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Sin prioridades no hay paraíso: La muerte de un peatón y la tragedia de una ciudad

Después de lo visto la semana pasada, se reconfirma que, primero, estamos jodidos, y segundo, vivimos con las prioridades absolutamente equivocadas. En la mañana del jueves pasado, María González de 50 años, una empleada doméstica, fue arrollada cuando caminaba por un andén de la avenida circunvalar, por un carro que perdió el control, aparentemente por exceso de velocidad. Repito: caminada sobre el andén. No andaba de maromera; caminaba por necesidad y con la urgencia de llegar a tiempo a su trabajo. Como los automovilistas, los peatones también tenemos afán. María murió, sumándose a los cientos de otros peatones que al año mueren en las calles de Bogotá.

¿Y sin embargo, saben cuál fue la noticia que los medios construyeron alrededor de la tragedia?

EL TRANCÓN. Y entonces, el titular era alentador: “Se reestablece paso por la Circunvalar tras accidente.” Y no es sólo El Tiempo. Según me cuentan –no estaba en Bogotá-, tal cual, esa fue la misma noticia que se oyó en la radio. La tragedia era el trancón, no la muerte de esta mujer, ni los niños que se quedaban sin madre, ni las otras 300 personas que aproximadamente mueren cada año en Bogotá. EL TRANCÓN. Estos son los medios de comunicación, que para desgracia nuestra, dan forma a la opinión de la ciudadanía, y que tanto influyen en la construcción de nuestro imaginario colectivo y nuestras aspiraciones como sociedad. Abajo encuentran la noticia original que El Tiempo publicó en su Online.

Muere Peatón-Noticia-El Trancón

Hubo protestas en redes sociales por quienes nos indignamos con esta manera irresponsable, fría y descocada de presentar lo sucedido. ¿Y cómo culparlos? Ese es el raciocinio que impera en la ciudad, y me atrevería a decir también, que la noticia fue tan solo la costumbre y el inconsciente de nuestra sociedad, expresándose a través de estos medios de comunicación que tenemos. El reflejo de cuán jodidos estamos.

Al cabo de unas horas, y sin poder saber si fue producto de nuestros trinos y mensajes, o del regaño de un  editor, o sencillamente de la profunda reflexión del periodista, la nota se nutrió con nueva información. Se reeditó. Mejor encaminada en esta 2ª redacción, la noticia puso un mayor énfasis en la tragedia de la muerte de María González. Y de todas maneras, se quedaba corta; Vea la nueva noticia.

Empleado Peaton

Para empezar, la palabra accidente no es recomendable. Deja demasiado lugar para el azar, para la suerte, suena a inevitable, “nadie tuvo la culpa”. Hay que ser precisos: a María la arrolló un auto. Alerta Bogotá tituló con mayor exactitud.

“Carro se salió de la vía y mató a peatón en la Circunvalar de Bogotá.”

Tweet Peatón-Trancón

Ah, y ya lo sabe; esto de reeditar chambonadas y de corregir elementos de notas después de publicadas, o simplemente desaparecerlas, parece ser un recurso comúnmente utilizado por los medios digitales. ¿Por todos? Espero que no. Después va a buscar un artículo que leyó, se encuentra con algo totalmente diferente, y el loco es usted. Cuando vi la primera noticia, sospeché que la cambiarían, y por eso el pantallazo. Ya he visto que lo hacen. Por lo que cabe preguntar: ¿Es eso válido? ¿Es eso respetuoso con la audiencia? ¿Existen protocolos para rectificar? ¿O todo se vale? Y creo que equivocarse es absolutamente válido, algo de lo más humano. El asunto es cómo asumimos nuestros errores y qué hacemos con ellos.

Los medios de comunicación podrían y deberían jugar un rol determinante ayudando a mejorar las condiciones de los peatones en Bogotá y en las demás ciudades del país. Estoy convencido del enorme impacto que un esfuerzo deliberado, liderado por importantes medios de comunicación, podría significar en términos de enfrentar esta tragedia urbana: educando y sensibilizando a través de mensajes bien formulados, humanizando la tragedia, presionando a gobiernos para que rediseñen calles, efectúen controles, monitoreen el problema y en general asuman su responsabilidad, lo mismo para las autoridades de policía, y en fin, para que tomemos conciencia del tamaño de la tragedia y para que asimilemos que nadie está exento.

