La destrucción de Transmilenio no es de estos días.
Destruyen Transmilenio 9M 2012- William Fernando Martínez/AP
Sus orígenes los encontramos varios años atrás, y la principal responsable de su debacle, sostengo yo, tiene que ser la inmadurez política de nuestro entorno. En ello cabe responsabilidad a muchos: ex alcaldes (exitosos y atroces), medios de comunicación y opinadores, partidos políticos, y por supuesto que también a los ciudadanos. A todos. Esto último es vital reconocerlo.
¿Por qué? Pues por no hacerlo, y por culpa de esta bendita manía colectiva que nos gobierna de buscar siempre señalar primero culpables, al tiempo, que esperamos vengan “otros” o “alguien” a arreglarnos el problema, y de paso, a decidir por nosotros, es que esto (Bogotá) está como está. Asimismo, por la ridiculez de todos acá de pelearse por su pequeña parcela, por defender minifeudos, todos creyéndose el protagonista de la película, cuando a la hora de la verdad se están auto-derrotando; y todos mientras tanto, perdiendo acá abajo. Sucede a nivel de la política de la ciudad y sus protagonistas, Transmilenio es una clara víctima de esto, pero igualmente se observa a nivel de las interacciones entre sus ciudadanos. Es una cultura que además de egolatría y personalismo, implica cortoplacismo, y una marcada ausencia de empatía colectiva.
Réplica miniatura de Transmilenio
Todos tiramos para nuestro lado, sintiendo que el avance y las victorias de los demás, son nuestras derrotas. O viceversa, sentimos que ganamos, sólo si el otro pierde; nunca cuando gana. De esta manera……. no sólo NO peleamos por lo significativo, sino que en el camino enterramos nuestros avances colectivos. Los más importantes, sin duda, ya que transforman físicamente ciudades, pero además los corazones de su gente y sus expectativas del futuro. Y eso lo logró TM.
Las motos en Bogotá son hoy por hoy el mejor sinónimo de la palabra atajo y el reflejo de la anarquía que se vive a diario en sus calles. No les aplica el pico y placa, no pagan parqueaderos -¿Para qué si el andén no les cuesta $1 peso?-, no respetan carriles y turnos en la vía, tampoco pagan peajes, no les aplicó el día sin carro, zigzaguean peligrosamente en todo momento adelantando carros hasta pisar la cebra, transitan campantes por andenes y ciclorutas amenazando peatones y ciclistas, ponen en peligro las vidas de personas que descienden de buses y busetas, y cuando lo ven conveniente, la contravía les resulta irresistible.
Son un peligro andante para los demás y para ellos mismos. Así se puede observar en las calles, y así lo comprueban las estadísticas. Entre los distintos actores de la vía, los motociclistas registran las tasas de accidentalidad más altas (2.665 muertes y 20.471 heridos en 2010), y después del desamparado y desdichado peatón, son quienes mueren con mayor frecuencia (Así fue en el mes de enero 2012).
A su crecimiento exponencial (pasaron de 43.714 en 2005 a aprox. 270.000 en 2012), han contribuido factores como lo baratas que resultan –eficientes en gasolina, pocos impuestos, bajo costo de su seguro de accidentes, no pico y placa, no parqueadero-, la posibilidad de evadir trancones (violando normas y todos los códigos de respeto en la vía), el indignante sistema de transporte público (“Guerra del Centavo”), que todo aquel que puede, evita, la facilidad para obtener una licencia, pero todo lo anterior, permitido en buena medida por la inexplicable demora de parte de los Gobiernos Nacional y Distrital, para entrar a ordenar el tema.
¿A qué debemos la espera? No lo sé. Pero entretanto, su número crece, el desmadre en las vías aumenta, se multiplican los lesionados y los muertos; el problema se extiende. ¿Y la solución? Pues se hará progresivamente más difícil. La nutrida sección de Vehículos de El Tiempo informaba el pasado sábado que el número de nuevas motos matriculadas en el país durante el 2011 fue de 510.730. Nuevos autos matriculados: 324.570.
Ahora bien, de toda la variedad de infracciones e imprudencias que cometen, la más grave ¡de lejos! tiene que ser la de asumir los andenes o ciclorutas como extensiones de las calles. ¿Hay lugar para las motos sobre los andenes? De ninguna manera. Absolutamente NO. Las aceras son terreno sagrado para peatones y vehículos no motorizados como bicicletas, patinetas y patines. Son el lugar de madres llevando en coche a sus chiquitos y de personas en sillas de ruedas. Son el lugar donde niños juegan y los abuelos pasean. Y sin embargo, lo anterior claramente no aplica en Bogotá, y cada día que pasa resulta más normal y frecuente, encontrarse con motociclistas trepados sobre andenes.
Hace unos días, regresando de vacaciones, encontré mi carro pinchado. ¿Qué hacer? Nada, resignación, cambiar rápidamente la llanta y dirigirme inmediatamente al montallantas. Valor del arreglo: $49.000. Tocó vulcanizarla, doble parche, cada uno a $19.000 más mano de obra. Precios del norte de la ciudad. Alguna vez un taxista me decía que por $10.000 le hacían la vuelta. Da igual, a todos nos drenan dinero.
