Bogotá: Haber votado así fuera en blanco

Fuente: Revista Semana

Fuente: Revista Semana

El 65% de los bogotanos no salió a votar. Esta apatía es la que en buena medida nos tiene como nos tiene. Y lo peor de todo es que lo sabemos bien. Haber votado así fuera en blanco. No llovió, la Ciclovía estuvo cerrada, era domingo, hay elecciones cada 4 años. Somos demasiado cómodos y dejados. El deplorable estado de la ciudad y nuestras batallas egoístas contra todos y todo en la cotidianidad, son un reflejo de eso. Venimos viviendo en un estado de apatía y amargura con vicios de epidemia, que sólo parará si empezamos a hacer ciertos esfuerzos. En esa línea, no nos puede dar mamera votar. Pero además, debemos ser conscientes que nuestro juego como ciudadanos no se limita al voto. No podemos seguir alimentando nuestra propia desgracia, por más escépticos y desilusionados que estemos, y asqueados por el circo de la política colombiana y el prolongado desgobierno de la ciudad.

 El cuento de los derechos sí que gusta, pero el de los deberes más bien poco.

 Pensaría que hemos padecido lo suficiente. Que el maltrato sistemático que nos aplica la ciudad termina por sacudir a la ciudadanía. A veces creo que sí.  He visto y conocido unas iniciativas ciudadanas increíbles que alientan. Pero otras veces, señales como esta, evidencian que no; que en Bogotá domina una escalofriante apatía colectiva.

 Es innegable que en Bogotá la crisis se ahonda y echa raíces, en gran medida gracias a esa impresionante pereza ciudadana. Somos unos fenómenos para criticarlo todo, para solo indignarnos, y por supuesto, para quedarnos en eso…en nada más que la indignación. Una indignación ligera y pasajera, que así como se prende, vuelve y se apaga.

 ¿Y qué queda? Las tragedias se repiten. La crisis se prolonga.

 Haber votado así fuera en blanco.

 Ya hace un tiempo me había encontrado con la siguiente frase de Bertolt Brecht que nos habla de esa apatía:

“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del arroz, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro, que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.

 No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos, que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales multinacionales.”

¿Qué necesitamos para movernos? ¿Cuánto nos ha costado tanta apatía por los asuntos públicos del país y la ciudad?

Nota final: Hay que ser equilibrados y reconocer, que la falta de canales innovadores y efectivos de participación, distintos al voto, aplastan el interés ciudadano. Aquí hay un reto grande por inventárselos, proponerlos y construirlos. Los espacios de participación tradicionales no funcionan. La gente no cree en ellos. La confianza ciudadana en las instituciones está por el piso. ¿Qué se necesita para incentivar una mayor y más consciente participación ciudadana? ¿Cómo seducir esa participación? ¿Cuáles son las barreras que desmotivan al ciudadano? ¿Cómo podemos mejorar la interacción entre el ciudadano y el gobierno? Preguntas que debemos respondernos y sobre las cuales tenemos que actuar innovando.

 De todas maneras, nada de esto excusa semejantes niveles de abstención.

Las motos, Frankenstein y gobernar como reinas de belleza

Fuente: colcarros

Fuente: colcarros

Esto ya lo sabemos. Pasa el tiempo y ante la falta de una actitud decidida para enfrentar los múltiples problemas de movilidad de la ciudad, el escenario por supuesto se crece, se agrava y políticamente se torna cada vez más compleja su solución. Hace un par de días, para sorpresa de la ciudad, los motociclistas organizaron una jornada de protesta, una operación tortuga, según ellos, porque se les está persiguiendo de manera injusta; “Que se las tienen montada”. ¿Qué podrán estar reclamando? En 5 minutos uno los ve violando la totalidad del código de tránsito. Algo inverosímil. Pero entiendo que es el resultado, de esta costumbre nacional, ni siquiera distrital, de evadir la resolución de los problemas por años, de esa capacidad nuestra de observarlos crecer impávidos desde el balcón, hasta que por supuesto se salen de madre, llevándonos a todos por delante.

Es lo que ha pasado con el desbocado fenómeno de la moto en la ciudad. Ahora, ¿Por qué ha crecido y continuará creciendo? Por un lado está lo económicas que resultan y la facilidad con la que se accede a ellas, pero incluso más determinante para inducir su compra y uso, es la pésima oferta de un servicio de transporte público de buena calidad y el atasco general de las vías. El metro tomará años en llegar, pero entretanto, no hay una puesta en marcha seria del SITP y la expansión del sistema de Transmilenio lleva paralizada desde hace años. Igual de quieta está la expansión de la red de ciclorutas y cualquier esfuerzo por acondicionar la ciudad para la seguridad y comodidad de peatones. Es un grave síntoma del fracaso de nuestros gobiernos por atender responsable y estructuralmente la crisis de movilidad. Para encimar, la receta se torna absolutamente tóxica, diría que letal, cuando no hay autoridad a la vista–ni distrital, ni nacional, tampoco de policía-, resuelta a regular su comportamiento en las vías. Este fenómeno que nadie se mide a atajar, es un claro reflejo del decaimiento institucional en Bogotá –aunque sea un problema de índole nacional- y de la ausencia de liderazgo público para enfrentar este y muchos otros temas más.

Bajo este escenario, los motociclistas,  ejerciendo su fuerza numérica, pelearán por sus ventajas en esta ciudad completamente congestionada y fragmentada. La tendencia seguirá pronunciándose, habrá más motos, que representarán más votos, y claro, entre ellos se solidarizarán. Ya lo vemos pasando. Es algo natural. Así cómo hay EL Ciclopaseo de  los Miércoles –un rito ciudadano admirable e inspirador-, por ahí ya se ve algo así como El Motopaseo -para mí, lo opuesto-. De esta manera, ante la falta de un contrapeso en términos de soluciones de fondo a la crisis de movilidad y la anemia institucional, ellos seguirán elevando su voz, con o sin razón.