Crear mejores condiciones para el peatón, que lo dignifiquen y protejan, pasa obligatoriamente por un cambio de mentalidad, donde el carro y su cómodo andar dejan de ser la obsesión de la sociedad y en cambio hacemos de la vida y el bienestar de las personas, la prioridad número uno de todos. El poder y la influencia de los medios de comunicación,  asumiendo que asumen su responsabilidad social con la vida en la ciudad, podrían contribuir enormemente a enmendar esta manera equivocada de plantear nuestras prioridades como sociedad.

Continuar bajo el marco/escala de prioridades que motivó esta nota, asegurará que sigamos perdiendo y degradando el lugar en el que vivimos.

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Otra campaña de prevención vial para Bogotá. Otra pifia

Maneja como si tu abuelo cruzara la calle

Maneja como si tu abuelo cruzara la calle – Campaña San Francisco, USA –

Hace un par de semanas salió al aire la nueva campaña de prevención vial de la Secretaría de Movilidad que lleva el nombre: ¿Por qué inventas maromas?  En resumen, les puedo decir, es la copia calcada de la trillada campaña de Inteligencia Vial que por años ha tenido de protagonista al distinguido Pirry (esa voz de conciencia que tenemos los colombianos). Hablando en serio; si es por el mensaje, creo que el Sr. Pirry y el inoperante Fondo de Prevención Vial (¿Eso todavía existe?) podrían demandarlos por plagio. En fin. Es ese tipo de campaña que desnuda por completo el gigantesco déficit de creatividad que padece la ciudad, y también de criterio. Al final de cuentas, el centro de la propuesta, consiste en lanzar mensajes al aire, bastante sueltos, tratando a peatones y ciclistas de cafres, brutos, imprudentes, irracionales y suicidas. En ambos casos, vemos cómo se ratifica esa noción dominante de nuestra cultura urbana, dónde el carro es rey, y el peatón, un pinche ciudadano de segunda (marginal, invisible, inferior). Entretanto, las cifras de muertos en las vías, especialmente las de  peatones, siguen disparadas. En Bogotá mueren alrededor de 300 peatones todos los años  y no sería extraño que este año sean más.  Como pueden ver, entre más nos embuten estos mensajitos de la Inteligencia Vial, en las calles, la violencia vial continua desenfrenada.

Y entonces uno pregunta: ¿Cuál es el aspecto innovador de esta campaña? ¿Que no salga Pirry? ¿La genialidad del nuevo slogan?

Los principales mensajes de la actual campaña son:

Ciclista ¿Por qué inventas maromas? utiliza Ciclorutas y Bicicarriles

Peatón ¿Por qué inventas maromas?, usa los puentes peatonales. Y cuida tu propia vida. TU VIDA VALE MÁS

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Mensajes culposos y acusadores. ¿O quiénes hacen maromas? Es una acción que comúnmente se refiere a niños; necios, tontos, irracionales, juguetones, saltarines, traviesos, incansables, revoltosos. Por ahí pareciera que va la cosa. ¿Me equivoco? Como si los peatones no valoraran su propia vida. Es absurdo.

Por otra parte, según la Secretaria de Movilidad, la campaña durará 2 meses. ¿Y después de esos 2 meses qué? ¿Listo el maní? Uno sí pensaría que el problema requiere de una comunicación sostenida en el tiempo. No estoy en Bogotá estos días, pero pareciera que hubo ruido la semana que se lanza la campaña y pare de contar.

A mí sí me da curiosidad saber cuánto dinero se invierte en estas campañas efímeras, superficiales y cargadas de ese sesgo equivocado, que desorienta sobre la verdadera dimensión y realidad del problema. Aquí se nos presenta un enfoque incompleto. Absolutamente miope. ¿O dónde están los mensajes para el conductor de carro? ¿Dónde encontramos la estrategia para poner en cintura la conducción de los buses, del gremio taxista y ahora del SITP? La noticia más reciente del sistema es esta: Muere mujer que fue atropellada por un bus del SITP. El tipo se voló un semáforo en rojo. ¡Pobre ciudad! Vaya manera de poner a andar su nuevo sistema de buses. Entonces, ¿Dónde se manifiesta la intención de gobierno y autoridades de regular sus infracciones? ¿Veremos acciones en las calles? ¿Seremos testigos de un esfuerzo sostenido por adecuar la señalización vial de la ciudad y mejorar las condiciones de seguridad del peatón? ¿Veremos más semaforización peatonal? ¿Tendremos por parte de la ciudad, un esfuerzo integral, proactivo y bien pensado por rediseñar nuestras calles para hacerlas más seguras? Porque así cómo necesitamos actores más conscientes y responsables en la vía, también necesitamos infraestructura y calles más seguras, diseñadas y adecuadas con el foco puesto en la protección, dignidad y comodidad del que camina –calles completas-. Solo así, se cumplirá a fondo con aquello de priorizar a las personas sobre los carros.