Lo más lamentable es la pérdida de nuestro valioso tiempo con amigos, familia, esparcimiento y productivo. También se va nuestra capacidad de aguante y tolerancia ante el caos de la ciudad.
Uso muy ocasionalmente el auto, pero cuando lo hago, y procurando cuidado, igual me es imposible evadir los $$*&* huecos. No habían pasado dos días y ¡tenga!, caigo en uno en plena Séptima con calle 67, costado Norte-Sur. Gigantesco, de los estalla llanta y dobla rines. Cráter. Son trampas que no avisan. ¡No hay derecho! Ni la arteria principal de la ciudad se salva de este padecimiento.
Y entonces vuelven el malestar, la rabia, la impotencia y la resignación. A visitar de vuelta a los amigos del montallantas. Más tiempo y dinero extraviados. Más bronca con esta ciudad y la ineficaz y mediocre gestión de su gobierno.
Pasadas tres semanas el hueco sigue ahí. Por supuesto, más grande y amenazador. ¿Por qué no se adopta un sistema de contratación para el mantenimiento de la malla vial que en efecto garantice su mantenimiento rutinario? Por ejemplo, que se les pague a los contratistas contra la permanente buena condición de las vías, con pagos periódicos basados en resultados; es decir, basado en el buen estado de las vías. Se deja de pagar por intervención y volumen, y comenzamos a pagar por servicio y calidad
¿De qué nos sirve reparar las vías si al poco tiempo reaparecen los huecos? ¿Por qué vías que están en buen estado son reparchadas sistemáticamente, mientras vías con huecos de tamaño considerable permanecen sin atención? La cuestión es de incentivos.
Esquemas de contratación que recogen estos principios (contratación por niveles de servicio) han sido utilizados con éxito en Canadá, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Argentina, Perú, Chile, y otros.
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El reclamo ciudadano por el deterioro de la malla vial es absolutamente legítimo. No es capricho. La administración de la ciudad necesita adoptar un sistema más efectivo, transparente y permanente de mantenimiento de la malla vial; de tapar sus huecos. Basta de excusas coyunturales como el invierno. A este problema crónico, que desangra sistemáticamente de recursos a la ciudad y a sus ciudadanos, que tanto afecta la movilidad y pone en riesgo vidas humanas, y agota nuestra paciencia, se le puede y debe poner fin.
Absolut Bogotá
Hueco 7a y 67
Hueco 7a y 67, fue tapado en días recientes
**En días recientes, después de escrito el artículo, el hueco que lo inspiró finalmente fue tapado. Agradecer al IDU y al nuevo gobierno de la ciudad. Atender el corto plazo no deja de ser importante, pero esta es una problemática que requiere de una solución estructural para el mediano y largo plazo.
Gustavo Petro anunció que durante su gobierno empezará la implementación de un sistema de pago por congestión con el fin de aliviar el trancón, y que a partir de su puesta en marcha vendría el desmonte progresivo del Pico y Placa. ¿No se estaría apresurando?
¿Ya Pagó? Londres
El esquema consiste en que para entrar a ciertas zonas de la ciudad, quienes opten por utilizar el auto particular, deberán pagar una tarifa, cuyo recaudo se destinará a la ampliación y el mejoramiento del sistema de transporte público. Sistemas como el planteado funcionan con éxito en varias ciudades del mundo, siendo quizás Londres,Singapur y Estocolmo los casos más conocidos y citados.
Hay que aplaudir esta apertura del nuevo alcalde de buscar en los éxitos de otras ciudades, alternativas a los problemas de Bogotá. Pero para ello hay que informarse a fondo y partir siempre de reconocer la naturaleza y posibilidades de la ciudad con objetividad.
En medio del debate que abrió su propuesta, y sus alusiones a ejemplos internacionales para respaldar sus ideas, un twittero le dijo: “Hombre, cómo va a comparar el circuito de movilidad parisino o londinense con el bogotano; aquí se usan autos porque no hay más”. Otro le preguntó: “¿Eso sí se puede comparar así de fácil?”. Razonable pregunta. Petro respondía invitando a otro incrédulo a que conociera el sistema de San Francisco, Estados Unidos para que viera que la idea “sí funciona”.
Interesado en la evidencia, busqué en Google y Wikipedia. ¿Saben hace cuánto contempla San Francisco la posibilidad de adoptar el sistema? Desde 2004. Los estudios sólo empezaron en 2006. ¿Prueba piloto? Será en 2015. Hoy no ha entrado en funcionamiento. ¿Desconocimiento? ¿Ligereza del alcalde?
Los esquemas de Londres, Singapur y Estocolmo hacen parte de un amplio conjunto de estrategias dirigidas a administrar la demanda del tráfico —altos costos sobre la propiedad de los autos, rigurosas políticas para el estacionamiento, fuerte cultura de la bicicleta— pero, lo más importante, se apoyan en sistemas públicos de transporte con calidad y cobertura superiores al de la Bogotá de 2013 (con Fase III de Transmilenio y SITP debidamente implementados).
