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Cobro de Valorización ¿Sí valoriza? ¿Siempre valoriza?

 “¿Qué pasa si con la obra de valorización mi propiedad se desvaloriza en vez de valorizarse? ¿El distrito me indemniza?

@MaFeRojas (Directora del IDU)”

Nunca recibí respuesta.

El instrumento del cobro de valorización parte del supuesto de que con toda obra de infraestructura que con éste se realiza, se está valorizando la propiedad de quien lo paga, ubicada cerca de  la novedad. ¿Cierto? Ahora bien ¿Pueda ser, contrariamente a lo aceptado, que además de perder por el lado de la contribución que paga el ciudadano, éste, también pierda, e incluso más, con la obra ya edificada? Es decir, el ciudadano no recibe el retorno o bienestar esperado por el pago del impuesto, la obra no lo beneficia y hasta desmejora su calidad de vida, perdiendo entonces por izquierda y derecha.

¿Ustedes que creen? La respuesta es sí. Mi respuesta. Definitivamente no toda obra de infraestructura eleva el valor del suelo a su alrededor. Y se ha vuelto casi una ley de la naturaleza, que autopistas elevadas y grandes puentes dentro de las ciudades, no solo no generan riqueza y tampoco elevan el valor de las propiedades vecinas, sino que por el contrario destruyen, implacables, su valor. Arruinan la calidad de vida del entorno. Matan todo lo que yace abajo.

¿Qué han hecho en el mundo? Por muchos años se impuso el modelo de las grandes autopistas. Pero no va más. En el mundo están tumbando estas autopistas urbanas elevadas para reemplazarlas por espacio público de calidad (parques lineales, alamedas, plazas, bulevares, espacios verdes, avenidas, parques, etc.). El caso más emblemático es Seúl, Corea del Sur (Ver foto) con el Proyecto de Renovación Cheonggyecheon[1]  (Lea reportaje New York Times). El osado alcalde que desapareció la autopista llegó a ser Presidente del país entre 2008-2013; Mr. “Cheonggyecheon” Lee Myung-bak. ¡Nuestros políticos, tomen nota! Otro buen ejemplo es Madrid, España con el proyecto Madrid Río. Y en Vancouver, han prohibido la construcción de puentes vehiculares elevados dentro de la ciudad[2].

 

¿Cuál ha sido la cantaleta de los bogotanos frente al problema de la congestión? “Más vías, más puentes, autopistas urbanas”. Y entonces se me viene a la mente la manera como el urbanista y ex alcalde de Curitiba, Brasil,  Jaime Lerner se refiere a los autos y sus caprichos: Son exigentes, nada les satisface, siempre piden más.” Y trae después la siguiente frase inolvidable: “Yo siempre suelo decir que el carro es como la suegra. Tienes que tener una buena relación con ella, pero ella no puede dirigir tu vida. Porque cuando la única mujer en tu vida es tu suegra, tienes un problema.”

En Bogotá nos tendrá que llegar el día, esperemos más temprano que tarde, en el que entendamos que el problema de la congestión nunca se resolverá sólo con ampliar más vías y que al carro particular debemos encontrarle alternativas concretas. La obsesión por el carro y sus demandas, es el viacrucis de una ciudad.

El caso del Puente de la Calle 109 con NQS

 

En un principio se le propuso a la comunidad pasar la vía por debajo de tierra. Sin embargo, a medio camino, a los ciudadanos se les cambio el proyecto por la alternativa del puente elevado. Según el Distrito, lo segundo resultaría más económico. ¿Para quién? ¿Alguien cuantifica el costo social de estas obras? ¿Alguien valora lo que le cuesta al estado la erosión de la confianza ciudadana en su sistema tributario? En fin. Preguntas importantes que nunca o poco se responden.

Ver este puente hoy, construido, estrellado contra los muros del Cantón Norte me produce indignación.

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¿Por qué algunos taxistas en Bogotá preguntan para dónde va uno?

la foto (49)

¿Por qué algunos taxistas en Bogotá preguntan antes de aceptar la carrera para dónde va uno?

Esta fue la pregunta que la semana anterior me invitó a responder la Revista Semana para el especial: 100 preguntas para saber cómo somos los colombianos.

Acá mi respuesta:

Por pereza, porque no les conviene en términos de eficiencia “la ruta no les sirve”, por un egoísmo racional, pero principalmente, porque como pasa en tantas otras actividades en Bogotá (Guerra del Centavo, Grafiti, carteles de publicidad, ventas ambulantes, etc.) el contexto, la laxitud de la autoridad formal y social y una falta de aplicación consistente de las normas, lo permite. Frente a la ausencia de un aparato estatal fuerte, algo/alguien llenará ese vacío; alguien pondrá las reglas. En este caso, los taxistas. Ante esto, definitivamente faltan mayores niveles de solidaridad en la ciudad y de respeto por lo público y por el ciudadano de a pie.

 La norma existe. Ante la problemática y la queja reiterada de los ciudadanos, hemos visto a las autoridades en repetidas ocasiones salir en medios advirtiéndolo. ¿De cuánto es la multa?  ¿Cuántas se han sancionado? ¿Cómo pone un ciudadano la queja y cómo se hace efectiva? ¿Alguno de ustedes conoce la respuesta a estas preguntas? Yo no las conozco. De pronto si conociéramos las respuestas a estas preguntas, la situación no sería tan frecuente. De pronto si el gobierno se hiciera estas preguntas con seriedad, poniendo en el centro de la discusión el bienestar del ciudadano, la situación no sería tan frecuente.

_________

La respuesta que dí me salió espontáneamente sin que en su momento hubiese  consultado a taxista alguno u otra persona. Ahora bien, tras haberlo conversado rápidamente con un taxista esa misma tarde, el señor mencionó que una razón importante era lo «bueno del trabajo.» Es que «hay muy buen trabajo» me comentaba. Es decir, a cambio de esa carrera que pueda ser lejos y/o trancada por la congestión, salen varias más convenientes/eficientes. El mercado regulando la actividad y el comportamiento de los taxistas. Me confesó que no se sienten realmente amenazados por la sanción, aunque en su caso, prefería no hacerlo. Se evitaba insultos y el mal genio de las personas. En el momento en que se acaba su turno -se intuye que es cuándo más sucede-, me contaba que procuraba  ir por el carril del centro evitando recoger pasajeros (Autoregulación).

¿Ustedes qué responderían a la pregunta? ¿Sumarían algo más?

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Por el Rescate del Día sin Carro

«Ciclorutas existirán en abundancia en Utopía.» H.G. Wells

El pasado domingo de Ciclovía – sin duda, de lo mejor que tiene Bogotá ¿No creen?-, empiezo a escribir sobre el Día sin Carro que tendrá lugar este próximo jueves 7 de febrero. Eso es mañana. Seré muy breve. Comienzo por confesar que tengo una gran curiosidad  por ver lo que el Gobierno Distrital tendrá preparado para la jornada que se avecina. Parece ser, hay señales y conocidos que así lo indican, que para esta ocasión, el distrito viene haciendo un esfuerzo importante y prepara unas cuantas sorpresas para la ciudad. Buenas sorpresas.

