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Ciudades excluyentes, ciudades en deuda

¿Dónde está la discapacidad? No está en la persona. Está en el entorno.

Queremos una ciudad donde caminar sea seguro para nuestros adultos mayores

Estaba en mora de escribir sobre este tema, porque a pesar de haber reflexionado mucho al respecto, pensando en la tragedia que son nuestras ciudades para las personas con discapacidad y nuestros adultos mayores, siempre con la intención de plantear y visibilizar el problema, hasta ahora me decido a hacerlo. Ha sido de pronto el miedo a defraudar o herir susceptibilidades. ¿Cómo referirme a estas personas? (Discapacitadas, en condición de discapacidad, personas con condiciones especiales, personas especiales, sencillamente distintas, etc.) Este es un punto que siempre aparece en la discusión. ¡Siempre! Pues nada, es un tema duro, sensible, del que poco conocemos y donde unos saben más que otros. Pero no importa, el punto es que hay que hablar del problema y planteárselo a la sociedad. Lo más grave definitivamente sí sería no tratarlo o seguirlo abordando tímidamente, o continuar atendiéndolo principalmente desde el plano discursivo y normativo. Vale la pena preguntarnos: ¿Cómo es posible que en un país como Colombia cuya guerra ha mutilado a miles de nuestros soldados y cobrado la vida de tantas personas, el problema pase de agache? ¡Hay demasiada tinta muerta sobre el tema! Para la muestra nuestras ciudades. Ahí está Bogotá.

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 Resulta inaplazable hablar de esto, tratar de entenderlo y sobre todo que la sociedad reconozca que es un asunto de todos. Que tarde o temprano, de una u otra manera, todos le veremos la cara al problema, si no es que ya está ahí.  ¿O es que el tiempo no pasa y no nos haremos viejos? ¿O es que alguien está exento de sufrir un accidente o de enfermarse, o que algo pueda sucederle a algún familiar o amigo? ¿Se ha puesto a pensar en la experiencia de unos padres llevando a sus niños en coche por la ciudad? ¿O en la experiencia de una persona en silla de ruedas intentando cruzar una avenida, o algo en principio más sencillo aunque no lo sea, como bajar las rampas de los andenes de esta ciudad? ¿Cómo hará un invidente para coger un bus en Bogotá? ¿Cómo queremos que nuestros padres enfrenten la vejez? Una posibilidad es aislados y dependientes en medio de un entorno urbano hostil, o por el contrario, activos, autónomos, productivos y felices si la ciudad y la sociedad se los permite. ¿Usted cómo quisiera enfrentarla?

A veces, olvidamos que la vida es una lotería o que el tiempo nos alcanza a todos por igual. A veces, olvidamos que este lugar lo compartimos con muchas otras personas, todas distintas las unas de las otras, y que nada lo tenemos totalmente asegurado.

Un problema de enormes proporciones….

Colombia es un país cuya población envejece rápidamente, que proyecta para el 2020  una población de personas mayores de 60 años de aproximadamente 6.5 millones  y donde se estima que un 6.9% (2.9 millones de personas) de su población se encuentra en condición de discapacidad. Ahora pensemos, ¿Cuánto le cuesta en términos económicos ($) y sociales al país y a sus ciudades NO atender las necesidades de este grupo poblacional? ¿Cuánto nos cuesta seguir postergando el diseño de ciudades verdaderamente incluyentes en su diseño y comportamiento cultural?

 Este es un tema que tratado con seriedad traería enormes beneficios para todos; económicos, sociales, políticos, por dónde se le mire. Con respecto a la configuración de nuestras ciudades, estaríamos hablando de entornos urbanos amables, democráticos, solidarios, seguros para todos, sostenibles, integrados económica y socialmente, con buenos espacios públicos y transporte público digno, con gobiernos responsables y garantes de lo público y del interés colectivo, en fin, estaríamos hablando de ciudades realmente humanas. La discapacidad es un tema que puesto sobre el mapa nos ayuda a recuperar la perspectiva sobre lo importante; si es que alguna vez la hemos tenido.

 Finalmente. Siento decirlo, pero hoy el rótulo de Bogotá Humana no es más que un slogan político. Lo dice la experiencia de la ciudad. Es contundente.

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 ¿Cuán mal estamos en la materia?

 Gustavo Martínez, experto en movilidad y planeación urbana que desde hace 21 años se mueve en silla de ruedas, me comentaba el otro día algo muy grave sobre el nuevo plazo de otros 10 años que la Corte Constitucional está otorgando para que el servicio de transporte público adecue estándares de accesibilidad para todos:  

 “Si revisas el artículo 14 del Decreto 1660/03,  el cual Transmilenio es el único que ha cumplido parcialmente (eso por estar demandado) y lo comparas con el artículo 14.2 de la Ley 1618/13, observarás que tienen 10 años a partir de la fecha para habilitar la flota automotora al 80% accesible ¡Que Tal!!!!  ¿Entonces para qué tanta Jurisprudencia? Creo que nos vamos a demorar un buen rato para tener una ciudad con igualdad de oportunidades para sus ciudadanos.” 

¿Cómo hacemos para que cada quién desde donde puede y le corresponde tome acción concreta sobre el asunto?

