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¿Tranvía por la Carrera Séptima?

Debo confesarles que hace  par de semanas atrás, salí bastante intranquilo de una sesión de la veeduría Bogotá Cómo Vamos que trató sobre posibles soluciones para el corredor de la Carrera Séptima y el proyecto del Tranvía (¿Metro Ligero?) que propone la actual administración. Algo quedaba claro en dicho espacio: hoy, a pesar de que el Tranvía ya se anuncia como una decisión tomada por Petro y sus funcionarios, lo verdaderamente notorio, es que el Gobierno avanza en el proyecto, sin contar a la fecha con una defensa técnica y conceptual lo suficientemente sólida de la propuesta. Algo, que por tratarse del principal eje estratégico de la ciudad y de un proyecto de billones de pesos, francamente no se puede entender.

¿Saben cómo transcurrió el foro? Uno tras otro, fueron pasando cada uno de los expertos ilustrando sus conceptos y opiniones sobre el Tranvía, que por cierto, ninguna resultó muy favorable a la idea del Señor Alcalde. Hicieron exposiciones estructuradas y bien presentadas. Parecían objetivas; técnicas. Incluyeron cifras, hablaron de presupuesto, se refirieron a características urbanísticas de la vía,  ampliaron sobre asuntos de capacidad y demanda, dieron ejemplos de otras ciudades del mundo, en fin. Presentaciones de académicos (Juan Pablo Bocarejo, Álvaro Rodríguez y Eduardo Behrentz de la Universidad de los Andes, José Stalin  Rojas de la Universidad Nacional). Muy buenas presentaciones.

Ahora, lo realmente curioso y desconcertante, es que en ningún momento, estando presentes la Gerente Encargada de Transmilenio y la Directora del IDU, aparecieron los argumentos a favor del proyecto oficial del Tranvía. Ese día, nadie por parte de la administración defendería el proyecto. Estaba la concejal Angélica Lozano, Progresista, probablemente con ganas de ayudarle al gobierno, pero muy rápidamente entendimos que no tenía como. Eso sí, aprovecharía el uso de la palabra, para implorarle a la administración por la información del proyecto: “Necesitamos los estudios, necesitamos los proyectos, YA“. ¡Algo no está bien! Sigue leyendo

Hacer de Bogotá una fiesta

Pensar en las personas primero; siempre

Pensar en las personas primero; siempre

Bogotá no encuentra el camino. Los ciudadanos esperábamos que con el cambio de administración, algo positivo sucediera. Necesitábamos creer en la posibilidad del cambio. La ciudad la habían saqueado y entre todos veíamos cómo se caía a pedazos (aún se ve cayendo). El sueño duró lo que demoró la campaña. Eso se han vuelto las campañas; días de soñar; soñar ilusamente.

 El ánimo de la ciudadanía nada que levanta. Y no la culpo. Las calles, la vida y las sensaciones, afuera en la ciudad, siguen sin mejorar. ¡Qué desaliento esta opinión! ¡Qué desespero esta nube de emociones negativas! Quisiera blindarme de éstas, pero a veces, sencillamente, no lo puedo evitar.

 Como muchos, creo y he sostenido que los ciudadanos debemos esforzarnos por ver y relacionarnos con la ciudad con otros y nuevos ojos. Hay que hacerlo. Lo peor que puede pasarle a Bogotá es que nos gane la frustración. Escoger aislarnos de la realidad y resignarnos a buscar refugio en nosotros mismos; dentro de nuestras casas o conjuntos cerrados, atascados dentro de nuestros carros, en gimnasios y centros comerciales, en fin, en espacios cerrados, “protegidos”.

 Pero lo cierto es que venimos privatizando la búsqueda de nuestra calidad de vida. ¿Es eso lo que queremos? ¿Huirle a lo que es verdaderamente de todos? ¿Renunciar a la ciudad? No podemos siquiera considerar esa opción. ¡Opción descartada!

 “Una buena ciudad es como una buena fiesta, uno se queda mucho más tiempo del planeado”, asegura Jan Gehl.

 Además, creo que todos intuimos que lo que tenemos afuera en nuestras calles podría y debería ser radicalmente mejor. Incluso, con mucho menos de lo que políticos charlatanes nos dicen. Creo en el poder de las pequeñas acciones. Hoy, más que un metro o el tranvía, a los ciudadanos les animaría ser testigos de un mejoramiento acumulativo y consistente de su ciudad. Que el liderazgo se evidencie ahí. En los pequeños detalles que a diario tocan el ánimo del ciudadano. Más acupuntura urbana (Ver Jaime Lerner).