 Que así sea.

Mapa de Ciclovía Día sin Caro 2013
Mapa de Ciclovía Día sin Carro 2013

Lo cierto es que ya han sido demasiados los Días sin Carro realizados, organizados con poco interés y propósito por parte del gobierno de la ciudad, lo cual le ha pasado factura a la legitimidad del evento y restado brillo. El año anterior pasó. Petro y su Bogotá Humana le dedicaron el día a los humedales o a algo así. Y dos años atrás, la administración (Samuel Moreno-Clara López) ni siquiera se tomó el trabajo de eliminar el contraflujo por la carrera 7ª ¿Alguien entiende?

Es lamentable, pero año tras año, la pereza mental de sus organizadores, sumada a la confusión alrededor del objetivo del Día, se ha visto traducida en una ciudad cuyas calles y atmósfera tristemente no se preparan para esta vital jornada ciudadana. Y es seguramente por eso, que la ciudadanía, en su gran mayoría, no lo anhela. ¿Qué otra razón? Entonces sucede que esta gran oportunidad de sacar a los bogotanos de su odiosa rutina, de invitarlos a vivir un día diferente y a moverse de maneras distintas, y de soñar con algo radicalmente mejor, se malgasta.

Anticipo que el sol saldrá ese día. Por lo general los Días sin Carro son días soleados maravillosos. ¿Será posible empezar a invertir la tendencia? ¿Hará el Distrito el esfuerzo necesario para empezar a rescatar la jornada? ¿Podrá el distrito, en cabeza de su alcalde, corresponder su discurso progresista, positivo y ambicioso en materia de movilidad con la realización de una buena jornada del Día sin Carro? ¿Será mucho pedir?  ¿No creen ustedes que esta jornada, que es un activo de los bogotanos y una jornada que Bogotá introdujo al mundo, merece mejor trato?

 

Pues hay personas dentro de la administración, amantes del caballito de acero, verdaderos locos apasionados por la causa de la bicicleta, que han venido participando directamente en su organización. También han aparecido las voces de algunos concejales, reclamando por una organización profesional y responsable de la Jornada (El Día sin Carro se Respeta). Y está el discurso del Alcalde que clama por la priorización de los peatones, la bicicleta y el transporte público.

Ah…….y finalmente, algo con lo que siempre cuenta la ciudad, la variable que ya es fija en estas jornadas.  Me refiero a la  siempre presente alegría y a la capacidad de acción colectiva de las múltiples organizaciones ciudadanas promotoras de la bicicleta. Un movimiento que a punta de pedalear y de entrega al ejercicio de una ciudadanía activa, ha avanzado unos procesos fundamentales para el futuro de la ciudad, desde abajo, en materia de movilidad, participación ciudadana y apropiación de la ciudad.

Así es que los ingredientes están dados para que la jornada de este 2013 sea distinta, ojalá exitosa.

 Hace bien el Gobierno Distrital en oírlos. Por eso le anticipo mejor suerte a este Día sin Carro.

Como plato fuerte, en esta oportunidad se habilitará la Ciclovía, que increíblemente no la hubo en los  años anteriores.  Sólo con esto, ya se da un paso monumental en la dirección correcta.

¡Ánimo pues!  ¿Qué tal a pie o en bicicleta para un cambio? ¿Qué tal pasar más tiempo afuera en nuestras calles? Todos a sacar la bicicleta o a caminar. Todos a rescatar el Día sin Carro.

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Para mayor información sobre el Día sin Carro lo invito a consultar la Página de la Secretaría de Movilidad:

Agenda Ciudadana Día sin Carro 2013

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Las nuevas luchas ciudadanas

Autor invitado: Lariza Pizano 

Varios flashmobs recientes permiten pensar que hay una nueva generación que logró apropiarse de los cambios ciudadanos.

Hace poco más de un mes, un grupo de estudiantes de la Tadeo y de los Andes, sumados a varios bogotanólogos que se mueven en las redes sociales (@miblogota), realizaron una acción ciudadana en honor a un hueco del eje ambiental de la Jiménez. ´Su majestad´, le escribieron en el homenaje al cráter, a la vez que pintaron de colores las baldosas para celebrar su existencia.

 No fue una burla. Tampoco un acto de reclamo para pavimentar el hueco. Se trató de festejar su permanencia.

¿Cuánto más llegará a crecer?
Su Majestad

Y es que el enorme hueco es la única garantía que tienen los estudiantes de atravesar una calle sin ser atropellados por los carros que suben a toda velocidad hacia Monserrate.

 Pocas semanas antes, otro grupo ciudadano hizo otra convocatoria para pintar una cebra en una calle en el norte de Bogotá. De nuevo, reivindicando los derechos de los peatones en una ciudad que promete ser humana, pero que es hóstil y desafortunada con los menos favorecidos.

 A pesar de la tragedia bogotana, estos actos simbólicos permiten generar una mediana ilusión sobre la posibilidad de que las reacciones sociales se hagan sentir. Las movilizaciones de usuarios de la bicicleta (@mejorenbici), o las expresiones ciudadanas contra el ruido, o las publicaciones del Combo 2600, de jóvenes interesados en la ciudad,  alimentan la esperanza de que haya quienes se apropien de los cambios urbanos y los defiendan.

 Excepto contadas excepciones, canalizadas a través de unas pocas asociaciones cívicas la voz del descontento bogotano ha sido casi inexistente. La agenda de cambios urbanos ha estado dirigida desde el Estado más que desde la débil ciudadanía. Esto se confirma al ver lo que sucedió con las transformaciones de la ciudad en los noventas: ni la pelea por los andenes, ni las luchas por la cultura ciudadana, ni la reivindicación de la dignidad del transporte público a través de TransMilenio, provinieron de peticiones ciudadanas. Por el contrario, en Bogotá, las peleas por la calidad de vida urbana han venido coyuntural y casi exclusivamente del Estado.

 Por eso, independientemente de dónde vengan, las reivindicaciones ciudadanas por mejorar Bogotá generan ilusión. Es claro que no contamos con la suerte de contar con una administración preocupada por la construcción de un urbanismo público: así lo evidencian los carros en los andenes, el poco mantenimiento de los parques, el descuido de la calidad del aire. Y es que hacer públicas ciertas tareas hasta hoy desempeñadas por privados, como la recolección de basuras, no necesariamente implica un urbanismo donde lo público reivindique la convivencia. No en vano, Bogotá tiene uno de los porcentajes más altos de metro cuadrado de área de centro comercial por habitante (15,2) frente al promedio de la región  (8,22), y uno de los índices de área verde por ciudadano más bajos del mundo (5m2)

 Mientras el Estado distrital no se preocupe por el urbanismo público, que vivan las manifestaciones contra el ruido, el hueco de la Jiménez y quienes lo reivindican.