¿Será que el gobierno, al sentarse a hablar con ellos sobre sus reclamos, los que sea, les reclamará tan duro sobre sus responsabilidades? Responsabilidades que tienen con los demás, pero igualmente con ellos mismos. Es que basta con pasar un rato afuera en la ciudad, para verlas caer como moscas.  Se accidentan, pero a la vez causan una proporción enorme de accidentes. Detrás del pobre peatón (54% -accidentes fatales-), son los que más mueren en las calles de la ciudad (21.5%). ¿Será que el gobierno entiende que más que conciliar posiciones con ellos y hacerles promesas, y decirles que sí a todo, tiene es que trabajar en un paquete de verdaderas soluciones de movilidad, entre ellas, poner en cintura la conducción temeraria de motos, taxis, buses y autos?

Hoy hay en el país casi 5 millones de motos y están disparadas. La bola de nieve se hace cada vez más miedosa. Acá tenemos a un Frankenstein creciendo y en nuestras narices.

La pregunta que dejo es la siguiente: ¿Cuánto le costará al país y a la ciudad, en vidas, en contaminación, en calidad de vida, continuar haciéndose los pendejos con el monstruo? El lapo político es un chiste frente al daño que le ocasionarán al país si no se ataja.

Y finalmente. Nadie lo podría haber dicho mejor que el vicepresidente Garzón por estos días, definitivamente: “no se puede gobernar como una reina de belleza.”

Artículo anterior sobre el tema: Las motos y su más grave pecado

Hacer del peatón la prioridad: Ruta hacia una gran ciudad I

Ojo en el peaton

0 El ojo siempre en el peatón. Su cuidado, la obsesión de la ciudad.

No sé si sienten lo mismo, pero yo veo una Bogotá paralizada, patinando sobre el mismo eje, sobre los mismos problemas, ahogándose en retórica, diagnósticos y estudios de grandes proyectos de transporte o infraestructura, polarizada políticamente y fragmentándose cada vez más. Ahora, y ya lo he dicho, no hay crisis, sin que detrás se encuentren infinidad de oportunidades.  ¿Pero dónde están las de Bogotá?

 La idea que vengo a compartirles es la siguiente: para hacer de Bogotá una ciudad caminable a lo largo y ancho, varias cosas son indispensables, que si se logran, y es posible empezar ya, hoy mismo, nos conducirán en la dirección para avanzar en la construcción de una gran ciudad para vivir y ser felices.

 ¿Por qué es estratégico para la transformación de la ciudad? ¿Cómo nos puede ayudar un enfoque colectivo que priorice al peatón a levantar esta ciudad de sus múltiples crisis? (Movilidad, inseguridad, contaminación, confianza, eficacia de su gobierno,  autoridad, espacio público, economía, salud) ¿Cómo nos puede ayudar a poner en movimiento la transformación física y cultural de la ciudad?

 Entre las razones, desarrollaré las siguientes: 1) Ordenar Prioridades y Dimensión Humana, 2) Empezar ya y Pequeñas Acciones que son Determinantes 2) Empatía y Causas Comunes, 3) Seguridad 4) Sostenibilidad y 5) Buen Gobierno y Gestión. Empezaré por las primeras tres y volveré con las demás en futuras notas.

 Ordenar Prioridades y Dimensión Humana

 “Si diseñas una ciudad para carros y para el tráfico, consigues carros y tráfico. Si diseñas una ciudad para personas y lugares,  consigues personas y lugares.”

Fred Kent, Fundador Project for Public Spaces.

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Ciudades para vivir y ser felices

 Para comenzar, pensar en el bienestar del peatón nos ayuda a ordenar y a reenfocar nuestras prioridades. Nos obliga a hacernos preguntas fundamentales, que pareciera hemos dejado de hacernos.  Por ejemplo: ¿Cómo queremos vivir? ¿Qué necesitamos para vivir mejor? ¿Más carros? ¿Parques? ¿Centros Comerciales? ¿Qué necesitamos para ser felices?

 Pensar en la problemática del peatón, nos jala con gran fuerza a  centrar nuestra atención en las necesidades de los seres humanos que vivimos la ciudad, primero y siempre. Nos invita a observar la ciudad y sus dinámicas con nuevos ojos, instándonos a pensar su diseño y funcionalidad, su infinidad de detalles, desde el respeto por la escala y dimensión humana. ¿Cuáles son las verdaderas necesidades de las personas que vivimos en la ciudad? Bajo un enfoque que prioriza al peatón, las personas son lo importante, no la comodidad de los carros. Bogotá necesita ordenar sus prioridades y habría que empezar por esto. ¿No creen?

 Porque pasa el tiempo, y se afianza en Bogotá una cultura cada vez más dependiente del auto particular, que vemos a diario cómo va comiéndose la calidad de vida de todos sus ciudadanos, sin discriminar por estrato, y que ya sabemos, terminará por colapsar la ciudad.

 As­í es que tenemos que dejar de diseñar y acomodar para el carro –sólo aproximadamente el 14% de viajes se hacen en carro particular-, y devolverle la ciudad a los seres humanos. Y para esto, nada como una política deliberada de priorizar al peatón, que le ayude a la ciudad a activar este radical cambio de chip. Primero las personas, priorizar la calidad de vida del ciudadano, proteger vidas humanas, etc. Es una cuestión de equidad, pero también, de viabilidad de la ciudad.

No me caben dudas. Un enfoque así, invitaría a la ciudad a actuar con mayor determinación y sentido de urgencia, en el sentido de mejorar y ampliar el sistema de transporte público (acabar con esa mafia de la “Guerra del Centavo), y mejorar las condiciones de ciclistas y peatones. Un enfoque así, orientaría mejor el criterio y las decisiones dentro de la administración, en cuanto al diseño y la ejecución de sus proyectos, por ejemplo el SITP. ¿O creen que el problema de las dobles tarjetas o su lenta implementación, resultaron de pensar obsesivamente en la calidad de vida del ciudadano? Un enfoque así, acercaría mucho más al cuerpo de policía de la ciudad a la ciudadanía, y entonces, quisiera pensar, habría podido evitarse, por ejemplo la muerte del joven grafitero. Un enfoque así, daría un enorme énfasis, al orden y al estado del espacio público, pues es allí, donde construimos confianza los ciudadanos y cobra verdadera vida la ciudad.

 ¿A quién o a qué se debe la ciudad si no es a las personas que en ella vivimos? ¿A sus ciudadanos? Entonces, empezar por aquí.

 Podemos empezar ya. Pequeñas acciones que son determinantes.