La implementación del sistema es bastante más compleja de lo que puede sonar la idea. Toma tiempo, requiere de estudios, cuesta y, además, suele padecer de resistencia política y escepticismo ciudadano. ¿Realmente se siente preparado el alcalde Petro para introducir prontamente un sistema de estos que garantice su éxito? ¿Está lista la ciudad?
No puedo estar más de acuerdo con el camino que sugiere un esquema de “cobros por congestión” o “peajes urbanos”, que busca: 1) racionalizar el uso del auto, y concretamente, desestimularlo; castigando a quien congestiona y contamina 2) mejorar y ampliar el sistema de transporte público masivo de la ciudad; buscando estimular su uso; favoreciendo un sistema más eficiente y menos contaminante 3) centrar el esfuerzo de movilidad de una ciudad en mover personas, no automóviles; y 4) que advierte que el problema del trancón nunca será resuelto, no principalmente, por la vía de construir más vías, así ello contraríe nuestra más fuerte intuición; –Ley fundamental de la congestión vial: nuevas vías, generan nuevo tráfico, por ende, el trancón no acaba-.
La pregunta o propuesta debiera ser: ¿Qué necesitamos hacer hoy, y qué podríamos hacer a mediano término para preparar un sistema como el propuesto? Además de las grandes obras, o la introducción de sofisticados sistemas, lo que verdaderamente nos reclama el desastre bogotano de los últimos años, es apostarle a la consolidación de un proceso de mejoras incrementales. Buenas ideas, chambonamente implementadas, sólo ayudan a deslegitimar valiosas alternativas, y a erosionar la confianza del ciudadano en su gobierno.
“Cuando miras una ciudad, es como leer los sueños, las aspiraciones y el orgullo de todos los que la construyeron.” Hugh Newell Jacobsen
Fuente: Revista Semana
A la pregunta, ¿Cómo quiere que lo recuerden los bogotanos cuando salga de la Alcaldía en una frase?, el recién elegido alcalde de Bogotá respondió lo siguiente: “Como el alcalde que logró superar la segregación social en la primera infancia.” No podemos sino desearle lo mejor en este frente. Un reto sin duda loable, así como una inversión estratégica e inaplazable para la ciudad. Y sin embargo, parece más un juego de palabras, propio de quién promete mucho, pero a la vez, a nada concreto se compromete. Y me refiero especialmente, en lo que atañe a la Bogotá perceptible. Esa con la que interactuamos a diario sus ciudadanos; la ciudad que apreciamos y vivimos con nuestros cinco sentidos.
Pensando en el futuro de la ciudad, los invito a preguntarnos lo siguiente sobre lo que nos pasó en Bogotá durante las pasadas dos administraciones: ¿Cómo evolucionó la ciudad hablando de la experiencia del ciudadano en las calles? ¿Cuál es la ciudad que hoy se presenta ante nuestros sentidos? ¿Es más segura, más amable, es más vivible? ¿Qué nos dice la superficie actual de la ciudad? ¿Vivimos en una mejor ciudad?
Mmmmm…..pues al cabo de 8 años, al cierre de la administración Moreno, en plena temporada navideña, la ciudad se encuentra absolutamente colapsada. ¿No cree? ¿Se siente capaz de refutar esta afirmación? Salga y vea no más; hágalo con cuidado. La infraestructura de la ciudad está vuelta pedazos –alud circunvalar, los millones de huecos, carrera 11-, barrios enteros sumergidos bajo las aguas fétidas del Río Bogotá, el trancón ha cobrado dimensiones ridículas, la sensación de inseguridad no cede, la confianza de la ciudadanía hacia su gobierno y la justicia se encuentra completamente erosionada, la distancia entre ciudadanos y policía se acrecienta; la intolerancia reina, el descuido general por el bienestar colectivo se impone. Las calles son del más fuerte, y de los más avivatos y atravesados. ¿La autoestima de la ciudad y sus ciudadanos? Literalmente arrastrándose.
Y es entonces, de cara a este presente tan difícil que enfrentamos, ante una realidad tan contundente, que las palabras del alcalde electo parecen dirigidas a otro escenario.
Aquí no hay de otra. El próximo alcalde deberá centrar toda su atención en Bogotá. Deberá ponerse en los zapatos del ciudadano de a pie. Deberá observar con detenimiento y curiosidad sus calles. Deberá bajarse a la escala del ser humano, aquella en la que las personas tocamos y vivimos la ciudad, y arrojar resultados allí (seguridad, transporte, convivencia, cultura ciudadana, infraestructura urbana, espacio público, contaminación, basuras, etc.). Deberá honrar su frase de campaña de una “Bogotá Humana Ya”; pero que sea de ver y del diario vivir, y que nos toque a todos. Ahí está el reto.
Definitvamente será en hechos visibles, que lleguen y toquen al ciudadano, donde aguardará impaciente la legitimidad del nuevo alcalde como líder de esta difícil, hoy desbaratada, pero a la vez, formidable ciudad. ¿Cómo será la ciudad visible al cabo de sus primeros 6 meses? ¿Al cabo del primer año, del segundo, y por supuesto, al cierre de su alcaldía? ¿Cómo vivirá el ciudadano de a pie su ciudad? Preguntas para tomarse muy seriamente, por Petro y su equipo, y por nosotros los ciudadanos.