Originalmente prublicado en: http://bogolari.blogspot.com/2013/01/las-nuevas-luchas-ciudadanas.html

Nota final de miBLOGotá (Agradecimiento, queja y conclusión)

«La influencia de la crítica ciudadana sobre el urbanismo ha dejado siempre un saldo positivo en la ciudad.» Jordi Borja, La Ciudad Conquistada

Tapan huecos a lo largo de Eje AMbiental
Tapan huecos a lo largo del Eje Ambiental

Antes de terminar el 2012, el Distrito sepultó a Su Majestad y  además tapó la totalidad de  los huecos de la zona. Por esta gestión del Distrito tenía pendiente unas palabras de agradecimiento y reconocimiento para la Directora del IDU, María Fernanda Rojas, y para la entidad a su cargo, por haber actuado de manera concreta en respuesta a este gesto de la ciudadanía. Actuaron. No exactamente cumpliendo a cabalidad nuestra propuesta (La Inspiración de un hueco), pero actuaron. Por supuesto buscábamos muchísimo más y seguiremos insistiendo. Aun están pendientes las acciones para proteger al peatón y cabe anotar que para el reparo se utilizó asfalto sobre una vía adoquinada. 

No obstante, gestos como éstos, en medio de tanta sordera del gobierno y distancia entre éste y la ciudadanía, cuentan.

Aun no han cambiado el materia
Aun no han cambiado el material

Definitivamente sólo a través de una gestión del gobierno de la ciudad que de respuestas concretas y efectivas a los reclamos y a las necesidades de los ciudadanos, podrá el aparato  institucional del distrito empezar a recuperar legitimidad.

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Lo mejor de miBLOGota Street Art 2012

Ya para terminar el año, les comparto algunas de las mejores piezas de arte urbano que encontré a lo largo de este acontecido 2012 en las calles bogotanas.

Aquí hay talento, creatividad, política, colores, ciudadanía, humor, caos, calle, Bogotá.

Pueden ver más en http://miblogota.tumblr.com/

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Ni Uribe, Ni Petro, Ni La Revocatoria

Uribe envidia a Santos
Matador

Son idénticos pero al revés. Para unos, si no se es Uribista y no se repite fanáticamente todo lo que dice el exmandatario y se le absuelven todos sus excesos cuando gobernó Colombia, se es guerrillero, izquierdoso, petrista, santista, traidor a la patria, comunista, en fin. Para los otros, si no se es Petrista y no se repite fanáticamente todo lo que dice el alcalde y se le toleran todos sus excesos, errores, inconsistencias mientras gobierna Bogotá, se es uribista, santista, rico, contratista corrupto, practicante de la política del odio, reaccionario, burgués, y así.

El único juego que este par de políticos saben jugar y juegan se llama polarización. Un juego que busca sistemáticamente la confrontación. Pero una confrontación maniquea que parte siempre de marcar dos bandos. Unos son buenos y los otros, malos. Que por supuesto los buenos siempre serán los míos. Siempre. Es un juego supremamente básico de entender, pero que así como es de elemental, es peligroso y nocivo, pues consiste en simplificar y amañar de manera sesgada la realidad, planteándolo todo en términos de opuestos que se anulan; blanco y negro, todo o nada, ellos o nosotros, buenos o malos, izquierda y derecha. A lo barra brava.

Sabemos que la realidad es mucho más compleja que eso.

Matador
Matador

La estrategia la centran en dividir y confrontar. Su identidad política se forja y madura en contraposición a otro o a algo. Se crecen cuando la oposición se radicaliza. Buscan intencionalmente que la oposición se radicalice. Son mediáticos, twitteros y les gustan las palabras fuertes. Necesitan estar en el centro de todo. La noticia los busca y ellos a ella. Desnudan la ausencia de instituciones fuertes, al tiempo que debilitan la institucionalidad. Ellos son las instituciones. Ellos son los dueños de la verdad. ¿Cómo Chávez? Idénticamente. Al final, más que proyectos de sociedad, o de ciudad, persiguen es proyectos de poder. No logran escapar a esta dinámica. Son hijos de ella.

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Guerra del Centavo ¿Cuántos niños más?

Contaminación, agresión, muerte, informalidad, inseguridad, caos, anarquía ¿Qué más es la Guerra del Centavo?

La semana que pasó cerró con la siguiente trágica noticia: Conductor que mató a niño en Bogotá tiene 67 comparendos de tránsito.

Ellos iban pasando la calle porque iban para el colegio, fue en ese momento cuando la buseta salió de la nada y embistió a los dos niños, narró un testigo. Todo indica que el bus se voló un semáforo en rojo.

La noticia merecería una primera página en El Tiempo y El Espectador, una vehemente salida en medios por parte del Alcalde de la ciudad, pero además una marcha multitudinaria por parte de la sociedad bogotana (No pasó). Como lo ven la Guerra del Centavo es mucho más que el diario reclamo de millones de conductores de auto de “se me cerró el &%&%&%/& bus”. Se trata de nuestras vidas y la de nuestros seres queridos, y se mueren nuestros niños.

El viernes le tocó a Sebastián Nieto de 6 añitos cuando caminaba hacia su colegio –el Julio Garavito Armando- junto a su amiga Tatiana de 5. Ella, que también fue arrollada, se encontraba el fin de semana en cuidados intensivos con trauma  craneoencefálico y pronóstico reservado. Diana Victoria Perilla es la madre que perdió a su hijo y Patricia Vanegas  la madre de Tatiana. Sucedió en la Cr 68 con calle 38 sur. La Guerra del Centavo mató a Sebastián.

Los hechos suceden durante la administración de la Bogotá Humana que repite y  repite, dice y dice que primero los peatones y primero los niños. ¿Gobierno transformador? ¿Progresista? ¿Antimafias? Pues se encontró con la oportunidad de demostrarlo. Tiene que ser esta. El gobierno debería aprovechar lo sucedido para volcarse con total determinación a acabar de una buena vez por todas con este sí depredador sistema de transporte ¿Qué próximamente el Sistema Integrado de Transporte ordenará el sistema poniendo fin a La Guerra del Centavo? ¡No hay tiempo qué esperar! El viernes murió Sebastián. Entretanto mueren niños.

Nada sería más revolucionario. Nada dejaría más huella hacia el futuro.

Por eso pregunto: ¿Empezando hoy, qué harán el gobierno distrital y la policía de tránsito para poner en cintura a estos buses y sus empresas?