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Mi primo Pablo que tiene una discapacidad motriz severa fue el primero en despertar mi curiosidad y sensibilidad por el tema. Sin embargo, en el último mes, alrededor de mi interés en los temas de ciudad y la tragedia del peatón en Bogotá (296 muertos en 2012), y el desarrollo del proyecto Cebras por la Vida que busca dignificar el lugar de quienes caminamos la ciudad, he tenido la suerte de conocer a otras personas con algún tipo de discapacidad que me han ayudado a entender un poco más el problema (Gustavo Martínez (Silla de Ruedas desde 21 años), Jennifer Cañaveral (Discapacidad Auditiva-lee labios), Ricardo Becerra (Silla de Ruedas) Sonia Verswyvvel (Atentado el Nogal, Silla de Ruedas), Omar Roncancio (Discapacidad Cognitiva).

 Me siento agradecido por haberlos conocido, pues como lo dije antes,  conocerlos a  ellos y su problemática, da perspectiva sobre lo verdaderamente importante.

Guerra del Centavo ¿Cuántos niños más?

Contaminación, agresión, muerte, informalidad, inseguridad, caos, anarquía ¿Qué más es la Guerra del Centavo?

La semana que pasó cerró con la siguiente trágica noticia: Conductor que mató a niño en Bogotá tiene 67 comparendos de tránsito.

Ellos iban pasando la calle porque iban para el colegio, fue en ese momento cuando la buseta salió de la nada y embistió a los dos niños, narró un testigo. Todo indica que el bus se voló un semáforo en rojo.

La noticia merecería una primera página en El Tiempo y El Espectador, una vehemente salida en medios por parte del Alcalde de la ciudad, pero además una marcha multitudinaria por parte de la sociedad bogotana (No pasó). Como lo ven la Guerra del Centavo es mucho más que el diario reclamo de millones de conductores de auto de “se me cerró el &%&%&%/& bus”. Se trata de nuestras vidas y la de nuestros seres queridos, y se mueren nuestros niños.

El viernes le tocó a Sebastián Nieto de 6 añitos cuando caminaba hacia su colegio –el Julio Garavito Armando- junto a su amiga Tatiana de 5. Ella, que también fue arrollada, se encontraba el fin de semana en cuidados intensivos con trauma  craneoencefálico y pronóstico reservado. Diana Victoria Perilla es la madre que perdió a su hijo y Patricia Vanegas  la madre de Tatiana. Sucedió en la Cr 68 con calle 38 sur. La Guerra del Centavo mató a Sebastián.

Los hechos suceden durante la administración de la Bogotá Humana que repite y  repite, dice y dice que primero los peatones y primero los niños. ¿Gobierno transformador? ¿Progresista? ¿Antimafias? Pues se encontró con la oportunidad de demostrarlo. Tiene que ser esta. El gobierno debería aprovechar lo sucedido para volcarse con total determinación a acabar de una buena vez por todas con este sí depredador sistema de transporte ¿Qué próximamente el Sistema Integrado de Transporte ordenará el sistema poniendo fin a La Guerra del Centavo? ¡No hay tiempo qué esperar! El viernes murió Sebastián. Entretanto mueren niños.

Nada sería más revolucionario. Nada dejaría más huella hacia el futuro.

Por eso pregunto: ¿Empezando hoy, qué harán el gobierno distrital y la policía de tránsito para poner en cintura a estos buses y sus empresas?

Por otra parte, además de la conducción temeraria de buses y busetas que agrede permanentemente y pone en riesgo vidas, alentados por la ausencia de una regulación efectiva, el caso evidencia la falta de infraestructura física y condiciones reales de seguridad para los peatones (Ver: Su Majestad el Cráter,  La Inspiración de un Hueco,  Una Cebra no basta ¿Hará el distrito su parte? La Cebra de Colores,  El Problema de ser Peatón). La tragedia sucede en un cruce que no da tiempo suficiente para cruzar de manera segura. La madre de Sebastián así lo explicó con voz de rabia e impotencia (Oír audio). En este  y otros casos, la negligencia del aparato institucional de la ciudad, está causando muertes.

El gobierno ya salió a responsabilizar a la empresa de transporte, a la que por supuesto, le cabe responsabilidad. Lo hizo Guillermo Asprilla, Secretario de Gobierno del Distrito. Y está el conductor como directo responsable de lo ocurrido. Ahora bien, creo que sobretodo debemos insistir en lo siguiente: ¿Qué hará el distrito al respecto? ¿Cómo reaccionará y ajustará, mirando hacia adentro, para que esto no vuelva a suceder? Pues si hay algo de lo que no cabe duda en todo esto, es que el señor Wilson Darío Cely nunca debió estar al frente del volante de ese bus. ¡Punto! 67 COMPARENDOS que acumulan 9 millones de pesos.

¿Dónde están los controles? ¿Qué hace esta persona conduciendo un servicio de transporte público, donde se es responsable por la vida de terceros? ¿Cuántos comparendos se imparten al año por pasarse semáforos en rojo? Apuesto a que muy pocos. ¿Exceso de velocidad? Lo mismo. Y así.

Al final, lo cierto es que la gran mayoría de conductores de buses y busetas, son victimarios en potencia. El viernes fue Wilson Darío Cely quién mató a Sebastián; pero bien pudo ser cualquier otro. El sistema se encarga de eso. La ciudad se encarga de eso. Lo mismo pasa con la víctima. El viernes fue Sebastián, mañana podrá ser Andrés, Mariana, Freddy, no sabemos.

¿Y saben cuál es la peor tragedia de todas?

¡Mañana nos levantaremos, saldremos a trabajar y todo seguirá igual!

El tema del alcalde esta semana: las basuras.

¿Qué es la Guerra del Centavo?

La Guerra del Centavo es: inseguridad, contaminación, caos vehicular, desorden, anarquía, intolerancia, esclavitud laboral, informalidad, ley del más fuerte, arbitrariedad en el cumplimiento y la aplicación de la ley, desgobierno, falta de educación.

¿Que más es?