Jaime Lerner, el afamado exalcalde de Curitiba, consultor internacional de ciudades por más de 40 años, no se cansa de repetir lo siguiente: “La ciudad no es un problema, sino una solución.” Insiste en que hay que moverse rápidamente y hacer, que “cualquier ciudad del mundo puede mejorarse en menos de 3 años……lo cual, no es una cuestión ni de escala, como tampoco de recursos financieros.” Al final, la capacidad de realización, de proyectar una visión y aterrizarla a la realidad, de hacerla visible y vivible, es realmente lo fundamental.
¿Conocen al Monstruo de la Corrupción? ¿Lo han visto rondar la ciudad? ¿Tiene nombre, o se le conoce sólo por Monstruo?
Pues por estos días recorre la ciudad junto al candidato al Concejo, Juan Carlos Florez, cabeza de lista de Mockus, el Monstruo de la Corrupción. Como pueden ver, es enorme y espantosamente feo. Un gran trabajo el de quienes lo fabricaron; su fusión de parecidos con algunos de nuestros más emblemáticos políticos, funcionarios públicos y contratistas señalados por graves actos de corrupción se reconoce.
Monstruo de la Corrupción
Flórez ha sido un aguerrido y locuaz denunciante del Carrusel de la Contratación en Bogotá (Ver su Blog, Al Grano, http://www.lasillavacia.com/users/jcflorez), con la virtud y el mérito de haberlo hecho como ciudadano, ajeno a investiduras y funciones que se lo exigieran. Para su actual campaña al concejo, y consecuente con sus predicados, el candidato puso en el centro de sus prioridades y discurso, la urgente necesidad de combatir la corrupción. No veo como otra causa pueda superarla en importancia. No en medio del millonario escándalo y la colosal crisis que nos deja a los bogotanos.
Living in the Endless City-Viviendo en la Ciudad sin Fin es la segunda parte de un proyecto del London School of Economics y La Sociedad Alfred Herrhausen del Deutsch Bank que estudia el crecimiento y los procesos de las ciudades más grandes del mundo: The Urban Age Project-Proyecto de la Era Urbana. Su primera parte, Endless City, Ciudad sin Fin estudió los casos de Nueva York, Ciudad de México, Shanghái, Londres, Johannesburgo y Berlín. Para esta segunda parte, se seleccionaron Mumbai, Estambul y Sao Paolo, por ser las ciudades con los ritmos de crecimiento más acelerados de la actualidad. Para las próximas décadas se vaticina que Mumbai superará a Tokio y Ciudad de México, convirtiéndose en la ciudad más grande del mundo con 35 millones de habitantes.
Lo recomiendo por su contenido analítico y seria documentación de los casos, pero también porque cuenta con un nutrido material fotográfico, mapas y una amable visualización de cifras a través de infogramas, lo que facilita su lectura para cualquiera que encuentre interés en el tema de CIUDAD. La tendencia global hacia la urbanización es una realidad que alcanzará dimensiones colosales en el siglo actual; para el 2050 el 75% de la población vivirá en ciudades, hoy lo hace el 53%.
Dicen sus editores que “las ciudades que hoy día están siendo construidas y transformadas tendrán consecuencias muchísimo mayores tanto a nivel local como globalmente. Y la manera como están cambiando no es la más alentadora. Las investigaciones desarrolladas por el proyecto…..encuentran que las ciudades se están volviendo espacialmente más fragmentadas, socialmente más divididas y medio ambientalmente más destructivas.” Detrás del proyecto hay un claro mensaje de urgencia: “¿Estamos a punto de repetir los mismos errores, pero en una escala mucho más grande y dramática?”.
En vista de la manía que nos caracteriza a bogotanos y colombianos, de mirarnos excesivamente el ombligo –mi opinión-, me parece que su enfoque comparativo-internacional cobra especial valor para tratar de entender la realidad de nuestra ciudad en el marco de una perspectiva amplia y actualizada de los procesos que adelantan otras grandes urbes del mundo.
Mumbai-India, When the Classrooms flooded, schools took to the streets- Cuando las aulas se inundaron, el colegio se traslado a las calles (Fotografia obtenida del libro)
Las ciudades del mundo comparten problemas similares. ¿Podríamos pensar en compartir soluciones? Me gustaría preguntarle a quienes aspiran gobernar Bogotá: ¿Qué ciudades del mundo inspiran algunas de sus propuestas de gobierno? ¿Encuentran en lo hecho por otras ciudades del país algo que valga la pena intentar replicarse para Bogotá? ¿Qué?
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Finalmente, los dejo con un aparte de su prólogo, pues me pareció que describe y define con gran sensibilidad y acierto lo que son las ciudades, y porque al leerlo sentí que me hablaba de Bogotá:
“Las ciudades son programas políticos hechos visibles. Son espejos de la sociedad y de los sistemas de gobierno del país donde se encuentran. Las ciudades que son exitosas demuestran la viabilidad de sistemas sociales. En ellas, todos los problemas y conflictos del mundo se concentran en un espacio confinado. Primero, Segundo y Tercer mundo entran en contacto en las grandes metrópolis en crecimiento. Las ciudades tienen que lidiar con confrontaciones religiosas y culturales, terrorismo, crisis económicas, pandemias, y por supuesto, fenómenos migratorios.