Por otra parte, además de la conducción temeraria de buses y busetas que agrede permanentemente y pone en riesgo vidas, alentados por la ausencia de una regulación efectiva, el caso evidencia la falta de infraestructura física y condiciones reales de seguridad para los peatones (Ver: Su Majestad el Cráter,  La Inspiración de un Hueco,  Una Cebra no basta ¿Hará el distrito su parte? La Cebra de Colores,  El Problema de ser Peatón). La tragedia sucede en un cruce que no da tiempo suficiente para cruzar de manera segura. La madre de Sebastián así lo explicó con voz de rabia e impotencia (Oír audio). En este  y otros casos, la negligencia del aparato institucional de la ciudad, está causando muertes.

El gobierno ya salió a responsabilizar a la empresa de transporte, a la que por supuesto, le cabe responsabilidad. Lo hizo Guillermo Asprilla, Secretario de Gobierno del Distrito. Y está el conductor como directo responsable de lo ocurrido. Ahora bien, creo que sobretodo debemos insistir en lo siguiente: ¿Qué hará el distrito al respecto? ¿Cómo reaccionará y ajustará, mirando hacia adentro, para que esto no vuelva a suceder? Pues si hay algo de lo que no cabe duda en todo esto, es que el señor Wilson Darío Cely nunca debió estar al frente del volante de ese bus. ¡Punto! 67 COMPARENDOS que acumulan 9 millones de pesos.

¿Dónde están los controles? ¿Qué hace esta persona conduciendo un servicio de transporte público, donde se es responsable por la vida de terceros? ¿Cuántos comparendos se imparten al año por pasarse semáforos en rojo? Apuesto a que muy pocos. ¿Exceso de velocidad? Lo mismo. Y así.

Al final, lo cierto es que la gran mayoría de conductores de buses y busetas, son victimarios en potencia. El viernes fue Wilson Darío Cely quién mató a Sebastián; pero bien pudo ser cualquier otro. El sistema se encarga de eso. La ciudad se encarga de eso. Lo mismo pasa con la víctima. El viernes fue Sebastián, mañana podrá ser Andrés, Mariana, Freddy, no sabemos.

¿Y saben cuál es la peor tragedia de todas?

¡Mañana nos levantaremos, saldremos a trabajar y todo seguirá igual!

El tema del alcalde esta semana: las basuras.

¿Qué es la Guerra del Centavo?

La Guerra del Centavo es: inseguridad, contaminación, caos vehicular, desorden, anarquía, intolerancia, esclavitud laboral, informalidad, ley del más fuerte, arbitrariedad en el cumplimiento y la aplicación de la ley, desgobierno, falta de educación.

¿Que más es?

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La inspiración de un hueco

Estuvimos trabajando de 10 am a 12:30 pm bajo un sol intenso y picante. Estuvo duro. Pero imposible no estar agradecidos con ese sol. Nada como un día soleado en Bogotá y mucho mejor si es domingo de Ciclovía. Además, la lluvia nos hubiera obligado a aplazar la actividad.

 Ese día, domingo 28 de octubre, todo se alineó para que el homenaje a Su Majestad el Cráter, solitario protector de los peatones en la zona, sucediera. Todas las fichas aparecimos: Yo con las pinturas y unos cuantos rodillos, el Grupo de Agentescultóricos (Colectivo de jóvenes diseñadores) con brochas, rodillos, tizas para demarcar y un batallón conformado principalmente de niñas- y un par de bacanes-, y la caravana de ciclistas de estudiantes de los Andes que llegó con thinner para rendir la pintura y otros cuantos materiales más.

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Su Majestad el Cráter

Entorno Uniandes
Entorno Uniandes

 Encontrarse con huecos y caer en ellos produce una enorme ira. Son una verdadera pesadilla. Se golpean los carros, nos estallan las llantas, generan trancones, nos causan grandes sustos, incluso, pueden llegar a cobrar vidas. Además se ve mal la ciudad. Muy pero muy mal. Transmiten abandono, descuido y evidencian la deplorable gerencia de la ciudad. Atomizados y en sus miles, son verdaderos porrazos a la autoestima de nuestra urbe. Cada uno de ellos. Auténticos monumentos al mal gobierno.

¿Cuánto le cuesta a la ciudad no mantener su malla vial? ¿Cuánto nos cuesta a sus ciudadanos? Pensemos por un momento en lo siguiente: ¿Cuánto dinero $$$ pueden estarle costando a los taxistas, hablando de pesos que salen de sus respectivos bolsillos (arreglos de vehículo, tiempo, gasolina, dolores de cabeza)? Debemos aceptar que a todos nos afectan y a todos nos agreden. Las Ciclorutas no se salvan. Pensaríamos que la 7ma que es nuestra avenida real y el corazón de la ciudad, no los tuviera, pero ahí están. ¿Los andenes? ¡Igualmente! Todos llevamos.

No todo es malo…..

Pues a pesar de todos los daños y las desgracias que provocan, al poner atención y cambiando el lente, sucede que hay algunos de ellos, contados, en puntos específicos de la ciudad -en ciertas vías-, que se comportan como verdaderos héroes urbanos, cumpliendo una función social crucial para beneficio de todos nosotros ¡Y una tarea en la que lamentablemente muy pocos ayudan! Enormes de tamaño, son huecos que literalmente protegen la vida de las personas que caminamos en esta  hostil ciudad hacia el peatón.

¡Así es! A falta de buenos andenes, semáforos peatonales, controles de velocidad por parte de la policía, consideración y cultura por parte de conductores, etc., a veces, hay huecos.

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¿Tranvía por la Carrera Séptima?

Debo confesarles que hace  par de semanas atrás, salí bastante intranquilo de una sesión de la veeduría Bogotá Cómo Vamos que trató sobre posibles soluciones para el corredor de la Carrera Séptima y el proyecto del Tranvía (¿Metro Ligero?) que propone la actual administración. Algo quedaba claro en dicho espacio: hoy, a pesar de que el Tranvía ya se anuncia como una decisión tomada por Petro y sus funcionarios, lo verdaderamente notorio, es que el Gobierno avanza en el proyecto, sin contar a la fecha con una defensa técnica y conceptual lo suficientemente sólida de la propuesta. Algo, que por tratarse del principal eje estratégico de la ciudad y de un proyecto de billones de pesos, francamente no se puede entender.

¿Saben cómo transcurrió el foro? Uno tras otro, fueron pasando cada uno de los expertos ilustrando sus conceptos y opiniones sobre el Tranvía, que por cierto, ninguna resultó muy favorable a la idea del Señor Alcalde. Hicieron exposiciones estructuradas y bien presentadas. Parecían objetivas; técnicas. Incluyeron cifras, hablaron de presupuesto, se refirieron a características urbanísticas de la vía,  ampliaron sobre asuntos de capacidad y demanda, dieron ejemplos de otras ciudades del mundo, en fin. Presentaciones de académicos (Juan Pablo Bocarejo, Álvaro Rodríguez y Eduardo Behrentz de la Universidad de los Andes, José Stalin  Rojas de la Universidad Nacional). Muy buenas presentaciones.

