mayor de edad o para una mujer en estado de embarazo? También vale la pena preguntarnos: ¿Cómo queremos llegar a viejos? ¿Nos sentimos tranquilos con la ciudad como está, para nuestros hijos? La causa del peatón no solo nos invita, sino que además obliga a pensar en la construcción de una ciudad que nos funcione a todos.

 El diseño y la gestión de la ciudad, son un poderoso instrumento que bien pueden segregar o excluir, o por el contrario, producir verdaderas condiciones de equidad e inclusión en la vida de las personas.

Para pensar: ¿Cómo el enfoque de priorizar al peatón le ayudaría a la seguridad de la ciudad?

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Cebras por la Vida volvió a jugar

Intervención #2 – Colegio La Palestina, Cll 80 con Cr 76, Engativá

En julio de este año, un compañero de este grupo de jóvenes quedó en coma tras ser impactado por un articulado de Transmilenio a las afueras del Colegio.

Estamos muy agradecidos con este grupo de jóvenes del Colegio La Palestina. Todos trabajamos en equipo. Lo hicieron con la seriedad de niños jugando. Como debe ser. Lo hicieron ver muy fácil. Esperamos haberles dejado una buena reflexión sobre el problema del peatón en la ciudad y que lo hayan disfrutado tanto como nosotros. Contamos con ellos para que el mensaje le llegue a muchos más.

Santiago Martín, un estudiante que participó en la actividad, dijo lo siguiente: “utilizando el arte para hacer llamativa a la cebra, se le da importancia al peatón, uno de los actores más importantes en la movilidad”. (Obtenido de nota de ADN)

Esto es una expresión ciudadana. Quizá, con colores, las señales de tránsito dejen de ser invisibles.

Esto sucedió el viernes 25 de octubre de 2013.

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Nuestro regalo de cumpleaños (475) para Bogotá: Cebras al Colegio

Cebras por la Vida continua, ahora, llevando la iniciativa a Colegios Distritales. Llevaremos el mensaje a toda la ciudad.

Por: http://combo2600.com/

Cebras por la Vida
Cebras por la Vida

Hace unos meses pintamos la primera cebra de colores en Bogotá. A partir de ese momento descubrimos la fuerza transformadora que tiene la acción ciudadana, propositiva, colectiva y creativa. Hoy, en sus 475 años, tenemos otro regalo para la ciudad.

Hace algunos meses, la Veeduría Distrital, que acompaña el proceso de la Mesa de Cabildantes Estudiantiles de Bogotá, nos invitó a que aportáramos nuestro conocimiento y nuestras capacidades como iniciativas ciudadanas para identificar posibles estrategias que aporten en la construcción de entornos escolares seguros; una cuenta pendiente con los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de la capital.

En conjunto identificamos serias deficiencias en materia de señalización y demarcación de las zonas escolares, que alimentan la inseguridad de las niñas y los niños que diariamente van y vienen de sus colegios a pie. Era, por lo tanto, la mejor oportunidad para integrar nuestra exitosa experiencia de las cebras de colores a la política pública de la ciudad e imprimirle a los entornos escolares un nuevo significado, en donde el peatón sea el centro y la prioridad.

Junto con nuestros amigos de Cebras por la Vida y la Veeduría Distrital, también se unieron a esta iniciativa las secretarías de Gobierno, Movilidad y Educación, quienes están comprometidos en hacer realidad el sueño de tener cebras de colores en los entornos escolares. Esperamos aunar esfuerzos entre las instituciones, la ciudadanía y el sector privado para darle a Bogotá alternativas en la ejecución de sus políticas públicas, que trasciendan en el tiempo con un sentido de corresponsabilidad, innovación y amor por la ciudad.

 Con la Mesa de Cabildantes Estudiantiles de Bogotá se escogieron 4 colegios piloto para la intervención, que están ubicados en las localidades de Antonio Nariño, Rafael Uribe Uribe, Engativá y Bosa; allí estaremos devolviéndole a Bogotá y a sus más frágiles peatones, un espacio seguro y colorido para caminar.

 Es por eso que queremos contarles sobre nuestra nueva iniciativa e invitar a los que quieran acompañarnos a que vengan el próximo miércoles 14 de agosto, desde las 11 de la mañana, a pintar la primera cebra de colores en la IED Guillermo León Valencia, ubicado barrio Restrepo (Carrera 24b sur con Calle 16) en dónde le entregaremos a la ciudad el que será el regalo más colorido en sus 475 años.

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El sistema está quebrado II: Sin justicia no hay ciudad

“En la mayor parte de los hombres el amor a la justicia no es más que el dolor de sufrir la injusticia.”