Sin duda que en Bogotá, los principales amenazados por una campaña contra el estacionamiento ilegal, serían los propietarios de la gama de carros de lujo y blindados. Nada menos que la gente más prestante de la sociedad capitalina y los círculos de poder nacional.
Prohibido parquear, no para mi
Hablamos de políticos, grandes empresarios, periodistas, que generalmente además, se acompañan de escoltas y policía. Otra demostración de comportamiento ejemplar por parte de nuestra dirigencia.
No están solos. Por supuesto, muchos ciudadanos, cuando lo ven posible, también lo hacen. “Avispados” que somos.
Pero aquí el punto es que ni unos ni otros tienen más o menos derecho a violar las normas -a obstaculizar o afectar el tráfico- y por el lado de la autoridad, esta debiera ejercer su facultad de multa y castigo por igual, con consistencia para todos los vehículos. ¿Pero lo hace? Claro que no.
Parquear ilegalmente el carro en Bogotá es una acción que agrava directa e inmediatamente el tráfico del sector y de la ciudad en general. De parte de los ciudadanos es un acto de irrespeto, desconsideración, conchudez, y egoísmo. También de autodestrucción, porque contribuye al trancón, y con ello desmejora automáticamente su bienestar y calidad de vida. Por parte de los que se creen importantes, y por ende, con derecho a hacerlo, es aun más grosero. Es un abuso de autoridad, con un mensaje implícito para los demás, de que hay ciudadanos de primer y segundo nivel.
Vemos entonces como de un acto aparentemente pequeño, y que fácilmente se trivializa, se producen una serie de externalidades negativas que van más allá de la movilidad, y que nos hablan con mucha franqueza de la ciudad en la que vivimos, de su gobierno y autoridades, y de la sociedad y las personas que la habitamos.
La equidad no es solo cuestión de redistribución de la riqueza, acceso a educación y salud, o tributación, sino que también debe manifestarse en la regulación de comportamientos y sanción de infracciones. No hay lugar a tratos preferenciales.
En esto tiene que haber voluntad política por parte de las autoridades, mucha consistencia en la aplicación de la ley y la regulación de los códigos de convivencia, así como autorregulación por parte de la ciudadanía.
Arturas Zuokas, Alcalde de Vilnius, capital de Lituania, explica por qué lo hizo:
“Quería enviar un mensaje claro. Personas con autos costosos no pueden parquear donde les parezca, ignorando los derechos de peatones y ciclistas.””Demuestra falta de respeto, lo cual no será tolerado. Por supuesto, se tiene que tener sentido del humor en mi campo de trabajo, y pensé que esta podría ser una manera efectiva de llamar la atención sobre la intención que tiene la ciudad de combatir de forma proactiva el parqueo ilegal.”
¿Habrá llegado el mensaje? Seguro. Queda esperar que se haga cumplir.
**** ¿Qué opinan los candidatos? ¿Se comprometen a sancionar el parqueo ilegal de todos, punto? Sería una acción de gobierno que nos permitiría ver y sentir el cambio desde el día uno de la nueva administración. Aportaría al orden de la ciudad, ayudaría a descongestionar, enviaría un mensaje de autoridad, así como de consistencia e igualdad en la aplicación de las normas y sus sanciones. Y ojo, este es sólo un ejemplo entre muchas otras pequeñas cosas y acciones que se pueden emprender en medio del esfuerzo por recomponer el rumbo de la ciudad. No todo es asunto de metros y autopistas urbanas.
Los dejo con esta fotografía de un policía que a través de un dispositivo que toma fotos, registra la infracción, e impone la multa. El conductor ni siquiera se encuentra en el carro.
Policía impone multa utilizando tecnología
Hay tecnología, están las normas, hay policías. ¿Y voluntad política?…….
Inseguridad e Intolerancia, Junio 20 de 2011, El Tiempo
Llegado a este punto, creo que la Alcaldía de Bogotá debería reforzar el Travel Warning (advertencia sobre inseguridad) que la semana pasada emitió la Embajada de Estados Unidos con uno propio, o calcado si quiere, pero dirigido a todos los que residimos en Bogotá. Cachacos, costeños, paisas, españoles, chinos, coreanos, venezolanos, pastusos, todos. ¿O es que no estamos siendo igualmente víctimas de la inseguridad y la violencia a la que se refiere la embajada gringa? Por supuesto que sí. Nos asaltan en los buses, nos chalequean en TransMilenio, nos atracan en las calles, somos víctimas de paseos millonarios, nos bajan los espejos en los semáforos, nos roban el carro, etc.
Indice de Inseguridad en Bogotá, Mayo 27de 2011, El Tiempo
Nadie se cree el cuento de que la criminalidad ha disminuido en Bogotá. Es imposible. Que las cifras así lo indican, que la estadística nos lo confirma, que el indicador ha caído en tanto. Paja. No hay que ser un genio para darse cuenta que en Bogotá, -igual será en las otras ciudades del país- la gente no denuncia o lo hace MUY poco. Presiento que porque siente que al hacerlo nada gana y será tiempo perdido. Hay un subregistro de incidentes considerable, y así, las cifras oficiales carecen de credibilidad.