Ahora, lo realmente curioso y desconcertante, es que en ningún momento, estando presentes la Gerente Encargada de Transmilenio y la Directora del IDU, aparecieron los argumentos a favor del proyecto oficial del Tranvía. Ese día, nadie por parte de la administración defendería el proyecto. Estaba la concejal Angélica Lozano, Progresista, probablemente con ganas de ayudarle al gobierno, pero muy rápidamente entendimos que no tenía como. Eso sí, aprovecharía el uso de la palabra, para implorarle a la administración por la información del proyecto: «Necesitamos los estudios, necesitamos los proyectos, YA«. ¡Algo no está bien!

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Hacer de Bogotá una fiesta

Pensar en las personas primero; siempre
Pensar en las personas primero; siempre

Bogotá no encuentra el camino. Los ciudadanos esperábamos que con el cambio de administración, algo positivo sucediera. Necesitábamos creer en la posibilidad del cambio. La ciudad la habían saqueado y entre todos veíamos cómo se caía a pedazos (aún se ve cayendo). El sueño duró lo que demoró la campaña. Eso se han vuelto las campañas; días de soñar; soñar ilusamente.

 El ánimo de la ciudadanía nada que levanta. Y no la culpo. Las calles, la vida y las sensaciones, afuera en la ciudad, siguen sin mejorar. ¡Qué desaliento esta opinión! ¡Qué desespero esta nube de emociones negativas! Quisiera blindarme de éstas, pero a veces, sencillamente, no lo puedo evitar.

 Como muchos, creo y he sostenido que los ciudadanos debemos esforzarnos por ver y relacionarnos con la ciudad con otros y nuevos ojos. Hay que hacerlo. Lo peor que puede pasarle a Bogotá es que nos gane la frustración. Escoger aislarnos de la realidad y resignarnos a buscar refugio en nosotros mismos; dentro de nuestras casas o conjuntos cerrados, atascados dentro de nuestros carros, en gimnasios y centros comerciales, en fin, en espacios cerrados, “protegidos”.

 Pero lo cierto es que venimos privatizando la búsqueda de nuestra calidad de vida. ¿Es eso lo que queremos? ¿Huirle a lo que es verdaderamente de todos? ¿Renunciar a la ciudad? No podemos siquiera considerar esa opción. ¡Opción descartada!

 “Una buena ciudad es como una buena fiesta, uno se queda mucho más tiempo del planeado”, asegura Jan Gehl.

 Además, creo que todos intuimos que lo que tenemos afuera en nuestras calles podría y debería ser radicalmente mejor. Incluso, con mucho menos de lo que políticos charlatanes nos dicen. Creo en el poder de las pequeñas acciones. Hoy, más que un metro o el tranvía, a los ciudadanos les animaría ser testigos de un mejoramiento acumulativo y consistente de su ciudad. Que el liderazgo se evidencie ahí. En los pequeños detalles que a diario tocan el ánimo del ciudadano. Más acupuntura urbana (Ver Jaime Lerner).

 Sí, que llegue el metro algún día, pero que mientras tanto la ciudad funcione, progrese y nos haga orgullosos. La percepción del ciudadano no se puede trivializar. No se puede tomar por poco.

Cuestión de recursos no es. Tampoco de si es Tranvía, Transmilenio o Metro, mucho menos de si se es de derecha o izquierda. Es cuestión de liderazgo. Es cuestión de prioridades. Es cuestión de pensar obsesivamente en cómo mejorarles la calidad de vida a las personas. Punto. Todos los días.  Y, para eso, sí o sí, tenemos que nunca dejar de soñar.

 *Germán Sarmiento

Publicado el Sábado 6 de Octubre en El Espectador: Opinión Sección Bogotá-Hacer de Bogotá una fiesta

Vea cómo se encuentra el ánimo y la percepción de los bogotanos sobre distintos aspectos de la vida en la ciudad: Encuesta de Percepción Ciudadana Bogotá Cómo Vamos 2012

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¡Engalla tu calle! ¡Engalla tu barrio! ¡Engalla tu ciudad!

 “Un sueño que sueñas solo es  solo un sueño. Un sueño que soñamos juntos es realidad” John Lennon

 Palabras clave: placemaking, acupuntura urbana, aplicaciones móviles, Blockee, Ciudad 2.0, activismo urbano, espacio público, Bogotá.

www.Blockee.org
http://www.Blockee.org

La intención de esta nota es enseñarles una aplicación tecnológica, que dentro de muy pronto –confío- podremos llevar en nuestros celulares. ¿Saben para qué? Para soñar la ciudad JUGANDO. Es muy sencilla. Básica. Pero brillante. PERFECTA para nerds y obsesionados de la ciudad como yo. Y perfecta también para los bogotanos que buscamos desesperadamente cualquier chispazo de esperanza. Cualquier posibilidad para confirmar la sospecha que aguarda dentro de cada uno de nosotros, en el sentido de que Bogotá, la capital de todos los colombianos, podría y tendría que ser significativamente más bonita, amable y funcional de lo que la encontramos actualmente.

Se llama www.Blockee.org y el juego consiste en engallar la calle. ¡Así como lo oye! ¡Al gusto! ¡Usted decide! Para los ciclistas hay por ejemplo ciclorutas. Con un solo movimiento del ratón introduces un carril bici por donde antes sólo pasaban automóviles y esos $%&$&%$& buses chimenea que a diario nos agreden y envenenan sin discriminar. ¿Qué tal unos buenos cicloparqueaderos para el parque del barrio o para tal plaza? ¿O para el mercado de las pulgas? ¿Y por ejemplo unas cómodas bancas para tomar un merecido descanso? Ahí están, a un clic.

Plazoleta Museo de Botero-Centro de Bogotá
Plazoleta Museo de Botero-Centro de Bogotá

Seguimos, ¿Qué a la plazoleta del Museo de Botero se le llevaron la vida cuando se fue el café Juan Valdez y nada dejaron en su lugar que lo reemplazara? Pues ponemos un café móvil, mesas y asientos como lo había antes, unas flores y unos árboles. Listo. Resta imaginarnos el lugar con buen sol, pensar en un buen libro y una buena compañía. Vuelve la vida al lugar. ¿Qué más pedir? Tal cual así funciona….escogemos lugar, subimos la foto y empezamos a ponerle sus detalles. ¿Qué desde tal calle a tal calle parece un basurero? Obvio, no ve que no hay una sola caneca en 500 metros a la redonda. Entonces, ahí, ponemos unas canecas. Se acabaron las excusas.

Poco a poco, poniendo y quitando pequeños detalles vamos transformando lugares, llevándoles sentido y vida. Como armar un Lego.  Jugamos con intención y propósito. Eso sí, siempre con la condición de pensar en primer lugar y obsesivamente en las personas. ¿Cómo las protegemos? ¿Qué necesitan? ¿Qué quisieran y cómo podrían estar más cómodas y felices afuera en las calles de la ciudad? ¿Qué detalles las enamoran de un lugar? ¿Cómo atraerlas para que vuelvan nuevamente? Estas son las preguntas que cuentan; las que te marcan la diferencia. De eso se trata la ciudad. Detalles.

