Ni por el que dijo Uribe, Ni por Petro, Mi voto será en Blanco

Uribe y SantosSon idénticos pero al revés. Para unos, si no se es Uribista y no se repite fanáticamente todo lo que dice el exmandatario y se le absuelven todos sus excesos cuando gobernó Colombia, se es guerrillero, izquierdoso, petrista, santista, traidor a la patria, comunista, en fin. Para los otros, si no se es Petrista y no se repite fanáticamente todo lo que dice el exalcalde y se le toleran todos sus excesos, errores, inconsistencias mientras gobernó Bogotá, se es uribista, santista, rico, contratista corrupto, practicante de la política del odio, reaccionario, burgués, y así.

El único juego que este par de políticos saben jugar y juegan se llama polarización. Un juego que busca sistemáticamente la confrontación. Pero una confrontación maniquea que parte siempre de marcar dos bandos. Unos son buenos y los otros, malos. Que por supuesto los buenos siempre serán los míos. Siempre. Es un juego supremamente básico de entender, pero que así como es de elemental, es peligroso y nocivo, pues consiste en simplificar y amañar de manera sesgada la realidad, planteándolo todo en términos de opuestos que se anulan; blanco y negro, todo o nada, ellos o nosotros, buenos o malos, izquierda y derecha. A lo barra brava.

Y sabemos que la realidad es mucho más compleja que eso.

Petro vs Uribe

La estrategia la centran en dividir y confrontar. Su identidad política se forja y madura en contraposición a otro o a algo. Se crecen cuando la oposición se radicaliza. Buscan intencionalmente que la oposición se radicalice. Son mediáticos, twitteros y les gustan las palabras fuertes. Necesitan estar en el centro de todo. La noticia los busca y ellos a ella. Desnudan la ausencia de instituciones fuertes, al tiempo que debilitan la institucionalidad. Ellos son las instituciones. Ellos son los dueños de la verdad. ¿Cómo Chávez? Así. Idéntico. Al final, más que proyectos de sociedad, o de país, persiguen es proyectos de poder. No logran escapar a esta dinámica. Son hijos de ella.

Por eso Petro salía con eso de la política del amor durante su alcaldía. “La mía es la política del amor” le gustaba decir. ¿Para qué? Para luego decirle a quien le criticara, así lo heciera con parcialidad, con argumentos y evidencia, que se motivaban y eran producto del odio. Lo mismo pasa con el expresidente. No hay reparo que valga. Todo es personal y detrás de todo, siempre ronda una conspiración. No pierden una.

¿Capacidad de autocrítica? Ninguna. ¿Soberbia? Toda.

En general, más que a la sensatez y a la moderación, o a la discusión, apelan a la emotividad. A los apasionamientos. A los fuertes discursos; ¨Es la Guerra o la Paz¨, ¨El Castrochavismo viene por Colombia¨ y así.  

Por desgracia es un juego en el que la sociedad, los medios, la gente, los funcionarios, la política, caemos fácilmente. Les hacemos el juego. Nos afiliamos a los bandos. La superficialidad de los medios es su cómplice. La apatía y la desorganización de la sociedad, también. El oportunismo político, lo mismo. Nos hace fácilmente manipulables. Y entonces, son ellos quienes nos dictan el lenguaje y nos imponen los temas y el tono de la discusión.

Mi voto será en blanco

A través del voto en blanco se puede enviar un mensaje muy fuerte para el que vaya a ganar (Uribistas o Petristas) de que el país no le pertenece a los extremos. Un mensaje que les marque la necesidad de moderarse y moverse hacia el centro. De ser cuidadosos y respetuosos con la institucionalidad y de tomarse en serio la lucha contra la corrupción, porque si no lo hacen, en 4 años pueden estar diciéndole adiós a cualquier posibilidad de mantenerse en el poder.

Se perdió una gran oportunidad de desactivar con el paso de Fajardo a la 2ª vuelta el tóxico ambiente político que alientan Uribe y Petro. Perdimos la oportunidad de restarle protagonismo y centralidad a Uribe en la política del país. Ambos, Petro y Uribe, lograron llevar al país al escenario que siempre les ha resultado más rentable, el de los extremos; en el que ganan ellos, pero perdemos todos.

Espero entonces, que tengamos un gran bloque de voto en blanco que condicione y contenga a los extremos en estos próximos 4 años.

Nunca antes le había visto tanta utilidad al voto en blanco.

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