Archivo mensual: octubre 2013

Cebras por la Vida volvió a jugar

Intervención #2 – Colegio La Palestina, Cll 80 con Cr 76, Engativá

En julio de este año, un compañero de este grupo de jóvenes quedó en coma tras ser impactado por un articulado de Transmilenio a las afueras del Colegio.

Estamos muy agradecidos con este grupo de jóvenes del Colegio La Palestina. Todos trabajamos en equipo. Lo hicieron con la seriedad de niños jugando. Como debe ser. Lo hicieron ver muy fácil. Esperamos haberles dejado una buena reflexión sobre el problema del peatón en la ciudad y que lo hayan disfrutado tanto como nosotros. Contamos con ellos para que el mensaje le llegue a muchos más.

Santiago Martín, un estudiante que participó en la actividad, dijo lo siguiente: “utilizando el arte para hacer llamativa a la cebra, se le da importancia al peatón, uno de los actores más importantes en la movilidad”. (Obtenido de nota de ADN)

Esto es una expresión ciudadana. Quizá, con colores, las señales de tránsito dejen de ser invisibles.

Esto sucedió el viernes 25 de octubre de 2013.

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Bogotá: Ciudad insensata, cortoplacista y miope. Tragedias Anunciadas

Foto de @CamiloMontoyaYe:

Foto de @CamiloMontoyaYe:”Así amaneció la alcantarilla por donde cayó la niña de 2 años en el centro de Bogotá “

No encuentro otros términos para definir a Bogotá. Semana tras semana, la inverosimilitud de las noticias que produce la ciudad, malas noticias, así nos lo confirma.

Hechos como la muerte reciente de Michel Dayana, una niña de 2 años, que muere al caer en una alcantarilla abierta en el centro de la ciudad –Av Jiménez con Cr 9- , no deja dudas. Dramas similares, absurdos, que rayan con la ficción, me atrevo a decir, suceden una y otra vez en Bogotá, no porque estemos locos o vivamos en Macondo, pero porque detrás de todas estas tragedias, advertidas, tenemos un gobierno que ha sido incapaz, ya por muchos años, de funcionar y cumplir con sus mínimos. El decaimiento del aparato estatal del Distrito, de su institucionalidad responsable de gerenciar la ciudad, de mantenerla, repararla y hacerla funcionar adecuadamente para sus ciudadanos, ha alcanzado unos niveles trágicos ¡Una niña de 2 años se fue por una alcantarilla que duró días, probablemente semanas, sin ser tapada! ¿Cuánto irá a durar la indignación? ¿La calentura en los medios? Pero lo más importante: ¿Qué resultará de esta indignación? ¿Valdrá de algo la muerte de Michel Dayana?  ¿Se logrará algo sustancial en términos de darle solución al problema? ¿Nos propondremos buscar las soluciones de fondo?

¿Las exigiremos?

O por el contrario. La tragedia se repetirá en el futuro, la noticia será la misma pero con otro nombre, será otro el niño o la niña, en otra fecha; como borregos nos haremos las mismas preguntas, nos calentaremos, nos indignaremos fogosamente, para al final, obtener las mismas respuestas inocuas y vacías de siempre que nos dan el gobierno de la ciudad y sus funcionarios. Entretanto, afuera, en las calles, todo igual.

Es fundamental que ante estas crisis, que frente a estas tragedias urbanas y humanas, dejemos de mirar miopemente, buscando el chivo expiatorio para la noticia caliente, como por ejemplo, señalar al ladrón de la alcantarilla. Que lo hay, lo hay. No obstante, una tragedia como esta, creería uno, merece por parte de todos –gobierno, medios y sociedad- que hagamos otras preguntas mucho más estructurales y de fondo. Y el gobierno, quien se las haga en primer lugar. Mirar hacia adentro, empezar por reconocer las fallas. Sus fallas. Percatarse del deplorable estado en el que se encuentra la ciudad y cuánto de eso se debe a su no gerencia. Hacer una profunda autocrítica.

Por lo tanto, la principal pregunta que debe responderse es la siguiente:

¿Cómo encara hoy el gobierno de la ciudad su cuota de responsabilidad  por esta tragedia que sucede bajo su administración, que pudo evitarse, de haber estado tapada la alcantarilla? Y a continuación: ¿Cómo responderá en términos de su gestión y qué acciones concretas tomará frente al contexto que la ocasionó? ¿Aprovechará la crisis, para  plantearse actuar bajo un sistema moderno de gerencia de la ciudad y de su espacio público que atienda las miles de situaciones de idéntico corte que a diario padecemos los bogotanos?

Porque si bien estamos hablando de una situación puntual, la muerte de  Michel Dayana, la alcantarilla es solo un ejemplo que perfectamente se extiende a una infinidad de otras situaciones que nos encontramos en las calles, “pequeños detalles” que merecen y es obligación del gobierno de la ciudad reparar y prever, pero que quedan ahí, agravándose, huérfanos, mientras se afianzan las posibilidades de que ocurra la próxima tragedia.

El problema es evidente con la infraestructura de la ciudad, pero igualmente con todo lo que atañe el ejercicio de la autoridad y el control sobre lo que ocurre en su espacio público; atracos, robos de alcantarillas, ventas ambulantes sin ningún orden, carteles, pasa calles, riñas, tipos orinando, buses volándose semáforos en rojo, carros estacionados sobre los andenes, motos transitando sobre estos, taxis apoderados de la vía, etc., etc. Todo pasa impune.

Finalmente. El debilitamiento de la institucionalidad de la ciudad, de su capacidad de gerenciarse, no es responsabilidad exclusiva del gobierno actual. Pero eso es consuelo. Lo importante es entender que su momento es hoy, que su responsabilidad está aquí y ahora. ¿La asumirá? ¿Lo exigiremos los ciudadanos?