 ¿Cómo la ven? ¿Algún lugar en particular que quisieran transformar, que ven que le vendría bien una manito? ¿Depronto una intersección que frecuentan y saben por experiencia personal que es un peligro? ¿Algún parque de barrio inhóspito y decaído? ¿Qué tal ayudarle al Distrito con ideas para la 7ma peatonal? (#Biciusuarios ¿Carril bici?) ¿Qué le harían a la Plaza de Bolívar? ¿A la de San Victorino o a la de Lourdes? Anímese. Todo se vale.

 En mi caso volví nuevamente al paso de la cebra de colores (Una cebra no basta ¿Hará el Distrito su parte?) en El Parque el Virrey. Ya han pasado varios meses y la pintura ya se ve borrándose. Lástima. El gobierno nunca se animó a complementar nuestra obra. Nunca correspondió el gesto de la ciudadanía y hoy los carros siguen pasando a 100 km/hr sin que nada proteja efectivamente a los peatones. Por lo visto, poco de #conmuevete por parte de la administración. Sin embargo, entretanto, vean la engallada que le metí al cruce.

Esto si es política del amor
Esto sí es política del amor

Blockee.org le ofrece lo siguientes gallos: Señal de PARE, alumbrado, reductores de velocidad, basuras, cebra con señor que le da paso a peatones, fuentes para tomar agua, materas con flores y árboles, bancas, mesitas con asientos, conexión WIFI, cicloparqueaderos, limpia paredes, etc., etc.

#BICISPORLAVIDA

Ya para terminar. Hay cosas que por supuesto se salen de nuestra escala y posibilidades. Pero hay muchas otras que definitivamente podemos lograr. Nosotros, los ciudadanos. Por ejemplo, el sábado que pasó –Septiembre 22-, en el marco del Día Mundial Sin Carro, en varias ciudades del país, grupos de  ciudadanos unieron fuerzas, recursos, y esperanzas, (#Bicisporlavida) y salieron a pintar ciclorutas donde antes no las había y a engallar y embellecer otras que ya existían. Los invito a que vean el resultado de la jornada.

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Perlas de la publicidad urbana en Bogotá

  • Carro todos los días, Bogotá Humana
  • CONMUÉVETE: «Cultura ciudadana a la Petro»
  • Conejo al Pico y Placa 2012: Patrocina Dodge RAM ¡IRResponsabilidad Social Empresarial!
  • Distrito Pegotero

Carro todos los Días, Bogotá humana

Carro todos los días
Carro todos los días

Esta publicidad, ya lo había dicho en una entrada reciente –“Carro todos los días” Invita Bogotá Humana-, demuestra simplemente la incoherencia y torpeza de una administración que predica mucho pero poco aplica (Frase de Inteligencia Vial). Mientras el alcalde anda muy animado y contento echándole a todo el mundo el discurso de que el peatón y los medios no motorizados de transporte deben ser la prioridad, y que debemos racionalizar el uso del vehículo particular (al paso, que le endosa la culpa de su mal uso principalmente a los del Norte de la ciudad “Los Ricos”- ¡Qué manía esa manera maniquea de simplificarlo todo!), su campaña de comunicación alrededor del nuevo pico y placa, como bien resaltado se ve en rojo, lo que nos sugiere es una invitación a: “carro todos los días”.

CONMUEVETE: “Cultura Ciudadana a la Petro”

ConMuevete
ConMuévete: Deja salir primero

Esta campaña uno ve hacia dónde busca ir. Definitivamente a la ciudad le hace falta que nosotros los ciudadanos practiquemos mucho más valores como la solidaridad y la empatía (ponerse en los zapatos del otro). Como sociedad, sin duda nos vendría bien ser más generosos entre nosotros; en las vías, en Transmilenio, dándole paso al peatón o dejando salir primero como dice la primera pieza. Ahora bien, ¿Cómo va teniendo efecto esta campaña en el comportamiento de la ciudadanía? Algo parece no estar calando. Ni en Transmilenio están dejando entrar primero, ni en las calles se ve mucha más gente compartiendo ruta. Y muchos, si hoy les pregunta por su opinión de la campaña, no la conocen.

CONMUÉVETE: Comparte el Carro
CONMUÉVETE: Comparte el Carro

¿Podrá ser la desconexión entre el mensaje y la realidad? Además de mensaje se necesitan incentivos. Y francamente no se ven. ¿Dónde están?

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Por una mejor ciudad, recogiendo un popó de perro a la vez

Este no es un tema ni glamuroso, agradable o estético. Pero sí que es necesario tratar.

La “dulce” ancianita y su mascota

Un par de semanas atrás venía caminando, regresando de almorzar y me encontré de frente con la escena de una “dulce” ancianita paseando a su perro y este que cagaba en pleno andén. Normal, eso hacen los perros. ¿Cierto? Pero al terminar el perro de hacer su vuelta, me percato que la mujer no recoge el popó y que tampoco parece asomársele la intención de hacerlo.

Paso a su lado y le digo: «señora, debe recoger eso». ¿Saben cómo responde? Se queda muda, pasmada, estática como una estatua, haciéndose la boba, la que no escuchó. Sí. Es una abuelita. Pero en ese momento, pienso, una vil  abuelita. Una aviona, igualita al del bus que se le cierra a todo el mundo. Paso de largo caminando, mirando de reojo hacia atrás. Confirmada mi sospecha. Ahí dejó el bollo para que alguien lo pise u otra persona se lo recoja.

«Señora por Diooooooos» Apuesto a que esta es una de esas señoras, divinamente bien, que viven preguntándose en qué momento se estropeó todo, quejándose de la juventud de hoy y del guache del bus. ¡Vándalos esos! ¡Mechilargos! ¡Mucho indio! Etcétera, etcétera.

¿Qué creen ustedes? ¿Qué al frente de su casa tampoco limpia? ¿Creen que  respondería  igual ante la mirada de un conocido o un vecino?

¿Cómo resocializamos a la abuelita?

Un parque en riesgo y la Media Maratón de Bogotá

Mi experiencia reciente me dice que este no es un evento aislado.

Por estos días me encuentro en la recta final de mi entrenamiento para la Media Maratón de Bogotá (domingo entrante, 29 de julio). La mayor parte de la preparación la he hecho muy temprano en las mañanas en el Parque el Virrey. Realmente son muy pocos los espacios en la ciudad para entrenar de manera tranquila y agradable, lejos de los carros y la contaminación (Yo recomiendo los parques: El Virrey, Nacional y Simón Bolívar). ¡Cómo le hacen de falta parques y zonas verdes a Bogotá!