 “El valor no es más que la acumulación de pequeños pasos.”

Gyory Konraid.

Cebras por la Vida

Pequeñas acciones que son determinantes

¿Qué esperamos para dar inicio a la transformación? Podemos empezar a activar ya un proceso de transformación positiva de la ciudad, desde pequeñas intervenciones y acciones, alrededor del cuidado del peatón, que destrabe la parálisis de la ciudad. ¿Cómo protegemos y dignificamos a las personas que caminan en la ciudad? Acciones como  pintar las cebras de la ciudad, señalizar calles, vigilar la velocidad en las vías, sacar a los carros de las aceras, ordenar y embellecer la vida exterior de la ciudad, podrían desencadenar un proceso de gerencia y recuperación del espacio público, que Bogotá necesita urgentemente.  Además, así se enviaría un poderoso mensaje a la ciudadanía de compromiso por mover la ciudad hacia adelante, a través de acciones y hechos palpables que impactarían positiva y de manera  inmediata la calidad de vida de los ciudadanos. Acciones que lo ciudadanos verán, pero que además sentirán.

Al mismo tiempo, la ciudad irá ganando confianza para moverse hacia intervenciones de mayor escala. Pero hay que dar esos primeros pasos con consistencia y determinación. La gente está cansada de tanta promesa de transformación que se queda en el discurso. Entonces, a través de pequeñas acciones que son necesarias para cuidar y dignificar al peatón, que son factibles y realizables en el corto plazo, pondremos en movimiento una transformación real, concreta y gradual de la ciudad.

Que no nos quepa duda, de los pequeños detalles depende el éxito de la ciudad.

 Empatía y Causas Comunes

 “Las ciudades tienen la capacidad de darle algo a todos, solo sí, y solo cuando, se construyen entre todos”

Jane Jacobs

NO hay andenes por donde transitar. Toca por la calle

NO hay andenes por donde transitar. Toca por la calle

 En Bogotá es urgente, diría que vital, que encontremos causas comunes que nos acerquen y nos inviten a construir colectivamente la ciudad. En eso, creo que muchos estamos de acuerdo. Ahora, ¿Quién no es peatón? La respuesta es clara. Lo cierto es que todos somos peatones y nadie está exento del riesgo de la violencia vial que se vive en la ciudad. Tenemos que ser conscientes que en cualquier momento, en cuestión de un segundo, una atropellada nos puede cambiar la vida o llevarse la de algún ser querido. Posiblemente, no haya otra causa en la vida urbana, que nos aglutine como la defensa del peatón.

 Obligadamente, la problemática del peatón nos pone a ver a través de las necesidades del otro y a pensar en las necesidades de los grupos más frágiles y vulnerables de la sociedad. Precisamente por ser el actor más frágil y vulnerable en la vía, el peatón requiere de especial consideración y cuidado. Un énfasis deliberado en su cuidado, nos ayudará a fortalecer la conciencia colectiva sobre el cuidado  y respeto de la vida, y nos obliga a que entre ciudadanos nos protejamos mutuamente.  La del peatón, es una causa que nos invita a trabajar juntos, gobierno y ciudadanía, pero además, sin importar diferencias de género, edad, estrato, raciales, o de tendencia política. ¿Izquierda o derecha? Qué importa.  Todos somos peatones. En esto, por ejemplo, el discurso de Petro y Peñalosa es casi el mismo.

Cebra de Colores Cr 11 con Cll 87

 Esta es una pregunta que no me canso de hacer: ¿Ha pensado en lo que le significa a una persona en silla ruedas moverse por Bogotá y las implicaciones que eso tiene en su vida? ¿Lo mismo, por ejemplo, para una persona mayor de edad o para una mujer en estado de embarazo? También vale la pena preguntarnos: ¿Cómo queremos llegar a viejos? ¿Nos sentimos tranquilos con la ciudad como está, para nuestros hijos? La causa del peatón no solo nos invita, sino que además obliga a pensar en la construcción de una ciudad que nos funcione a todos.

 El diseño y la gestión de la ciudad, son un poderoso instrumento que bien pueden segregar o excluir, o por el contrario, producir verdaderas condiciones de equidad e inclusión en la vida de las personas.

Viene más en próximo articulo…….¿Cómo el enfoque de priorizar al peatón le ayudaría a la seguridad de la ciudad?

¿Qué le pasó al Día sin Carro?

Día sin Carro Bogota, Febrero 6 de 2013

Día sin Carro Bogota, Febrero 6 de 2014

Pasó el día sin carro. Otro. Y a pesar de la importancia que tiene una jornada como esta para la ciudad, en medio de la crisis y la congestión diaria que vivimos los bogotanos, para reflexionar, para convencernos de que es posible vivir de otras maneras, vivir mejor, vuelve a quedar la sensación de que el Día sin Carro sigue perdiendo brillo y acogida entre los ciudadanos. Lastimosamente los ciudadanos, pero todos en general, parecemos comprender cada vez menos su valor y significado. Antes siempre podíamos anticipar el rechazo de gremios como FENALCO. Predecibles y miopes. Sin embargo, este año, sorprendentemente expertos del tema urbano y movilidad como Eduardo Beherentz, también le dieron palo ¿Qué le pasó a la jornada? ¿Qué hay que hacer para recuperarle su significado?

Pasan los años, y aunque hay que reconocer que la administración actual hizo esfuerzos interesantes en las pasadas 2 jornadas, sobre todo habilitando la red de ciclovías, queda claro que para recuperarle su energía y dinámica, el esfuerzo debe ser significativamente mayor por parte del equipo organizador y del gobierno en su totalidad.  Lo veo así; fue tal el sentimiento que se enraizó a lo largo de tantos años de pereza institucional preparando y animando la jornada, que para reversarlo, se necesitará de algo realmente especial, sobre todo, en el sentido de devolverle coherencia y consistencia al día. Mucha coherencia y consistencia.  Porque salimos ese día a las calles, y si bien las revoluciones de la ciudad en algo disminuyen, ahí sigue la plaga de motos que nadie ataja, la Guerra del Centavo que nadie enfrenta, el abuso diario del gremio de los taxistas, Transmilenio más colapsado, y algo nuevo y que es el colmo, carros blindados de particulares transitando (ahora no compran 2 carros, se compran un blindado), configurando el paisaje de la ciudad. Mientras tanto, ni el trancón, ni la contaminación ceden. ¿Qué mensaje envía un escenario como este a los ciudadanos? Así pues, se hace difícil legitimar la jornada.  ¿No creen?