Por el otro lado, los ciudadanos constatamos a diario, en persona propia, esa violencia y esa inseguridad que el gobierno de la ciudad pretende desconocer. Que cuando no es directamente, pues la sentimos a través de terceros que nos comentan de sus propios casos como víctimas. Hablamos de nuestros hermanos, amigos, padres, colegas, en fin; personas de carne y hueso, que conocemos y queremos. Entonces, además del temor que sentimos por lo que nos pueda pasar, está ese miedo, a veces peor, de lo que a los otros pueda ocurrir. ¿Miedo injustificado? De ninguna manera. Una cantidad considerable de incidentes involucran armas blancas o de fuego, y está probado, que en Bogotá, a diferencia de muchas otras partes del mundo, los delincuentes son más dados a emplear el arma, a herir de gravedad, a matar a su víctima. (Ver artículo Revista Semana Las víctimas mortales de robos en Bogotá)
Todo esto es grave, pero lo peor sí tiene que ser que el gobierno de la ciudad demuestre tan pobre sintonía con la realidad y con la ciudadanía. Preguntada recientemente sobre el clima de inseguridad en la capital, la actual Secretaría de Gobierno del distrito tiene agallas para afirmar que “Bogotá es hoy una de las ciudades más seguras del mundo, independientemente del pequeño robo que a veces nos mortifica.”
¿Dónde vive esta persona? ¿Cómo no sentirnos aún más expuestos cuando al frente tenemos un gobierno que se repite una y otra vez con un libreto que nadie cree?
Entonces, ante la cruda realidad, y esta evidente ausencia de juicio por parte del gobierno de la ciudad, la Embajada de Estados Unidos emite una advertencia que se puede resumir así:
No de PAPAYA. No salga allá, no coja taxi así, no se exponga al espacio público, no se resista, etc. Sálvese el que pueda.
Por tan sólo 60 millones de pesos usted se puede dar el gusto de empeorar el trancón de todos los días. Ah, y no lo dude, también contribuirá un poco más a la contaminación del aire que usted y todos los demás respiramos.
Es perfecta para los huecos de Bogotá, y además, entre más grande, por supuesto, será víctima de significativamente menos embestidas por parte de buses, taxis, escoltas y la plaga de atravesados que conducimos por Bogotá.
“Tan pendejos o tan pobres los demás que no se compran una de estas. Con razón estamos tan jodidos en esta ciudad”.
¿Qué ciudad queremos?
Dodge RAM: Patrocinador de una ciudad más contaminada, trancada, agresiva, promotora del egoísmo, individualismo, la avidez y el consumismo.
“Yo siempre suelo decir que el carro es como la suegra. Tienes que tener una buena relación con ella, pero ella no puede dirigir tu vida. Porque cuando la única mujer en tu vida es tu suegra, tienes un problema.”
A quienes interesan los temas de ciudad y desarrollo urbano y no conocen a Jaime Lerner y sus ideas sobre movilidad, sostenibilidad, ciudad y urbanismo, los invito a que se maravillen con esta sencilla pero contundente reflexión y narrativa alrededor de las posibilidades de transformar nuestras ciudades y el legado que deja al mundo su gestión como exalcalde de Curitiba, Brasil.
Arquitecto de profesión, Jaime Lerner fue alcalde de la ciudad brasilera de Curitiba en tres períodos distintos (1971-1975, 1979-1983, 1989-1992). Su creación/desarrollo de mayor impacto y reconocimiento mundial tiene que ser el Sistema de Buses Rápidos, o lo que es lo mismo al Sistema de Transmilenio de Bogotá. Originado en Curitiba, Brasil en 1974, tuvieron que pasar 25 años desde creado para que dicho sistema fuese adoptado por otra ciudad del mundo; la cual fue Bogotá en el año 2000.
No obstante la importancia de este legado, explicado por el propio Lerner en esta charla, considero que lo más importante es prestar atención a los principios generales que expone; a sus conceptos de ciudad y principios de gestión para transformarla.
Anteriormente presenté a Dave Meslin y sus reflexiones sobre el por qué de la indiferencia ciudadana frente a los asuntos públicos (Antídoto contra la Apatía).
No me cabe la menor duda que de haber más líderes como Jaime Lerner en la política y al frente de nuestros gobiernos, la motivación de la ciudadanía a participar de lo público sería considerablemente mayor, así como seguramente más genuina, generosa y dinámica. El déficit es grande.
Bogotá necesita dignificar el uso de modos de transporte distintos al vehículo particular. Por ahora, algo hablamos y debatimos de Metro y TransMilenio, Tren de Cercanías, y hasta de la bicicleta. Yo, quisiera oír más del peatón.
Video sobre la peatonización del centro de la ciudad peruana de Arequipa.
¿Qué opina de la posibilidad de hacer algo similar con el Centro y la Candelaria de Bogotá? ¿Qué tal si comenzamos con una campaña de respeto al peatón?