Pues les confieso que ando realmente fastidiado con este «asuntico» de la caca de los perros. Día tras día, tras día, veo más caca en mi camino que los dueños de sus mascotas no recogen. Y por supuesto, uno la pisa. Y eso huele…..pues a mierda ¿A qué más? Ya he tenido varias malas pisadas. No es casualidad. El hábito parece estarse arraigando. ¡Qué desespero! Sí que es un problema. ¡Ganas de joder! ¿Pero cómo no?

City Etiqute, B.Grand

Claro. Y entonces hay que ser más cuidadosos y ya uno no observa a sus alrededores, no aprecia árboles, el entorno, nada. Se corre con la mirada fija en el asfalto, a la defensiva

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La Cebra de Colores

“Yo creo que la imaginación, la innovación, es empezar. No podemos tener todas las respuestas. No podemos ser tan arrogantes para pensar que tenemos todas las respuestas. Empezar es importante y contar con los aportes de la gente. Ellos te pueden indicar si vas o no por el camino correcto.”

Jaime Lerner

Un pequeño hombre poniendo su granito de arena. Siendo ciudadano. Nadie se queda por fuera.
Un pequeño hombre siendo ciudadano. Nadie se queda por fuera.

Este sábado que acaba de irse -26 de mayo- pasó algo extraordinario en la ciudad. Cientos de personas participamos en una emocionante iniciativa de acción y expresión ciudadana que se extendió por toda la ciudad. El nombre de la jornada: 100 acciones en 1 día¿El objetivo? Darle a Bogotá. Una invitación a la ciudadanía por otros ciudadanos, no el gobierno, a conectarnos y a actuar generosamente por una mejor ciudad. Un llamado a asumir con creatividad y alegría la responsabilidad que nos atañe por el presente y futuro de Bogotá.

¿Qué pasó? De todo. Una gran variedad de intervenciones, realizadas principalmente por jóvenes, despertaron las calles bogotanas.  (http://100en1dia.com/) Nosotros, el Combo2600, intervenimos el cruce peatonal de la Cr 11 con Cll 87 que conecta el Parque el Virrey. Pintar una cebra de colores fue nuestra contribución. ¡Y cómo hacia de falta!

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Transmilenio y Bogotá: Víctimas de una cultura política

La destrucción de Transmilenio no es de estos días.

Destruyen Transmilenio 9M 2012
Destruyen Transmilenio 9M 2012- William Fernando Martínez/AP

Sus orígenes los encontramos varios años atrás, y la principal responsable de su debacle, sostengo yo, tiene que ser la inmadurez política de nuestro entorno. En ello cabe responsabilidad a muchos: ex alcaldes (exitosos y atroces), medios de comunicación y opinadores,  partidos políticos, y por supuesto que también a los ciudadanos. A todos. Esto último es vital reconocerlo.

¿Por qué? Pues por no hacerlo, y por culpa de esta bendita manía colectiva que nos gobierna de buscar siempre señalar primero culpables, al tiempo, que esperamos vengan “otros” o “alguien” a arreglarnos el problema, y de paso, a decidir por nosotros, es que esto (Bogotá) está como está. Asimismo, por la ridiculez de todos acá de pelearse por su pequeña parcela, por defender minifeudos, todos creyéndose el protagonista de la película, cuando a la hora de la verdad se están auto-derrotando; y todos mientras tanto, perdiendo acá abajo. Sucede a nivel de la política de la ciudad y sus protagonistas, Transmilenio es una clara víctima de esto, pero igualmente se observa a nivel de las interacciones entre sus ciudadanos. Es una cultura que además de egolatría y personalismo, implica cortoplacismo, y una marcada ausencia de empatía colectiva.

Réplica miniatura de Transmilenio
Réplica miniatura de Transmilenio

Todos tiramos para nuestro lado, sintiendo que el avance y las victorias de los demás, son nuestras derrotas. O viceversa, sentimos que ganamos, sólo si el otro pierde; nunca cuando gana. De esta manera……. no sólo NO peleamos por lo significativo, sino que en el camino enterramos nuestros avances colectivos. Los más importantes, sin duda, ya que transforman físicamente ciudades, pero además los corazones de su gente y sus expectativas del futuro.  Y eso lo logró TM.

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Arte Urbano: Otro lente para ver la ciudad

«Ninguna ciudad puede resolverse con un museo. El supremo museo es la propia ciudad.»

Paulo Mendes da Rocha, Arquitecto y Urbanista Brasilero 

Aproximadamente hace 1 año comencé a documentar arte urbano que encuentro en mis recorridos por Bogotá, lo cual ha sido un ejercicio mágico. Entre las razones para sentirlo así, además del aprecio por el arte, porque me ha significado una manera dinámica y entretenida de conectarme con el momento presente y el lugar donde estoy. En este caso Bogotá y la realidad de sus calles, andenes, plazas, parques, esquinas, gente, muros, árboles, etc. Tienes que activar todos tus sentidos. (El ejercicio lo llevo a donde voy).

 En este paseo, como todo en esta vida, progresivamente vas ganando sensibilidad. El ojo se va afinando. La intuición va mejorando. Y entonces, comienzas a ver detalles y ángulos de calles y lugares que de otra manera te pasarían inadvertidos.  Juegas a ubicar hermosas sutilezas de la ciudad. Juegas a fascinarte por aquello que a otros resulta intrascendente o simplemente no ven. A través de la búsqueda del arte observo la ciudad física, pero de paso también me detengo en el comportamiento de los transeúntes y las variaciones de las energías de sus distintas calles. Que las hay alegres, oscuras, mugrientas, indecentes, amables, adorables, aburridas, inhóspitas. Eso sí, todas tienen lo suyo.

 La posibilidad de sorprenderte está presente en todo momento, esperándote en cualquier esquina o callejón. ¿Dónde estará el siguiente mural? Siempre quieres ver más y ningún rincón se descarta. Las calles las andas con un sentido de misión y propósito, diferente a  quien sólo piensa en desplazarse de un punto A a un punto B. Siempre atento y curioso. Pasa el tiempo y notas cómo hay muros que ya los llevas grabados en tu memoria, y que comienzas a registrarles su evolución hasta cogerles cariño. Puedes ver cómo a algunos se les revive con nuevo arte, mientras otros, tristemente son arruinados por la insaciable y contaminante publicidad exterior. Así es la ciudad efímera.

 Ahora bien, ¿Cuál es la mejor manera de hacerlo? Definitivamente caminar o rodar en bicicleta; permiten pausar, apreciar y fotografiar. El auto, generalmente no. Por lo menos no dentro de la ciudad. Hay demasiada velocidad asociada, te aísla del entorno, pero además conducirlos requiere de toda tu atención. No es paja aquello que dicen por ahí que para conocer una ciudad hay verdaderamente que caminarla.

 Definitivamente  la posibilidad de sorpresa y deslumbramiento existe aun encontrándote en el lugar en el que has vivido toda tu vida; en medio de la rutina, el trancón y el estrés. Está ahí, esperándote, a pesar de la aparente familiaridad con todo lo que te rodea y que crees que tanto conoces.