Lo cual me trae a otro punto importante.  La jornada no puede tratarse ni entenderse como un proyecto de un día y ya, ni aislado de lo que pasa en la ciudad. Tampoco puede depender del extraordinario, pero solitario esfuerzo de los apasionados de la bicicleta. Si bien la fecha en que salimos en bicicleta,  caminamos y usamos el transporte público es fundamental, la etapa de preparación de la ciudadanía, dónde se nos invita y seduce a vivir la ciudad de una mejor manera, es tanto o más importante. Debe haber mucha comunicación previa, alrededor de una preparación de la ciudad para vivir la jornada – (rutas, actividades, alquiler de bicicletas, parqueaderos)-, indicando las posibilidades y ventajas que ofrece el día.

Por otra parte, desde el gobierno debe trabajarse obsesivamente por mejorar y evolucionar la jornada año tras año. Para eso, es clave entender lo que funcionó y no funcionó de cada jornada, con el objetivo de proponerse mejoras concretas y posibles para la próxima edición.  ¿Cómo mejoramos la jornada? ¿Qué nuevos elementos podemos incorporarle? ¿Cómo fortalecemos su componente pedagógico? Por ejemplo, si ya sabemos del problema de las motos ¿Por qué no se tramitó lo necesario para eliminarlas? Si sabemos que la flota de buses tradicionales es la que más contamina ¿Por qué siguen saliendo en esas cantidades? Que sea un proyecto de ciudad más que de gobierno.  Deben haber unas metas muy concretas que guíen su preparación y ayuden a medir su éxito: número de ciclistas y peatones en las calles, niveles de contaminación, usuarios SITP y Transmilenio, y por supuesto, prestarle mucha atención al ánimo y las reacciones de la gente.

Finalmente, el Día sin Carro debería plantearse como fecha referente en el tiempo para que el gobierno le presente a la ciudadanía avances significativos en materia de movilidad, en términos de indicadores y también de proyectos. Para que nos cuenten por ejemplo en qué va el SITP, qué ha pasado con las nuevas fases de Transmilenio y los estudios del metro, en qué va el proyecto de bicicletas públicas y la expansión de la red de ciclorutas, para que nos digan cómo se ha comportado la accidentalidad vial y qué han hecho al respecto. Para que rindan cuentas.

El Día sin Carro es mucho más que una jornada aislada. Viéndolo bien, fácilmente podría ser una poderosa herramienta de política pública y de comunicación con la ciudadanía, alrededor de la cual planteamos un camino aterrizado y colectivo para salir de esta profunda y repetitiva crisis de la movilidad de la ciudad.

La pregunta no puede ser si seguimos o no con el Día sin Carro. La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Cómo hacemos para rescatarlo, fortalecerlo y mejorarlo año a año?

Nota final. Sobre la advertencia que emitió la Secretaría de Movilidad la semana pasada (Ver: Bicicarriles pintados sin permiso por ciudadanos serán borrados), justo en la víspera del Día sin Carro, en el sentido de que borrará bicicarriles ciudadanos, la invitación es a que aproveche estratégicamente todas esas ganas  y la energía de los ciudadanos que quieren aportar con acciones y propuestas a la transformación de la ciudad, articulándolas a su trabajo. El Distrito no se puede dar el lujo de despreciar estos esfuerzos (Ver: La bobada de borrar ciclocarriles ciudadanos). Detrás de estas acciones hay unos ciudadanos activos y bien intencionados, que le están diciendo algo, y mal haría el gobierno en cerrarles la puerta en sus narices. Aquí lo que hay, es una gran oportunidad de replantear las relaciones gobierno-ciudadanía y para innovar en nuevas formas y canales de participación ciudadana.

El espacio público de Bogotá ¿Chicharrón u oportunidad?

Una calles de San Francisco

Una calle de San Francisco

Una ciudad es tan exitosa y democrática como la calidad del espacio público que les ofrece a sus ciudadanos. De esto, estoy convencido. Pero hoy por hoy, hay que decirlo, el estado del espacio público de Bogotá es para llorar; deprimente[1]. Para comprobarlo, basta con asomarse a la ventana y ver. La ciudad está vuelta $%$&.

¿Cuál es la razón de esto? A mi modo de verlo es bastante claro: ya van a ser varios los años, demasiados, en los que sencillamente no ha habido quien gerencie y vele por el cuidado de su espacio público. Este no se cuida, no se mantiene, no se restaura, no se regula, no se proyecta, y por supuesto, tampoco hay quien sancione a sus transgresores. Y esto es hablando de estándares mínimos y básicos. ¿Recuerdan la niña que murió el año pasado al caer en una alcantarilla sin tapa? (Esta nota da una buena muestra de lo trágico que esto resulta: Bogotá: 10 noticias diferentes al caso Petro)  Mientras tanto, es evidente que todos, incluyendo autoridades y agencias del distrito, contribuyen lo suyo -con hechos, comportamientos y omisión- a su descomposición[2].

A pesar de su importancia y relevancia para todo lo que ocurre en la ciudad e implica vivir en ella, el tema permanece a  la deriva y sin dolientes. Es un chicharrón por el que nadie quiere responder y por el que pocos piden respuesta. ¿Cuál es la agencia responsable y líder del tema? ¿Es el IDU? ¿Es Movilidad? ¿Es el IPES? ¿Es la Defensoría del Espacio Público? Me imagino a cualquiera contestando medio en chiste, medio serio: “¿De verdad? Nooooo…¡¿Eso de verdad existe?!” ¿Coordinan estas agencias sus políticas y acciones? ¿Quién responde por qué dentro del Distrito? ¿Cuál es la agenda para el espacio público de Bogotá? Preguntas elementales sobre el tema, que estoy seguro, difícilmente le sabrán responder en el Distrito.

