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¿Habrá equipo por Bogotá?

Foto Revista Semana

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Palabras clave: Liderazgo colectivo, elecciones Bogotá 2015, Bogotá, Equipo por Bogotá, Enrique Peñalosa, David Luna, Carlos Galán, Rafael Pardo, Clara López

Será bueno pararle bolas a la apuesta colectiva que están planteando David Luna, Carlos Fernando Galán y Enrique Peñalosa. La propuesta parece atinada para el actual momento de la ciudad y la triste historia de sus últimos 12 años, 3 gobiernos, 6 alcaldes. Desde el nombre “Equipo por Bogotá”, énfasis en equipo, aquí se nos plantéa de manera acertada la urgencia que tenemos los bogotanos de apostarle a un liderazgo distinto al que nos trajo hasta acá. Me refiero a un liderazgo colectivo –algo casi alienígena en estas tierras- más que individual o mesiánico, capaz de poner por encima de las agendas personales y el ego el futuro de la ciudad. En el caso de Bogotá, avances extraodinarios se truncaron al no acompañarse de esfuerzos y estrategias que le garantizaran al proceso su sostenibilidad social y política. Idos los líderes visionarios y huérfana la ciudad de unos ciudadanos empoderados de las conquistas logradas, pasó lo que pasó (Ver: Transmilenio y Bogotá: Víctimas de una cultura política). Hoy me atrevo a asegurar que el principal vacío que ha padecido Bogotá desde hace ya más de 10 años es el de su liderazgo colectivo, y que su crisis por lo tanto ha sido el fracaso de todos: políticos, ciudadanía, empresariado, medios de comunicación, sus instituciones, la Nación, etc.

Por eso espero que esta aventura política sea producto de un verdadero proceso de maduración política por parte de ellos, así como de la misma ciudad y su gente. Bogotá lo necesita.

Ahora, sobre las pasadas elecciones, el senador Galán ha explicado que están enmendando el enorme error que cometieron al dividirse. Porque lo cierto es que fueron ellos –Luna, Galán, Parody y Peñalosa- los principales responsables del resultado electoral, NO los votantes como ha sido costumbre señalar. En aquel 2010, los ciudadanos castigaron enfáticamente la gestión de los gobiernos de izquierda con su voto, dejando claro su rechazo frente al rumbo que había tomado la ciudad y el humillante episodio del ¨Carrusel de la Contratación.¨ Sin embargo la divisón de este grupo de 4 candidatos afines fragmentó el 55-60% del electorado, permitiéndole al ahora 6º mejor alcalde del planeta, llegar a gobernar con enorme soberbia pero sólo el 30% de la votación (Ver: No más izquierda, pero posiblemente sí). Su miopía e incapacidad de armar equipo se encargó de configurar el tablero político que le quedó a la ciudadanía para escoger. Aquella fue la historia de un errante liderazgo político que se autoderrotó y de paso defraudó a la ciudad.

Y sin embargo, antes que el candidato Pardo, estas tres personas –Galán, Luna y Peñalosa- le han dedicado una parte importante de sus carreras a la ciudad (candidatos a alcalde, concejales, ediles, alcalde). Lo cual es importante y debe contar. El juego de egos y el celo por quién se queda con el puesto, sencillamente es algo que la ciudad no resiste más. Cómo tampoco resiste, que la política nacional venga y se juegue en el escenario de la capital a costa de su futuro. Por más que Bogotá y la nación sean inseparables y determinantes en los destinos del otro, hay temas irrenunciables que son exclusivos del ámbito de Bogotá y sus desafíos como ciudad. El énfasis del debate para escoger su próximo gobierno no puede ser otro distinto a cómo resolver los problemas de las personas que aquí viven, pensando obsesivamente en mejorar su calidad de vida; y lejos, muy lejos de la pelea maniquéa y estéril entre izquierda y derecha, santismo y uribismo. La ciudad es su gente y la agenda de Bogotá debe pasar por los problemas y las oportunidades de Bogotá. Pese a lo anterior, ya hay una fuerte corriente que utilizando cómo anzuelo el tema de la paz, buscará desviar la discusión. ¿Se impondrá la agenda de los políticos sobre la de los ciudadanos y la ciudad?

Me parece importante la potencial renovación del liderazgo político que para la ciudad pueda surgir de un equipo en el que participen Galán, Luna, Peñalosa, pero también Pardo. Este último aporta experiencia, seriedad y equilibrio; ya empezó a hacer la tarea y lo viene haciendo bien. Bajo una fórmula de varios, hay la posibilidad de garantizarle continuidad a un nuevo proceso de despertar para Bogotá. ¿Repetirá Pardo la historia de hace 4 años? ¿Insistirá en jugársela sólo? ¿Habrá realmente equipo por Bogotá? ¿Volverán estos políticos a dejar de lado esa gran causa común que es Bogotá?

 Finalmente un “equipo por Bogotá” tiene que convocar mucho más que políticos. Vamos a ver cómo les va con la ciudadanía. O la involucran y se le acercan con respeto, o lo de equipo se les vuelve slogan. Por ahora, el concepto de equipo sigue estando biche.