 Buscar arte urbano y registrarlo en fotos, para después compartirlo con mis amigos y el resto del mundo a través de un blog (http://miblogota.tumblr.com/),  ha sido mi manera particular de romper con la rutina, conectarme con el presente, pausar, respirar, y rescatar algo hermoso y esperanzador en medio de la  dureza de mí ciudad. Hoy me considero un turista urbano de tiempo completo. Lo invito a que lo intente.

Los invito a que me envíen fotos de arte urbano que descubran para exhibirlo en el blog. Pueden enviarlas a través de gsarmientoaparicio@gmail.com, @miblogota o compartirlas en www.facebook.com/pages/MiBlogota.

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Los huecos de la felicidad

Una iniciativa mágica. Un regalo para la ciudad. Un ejemplo de cómo transformar energías y actitudes  a partir de la creatividad y la generosidad. A veces hay que simplemente dar.

¿Cuál cree usted que es el propósito de la iniciativa? ¿Alegrar, embellecer, arte, construir conciencia, molestar, hacer reír, refrescar la rutina? ¿Todas las anteriores? Yo diría que sí.

La metáfora de rescatar huecos, embellecerlos, darles vida, llenarlos de verde, es un mensaje de esperanza. Si cambiamos el lente, encontraremos oportunidades, alegría  y unión en nuestro universo de problemas.

Mi opinión: a Bogotá no le caería nada mal una dosis de todo lo anterior.

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Las motos y su más grave pecado

Las motos en Bogotá son hoy por hoy el mejor sinónimo de la palabra atajo y el reflejo de la anarquía que se vive a diario en sus calles. No les aplica el pico y placa, no pagan parqueaderos -¿Para qué si el andén no les cuesta $1 peso?-, no respetan carriles y turnos en la vía, tampoco pagan peajes, no les aplicó el día sin carro, zigzaguean peligrosamente en todo momento adelantando carros hasta pisar la cebra, transitan campantes por andenes y ciclorutas amenazando peatones y ciclistas, ponen en peligro las vidas de personas que descienden de buses y busetas, y cuando lo ven conveniente, la contravía les resulta irresistible.

Son un peligro andante para los demás y para ellos mismos. Así se puede observar en las calles, y así lo comprueban las estadísticas. Entre los distintos actores de la vía, los motociclistas registran las tasas de accidentalidad más altas (2.665 muertes y 20.471 heridos en 2010), y después del desamparado y desdichado peatón, son quienes mueren con mayor frecuencia (Así fue en el mes de enero 2012).

A su crecimiento exponencial (pasaron de 43.714 en 2005 a aprox. 270.000 en 2012), han contribuido factores como lo baratas que resultan –eficientes en gasolina, pocos impuestos, bajo costo de su seguro de accidentes, no pico y placa, no parqueadero-, la posibilidad de evadir trancones (violando normas y todos los códigos de respeto en la vía), el indignante sistema de transporte público (“Guerra del Centavo”), que todo aquel que puede, evita, la facilidad para obtener una licencia, pero todo lo anterior, permitido en buena medida por la inexplicable demora de parte de los Gobiernos Nacional y Distrital, para entrar a ordenar el tema.

¿A qué debemos la espera? No lo sé. Pero entretanto, su número crece, el desmadre en las vías aumenta, se multiplican los lesionados y los muertos; el problema se extiende. ¿Y la solución? Pues se hará progresivamente más difícil. La nutrida sección de Vehículos de El Tiempo informaba el pasado sábado que el número de nuevas motos matriculadas en el país durante el 2011 fue de 510.730. Nuevos autos matriculados: 324.570.

Ahora bien, de toda la variedad de infracciones e imprudencias que cometen, la más grave ¡de lejos! tiene que ser la de asumir los andenes o ciclorutas como extensiones de las calles. ¿Hay lugar para las motos sobre los andenes? De ninguna manera. Absolutamente NO. Las aceras son terreno sagrado para peatones y vehículos no motorizados como bicicletas, patinetas y patines. Son el lugar de madres llevando en coche a sus chiquitos y de personas en sillas de ruedas. Son el lugar donde niños juegan y los abuelos pasean. Y sin embargo, lo anterior claramente no aplica en Bogotá, y cada día que pasa resulta más normal y frecuente, encontrarse con motociclistas trepados sobre andenes.

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El problema de ser peatón

El culpable de su muerte es el mismo peatón.

Esta frase no dista mucho de la utilizada hace poco como encabezado de un artículo sobre las altas cifras de accidentalidad y mortalidad de peatones en las calles bogotanas. “Cada 48 horas muere un peatón, (atención) por no mirar al cruzar la calle”. Desde allí, sin tener siquiera que entrar a la nota, ya era posible anticipar el mensaje que se proponía enviar: imprudencia y descuido, principales causas de los accidentes y de la muerte de peatones. Es decir, el culpable de su muerte es el mismo peatón.

Les confieso que ante la sorpresa de lo que leía, releí y releí, hasta comprobar. Quedé boquiabierto y desalentado. Por un lado, la cifra es aterradora. Pero SOBRE TODO, confieso, el desaliento me vino por el sesgo contra el que camina, proveniente de un importante líder de opinión nacional; pues ello no es más que la confirmación irrefutable del precario lugar que se le da al peatón en nuestra sociedad.

Acá hay un grave problema de movilidad y seguridad vial: 3.851 atropellados y 192 muertos entre enero y agosto de 2011, lo equivalente a 16 atropellados por día o 24 muertos por mes, según cifras del Distrito. Y además, un problema de prioridades y de concepción colectiva de la ciudad.

Bogotá es una ciudad donde el rey y campeón es el carro. Cuando el peatón se encuentra con un carro, o le pide sumisamente permiso para cruzar la calle, o simplemente le da paso, o desafía y defiende su derecho a cruzar primero. En este último caso, el riesgo en el que incurre por impertinente se dispara. Así nos han educado. Y así se ha concebido la ciudad en su gran mayoría. Sucede que al tomar control de un auto, somos valientes, atravesados y hasta matones. Pero una vez bajamos del mismo, somos más bien sumisos, dóciles, casi invisibles. El problema es ser uno el peatón. Perverso. Pero así funcionamos. Y así nos condiciona el entorno. En tierras del carro, el BOLARDO es el demonio, y el peatón, un ciudadano de segunda; un pobretón.

¿Qué hacer? Convertir la protección al peatón en una prioridad de la ciudad. Pensar en el peatón es obligarnos a mirar de manera amplia y comprehensiva los aspectos más críticos de la ciudad, pensando siempre primero en las personas , no en el auto particular y sus exigencias. Esa es quizás la motivación más extraordinaria para hacer de Bogotá una ciudad tolerante, incluyente, amable con el medio ambiente, compacta, limpia, cálida y segura para todos.

Publicado en El Espectador: El problema de ser peatón