Cada esquina es un cruce peatonal.  Sí, cada esquina.

Hey conductores, Cada esquina es un cruce peatonal.
Sí, cada esquina. Campaña Utah-USA

Definitivamente tiene que haber un giro radical en los mensajes y en los enfoques de las estrategias de prevención vial. Persistir con campañas como la actual, en nada ayuda a cambiar esta mentalidad pifiada de Bogotá donde el carro es rey, y los demás,  nos le acomodamos para no estorbarlo. El aspecto cultural puede ser el más crítico, pues entretanto no se entienda y se asimile, es difícil esperar acciones diferentes. El ánimo de este artículo es precisamente ampliar el debate.

Algo clave en este tema es que la ciudad, y no solo su gobierno, tienen que ponerse metas claras que además deben compartirse. Las metas tienen que ser de todos los que vivimos en la ciudad. Y en este caso, la meta tiene que apuntarle a 0 muertes de peatones. Planteada dentro de un plazo razonable, pero su avance tendría que ser verificable y trazable (aquí se refleja la voluntad y determinación política). Así se lo están proponiendo ciudades como Nueva York (Vision Zero) y San Francisco en los Estados Unidos. La comunicación y educación son claves. El rediseño de calles para hacerlas más seguras, igualmente. El propósito, la intención y los recursos por parte de la administración, irreemplazables.

Finalmente. Estas son 3 líneas de acción que creo deben tenerse en cuenta para la formulación de una estrategia de prevención vial para la ciudad:

  1. Comunicación y pedagogía dirigida a todos los actores de la vía, no solo a peatones y ciclistas. Necesitamos creatividad para enviar mensajes más efectivos, que le lleguen al ciudadano e interpreten con inteligencia la verdadera dimensión de la tragedia. Todos los actores deben incluirse en el mensaje, y darle mayor peso a quienes están en posición de causar un mayor daño (autos, transporte público) ¿Los peatones son los que más se mueren y resulta que la culpa es de ellos? ¿Qué tal si educamos sobre la fragilidad de quién camina? En Bogotá no respetan ni a una abuelita pasando la calle. Tiene que haber mayor conciencia sobre las cifras de la tragedia. Hay que evidenciar la tragedia humana detrás de las cifras, detrás de cada atropello. Tenemos que apelar a la empatía de los ciudadanos, intentar ponerlos en los zapatos de la víctima.

    Maneja como si tu familia cruzara por la cebra

    Maneja como si tu familia cruzara por la cebra

  1. Ejercicio de autoridad. No todo puede basarse y enfocarse en la autorregulación. Ojalá fuera así, pero no lo es. Las autoridades de policía y de gobierno deben hacer un uso proactivo y consistente de su autoridad. La coordinación/articulación de ambas fuerzas es obligatoria. En el momento, no hay ninguna. ¿Se conocen?
  1. Debe haber una línea de acción orientada al rediseño de calles, intersecciones, etc. ¿Qué adecuaciones físicas y de señalización podemos introducir para lograr calles más seguras? Deben haber intervenciones físicas estratégicas, empezando por los puntos de mayor accidentalidad de la ciudad. Así como una  parte significativa de la solución está en manos de la ciudadanía, hay otra muy significativa que depende de gestión gubernamental. Punto. Así es. Poco se habla de ella y poco la exigimos. Gestión que debe responder más a las necesidades humanas y menos a esos manuales desactualizados de diseño de vías y señalización que dominan la lógica de nuestras agencias de gobierno responsables del tema. Es bastante evidente como la actual campaña intenta centrar toda la atención en la responsabilidad o irresponsabilidad de los actores, pero evade por completo la propia. Su publicidad resalta: “A pesar de la inversión que hace Bogotá en infraestructura, la falta de precaución y la baja percepción de riesgo por parte de los diferentes actores viales provoca miles de accidentes, con los consecuentes costos sociales y económicos.” Como diciendo, nosotros cumplimos, la culpa es de ellos.

