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Sin prioridades no hay paraíso: La muerte de un peatón y la tragedia de una ciudad

Después de lo visto la semana pasada, se reconfirma que, primero, estamos jodidos, y segundo, vivimos con las prioridades absolutamente equivocadas. En la mañana del jueves pasado, María González de 50 años, una empleada doméstica, fue arrollada cuando caminaba por un andén de la avenida circunvalar, por un carro que perdió el control, aparentemente por exceso de velocidad. Repito: caminada sobre el andén. No andaba de maromera; caminaba por necesidad y con la urgencia de llegar a tiempo a su trabajo. Como los automovilistas, los peatones también tenemos afán. María murió, sumándose a los cientos de otros peatones que al año mueren en las calles de Bogotá.

¿Y sin embargo, saben cuál fue la noticia que los medios construyeron alrededor de la tragedia?

EL TRANCÓN. Y entonces, el titular era alentador: “Se reestablece paso por la Circunvalar tras accidente.” Y no es sólo El Tiempo. Según me cuentan –no estaba en Bogotá-, tal cual, esa fue la misma noticia que se oyó en la radio. La tragedia era el trancón, no la muerte de esta mujer, ni los niños que se quedaban sin madre, ni las otras 300 personas que aproximadamente mueren cada año en Bogotá. EL TRANCÓN. Estos son los medios de comunicación, que para desgracia nuestra, dan forma a la opinión de la ciudadanía, y que tanto influyen en la construcción de nuestro imaginario colectivo y nuestras aspiraciones como sociedad. Abajo encuentran la noticia original que El Tiempo publicó en su Online.

Muere Peatón-Noticia-El Trancón

Hubo protestas en redes sociales por quienes nos indignamos con esta manera irresponsable, fría y descocada de presentar lo sucedido. ¿Y cómo culparlos? Ese es el raciocinio que impera en la ciudad, y me atrevería a decir también, que la noticia fue tan solo la costumbre y el inconsciente de nuestra sociedad, expresándose a través de estos medios de comunicación que tenemos. El reflejo de cuán jodidos estamos.

Al cabo de unas horas, y sin poder saber si fue producto de nuestros trinos y mensajes, o del regaño de un  editor, o sencillamente de la profunda reflexión del periodista, la nota se nutrió con nueva información. Se reeditó. Mejor encaminada en esta 2ª redacción, la noticia puso un mayor énfasis en la tragedia de la muerte de María González. Y de todas maneras, se quedaba corta; Vea la nueva noticia.

Empleado Peaton

Para empezar, la palabra accidente no es recomendable. Deja demasiado lugar para el azar, para la suerte, suena a inevitable, “nadie tuvo la culpa”. Hay que ser precisos: a María la arrolló un auto. Alerta Bogotá tituló con mayor exactitud.

“Carro se salió de la vía y mató a peatón en la Circunvalar de Bogotá.”

Tweet Peatón-Trancón

Ah, y ya lo sabe; esto de reeditar chambonadas y de corregir elementos de notas después de publicadas, o simplemente desaparecerlas, parece ser un recurso comúnmente utilizado por los medios digitales. ¿Por todos? Espero que no. Después va a buscar un artículo que leyó, se encuentra con algo totalmente diferente, y el loco es usted. Cuando vi la primera noticia, sospeché que la cambiarían, y por eso el pantallazo. Ya he visto que lo hacen. Por lo que cabe preguntar: ¿Es eso válido? ¿Es eso respetuoso con la audiencia? ¿Existen protocolos para rectificar? ¿O todo se vale? Y creo que equivocarse es absolutamente válido, algo de lo más humano. El asunto es cómo asumimos nuestros errores y qué hacemos con ellos.

Los medios de comunicación podrían y deberían jugar un rol determinante ayudando a mejorar las condiciones de los peatones en Bogotá y en las demás ciudades del país. Estoy convencido del enorme impacto que un esfuerzo deliberado, liderado por importantes medios de comunicación, podría significar en términos de enfrentar esta tragedia urbana: educando y sensibilizando a través de mensajes bien formulados, humanizando la tragedia, presionando a gobiernos para que rediseñen calles, efectúen controles, monitoreen el problema y en general asuman su responsabilidad, lo mismo para las autoridades de policía, y en fin, para que tomemos conciencia del tamaño de la tragedia y para que asimilemos que nadie está exento.

Crear mejores condiciones para el peatón, que lo dignifiquen y protejan, pasa obligatoriamente por un cambio de mentalidad, donde el carro y su cómodo andar dejan de ser la obsesión de la sociedad y en cambio hacemos de la vida y el bienestar de las personas, la prioridad número uno de todos. El poder y la influencia de los medios de comunicación,  asumiendo que asumen su responsabilidad social con la vida en la ciudad, podrían contribuir enormemente a enmendar esta manera equivocada de plantear nuestras prioridades como sociedad.

Continuar bajo el marco/escala de prioridades que motivó esta nota, asegurará que sigamos perdiendo y degradando el lugar en el que vivimos.

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¿Qué le pasó al Día sin Carro?