Un reconocido arquitecto decía lo siguiente: “En el andén todos nos encontramos como iguales.” Y es cierto.  El buen espacio público se traduce en equidad y dignifica a los que menos tienen. Entretanto, hay que ver cómo en Bogotá, los ricos pero también quienes pueden, optan cada vez más por privatizar y llevar a interiores su comodidad;  clubes privados, fincas, gimnasios, centros comerciales, futbol 5, etc. Es lamentable. La escasez de alternativas que ofrece la ciudad, además de fragmentarnos y segregarnos, afianza esa enajenante cultura del “shopping mall”.  Y entonces, sucede que mientras unos pocos se llenan los bolsillos de dinero y los demás deambulan como zombis, fracasamos como sociedad. Así de sencillo.

Un señor repara la pared que le rayaron

Un señor repara la pared que le rayaron

Gerenciar el espacio público es una necesidad vital y permanente de la ciudad. Alguien lo tiene que hacer desde el gobierno, y hacerlo bien. Pero más que eso, lo realmente importante es reconocer que el espacio público es una fuente sinigual de todo tipo de oportunidades para la ciudad y de felicidad para sus ciudadanos. Tener buenos parques, calles bonitas y seguras para caminar, plazas públicas, zonas verdes, gente y actividad, -espacio público vibrante y saludable- se traduce en oportunidades de recreación, económicas, para el buen vivir, culturales, de empleo, para cohesionar comunidades y construir confianza. Es ahí donde encontramos la verdadera vida de la ciudad. Además, una ciudad que gerencie adecuadamente su espacio público, tendrá mejores chances de gobernar la inseguridad[3].

Hacerlo es una inversión en calidad de vida para todos. Lo contrario y seguir igual, es la erosión de la dignidad de la ciudad y de todos los que en ella vivimos.


[1] Bogotá tiene 3.6 mts2 de espacio público per cápita. Meta nacional: 15 mts2

[2] Les encanta pautar con Pepe Pegotero. Y acordémonos del día en que Bieber, acompañado y protegido por la policía, grafiteó los muros de la 26,

[3] Teoría de las Ventanas Rotas

Metamorfosis del espacio público en Nueva York- Lecciones para Bogotá

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Esto que les voy a contar, primero lo motiva un video inspirador que recientemente circuló por las redes sociales sobre la transformación del espacio público en Nueva York de los últimos años, y después, la lectura de un documento muy breve, publicado por el Proyecto para el Espacio Público PPS en 2009, hace 6 años,  titulado 9 maneras de transformar Nueva York en una ciudad de excelentes lugares. Mucho de lo que sugirió el documento pasó. Lo invito a que vea el video ¡imposible de perder! y más adelante hablaremos de las 9 recomendaciones que PPS le hizo a la ciudad.

 

Mi experiencia. Testigo de una gran transformación urbana.

Viví en Nueva York entre los años 2005 y 2008. Durante ese tiempo, recuerdo la experiencia de caminar exhaustivamente por sus calles,  la vida de sus parques y plazas, los eventos culturales en el Parque Central (teatro, conciertos, ópera), sus cafés, andar en el subterráneo,  en fin. Recuerdo la sensación colectiva de todos los que ahí vivíamos y de quienes la visitaban, de querer participar de todo su acontecer. Había que salir a la ciudad, porque de lo contrario, algo te estabas perdiendo.

Otra cosa que recuerdo muy bien, es la ausencia en aquel entonces de una fuerte cultura y presencia de la bicicleta. No la había. Sencillamente, la bicicleta no existía en el imaginario de la gran metrópolis. En esos casi 3 años que viví allí, tan solo anduve un par de veces en unas bicicletas prestadas, nadie la usaba en la cotidianidad, y así no lo crean, ni uno solo de los amigos tenía bicicleta.

Pero algo cambió aceleradamente durante los últimos años. En octubre del año pasado visité y para mi feliz sorpresa, me encontré con una ciudad atestada en sus calles de bicicletas y que además exhibía orgullosa nuevos espacios públicos y otros cuantos que habían pasado por un proceso extremo de transformación (Times Square, High Park, Washington Square Park).  La ciudad se había reinventado de manera formidable. Para esta visita, todos los amigos tenían su bicicleta propia y la usaban a diario, la ciudad contaba con una amplia red de ciclorutas -que no la había-, y por esos días, recién estrenaba un popular sistema de alquiler de bicicletas públicas (City Bike NYC) que se extiende por todo el corazón de la ciudad.  Literalmente, había explotado el fenómeno de la bicicleta en NYC.

Cualquiera que vaya hoy por primera vez a la Gran Manzana, difícilmente creería que este gran cambio físico y anímico de la ciudad pudo haberse dado en un lapso tan corto de tiempo. Y para cualquiera que como yo, vuelve tras unos años, no queda sino sentir, una gran admiración por el poder de transformación de la gran urbe.

La ciudad era increíble cuando viví en ella.  Pero es innegable que hoy,  está mucho mejor. Su evolución no se detuvo y es algo tangible, que es palpable a través de la experiencia de sus ciudadanos y evidente ante los ojos de cualquiera.

¿Qué pudo estar detrás de esta transformación? ¿Cómo orientaron el cambio? ¿Qué hizo la ciudad para prepararse física y emocionalmente?

El documento de PPS da unas pistas importantes. Vale la pena destacar que el documentó señaló a Bogotá como un ejemplo internacional exitoso, pero esos eran otros tiempos. A continuación los 9 consejos que PPS le hizo  a la ciudad de Nueva York:

  1. Definir una agenda comprensiva para el espacio público de la ciudad.
  2. Balancear las necesidades de peatones, transporte, ciclistas y automóviles.
  3. Mejorar las calles como espacios públicos.
  4. Garantizar que la nueva arquitectura cree edificios urbanos.
  5. Desarrollar un programa de plazas públicas de mercado (promoción de mercados locales, productos locales, conectando la ciudad con el campo).
  6. Restructuración de las entidades de la ciudad.
  7. Maximizar el potencial de las riberas de la ciudad. Aprovechar su contacto con el agua: mar y ríos.
  8. Reinventar la planeación comunitaria
  9. Gerencia de los espacios públicos para obtener resultados públicos.

En una próxima entrada expandiré sobre estos puntos y cómo podrían aplicarse a Bogotá. Vaya pegándole una leída a las recomendaciones.

Bogotá en el 2014, De la política a la ciudadanía

¿Quién siente una gran emoción por este 2014 que se le viene a Bogotá? ¿Alguien?