¿Si pudiera diseñar una campaña de comunicación educativa/informativa para reducir la accidentalidad vial, cómo la haría? ¿De qué manera la enfocaría? ¿A quiénes la dirigiría?

***Los mensajes de San Francisco los vi en mi visita montando en el transporte público de la ciudad. El de Utah lo encontré haciendo una búsqueda en internet. Habría que revisar lo que están haciendo en otras partes del mundo

Guerra del Centavo: Tragedia de todos que nadie enfrenta

Fuente: Pulzo

Fuente: Pulzo

Ya quisiera uno no tener siquiera la posibilidad de referirse a este siniestro sistema de transporte que desdichadamente sigue siendo protagonista en la vida diaria de los bogotanos.  Pero qué hacemos; gobierna va, gobierno viene, todos prometen acabarlo y traernos la modernidad, pero sigue ahí. En pleno siglo XXI. Lo he dicho anteriormente, no hay nada en esta ciudad que agreda más a los ciudadanos y contamine la ciudad de más mala onda y violencia que estos buses. Todos sabemos que mientras estén en las vías serán una tragedia esperando suceder. La semana pasada la víctima fue Karen Dayana de 8 años; el conductor que la embistió, huyó dejándola tirada en plena calle.  A éste le han dado casa por cárcel.

En noviembre del 2012 escribí sobre la muerte de 2 niños que una buseta se llevó por delante cuando esta no se detuvo en un semáforo en rojo (Guerra del Centavo ¿Cuántos niños más?) ¿Alguien daba por descartado que la tragedia volvería a repetirse?

No sé por qué razón este tipo de noticias no causan mayor indignación en nuestra sociedad, ni resuenan con mayor eco en los medios (NO fue noticia), ni producen acciones contundentes por parte de los gobiernos de la ciudad. Nada pasa, los hampones siguen al frente del volante, la policía y el gobierno impávidos, la noticia se desvanece, por supuesto que la tragedia vuelve y ocurre.

¿Qué hacer? Yo sí creo que tiene que caberle una responsabilidad concreta, directa y muy grande al gobierno de la ciudad y a las autoridades de policía que han permitido, en sus narices y las de todos nosotros, que estos tipos conduzcan de esta manera asesina sin que nada ni nadie se atreva a regularlos. Me niego a creer y a aceptar que así son las  cosas y que nada se puede hacer. ¿Qué están esperando el señor alcalde, su Secretaría de Movilidad y las autoridades de policía para actuar? Múltenlos, sáquenlos de circulación, sancionen a sus empresas, busquen cambiar la ley, monten un esquema de control en las vías dedicado a estos hampones, hagan lo que tengan que hacer pero enfrenten la situación. Dirán que es demasiado costoso, que no se cuenta con la capacidad sancionatoria, que el SITP lo resolverá todo, excusas y más excusas.

Este es un problema sistémico que sobre todas las cosas requiere decisión y voluntad política por parte de quienes están al frente de la ciudad. Aquí, además de la responsabilidad que le cabe a los conductores, hay responsabilidades a otros niveles; políticos y administrativos.

¿No es este el alcalde de la Bogotá Humana, de la niñez y la educación y el valiente enfrenta mafias? El de poner fin a estas tragedias, aboliendo de una vez por todas esta Guerra del Centavo, sí que habría sido un cambio estructural en el camino de humanizar esta ciudad. Esta ha sido una responsabilidad gravemente omitida por este y todos los gobiernos que le han antecedido. Aquí hay una deuda histórica de la ciudad con su gente.

Vuelvo a preguntar ¿Alguien da por descartado que la tragedia volverá a repetirse?

Urbanismo Táctico en el Parque 93

“La falta de recursos dejó de ser una excusa válida para no actuar. Esa idea de que sólo es válido actuar en el momento en el que se cuente con todas las respuestas y todos los recursos, es la mejor receta para la parálisis.” Jaime Lerner, Ex-alcalde de Curitiba.

