Archivo diario: marzo 15, 2011

Unidos por una sola causa: Bogotá

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Vamos  a ver cómo respondemos los bogotanos a la convocatoria de concentración del próximo 23 de marzo en La Plaza de Bolívar y en la Avenida 7ª con calle 72 para expresar nuestra indignación y hastío con el estado actual de Bogotá. 

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Corridos 3 años de la administración del Alcalde Samuel Moreno, y a falta de toda una eternidad para su fin (292 días-31 de diciembre), a los bogotanos se les llenó la copa con la situación actual de la ciudad; sencillamente están mamados de ver cómo su calidad de vida se ve maltratada con cada día que pasa.

Atracos, huecos, trancones, intolerancia, irrespeto, ¿cuál cultura ciudadana?, un cuerpo de policía del que la ciudadanía desconfía, obras de nunca terminar,  escándalos de corrupción, Contralor Distrital destituido, un Alcalde ridiculizado, cuestionado y ausente, partidos que desde el concejo cogobiernan para ser parte del botín pero no de la culpa –y hoy juegan a ser oposición– , en fin, el coctel es explosivo y la lista podría continuar.
 Resulta imposible intentar ignorar, desconocer o evadir el caos de la ciudad. A este ritmo de deterioro, de no invertirse la tendencia muy rápidamente,  corremos el riesgo de perder de vista la posibilidad de vernos viviendo en una ciudad más humana, cálida, segura e incluyente. Tomó tiempo, pero como lo demuestra el artículo de la semana pasada del prestigioso semanario The Economist titulado El Auge y La Caída de Bogotá, internacionalmente ya comienzan a tomar conciencia del deplorable estado actual de la ciudad.

Comienza Bogotá a dejar de ser ese referente internacional afamado como modelo exitoso de desarrollo urbano, para convertirse más bien en una lección mundial de cómo una ciudad que avanzó positivamente por un período de escasos 10 años, cantó victoria prematuramente,  se pavoneó como reina de belleza por el mundo alardeando de sus logros, bajó la guardia, desaceleró, perdió el rumbo, y de repente entró en una espiral de retroceso que la tiene al borde del colapso. Bogotá no puede seguir viviendo de sus viejas glorias. Sigue leyendo