De mi parte, les confieso que no mucha.

Aunque creo que la ciudad ha sido gobernada por un pésimo alcalde en los últimos dos años, habría preferido que Petro termine su mandato. En el 2015, con suficiente evidencia a sus espaldas de su incapacidad de gobernar y liderar un proyecto como Bogotá. Por eso, ni destitución, ni revocatoria. Pero todo indica que saldrá del Palacio de Liévano y vendrán elecciones atípicas o habrá alcalde escogido por el Presidente de una terna de progresistas. En  cualquier caso, el nuevo alcalde gobernará durante menos de 2 años. Bogotá no saldrá de su interinidad.

Entretanto, el ambiente político de cara al proceso electoral nacional se enciende, y el juego y la pelea por la capital del país serán centrales. La batalla de la política nacional se juega en Bogotá. Uribe será protagonista. Y un Petro alcalde y eventualmente destituido y vuelto mártir, también lo será. Prepárense para la cantaleta de estos dos. Para el escenario de unas elecciones atípicas, suena Pacho Santos por el Uribismo y otro que ya anunció su interés es William Vinasco. Es frecuente oír decir que el bogotano debe aprender a votar mejor. Advierto, Si llega a darse una elección este año, es probable que no haya qué escoger. Peñalosa está jugando en las presidenciales con un discurso urbano; clave para el futuro del país. Mockus y otros andan inhabilitados. Y otros cuentos más –Navarro, Galán-, anulados por la elección nacional. Un escenario patético. Ya entienden por qué lo decía.

Seguramente, en el debate de una eventual elección para elegir alcalde de Bogotá este 2014, los temas de fondo de la ciudad pasarán a segundo plano. Tengo mucha curiosidad de ver lo que pasará con esta elección. Nada está claro. Mientras tanto, la interinidad de la ciudad, ausente de un liderazgo y un proyecto claro, seguirá mermando la capacidad de administración y ejecución del aparato estatal del distrito. Será un año movido, diría que turbulento en lo político y de mucho ruido, pero me temo que estancado en cuanto a los procesos de transformación de la ciudad. Pero OJO, solo aquellos que se inician y en principio se lideran desde la institucionalidad de la ciudad.

Porque al tiempo que eso se frena, seguirán apareciendo y consolidándose iniciativas ciudadanas, emprendimientos sociales,  colectivos urbanos, etc., que surgen como respuesta natural al vacío de poder y de liderazgo que deja la crisis político-institucional de la ciudad.

El futuro de la ciudad no se trata de izquierda versus derecha, como todo se enmarca en las conversaciones políticas del país. Tenemos que salir de esa dicotomía estéril y divisoria. Se trata de su funcionamiento y sus transformaciones, y al final, de la felicidad y el bienestar de sus ciudadanos. Si bien en el mundo de la política, pocos parecen entenderlo, alivia sentir y saber que todo lo que huele a crisis y engendra politiquería, también aviva y acelera reacciones ciudadanas propositivas y transformadoras.

Hay que aprovechar esta coyuntura electoral y la activación del interés en la política que se despierta en estas épocas, para que más personas se entusiasmen a participar en la construcción de nuevos proyectos ciudadanos; que se gestan con la mira puesta en el interés colectivo de la ciudad.

No lo duden. Será un año político casi aturdidor. Pero pensándolo bien, también puede ser un año que acelere la consolidación de estos procesos. Algo clave, pensado en el futuro de la ciudad en el largo plazo.

Aprovecho para compartirles un video inspirador sobre la transformación de Nueva York en los últimos años. Otros lo están haciendo.

Bogotá Interina

Bogota,acéfala Por: Matador

Bogota,acéfala Por: Matador

Bogotá no sale de su calvario. Trágicamente la ciudad vuelve a quedar en interinidad. Continúa su desintegración institucional.

La destitución del alcalde, así cuente con argumentos de ley, carece de legitimidad y credibilidad porque detrás de la decisión está el emperador Ordoñez. Punto. Un tipo arbitrario, ideólogo radical, clientelista enclosetado, que viene excediéndose peligrosamente en el ejercicio de sus funciones y poderes, impunemente y sin contrapeso a la vista. Su decisión será interpretada como una decisión netamente política, insisto, así hubiese tenido argumentos de fuerza para sacarlo. Algo que Petro capitalizará en su futuro político. Esto sucede en un país completamente huérfano de un sistema de justicia. La acumulación de poder del señor Ordoñez  es precisamente un resultado de este vacío.

Por su parte, hay que decir que Gustavo Petro abusó de su posición y se otorgó facultades por fuera de su alcance, pretendiendo que las reglas de juego no le aplicaran como administrador de la ciudad. Tergiversó, desfiguró, redujo el concepto de democracia al simple hecho de salir elegido en las urnas. Se dedicó a hacer política populista, a confrontar y dividir,  a abrir sin respiro y desordenadamente frentes de debate, y pese a contar con un discurso progresista para muchos temas de la ciudad, fue incapaz de traducir sus palabras en hechos. Tras 2 años de gobierno, por ejemplo, fue incapaz de conformar y cohesionar un equipo de trabajo (perdí la cuenta de renuncias y cambios en su gabinete). La mejor defensa de Petro, política y judicial, habría sido una gestión eficiente y responsable de la ciudad. ¿Y cómo se encuentra la ciudad tras estos 2 años de su gobierno? No la hubo. Afuera en las calles poco o nada ha cambiado para los ciudadanos. El ánimo de la gente no mejora. Bogotá sigue sin norte.

Eso sí, la ciudad está cada vez más contaminada de política nacional. Lastimosamente, más que proyectos de ciudad o país, lo que domina en Colombia, son proyectos personales de poder. Ordoñez tiene el suyo. Petro tiene el suyo. Dos egos monumentales, enfrentados desde orillas ideológicas opuestas, aportando cada uno lo suyo a la desinstitucionalización de todo. Pierde el país. Pierde Bogotá.

Finalmente, no me cabe duda que el futuro de la ciudad, lo encontraremos en el fortalecimiento de su sociedad civil, de su ciudadanía y de la construcción que adelantemos de una verdadera visión colectiva de la ciudad que queremos. La crisis de la ciudad, es una crisis de su liderazgo político y de sus instituciones, pero pasa también, ya lo he dicho, por una crisis de su ciudadanía. Esta nueva interinidad, confirma la necesidad de fortalecer los procesos de la ciudad desde abajo.