Palabras clave: Cebras por la Vida, Urbanismo Táctico, participación ciudadana, activismo urbano, respeto por el peatón

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En medio de estos días de invierno, pareciera que las estrellas y que el mismo San Pedro, comprendieran la importancia del proyecto ciudadano Cebras por la Vida. El jueves y el viernes había llovido y el sábado las vías amanecieron mojadas. Y aunque nos pegamos un buen susto hacia las 10:30 am, cuando cayeron unas buenas gotas que nos obligaron a parar -empezamos a las 6:00 am-, milagrosamente, a los pocos minutos la lluvia se detuvo, permitiéndonos continuar hasta acabar. Hacia las 2:30 pm ya habíamos terminado los 9 pasos peatonales del Parque de la 93. El sol se había reservado para salir en ese momento. El domingo volvería a llover.  El proyecto de los pasos peatonales hizo parte del proyecto de renovación del parque, que reabrió nuevamente sus puertas a la ciudadanía ese mismo sábado 10 de mayo.  Vayan a verlo.

Para los que no saben, Cebras por la Vida es una iniciativa ciudadana que a través de intervenciones artísticas en las calles busca visibilizar la problemática del peatón en Bogotá y reclamar por mejores condiciones de infraestructura y culturales que lo protejan y dignifiquen.

La semana pasada El Espectador publicaba la siguiente nota: Un peatón muere al día en Bogotá. El artículo señala que de 136 muertes en accidentes de tránsito, entre enero y marzo de 2014, 79 fueron peatones (58% de las víctimas). Entretanto, solamente 3 conductores murieron. Y avisaba algo supremamente grave para la ciudad: en términos generales la accidentalidad vial en la ciudad aumentó en un 17% con respecto al mismo período del 2013. La desproporcional cifra de muertes de peatones evidencia algo que es de puro sentido común pero que culturalmente ignoramos: entre los actores de la vía, el peatón es de lejos el más frágil y vulnerable. Pero en Bogotá se le trata a las patadas; se le embiste con el carro, ventas y autos que invaden su espacio estacionando sobre los andenes, motos transitando sobre aceras, ciclorutas  mal diseñadas que le quitan espacio, obras que lo sacan a las calles, andenes destruidos, un aire envenenado de exhosto, la constante amenaza de un atraco, etc., etc.

Lo que sucede en las calles de la ciudad es una tragedia y se equivoca quien crea que la cosa no es con él. Muy pocos se mueven en carro, algunos y creciendo los que van en moto (desastre  a la vista), muchos utilizan el pésimo transporte público de la ciudad, hay unos héroes urbanos que lo hacen en bicicleta, pero lo cierto es que peatones somos todos. Es precisamente por eso que la causa del peatón es tan estratégica; porque al involucrarnos a todos nos invita a trabajar colectivamente por una mejor ciudad. Y porque nos ayuda a ordenar prioridades. En Bogotá necesitamos urgentemente ambas: causas comunes y que la calidad de vida de las personas se priorice sobre cualquier otra cosa. Además, no podemos perder de vista que la gran mayoría de personas que camina diariamente en Bogotá lo hace por necesidad. Entonces, es además una cuestión de inclusión, equidad y democracia. Hay otro mensaje importante que quiere dejar Cebras por la Vida: podemos empezar ya; una cebra, castigar el parqueo sobre andenes, mantener en buen estado la señalización, controles de velocidad, respetar los PARES, cederle el paso a quien camina, en fin. Necesitamos con urgencia salir de la parálisis. ¿No creen?

“Si diseñas una ciudad para carros y para el tráfico, consigues carros y tráfico. Si diseñas una ciudad para personas y lugares, consigues personas y lugares.” Fred Kent, Fundador Project for Public Spaces.

“Si diseñas una ciudad para carros y para el tráfico, consigues carros y tráfico. Si diseñas una ciudad para personas y lugares, consigues personas y lugares.” Fred Kent, Fundador Project for Public Spaces.

En el mundo del urbanismo acciones como las que realiza Cebras por la Vida se conocen como urbanismo táctico. Pequeñas acciones en el corto plazo, dirigidas a lograr un cambio de largo aliento.

Apoyaron: ciudadanos y amigos, Combo2600, La Ciudad Verde, Ciclopaseo de los Miércoles, Secretaría de Movilidad, Veeduría Distrital, Parque 93.

