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La Selección Colombia y Bogotá: Una metáfora

Tuvieron que pasar 16 años, desde Francia 98, para que la selección colombiana de fútbol volviera a un mundial y 20 desde la catástrofe de USA 94 y el inverosímil asesinato de Andrés Escobar. Por esos tiempos,  a finales de la década de los 90, empezaba a hacerse evidente en Bogotá la consolidación de un proceso positivo de desarrollo urbano que empezó por el año de 1995 con Antanas Mockus, que Enrique Peñalosa aprovechó y continuó durante su gobierno entre los años 1998-2000 y que el mismo Mockus prolongaría a lo largo de su 2do mandato hasta diciembre del 2003. Fueron aproximadamente 9 años ininterrumpidos de una gestión de la ciudad que con ingenio, liderazgo y visión le cambiaron radicalmente la cara a Bogotá.

No sólo los bogotanos, pero el país entero empezó a sentir orgullo por su capital. Y así, mientras las cosas en el país parecían ir de mal en peor, sorpresivamente Bogotá se reinventaba día a día. Quién lo hubiera creído: Bogotá. Esa ciudad gris, hostil, congestionada, insegura y de gente fría y desconfiada. Internacionalmente la ciudad también llamaría la atención y en otros países se empezaba a hablar de su nuevo sistema de buses rojos, de sus ciclorutas, de una caída dramática en sus tasas de homicidio y  muerte en las vías, de sus nuevas bibliotecas y parques, de unos mimos ayudando a corregir comportamientos en sus calles, de su maravillosa y original Ciclovía, y hasta más…..por aquel entonces Bogotá era un tema; y sin duda, un buen tema del cuál hablar.

Me acuerdo perfectamente de las pequeñas réplicas de Transmilenio que vendían en la calle y de interactuar de manera cómplice y amable con otros ciudadanos extraños, por medio de las tarjetas verdes y rojas, pidiendo el paso en la vía. Durante esos años, Bogotá le demostró al país el potencial de una descentralización bien administrada y liderada. Sólo después vendría Medellín.

Documental realizado por suecos que muestra la metamorfosis de Bogotá. (Véalo cuando tenga tiempo. Muy recomendado)

En ese tiempo prevaleció un sentimiento generalizado de que la ciudad volaba y que de esa nube nada ni nadie nos bajarían ¿Se acuerdan del 5-0 y del fatídico Mundial de USA 94? Pues pecamos de triunfalistas. Aquella selección también andaba de moda y sin jugar un solo partido, ya el país se sintió dueño de la copa. Cómo estábamos de equivocados y cuán frágil era el piso sobre el que descansaba tanta confianza. En el fútbol y en la ciudad. El futuro demostró ser algo bien distinto; algo brutalmente distinto. El golpe que le vino a Bogotá y que nos cayó encima a sus ciudadanos fue devastador, un total absurdo que además nos cogió por sorpresa. ¿Dónde estábamos todos?: líderes, instituciones, medios de comunicación, universidades, entes de control, ciudadanos. De este tramacazo –carrusel de la contratación y mucho más- aún seguimos sin reponernos, y lo más preocupante es que no se asoman señales reveladoras de que la cosa pronto vaya a cambiar. ¿Alguien las ve? ¿Dónde están?

Similar a aquellas selecciones del pasado, hoy también pareciera que el éxito que vivió Bogotá en aquellos tiempos, hubiese resultado de un par de chispazos y genialidades producto de dos individuos: los alcaldes Mockus y Peñalosa. Es imposible desconocer la trascendencia de sus gobiernos, sobretodo porque lograron lo más difícil: transformaron el imaginario colectivo que pesaba sobre la ciudad y su gente. El uno construyó sobra la obra del otro, y aunque con estilos y personalidades diferentes, en ambos casos el bienestar de los ciudadanos dominó la agenda de la ciudad. Poco a poco, fuimos pasando del pesimismo y el conformismo de siempre, a unos niveles de optimismo y confianza totalmente nuevos para el bogotano. Se despertaba en Bogotá una extraña ilusión y alegría por lo nuestro y por ser parte de lo mismo. Pero lastimosamente es un ciclo que concluyó y ya pasó mucho tiempo. Hoy esperamos por Bogotá como el país esperó por esta selección. El proceso se quedó a medio camino.