Justin Bieber y sus rayones

El cagón del Justin Bieber, escoltado por varios policías de la ciudad y su seguridad privada, detiene sus 4×4 blindados en plena avenida 26,  para grafitear, junto con un grupo de sus compadres, los muros de la ciudad. Esto sucede en horas de la noche. Tratamiento de estrella. Hay unos que hacen lo que se les da la gana, cuando se les da la gana con la venia sumisa y pendeja de nuestras autoridades. Así funciona esto por acá.  Un ejemplo más de lo atrofiado del criterio de nuestra policía. ¿Para quién trabajan? ¿Alguien sabe? Un ejemplo más de cómo en este país los privilegios y la seguridad se han privatizado, se le entregan a unos pocos. Un ejemplo más de cómo se perratean las posiciones de autoridad, de cómo se desdibujan las normas. De cómo, en cuestión de valores y prioridades sencillamente todo lo tenemos patas arriba. Igualito a cómo cuando uno de nuestros decorosos políticos parquea donde le place o pasa con su caravana de escoltas, abriendo camino, sin respetar pares, semáforos en rojo, nada. Para ellos esto no es nada. Es normal. Es su derecho divino. El derecho divino a pasar por encima de todos y de todo.

Alguien lo decía muy bien en las redes sociales: “Los mismos que mataron a Diego Felipe Becerra, ayer acompañaron a Bieber para que rayara alguna de las paredes de la ciudad.” Es fuerte, pero tiene mucho de cierto.

Como ciudadano de a pie, uno suele temerle a la racionalidad de nuestra policía; sí, tristemente dudamos de sus intenciones, criterio y disposición de ayudarle a la ciudadanía. A veces, al verlos actuar, o cuando recibimos este tipo de noticias, es inevitable preguntarse qué los motiva. Es normal encontrarse con opiniones de ciudadanos diciendo que viven detrás de la mordida, o que están para joder más que para ayudar, o que nunca aparecen cuando se les necesita, o que sucedió en sus narices pero que nada hicieron. Si bien no podemos generalizar, lo cierto es que como cuerpo de autoridad sufren de un preocupante déficit de credibilidad frente a la ciudadanía.

Por otra parte, esto sucede en una ciudad que se encuentra absolutamente devorada por el grafiti. Donde el arte se confunde con el  rayón burdo que agrede. Y donde ese rayón burdo, nubla el arte callejero de los verdaderos artistas. Asimismo, la muerte del joven grafitero evidencia los riesgos que enfrenta una actividad como el grafiti en un contexto inseguro y cargado de riesgos como lo es la noche bogotana.

Por todo lo anterior y más, le corresponde a la ciudad encontrar maneras de canalizar positivamente la actividad del grafiti. Personalmente, estoy convencido que en el arte urbano tenemos una poderosa herramienta para revitalizar y embellecer nuestra ciudad, para acercar y activar comunidades, al tiempo que aprovechamos y potenciamos el talento, la creatividad y energía de miles de nuestros jóvenes. En esto, recientemente el gobierno de Gustavo Petro,  llevó a cabo una valiosa iniciativa, invitando a colectivos de artistas urbanos a intervenir con grandes formatos las culatas de la avenida 26.

El resultado habla por sí solo. (Ver fotos) ¿Qué más sigue de todo esto? ¿Profundizarán en el desarrollo de estas políticas? Esperamos que sí.

Ahora, de manera preocupante, este incidente deja ver cómo las políticas de unos van por un lado y las actuaciones de los otros por caminos muy distintos. Algo muy desafortunado y me atrevería a decir que trágico, pues para que esto de la ciudad funcione, el diálogo y la coordinación entre policía y gobierno, y su alineación de prioridades, son elementos absolutamente obligatorios.

Cebras por la Vida volvió a jugar

Intervención #2 – Colegio La Palestina, Cll 80 con Cr 76, Engativá

En julio de este año, un compañero de este grupo de jóvenes quedó en coma tras ser impactado por un articulado de Transmilenio a las afueras del Colegio.

Estamos muy agradecidos con este grupo de jóvenes del Colegio La Palestina. Todos trabajamos en equipo. Lo hicieron con la seriedad de niños jugando. Como debe ser. Lo hicieron ver muy fácil. Esperamos haberles dejado una buena reflexión sobre el problema del peatón en la ciudad y que lo hayan disfrutado tanto como nosotros. Contamos con ellos para que el mensaje le llegue a muchos más.

Santiago Martín, un estudiante que participó en la actividad, dijo lo siguiente: “utilizando el arte para hacer llamativa a la cebra, se le da importancia al peatón, uno de los actores más importantes en la movilidad”. (Obtenido de nota de ADN)

Esto es una expresión ciudadana. Quizá, con colores, las señales de tránsito dejen de ser invisibles.

Esto sucedió el viernes 25 de octubre de 2013.

Ciudad insensata, cortoplacista y miope: Tragedias Anunciadas

Foto de @CamiloMontoyaYe:

Foto de @CamiloMontoyaYe:”Así amaneció la alcantarilla por donde cayó la niña de 2 años en el centro de Bogotá “

No encuentro otros términos para definir a Bogotá. Semana tras semana, la inverosimilitud de las noticias que produce la ciudad, malas noticias, así nos lo confirma.

Hechos como la muerte reciente de Michel Dayana, una niña de 2 años, que muere al caer en una alcantarilla abierta en el centro de la ciudad –Av Jiménez con Cr 9- , no deja dudas. Dramas similares, absurdos, que rayan con la ficción, me atrevo a decir, suceden una y otra vez en Bogotá, no porque estemos locos o vivamos en Macondo, pero porque detrás de todas estas tragedias, advertidas, tenemos un gobierno que ha sido incapaz, ya por muchos años, de funcionar y cumplir con sus mínimos. El decaimiento del aparato estatal del Distrito, de su institucionalidad responsable de gerenciar la ciudad, de mantenerla, repararla y hacerla funcionar adecuadamente para sus ciudadanos, ha alcanzado unos niveles trágicos ¡Una niña de 2 años se fue por una alcantarilla que duró días, probablemente semanas, sin ser tapada! ¿Cuánto irá a durar la indignación? ¿La calentura en los medios? Pero lo más importante: ¿Qué resultará de esta indignación? ¿Valdrá de algo la muerte de Michel Dayana?  ¿Se logrará algo sustancial en términos de darle solución al problema? ¿Nos propondremos buscar las soluciones de fondo?