Día sin Carro Bogota, Febrero 6 de 2013

Día sin Carro Bogota, Febrero 6 de 2014

Pasó el día sin carro. Otro. Y a pesar de la importancia que tiene una jornada como esta para la ciudad, en medio de la crisis y la congestión diaria que vivimos los bogotanos, para reflexionar, para convencernos de que es posible vivir de otras maneras, vivir mejor, vuelve a quedar la sensación de que el Día sin Carro sigue perdiendo brillo y acogida entre los ciudadanos. Lastimosamente los ciudadanos, pero todos en general, parecemos comprender cada vez menos su valor y significado. Antes siempre podíamos anticipar el rechazo de gremios como FENALCO. Predecibles y miopes. Sin embargo, este año, sorprendentemente expertos del tema urbano y movilidad como Eduardo Beherentz, también le dieron palo ¿Qué le pasó a la jornada? ¿Qué hay que hacer para recuperarle su significado?

Pasan los años, y aunque hay que reconocer que la administración actual hizo esfuerzos interesantes en las pasadas 2 jornadas, sobre todo habilitando la red de ciclovías, queda claro que para recuperarle su energía y dinámica, el esfuerzo debe ser significativamente mayor por parte del equipo organizador y del gobierno en su totalidad.  Lo veo así; fue tal el sentimiento que se enraizó a lo largo de tantos años de pereza institucional preparando y animando la jornada, que para reversarlo, se necesitará de algo realmente especial, sobre todo, en el sentido de devolverle coherencia y consistencia al día. Mucha coherencia y consistencia.  Porque salimos ese día a las calles, y si bien las revoluciones de la ciudad en algo disminuyen, ahí sigue la plaga de motos que nadie ataja, la Guerra del Centavo que nadie enfrenta, el abuso diario del gremio de los taxistas, Transmilenio más colapsado, y algo nuevo y que es el colmo, carros blindados de particulares transitando (ahora no compran 2 carros, se compran un blindado), configurando el paisaje de la ciudad. Mientras tanto, ni el trancón, ni la contaminación ceden. ¿Qué mensaje envía un escenario como este a los ciudadanos? Así pues, se hace difícil legitimar la jornada.  ¿No creen?

Lo cual me trae a otro punto importante.  La jornada no puede tratarse ni entenderse como un proyecto de un día y ya, ni aislado de lo que pasa en la ciudad. Tampoco puede depender del extraordinario, pero solitario esfuerzo de los apasionados de la bicicleta. Si bien la fecha en que salimos en bicicleta,  caminamos y usamos el transporte público es fundamental, la etapa de preparación de la ciudadanía, dónde se nos invita y seduce a vivir la ciudad de una mejor manera, es tanto o más importante. Debe haber mucha comunicación previa, alrededor de una preparación de la ciudad para vivir la jornada – (rutas, actividades, alquiler de bicicletas, parqueaderos)-, indicando las posibilidades y ventajas que ofrece el día.

Por otra parte, desde el gobierno debe trabajarse obsesivamente por mejorar y evolucionar la jornada año tras año. Para eso, es clave entender lo que funcionó y no funcionó de cada jornada, con el objetivo de proponerse mejoras concretas y posibles para la próxima edición.  ¿Cómo mejoramos la jornada? ¿Qué nuevos elementos podemos incorporarle? ¿Cómo fortalecemos su componente pedagógico? Por ejemplo, si ya sabemos del problema de las motos ¿Por qué no se tramitó lo necesario para eliminarlas? Si sabemos que la flota de buses tradicionales es la que más contamina ¿Por qué siguen saliendo en esas cantidades? Que sea un proyecto de ciudad más que de gobierno.  Deben haber unas metas muy concretas que guíen su preparación y ayuden a medir su éxito: número de ciclistas y peatones en las calles, niveles de contaminación, usuarios SITP y Transmilenio, y por supuesto, prestarle mucha atención al ánimo y las reacciones de la gente.

Finalmente, el Día sin Carro debería plantearse como fecha referente en el tiempo para que el gobierno le presente a la ciudadanía avances significativos en materia de movilidad, en términos de indicadores y también de proyectos. Para que nos cuenten por ejemplo en qué va el SITP, qué ha pasado con las nuevas fases de Transmilenio y los estudios del metro, en qué va el proyecto de bicicletas públicas y la expansión de la red de ciclorutas, para que nos digan cómo se ha comportado la accidentalidad vial y qué han hecho al respecto. Para que rindan cuentas.

El Día sin Carro es mucho más que una jornada aislada. Viéndolo bien, fácilmente podría ser una poderosa herramienta de política pública y de comunicación con la ciudadanía, alrededor de la cual planteamos un camino aterrizado y colectivo para salir de esta profunda y repetitiva crisis de la movilidad de la ciudad.

La pregunta no puede ser si seguimos o no con el Día sin Carro. La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Cómo hacemos para rescatarlo, fortalecerlo y mejorarlo año a año?

Nota final. Sobre la advertencia que emitió la Secretaría de Movilidad la semana pasada (Ver: Bicicarriles pintados sin permiso por ciudadanos serán borrados), justo en la víspera del Día sin Carro, en el sentido de que borrará bicicarriles ciudadanos, la invitación es a que aproveche estratégicamente todas esas ganas  y la energía de los ciudadanos que quieren aportar con acciones y propuestas a la transformación de la ciudad, articulándolas a su trabajo. El Distrito no se puede dar el lujo de despreciar estos esfuerzos (Ver: La bobada de borrar ciclocarriles ciudadanos). Detrás de estas acciones hay unos ciudadanos activos y bien intencionados, que le están diciendo algo, y mal haría el gobierno en cerrarles la puerta en sus narices. Aquí lo que hay, es una gran oportunidad de replantear las relaciones gobierno-ciudadanía y para innovar en nuevas formas y canales de participación ciudadana.