Solamente durante los últimos 4 años, desde el 2011, Bogotá ha tenido 6 alcaldes y ya han sido aproximadamente 11 años ininterrumpidos de ver a la ciudad sin rumbo. El liderazgo político no se ha vuelto a ver y salvo algunos chispazos, tampoco han aparecido respuestas colectivas fuertes por parte de su ciudadanía. Hoy la ciudad parece más dividida que nunca, con un alcalde que mucho polemiza, habla y polariza, pero que francamente ha resultado incapaz de avanzar alrededor de unos objetivos claros y una visión unificadora de la ciudad. La ciudad se parece entonces a esa selección que deambuló errática y golpeada en su autoestima sin poder volver por varios años a un mundial. Y así estamos….por ahora.

¿Cómo darle vuelta a la situación?

Lo primero es saber y creer que esto no tiene porqué ser siempre así. Ya Bogotá lo demostró una vez.

Por otro lado, reconocer que el éxito actual de nuestra selección, aprovechándolo como enseñanza, se sostiene sobre todo en un aprendizaje que el país asimiló y usó para tomar cada vez mejores decisiones durante su larga espera. Aprendimos de los errores del pasado, hicimos ajustes en los momentos oportunos y aprovechamos bases y símbolos del fútbol nuestro que ya existían. Se construyó sobre lo ya habido de cara a un único y claro objetivo: clasificar nuevamente a un mundial. Lo que sólo era posible de una manera: partido a partido, un paso a la vez. Entonces, aprender del pasado pero con la urgencia de actuar en el presente. Y entre todas las decisiones acertadas que se tomaron, una determinante: el profesor Pékerman. Argentino amable y medido en sus palabras que se ganó la confianza y el cariño de 47 millones de colombianos, empezando por los jugadores, a punta de trabajo, resultados, su gran ejemplo de humildad,  y un enorme respeto por el sueño compartido.

Al final, la confianza está en el centro de todo y marcó el inicio de todo lo bueno. La confianza en un proceso que se afirmó bajo el liderazgo de muchos, que fue difícil y tomó tiempo. Fueron James, Yepes, Cuadrado y los demás integrantes del equipo pero tan determinante fue Falcao que no pudo estar. El sentimiento de unidad que deja esta selección lo vale todo. El espectáculo de ver a la ciudad vestida de amarillo los días que jugó la selección es difícil de igualar. Así tendría que ser siempre. Tengo la esperanza de que Bogotá se vuelva a levantar. Ahora bien, no me cabe duda de que esto empieza por encontrar esas causas que nos unen y entender que sólo construyendo confianza rearmaremos este proyecto y sueño colectivo llamado ciudad. El reto es de todos y se construye todos los días.


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Votar a favor de algo (Mockus fue el comodín)

Coincido con quienes celebran la alianza que sellaron Gina Parody y Antanas Mockus, porque representa la mejor oportunidad de dinamizar una elección hasta el momento sosa y tendiente a la polarización.

Parecíamos destinados a la polarización

Parecíamos destinados a la polarización

 Todo parecía destinado a lo siguiente; 2 punteros con grandes diferencias y hasta animadversión personal mutua –uno de izquierda, el otro amangualado con el uribismo-, y detrás, un lote de candidatos (11), algunos excelentes, pero que difícilmente lograban demarcarse en las encuestas y diferenciarse los unos de los otros.

 Hay que ver si la llave Parody-Mockus repunta en la recta final de la elección. De ser así, ganarían la ciudadanía, el ejercicio ciudadano de votar, y por supuesto, la ciudad. Gane quien gane la elección.

 ¿Qué le ofrece la carta Parody-Mockus a la elección? 5 razones de peso para verlo así:

Alianza Parody-Mockus

Alianza Parody-Mockus

 1. Freno a la polarización. No hay 2 opciones opuestas, hay 3 diferentes. Lo primero y más importante, es que frena la inercia de un ambiente electoral que tendía marcadamente hacia la polarización, y que de haberse continuado, habría reducido la decisión de muchos electores a un voto “en contra de”. ¡Qué pereza! Punto. Me incluyo entre estos. Cuando parecía que ya muchos aceptábamos esta inercia. (Petro vs Peñalosa: Revista Dinero)

 2. Aleja la posibilidad de una intensa guerra sucia entre 2 punteros. Sin una carta fuerte reclamando el centro del tablero, sin un tercer jugador fuerte, el fantasma de la guerra sucia, asomaba sus narices (Alcaldía de Bogotá: ¿comienza la guerra sucia?).

¿Y eso que quiere decir? En pocas palabras, publicidad negativa y engañosa, buscando la emotividad del votante, de lado y lado, y mientras tanto, el debate de las ideas asfixiado. Definitivamente el voto en contra de, simplista y maniqueo no le conviene a la ciudad, y la aparición de ese tercero fuerte, ayuda a desarmar el juego.