Esta nota busca llamar la atención sobre la importancia de promover un enfoque que tenga presente al peatón como variable medular alrededor de cualquier discusión sobre movilidad, calidad de vida y mejor ciudad. ¿Por qué? En buena parte, sentido común. Porque todos hemos sido, somos y seremos peatones, y porque pensar en el bienestar de aquel que camina la ciudad permite de manera muy efectiva aterrizar reflexiones sobre muchas de las problemáticas centrales de la vida de la misma.
Reflexionar alrededor del bienestar del peatón y la formulación y aplicación de una política para éste, nos lleva sencillamente a considerar temas como seguridad, movilidad, integración social, espacio público, desarrollo económico y oportunidades de vida, cultura ciudadana y convivencia, salud, medio ambiente, y muchos más. (Nos llevaría por ejemplo a preguntarnos sobre cómo es posible que la obra del recién terminado puente de la 100, tan celebrado por tantos, hubiese dejado por fuera de la ejecución del proyecto, por las razones que fueran, todo lo referente al espacio público complementario que preveía el proyecto. Lo carros muy bien ¿Pero y los peatones?)
Por sus características físicas Bogotá podría ser una ciudad perfectamente caminable. En su gran mayoría es bastante plana, y las distancias de recorridos entre algunas zonas críticas y concurridas pueden llegar a ser bastante cortas. Pero a los peatones hay que darles garantías, condiciones, rutas, y facilidades. Y en Bogotá, poco de ello hay.
Por su parte, en las mejores ciudades del mundo se diseñan políticas públicas pensadas exclusivamente para el peatón, que contemplan todos estos aspectos. ¿Alguien ha oído de algo similar para Bogotá? Personalmente nunca. Y ni para qué tratamos de encontrarla. Nada evidencia más la falta de una política en este sentido que las batallas diarias que libran los peatones bogotanos frente al amedrentamiento al que nos someten carros, buses, motocicletas, ventas ambulantes, andenes en mal estado y sin rampas, y por supuesto, la irremediable paranoia de poder ser asaltados en cualquier momento.
Candidato a la alcaldía que se atreva a incluir en la discusión de movilidad y modelo de ciudad un tema como el del peatón daría señales de una reflexión profunda y responsable de su parte a los problemas de la ciudad desde la mirada del ciudadano de a pie.
Pensar una ciudad que ofrece condiciones para el peatón, que promueve y estimula que su gente camine, es pensar en una ciudad amigable y segura para nuestros niños y niñas, que trata con respeto a su población discapacitada –en un país con miles de víctimas por el conflicto armado/minas antipersonales-, consecuente con su discurso democrático, promotora de la integración social de su gente, y que aporta con hechos tangibles al cuidado de su medio ambiente.
El espacio publico limita a la poblacion discapacitada
Silla de ruedas por la calle
Ventas invaden andenes
Beneficios de caminar:
Mejora la salud y ayuda a prevenir enfermedades como cáncer, osteoporosis, y enfermedades del corazón. El sedentarismo y la falta de actividad física se han convertido en problema de salud pública. Hoy son las principales causas de obesidad.
Caminando vemos la ciudad, permitiéndonos conocerla y detallarla; disfrutamos y valoramos el paisaje a nuestro alrededor. Nos invita a valorar nuestros espacios públicos –andenes, parques, plazas, monumentos, etc.
No se necesitan habilidades especiales para caminar. Es una actividad gratis y segura.
Nos ayuda a eliminar el estrés.
Ayuda a descongestionar la ciudad de autos, al tiempo que nos invita a compartir e interactuar con otros ciudadanos.
Estimula la actividad económica en zonas comerciales.
Aporta a las relaciones de pareja, para conversar, para compartir con mayor tranquilidad, definitivamente más romántico que el carro.
El caso de las obras de la calle 81 entre carreras 7ª y 9ª. Situaciones similares se presentan en toda la ciudad.
Nada más se moviliza por Bogotá en estos días
Durante buena parte del año 2010 la calle 81 entre carreras 7ª y 9ª estuvo completamente cerrada debido a una obra que por objeto tenía cambiar/renovar las tuberías del sector. Es una zona residencial en la que también se encuentran algunos pequeños negocios (cafés, restaurantes, venta de muebles, ropa, otros). La obra duró aproximadamente 1 año, tiempo en el cual residentes y establecimientos comerciales por supuesto sufrieron las incomodidades y la afectación a sus ventas a causa del cierre vial. Vecinos del sector señalan entre los perjuicios causados: afectación de la seguridad con algunos atracos ocurriendo en la puerta de los edificios, maquinaria invadiendo andenes y entradas de residencias, polvo y basura, rígidos horarios para entrar y sacar carros, entre otros. Adicionalmente, por ser la calle 81, una vía a la que desemboca un flujo considerable de vehículos provenientes de la Avenida 7ª, su cierre agravó la circulación vehicular de todo el sector, de por sí, ya bastante congestionado. Todo suma.
Obras: Cll 81 entre Cr 9a y 7ª, Abril 2011
Hasta este punto la situación es incómoda pero muy seguramente entendible y llevadera, sobre la base de una comprensión por parte de los ciudadanos afectados, de la necesidad cada cierto tiempo de que se realicen una serie de obras preventivas, así como de renovación y mantenimiento de la infraestructura de la ciudad. Al final, dirán los ciudadanos, todos nos veremos beneficiados, tendremos una calle más bonita, evitaremos problemas con la tubería, y residentes como negocios nos veremos beneficiados. Al fin y al cabo, a ello deben destinarse buena parte de nuestros impuestos ¿No es así?