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Clara López debe ser la candidata a derrotar. Resultaría inaceptable que quién fue la Secretaria de Gobierno (probablemente la Secretaría de mayor peso dentro de la institucionalidad distrital y lazo articulador con el cabildo de la ciudad) mientras se dio el mayor golpe de corrupción sufrido por Bogotá, la gobierne. Punto. ¿De verdad hay algo más qué discutir? Además, en tres oportunidades consecutivas la izquierda se rajó gobernando Bogotá. ¿Vamos entonces a darles una 4ª posibilidad de gobernarla? Las responsabilidades de partido y colectivas tienen que existir. Que repitan o no, será en gran medida responsabilidad de quienes configuren el tablero político.

También publicado en La Silla Cachaca de la Silla Vacía: http://lasillallena.lasillavacia.com/la-silla-cachaca/habr-equipo-por-bogot

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Arte urbano sí, pero…

IMG_1357No toda la avenida 26 está pactada o habilitada. Hubo un proyecto en el 2013, iniciativa gubernamental del distrito, a través del cual se abrió una convocatoria en la que participaron varios colectivos, entre ellos Toxicómano. Sin duda, una iniciativa interesante y valiosa con el fin de canalizar toda la energía de los artistas urbanos de una manera positiva, abriéndoles un espacio, y dándole la oportunidad al grafiti de jugar un rol positivo en la recuperación y revitalización del espacio público de la ciudad. También para acercar el ejercicio del arte urbano a los bogotanos. Algunos muros se reservaron para eso.  Habría que buscar maneras de consolidar esa iniciativa y de darle continuidad en el tiempo. ¿Qué siguió? ¿Qué venía después de eso? No lo sé. Pero pareciera que todo vuelve a su dinámica normal. Que no hay esfuerzos sostenidos por institucionalizar y regular la práctica, y por seguirla encausando de una mejor manera.

 Por otra parte, es imposible negar que el grafiti en general se está devorando la ciudad, evidenciando un preocupante desgobierno sobre el espacio público. En el espacio público en Bogotá, todos hacen lo que se les da la gana, nadie lo regula, nadie lo cuida.

Toda mi opinión está en el artículo de Justin Bieber y sus rayones.

Hay cuatro situaciones/acciones visibles que evidencian la problemática de la actividad en Bogotá y sobre los que hay que reflexionar:

  • Muerte del grafitero a manos de un policía: Evidencia las carencias éticas de la policía, sobretodo en el manejo que le da al caso. Es una actividad que implica riesgos en una ciudad con los niveles de inseguridad de Bogotá.  Prueba de la distancia que hay entre policía y ciudadanía y los altos niveles de desconfianza que gobiernan la ciudad.
  • Convocatoria para intervenir muros de la 26, gran formato.  Intento por canalizar de manera positiva la actividad. Algo muy positivo. ¿Y la continuidad de la iniciativa? Se visibiliza la actividad con la ciudadanía de una manera positiva, es fácil reconocer el mérito de estos artistas. Son verdaderos artistas y unos grandes comunicadores.
  • Justin Bieber recibe tratamiento de estrella y es custodiado por policías para que raye muros en la 26. Pone en serias dudas el criterio de nuestra policía. “Los mismos que mataron a Diego Felipe Becerra, ayer acompañaron a Bieber para que rayara alguna de las paredes de la ciudad.” Prueba de una descoordinación total entre la policía y el gobierno distrital.
  • El gobierno decide borrar ciertos grafitis de la avenida 26. Puede verse como un intento por entrar a regular el grafiti en la ciudad y el espacio público. De ser así, requiere de unos niveles de compromiso con la tarea, y por supuesto de consistencia en el tiempo, que está por verse. Además de regular y controlar el grafiti, habría que atacar cientos de otros problemas asociados al desgobierno y el abandono del espacio público de la ciudad. (ventas ambulantes, mal parqueados, Pepe Pegotero, pasa calles, etc.)

Arte urbano sí, pero bien canalizado y aprovechado pensando en la recuperación y revitalización del espacio público de la ciudad. Ahí hay una gran oportunidad. Para eso se necesitan acciones y posiciones coordinadas entre gobierno y policía que deben actuar como uno. La falta de consistencia de las acciones y por lo tanto de la comunicación, o si no hay comunicación, se percibirá como una arbitrariedad (cuando no lo es), sobretodo en esta ciudad en la que nos hemos acostumbrado a que todos hacen lo que se les da la gana, donde se les da la gana y cuando se les da la gana. En Bogotá todos reclaman derechos (libre expresión, libre movilidad, esto y lo otro) y nadie asume el cuento de los deberes. En esas, lo más ultrajado de la ciudad es su espacio público. La estética de una ciudad en su espacio público no es accesoria. El caos de la ciudad trae consecuencias sobre la percepción del ciudadano muy poderosas, aumentando sensaciones de inseguridad, etc. (Teoría de las Ventanas Rotas, ver el caso de Nueva York)

Soy un gran admirador de la actividad y me la paso documentando el arte de la ciudad, pero creo que este no puede existir a costa de todo y de todos. Tiene que haber control sobre el espacio público de la ciudad. Esto, además de ser una obligación, es de puro sentido común. Ahora, ¿No se supone que el grafiti es ilegal y que eso es una parte central del cuento?

Finalmente, ¿Guerra frontal contra el grafiti? ¿Sabrán las implicaciones en términos de esfuerzo, recursos y decisión? ¿Es esa la única estrategia que tienen en mente? Habrían podido haber empezado con elementos como los afiches de Pepe Pegotero (publicidad de privados perfectamente identificables) y los pasacalles.

Mientras escribo este artículo me encuentro en Cartagena. ¿Se imaginan la ciudad amurallada toda grafiteada?