 3. Menos emoción y más reflexión. Más equilibrio y balance para el debate. El talante técnico e independiente de la alianza, favorece la recuperación de una discusión más profunda y responsable de los temas. Mockus ha señalado la levedad con la que el candidato Petro ha planteado algunas de sus propuestas. Pero al mismo tiempo, todos sabemos de la distancia que hoy existe entre él y su excopartidario. La alianza Parody-Mockus se forjó alrededor de fuertes afinidades sobre principios fundamentales; y eso da credibilidad.

 Es una llave que le apuesta radicalmente a la conquista del voto de opinión.

 4. El discurso sobre Ciudadanía y Cultura Ciudadana entra a jugar con fuerza. Cómo hacia de falta ¿No creen? Insólitamente, en medio de la grave crisis por la que atraviesa la ciudad, que pasa también por una profunda crisis de su ciudadanía, el discurso de la cultura ciudadana venía pasando de agache. Imposible de entender. Hasta que aparece finalmente una candidatura que le señala al ciudadano, la importancia de su rol y compromiso, para que la ciudad mejore en todos sus frentes. “Todos ponen, todos toman” y la idea de “la autorregulación”.

 Previamente, la campaña parecía una feria de mercado donde todo se reducía a un YO, YO, YO por parte de los candidatos. Una dinámica inflacionaria de propuestas, donde todos prometían hacerlo todo, y por supuesto, mejor que el otro, con el ciudadano como un mero espectador.

 Mockus y su cultura ciudadana. Un  discurso que no pierde vigenciaEs este discurso, con sus mensajes a la ciudadanía, lo que a mi modo de ver, le da el tan necesitado empujón a la candidatura de Parody. La filigrana con la que ensamblan el programa de la candidata con la esencia del exalcalde es sorprendente. Sin esto,  difícilmente  la candidata  hubiera logrado desmarcarse de Galán y Luna.

Pero además, también le valió para fortalecer sus propuestas de educación y lucha contra la corrupción, pues nadie cómo Mockus ha logrado posicionar estos temas en los debates de la sociedad capitalina, y si se quiere, del país. Parody-Mockus: 14 Puntos Programáticos

 El acompañamiento de Mockus, tal y como lo vienen haciendo, ratificando que es un proyecto de equipo, será fundamental para terminar de asegurar que los votos del exalcalde lleguen a la candidata.

 5. La carta de la juventud y la renovación política se fortalecen. Al treparse entre los punteros, Parody tiene la oportunidad, ahora sí, de reivindicar su juventud como rasgo diferenciador ante sus rivales directos (Petro y Peñalosa). Pero rezagada, en 4to lugar, compitiendo cabeza a cabeza con Galán y Luna, no era fácil jugar dicha carta. Por lo menos no tan efectivamente. 

Y lo anterior, en un momento donde para muchos electores, darle paso a las nuevas generaciones, teniendo 3 muy buenos candidatos en sus 30’s, parecía ser una opción nada despreciable. Pero para eso, la opción debía tener verdaderas posibilidades.

Pero hay algo mejor. La fórmula Parody-Mockus combina la juventud de la candidata con la experiencia del exalcalde. Algo sin duda importante y que le viene muy bien a Parody, en medio de la crisis administrativa que vive la ciudad. Entre el lote de candidatos, sólo Mockus podría certificar experiencia y capacidades comparables a las de Peñalosa, pensando en el manejo de la ciudad. Petro por ejemplo, no tiene ninguna. 

 Finalmente, la alianza también puede interpretarse como un acto de generosidad y confianza de Mockus hacia las nuevas generaciones. Y en general. ¿No cree? Lo invito entonces a que se pregunte lo siguiente: ¿Cuántos candidatos –de Colombia o de donde se quiera- habrían declinado su candidatura teniendo legítimas posibilidades de ganar (Mockus iba 3ero entre 11), y más, para apoyar a alguien que pierde frente a él en las encuestas? Y por supuesto, hacia las mujeres. 

 Conclusión: El desgaste de Mockus tras su candidatura presidencial y su salida del Partido Verde era notorio. Y sin embargo, irrumpió en la elección llevándose un 14% de la intención de voto, ubicándose tercero. Si nada, ello tenía que sugerir que sus ideas y menos él como candidato, seguían más vigentes que nunca. Y parece que así lo entendió. 

Pasada una semana todo indica que a Gina le funcionó la alianza. Fue una voltereta llena de imaginación y cargada de mensajes positivos. Había que sacudir el tablero, y Gina y Mockus lo hicieron con gran elegancia. 

 Se abrió la elección, lo cual es positivo para el debate. Ahora nos corresponde a los ciudadanos tomar la mejor decisión.