Las motos, Frankenstein y gobernar como reinas de belleza

Fuente: colcarros

Fuente: colcarros

Esto ya lo sabemos. Pasa el tiempo y ante la falta de una actitud decidida para enfrentar los múltiples problemas de movilidad de la ciudad, el escenario por supuesto se crece, se agrava y políticamente se torna cada vez más compleja su solución. Hace un par de días, para sorpresa de la ciudad, los motociclistas organizaron una jornada de protesta, una operación tortuga, según ellos, porque se les está persiguiendo de manera injusta; “Que se las tienen montada”. ¿Qué podrán estar reclamando? En 5 minutos uno los ve violando la totalidad del código de tránsito. Algo inverosímil. Pero entiendo que es el resultado, de esta costumbre nacional, ni siquiera distrital, de evadir la resolución de los problemas por años, de esa capacidad nuestra de observarlos crecer impávidos desde el balcón, hasta que por supuesto se salen de madre, llevándonos a todos por delante.

Es lo que ha pasado con el desbocado fenómeno de la moto en la ciudad. Ahora, ¿Por qué ha crecido y continuará creciendo? Por un lado está lo económicas que resultan y la facilidad con la que se accede a ellas, pero incluso más determinante para inducir su compra y uso, es la pésima oferta de un servicio de transporte público de buena calidad y el atasco general de las vías. El metro tomará años en llegar, pero entretanto, no hay una puesta en marcha seria del SITP y la expansión del sistema de Transmilenio lleva paralizada desde hace años. Igual de quieta está la expansión de la red de ciclorutas y cualquier esfuerzo por acondicionar la ciudad para la seguridad y comodidad de peatones. Es un grave síntoma del fracaso de nuestros gobiernos por atender responsable y estructuralmente la crisis de movilidad. Para encimar, la receta se torna absolutamente tóxica, diría que letal, cuando no hay autoridad a la vista–ni distrital, ni nacional, tampoco de policía-, resuelta a regular su comportamiento en las vías. Este fenómeno que nadie se mide a atajar, es un claro reflejo del decaimiento institucional en Bogotá –aunque sea un problema de índole nacional- y de la ausencia de liderazgo público para enfrentar este y muchos otros temas más.

Bajo este escenario, los motociclistas,  ejerciendo su fuerza numérica, pelearán por sus ventajas en esta ciudad completamente congestionada y fragmentada. La tendencia seguirá pronunciándose, habrá más motos, que representarán más votos, y claro, entre ellos se solidarizarán. Ya lo vemos pasando. Es algo natural. Así cómo hay EL Ciclopaseo de  los Miércoles –un rito ciudadano admirable e inspirador-, por ahí ya se ve algo así como El Motopaseo -para mí, lo opuesto-. De esta manera, ante la falta de un contrapeso en términos de soluciones de fondo a la crisis de movilidad y la anemia institucional, ellos seguirán elevando su voz, con o sin razón.

¿Será que el gobierno, al sentarse a hablar con ellos sobre sus reclamos, los que sea, les reclamará tan duro sobre sus responsabilidades? Responsabilidades que tienen con los demás, pero igualmente con ellos mismos. Es que basta con pasar un rato afuera en la ciudad, para verlas caer como moscas.  Se accidentan, pero a la vez causan una proporción enorme de accidentes. Detrás del pobre peatón (54% -accidentes fatales-), son los que más mueren en las calles de la ciudad (21.5%). ¿Será que el gobierno entiende que más que conciliar posiciones con ellos y hacerles promesas, y decirles que sí a todo, tiene es que trabajar en un paquete de verdaderas soluciones de movilidad, entre ellas, poner en cintura la conducción temeraria de motos, taxis, buses y autos?

Hoy hay en el país casi 5 millones de motos y están disparadas. La bola de nieve se hace cada vez más miedosa. Acá tenemos a un Frankenstein creciendo y en nuestras narices.

La pregunta que dejo es la siguiente: ¿Cuánto le costará al país y a la ciudad, en vidas, en contaminación, en calidad de vida, continuar haciéndose los pendejos con el monstruo? El lapo político es un chiste frente al daño que le ocasionarán al país si no se ataja.

Y finalmente. Nadie lo podría haber dicho mejor que el vicepresidente Garzón por estos días, definitivamente: “no se puede gobernar como una reina de belleza.”

Artículo anterior sobre el tema: Las motos y su más grave pecado