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Algunas preguntas que deben responderse:

  • ¿Qué medidas se tomarán inmediatamente y cuáles se van a preparar en el mediano y largo plazo para evitar que este tipo de tragedias se repitan a futuro?
  • ¿Cómo propone el gobierno de la ciudad enfrentar el robo de estas alcantarillas? Detrás de esto hay un negocio, hay una mafia. (1400 alcantarillas robadas en Bogotá en el transcurso del año, 5 diarias)
  • ¿Cómo corresponderá el gobierno su obligación de reparar con mayor celeridad estos riesgos?
  • ¿De qué manera responderá con mayor agilidad y asertividad a las alertas que le dirige la ciudadanía para que atienda estas situaciones de riesgo?
  • ¿Cómo en vista de cientos y miles de situaciones que presentan riesgo en la ciudad, por lo menos se buscan mecanismos  temporales que alerten sobre su presencia?

Pequeño ajuste, gran beneficio. El taxista creativo

El trancón por el PEZ-Artista Urbano

Trancón bogotano por el PEZ-Artista Urbano

¿Cómo un taxista innovó alrededor de sus horas de trabajo, mejorando significativamente varios aspectos de su vida? ¿Cómo aprovechó el caos de la movilidad de la ciudad, visualizó un sistema bloqueado, y modificando su rutina, su comportamiento, mejoró significativamente su calidad de vida, al tiempo que generó un beneficio colectivo para la ciudad?

Los taxistas son una fuente privilegiada de información sobre la ciudad. Desde hace ya un par de años, interesado en sondear la ciudad, no desperdicio oportunidad para conversar con ellos. Algo siempre se aprende. Se da uno una idea de lo que está pensando la gente, de cómo estamos sintiendo la ciudad. No sólo son excelentes conversadores, sino que además son conversadores informados. Consumen enormes cantidades de radio, cada cual con sus preferencias, pero por las tardes, me atrevería a decir que La Luciérnaga está prácticamente asegurada ¡Pa desestresarse dicen! Imagínese que no. Pero además, por lo general recogen los periódicos gratuitos (ADN y Publímetro) en las mañanas, cuentan con el voz a voz del radioteléfono, y lo más importante, son testigos presenciales del acontecer urbano. Los manes andan enchufados. Por eso me gusta preguntarles por esto y lo otro: ¿Qué opinan sobre los grafitis de la 26? ¿Sobre la aplicación para celulares TAPPSI? ¿Cómo vivieron los paros? ¿Cómo vieron lo de las basuras? ¿Qué pasó en la ciudad y cómo se comportaron las vías? ¿Qué opinan de nuestro alcalde? Lo que hay es tema.

En fin, pues llegando hace un par de días de viaje, en el camino entre el aeropuerto y mi casa, la pregunta que le hice al taxista fue puntualmente sobre las nuevas medidas del Pico y Placa. ¿Usted sabe eso cómo es que va a funcionar? Algo discutimos sobre la medida, sin embargo, de repente, en medio de los argumentos que iban y venían, me contó algo asombroso que me llamó la atención y alrededor de lo cual, centraríamos la conversación hasta llegar a mi casa.

Era la primera vez que lo oía de un taxista y se resume en lo siguiente:

En medio del apocalíptico tráfico capitalino, medio en el cuál un taxista se gana la vida, el tipo se atrevió a pensar y a actuar diferente a los demás. Buscó la manera de competir de una manera muy distinta, casi que opuesto a como lo hace la manada. Fue necesario un poco de análisis y también diría que de cabeza fría y reposada.  De un cambio de lentes para ver las oportunidades  que hay detrás de cualquier crisis, en su caso, el caos de Bogotá. Prefirió no jalarle más a esa infructuosa y salvaje guerra del centavo que se libra en las calles capitalinas. ¡Pensó en su calidad de vida! ¿Qué hizo? Muy sencillo. Dejó así con el trancón que se desata de lunes a viernes entre 4 pm y 8 pm. Eso es todo. Innovó alrededor de sus horas de trabajo.

Me lo dijo así: “Ya no le jalo más al trancón de por las tardes. Decidí que a las 4 pm me voy para mi casa. Llego, me doy una siesta entre las 5 y las 6, paso tiempo con mis hijos, ceno con la familia y regreso a trabajar entre las 7:30pm-8:00 pm y hasta la medianoche. Antes trabajaba de corrido hasta las 11 pm. Ahora me hago entre 25 y 30 mil pesos más diarios, trabajando más tranquilo, sin estar metido en el trancón (Se gana el recargo nocturno y hace más carreras).”

¿A cambio de qué el trancón? Mejor economía, tiempo con la familia, ver crecer a sus hijos, una buena comidita casera como a todos nos gusta, levantarse al día siguiente más descansado, con el ánimo renovado, disfrutar de su tiempo en el trabajo, etc., etc., etc. No tiene precio. ¿Para qué competir por el margen? Y para encimar, hay un carro menos en las trancadas y endemoniadas calles de la ciudad. Me pareció un ejemplo contundente de creatividad, innovación y aplicación del sentido común ¿Qué tal que todos pensáramos y actuáramos un poco más como él? ¿Qué tal devolverle al sentido común el lugar que se merece en la toma de nuestras decisiones? Optar por sencillo y aplicable. ¿Cuántos problemas de nuestra movilidad capitalina podríamos resolver así? ¿Y en general de la ciudad? ¿De nuestra propia cotidianidad?

Las buenas historias de la ciudad se encuentran en las calles, en sus detalles, cosas maravillosas que no se evidencian y que pasamos por alto. ¿Cuántas soluciones sencillas, baratas y de rápida aplicación para resolver miles de problemas de la ciudad pasamos por alto?