François de la Rochefoucauld  (1613-1680) Escritor francés

Fuente: Revista Semana
Fuente: Revista Semana

¡Qué tragedia! Un joven borracho revienta su vehículo contra taxi y mueren 2 mujeres jóvenes profesionales. La semana anterior, un bus del SITP al parecer pierde sus frenos  y causa un inverosímil accidente que deja 3 muertos en Usme. Mientras escribo esto, CityTV informa que 2 mujeres mueren arrolladas por una tractomula intentando cruzar una avenida en el sur de la ciudad. “Esta avenida es un cementerio” dice un señor del sector. Otro comenta que hace años debían haber puesto un semáforo en esa vía, que los accidentes son recurrentes y que preocupantemente hay un colegio muy cerca del lugar. Van a ser unos seis meses atrás que escribía sobre la tragedia del niño Sebastián Nieto, de 6 años, que perdió la vida cuando camino al colegio, se lo llevó por delante una buseta que no respetó un semáforo en rojo. El conductor debía 67 millones de pesos en comparendos. Nosotros preocupados por el trancón, que no es para menos, pero la verdadera tragedia es esta inseguridad en las vías que se extiende como una epidemia por la ciudad. Hay que ver la manera como caen a diario motociclistas en las calles, uno detrás de otro, como moscas; que como el trancón, se han vuelto parte de nuestro paisaje urbano. Ah, no ha pasado una semana y vuelve a ser noticia el SITP con otro de sus buses involucrado en un accidente, al parecer, nuevamente por fallas en sus frenos. Pequeños detalles que fallan.

Y otra vez  salen todos al unísono, ante la calentura de la tragedia, a pedir la cárcel para conductores borrachos. Una Ley que así lo ordene. Y creemos que con eso habremos solucionado algo. Este es un país ahogado en normas y procedimientos ¿Pero y la institucionalidad que garantice su aplicación? ¡Qué se aplique equitativamente! ¿Y la justicia para el ciudadano de a pie? ¿Dónde está? No la hay para hacer respetar por ejemplo límites de velocidad y semáforos en rojo, o el cobro de 67 millones de pesos en comparendos que debía el busetero que mató a Sebastián y para garantizar la cancelación de por vida de  cualquier posibilidad suya de conducir al frente de un servicio de transporte público. Acciones concretas y viables, que evitarían tragedias, de haber una eficiente y asertiva gerencia de la ciudad. Que regule e imparta justicia, que sea garante del orden en la vida urbana, que vele por el cumplimiento de normas básicas, sencillas, diría que de puro sentido común, antes de que la tragedia ocurra. Nuevamente.

En el caso de Sebastián ¿Qué hacía este irresponsable conduciendo un servicio de transporte público? ¿Dónde estaba la autoridad mientras este bárbaro acumulaba infracciones? En el caso de las motos, cuyo número aumenta vertiginosamente ¿Cuándo se tomarán medidas asertivas para proteger sus vidas y las de todos nosotros? En general, ¿Cuándo se implementarán acciones concretas, sistemáticas, con buen criterio, que regulen la velocidad dentro de la ciudad? ¡Quién sabe! Pero entretanto, seguiremos en esta crónica de tragedias anunciadas, prevenibles, cuyas soluciones o previsiones se mueren en la carreta y la debilidad del aparato estatal y su autoridad. En mi artículo anterior afirmaba que el sistema está quebrado.” ¿Dudas?

La crisis de justicia se evidencia mucho más allá de lo que sucede al interior del sistema judicial y lo que pasa por entre las manos de los jueces. Eso sin duda, está muy mal. Hablo de la justicia que no se administra en nuestra cotidianidad, en miles de situaciones, que las damos por pequeñas omisiones y transgresiones, pero que como vemos cobran vidas.

Estas tragedias son sin duda el resultado de eso.

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The Atlantic Cities toma nota del activismo urbano bogotano

Hoy en día, The Atlantic Cities es sin ninguna duda uno de los mejores proyectos editoriales digitales sobre la actualidad del debate urbano en el mundo. Para quienes les interesa el tema de las ciudades, aquí encontrará un lugar absolutamente fascinante con contenidos de gran calidad, de miradas frescas y un tono creativo sobre las tendencias urbanas que están mandando la parada. A continuación les comparto con gran felicidad la entrada que publicaron la semana pasada sobre el activismo urbano bogotano del que he sido parte junto con otras personas y colectivos (Combo2600, La Ciudad Verde, Agentes Cultóricos) alrededor de una causa que inexplicablemente ha permanecido invisible en nuestra ciudad: el respeto por el peatón.

In Bogotá, Activists Are Fighting Against a Backslide in Pedestrian Safety

Atl Cities

Es importante que en el mundo entiendan que los días de los mimos de Mockus  y de la ciudad que se dio la pela de recuperar los andenes de los carros para los peatones durante su gobierno y el de Peñalosa, dejaron de estar con nosotros hace ya muchos años. Es la triste realidad. Progresivamente cualquier cultura de respeto hacia quienes caminamos, inculcada por estas administraciones, se fue diluyendo; carros estacionando sobre andenes, deteniéndose sobre cebras y  rampas de acceso, motos que transitan temerariamente sobre rutas peatonales, construcciones bloqueando pasos, PARES y semáforos en rojo que nadie respeta, déficit de semaforización peatonal, etc., etc., etc., etc.

Es ante esta absurda e irrefutable realidad y la inacción del gobierno de la ciudad frente a  la problemática que acciones como Cebras por la Vida, 1 Minuto de Silencio por el Peatón y el homenaje a Su Majestad el Cráter han cobrado vida y sentido.