 Sí, que llegue el metro algún día, pero que mientras tanto la ciudad funcione, progrese y nos haga orgullosos. La percepción del ciudadano no se puede trivializar. No se puede tomar por poco.

Cuestión de recursos no es. Tampoco de si es Tranvía, Transmilenio o Metro, mucho menos de si se es de derecha o izquierda. Es cuestión de liderazgo. Es cuestión de prioridades. Es cuestión de pensar obsesivamente en cómo mejorarles la calidad de vida a las personas. Punto. Todos los días.  Y, para eso, sí o sí, tenemos que nunca dejar de soñar.

 *Germán Sarmiento

Publicado el Sábado 6 de Octubre en El Espectador: Opinión Sección Bogotá-Hacer de Bogotá una fiesta

Vea cómo se encuentra el ánimo y la percepción de los bogotanos sobre distintos aspectos de la vida en la ciudad: Encuesta de Percepción Ciudadana Bogotá Cómo Vamos 2012

Transmilenio y Bogotá: Víctimas de una cultura política

La destrucción de Transmilenio no es de estos días.

Destruyen Transmilenio 9M 2012

Destruyen Transmilenio 9M 2012- William Fernando Martínez/AP

Sus orígenes los encontramos varios años atrás, y la principal responsable de su debacle, sostengo yo, tiene que ser la inmadurez política de nuestro entorno. En ello cabe responsabilidad a muchos: ex alcaldes (exitosos y atroces), medios de comunicación y opinadores,  partidos políticos, y por supuesto que también a los ciudadanos. A todos. Esto último es vital reconocerlo.

¿Por qué? Pues por no hacerlo, y por culpa de esta bendita manía colectiva que nos gobierna de buscar siempre señalar primero culpables, al tiempo, que esperamos vengan “otros” o “alguien” a arreglarnos el problema, y de paso, a decidir por nosotros, es que esto (Bogotá) está como está. Asimismo, por la ridiculez de todos acá de pelearse por su pequeña parcela, por defender minifeudos, todos creyéndose el protagonista de la película, cuando a la hora de la verdad se están auto-derrotando; y todos mientras tanto, perdiendo acá abajo. Sucede a nivel de la política de la ciudad y sus protagonistas, Transmilenio es una clara víctima de esto, pero igualmente se observa a nivel de las interacciones entre sus ciudadanos. Es una cultura que además de egolatría y personalismo, implica cortoplacismo, y una marcada ausencia de empatía colectiva.

Réplica miniatura de Transmilenio

Réplica miniatura de Transmilenio

Todos tiramos para nuestro lado, sintiendo que el avance y las victorias de los demás, son nuestras derrotas. O viceversa, sentimos que ganamos, sólo si el otro pierde; nunca cuando gana. De esta manera……. no sólo NO peleamos por lo significativo, sino que en el camino enterramos nuestros avances colectivos. Los más importantes, sin duda, ya que transforman físicamente ciudades, pero además los corazones de su gente y sus expectativas del futuro.  Y eso lo logró TM. Sigue leyendo

Soluciones a problemas urbanos: Creatividad para una MEJOR BOGOTÁ


Jaime Garzon: Generador de conciecia a traves del humor=creatividad

“No podemos resolver los problemas con el mismo modo de pensar que usamos en el momento en que los originamos.” Albert Einstein

Las propuestas de soluciones para enfrentar  los problemas urbanos de Bogotá deben contener altas dosis de creatividad. No podemos ni es justo seguir con más de lo mismo. Si realmente queremos innovar y aprovechar el gran potencial que tiene nuestra ciudad, es hora de pensar y plantear alternativas por fuera de la lógica tradicional. No siempre puede tratarse de invertir grandes presupuestos en vías, metros, trenes, estudios de metros, concesiones, o de reprimir, restringir y limitar. ¡No! La clave está en ver un poco más allá. Hay evidencia concreta en Bogotá, como los mimos de Mockus y la ciclovía por ejemplo, de la posibilidad de generar altos retornos sociales a partir de ideas originales, sencillas, de bajo costo, impecablemente ejecutadas. ¡Eso sí es creatividad!… y se constituye generalmente en el principal vehículo (para utilizar un término pertinente) hacia una mejor ciudad.

Pero poniendo atención a la retórica del alcalde Moreno, de sus funcionarios, y de manera preocupante, de algunos de los candidatos que aspiran a sucederlo, vemos precisamente cómo la situación de la movilidad la han reducido a un asunto entre requerir más vías – y por ello obras –  y restringir la circulación del número de carros; por eso el Pico y Placa.  Sigue leyendo