Ahora bien. Sucede que a sólo unos 3 meses de haberse finalizado la obra y abierta nuevamente la vía, y cuando todo aparentaba volver a la “normalidad”, de repente, por motivo de más obras y reparos a lo hecho meses atrás, nuevamente cierre parcial de la vía (entre 9ª y 8ª) y anuncio de cierre total para la cuadra entre 9ª y 11 (Ver imágenes). Las obras están programadas para una duración de aproximadamente otros 7 meses. ¿Alguien puede explicar la lógica detrás de estas actuaciones? ¿No valdrá la pena que también se investiguen estas situaciones? ¿Cuánto le cuestan al erario público, a los contribuyentes, estos errores?
Secuencia de sutiles eventos….ver resultado! Video de la banda OkGo
Mientras escribía esta nota se me vino a la cabeza la siguiente letra del legendario Héctor Lavoe y su emblemática canción de Juanito Alimaña:
“La calle es una selva de cemento y de fieras salvajes cómo no,ya no hay quien salga loco de contento, donde quiera te espera lo peor”
¿Porqué la importancia de darle respuesta con carácter de prioridad y urgencia a cientos de situaciones y aspectos físicos de la ciudad que afectan directamente la calidad de vida de sus ciudadanos, pero que al ser vistos de manera aislada y con ojos individualistas, se terminan trivializando y pormenorizando a la luz de otros problemas de engañosa mayor proporción?
Alcantarilla Abierta
Basura en las Calles de Chapinero
Las calles vueltas basurero
Las calles vueltas basurero 2
Calles llenas de Huecos
Camion sobre anden
Uno de millones de huecos en Bgta
Toma de anden por vendedores ambulantes
¿Dónde están los niños?
¿Dónde están jugando los niños?
Triste Parque, Triste Ciudad, Tristes Niños
Dueños del espacio publico
La acumulación de huecos, andenes y puentes peatonales en mal estado, alcantarillas abiertas, parques sin mantenimiento, alta frecuencia de robos callejeros , vendedores que invaden el espacio público, escoltas tomándose las vías, conductores parqueando en las aceras y otros deteniéndose por minutos en arterias viales de la ciudad con sus luces de parqueo encendidas, individuos orinando en pleno espacio público, y otros “pormenores”, crean una generalizada y azarosa situación de caos para la ciudad con serias implicaciones para su futuro; el demonio de todo gran sistema está en sus detalles.
“No podemos resolver los problemas con el mismo modo de pensar que usamos en el momento en que los originamos.”AlbertEinstein
Las propuestas de soluciones para enfrentar los problemas urbanos de Bogotá deben contener altas dosis de creatividad. No podemos ni es justo seguir con más de lo mismo. Si realmente queremos innovar y aprovechar el gran potencial que tiene nuestra ciudad, es hora de pensar y plantear alternativas por fuera de la lógica tradicional. No siempre puede tratarse de invertir grandes presupuestos en vías, metros, trenes, estudios de metros, concesiones, o de reprimir, restringir y limitar. ¡No! La clave está en ver un poco más allá. Hay evidencia concreta en Bogotá, como los mimos de Mockus y la ciclovía por ejemplo, de la posibilidad de generar altos retornos sociales a partir de ideas originales, sencillas, de bajo costo, impecablemente ejecutadas. ¡Eso sí es creatividad!… y se constituye generalmente en el principal vehículo (para utilizar un término pertinente) hacia una mejor ciudad.
Pero poniendo atención a la retórica del alcalde Moreno, de sus funcionarios, y de manera preocupante, de algunos de los candidatos que aspiran a sucederlo, vemos precisamente cómo la situación de la movilidad la han reducido a un asunto entre requerir más vías – y por ello obras – y restringir la circulación del número de carros; por eso el Pico y Placa.
El día sin carro es un día maravilloso, una iniciativa cuyo valor no puede cuantificarse en términos económicos, argumento desde el cual algunos de sus detractores sugieren su eliminación. Su argumento, caída en las ventas de comercio durante la jornada.
Por un único día al año, millones de Bogotanos escapan de la diaria rutina de caos, agravio, contaminación, irrespeto, tiempo perdido, histeria colectiva y desgaste que significa conducir en la capital. Para cambiarlo por uno de bienestar, de sentirnos mejores ciudadanos, de entrar en contacto con nuestra ciudad, sus calles y con nuestra comunidad, compartiendo el transporte público, caminando, o rodando en cicla en una tarde soleada, por un mejor aire para respirar, ejerció y salud, y lo que es más importante, por nada menos que la esperanza de una ciudad más cálida, humana y vivible, cuya prioridad sean las personas, no el automóvil.
Jornadas como la del jueves pasado son mucho más que 1 día, porque a través de ellas se construye en el imaginario colectivo de los bogotanos la posibilidad de algo significativamente mejor. Lo anterior no tiene precio.