¿Las exigiremos?

O por el contrario. La tragedia se repetirá en el futuro, la noticia será la misma pero con otro nombre, será otro el niño o la niña, en otra fecha; como borregos nos haremos las mismas preguntas, nos calentaremos, nos indignaremos fogosamente, para al final, obtener las mismas respuestas inocuas y vacías de siempre que nos dan el gobierno de la ciudad y sus funcionarios. Entretanto, afuera, en las calles, todo igual.

Es fundamental que ante estas crisis, que frente a estas tragedias urbanas y humanas, dejemos de mirar miopemente, buscando el chivo expiatorio para la noticia caliente, como por ejemplo, señalar al ladrón de la alcantarilla. Que lo hay, lo hay. No obstante, una tragedia como esta, creería uno, merece por parte de todos –gobierno, medios y sociedad- que hagamos otras preguntas mucho más estructurales y de fondo. Y el gobierno, quien se las haga en primer lugar. Mirar hacia adentro, empezar por reconocer las fallas. Sus fallas. Percatarse del deplorable estado en el que se encuentra la ciudad y cuánto de eso se debe a su no gerencia. Hacer una profunda autocrítica.

Por lo tanto, la principal pregunta que debe responderse es la siguiente:

¿Cómo encara hoy el gobierno de la ciudad su cuota de responsabilidad  por esta tragedia que sucede bajo su administración, que pudo evitarse, de haber estado tapada la alcantarilla? Y a continuación: ¿Cómo responderá en términos de su gestión y qué acciones concretas tomará frente al contexto que la ocasionó? ¿Aprovechará la crisis, para  plantearse actuar bajo un sistema moderno de gerencia de la ciudad y de su espacio público que atienda las miles de situaciones de idéntico corte que a diario padecemos los bogotanos?

Porque si bien estamos hablando de una situación puntual, la muerte de  Michel Dayana, la alcantarilla es solo un ejemplo que perfectamente se extiende a una infinidad de otras situaciones que nos encontramos en las calles, “pequeños detalles” que merecen y es obligación del gobierno de la ciudad reparar y prever, pero que quedan ahí, agravándose, huérfanos, mientras se afianzan las posibilidades de que ocurra la próxima tragedia.

El problema es evidente con la infraestructura de la ciudad, pero igualmente con todo lo que atañe el ejercicio de la autoridad y el control sobre lo que ocurre en su espacio público; atracos, robos de alcantarillas, ventas ambulantes sin ningún orden, carteles, pasa calles, riñas, tipos orinando, buses volándose semáforos en rojo, carros estacionados sobre los andenes, motos transitando sobre estos, taxis apoderados de la vía, etc., etc. Todo pasa impune.

Finalmente. El debilitamiento de la institucionalidad de la ciudad, de su capacidad de gerenciarse, no es responsabilidad exclusiva del gobierno actual. Pero eso es consuelo. Lo importante es entender que su momento es hoy, que su responsabilidad está aquí y ahora. ¿La asumirá? ¿Lo exigiremos los ciudadanos?

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Algunas preguntas que deben responderse:

  • ¿Qué medidas se tomarán inmediatamente y cuáles se van a preparar en el mediano y largo plazo para evitar que este tipo de tragedias se repitan a futuro?
  • ¿Cómo propone el gobierno de la ciudad enfrentar el robo de estas alcantarillas? Detrás de esto hay un negocio, hay una mafia. (1400 alcantarillas robadas en Bogotá en el transcurso del año, 5 diarias)
  • ¿Cómo corresponderá el gobierno su obligación de reparar con mayor celeridad estos riesgos?
  • ¿De qué manera responderá con mayor agilidad y asertividad a las alertas que le dirige la ciudadanía para que atienda estas situaciones de riesgo?
  • ¿Cómo en vista de cientos y miles de situaciones que presentan riesgo en la ciudad, por lo menos se buscan mecanismos  temporales que alerten sobre su presencia?

Pequeño ajuste, gran beneficio. El taxista creativo

El trancón por el PEZ-Artista Urbano

Trancón bogotano por el PEZ-Artista Urbano

¿Cómo un taxista innovó alrededor de sus horas de trabajo, mejorando significativamente varios aspectos de su vida? ¿Cómo aprovechó el caos de la movilidad de la ciudad, visualizó un sistema bloqueado, y modificando su rutina, su comportamiento, mejoró significativamente su calidad de vida, al tiempo que generó un beneficio colectivo para la ciudad?

Los taxistas son una fuente privilegiada de información sobre la ciudad. Desde hace ya un par de años, interesado en sondear la ciudad, no desperdicio oportunidad para conversar con ellos. Algo siempre se aprende. Se da uno una idea de lo que está pensando la gente, de cómo estamos sintiendo la ciudad. No sólo son excelentes conversadores, sino que además son conversadores informados. Consumen enormes cantidades de radio, cada cual con sus preferencias, pero por las tardes, me atrevería a decir que La Luciérnaga está prácticamente asegurada ¡Pa desestresarse dicen! Imagínese que no. Pero además, por lo general recogen los periódicos gratuitos (ADN y Publímetro) en las mañanas, cuentan con el voz a voz del radioteléfono, y lo más importante, son testigos presenciales del acontecer urbano. Los manes andan enchufados. Por eso me gusta preguntarles por esto y lo otro: ¿Qué opinan sobre los grafitis de la 26? ¿Sobre la aplicación para celulares TAPPSI? ¿Cómo vivieron los paros? ¿Cómo vieron lo de las basuras? ¿Qué pasó en la ciudad y cómo se comportaron las vías? ¿Qué opinan de nuestro alcalde? Lo que hay es tema.

En fin, pues llegando hace un par de días de viaje, en el camino entre el aeropuerto y mi casa, la pregunta que le hice al taxista fue puntualmente sobre las nuevas medidas del Pico y Placa. ¿Usted sabe eso cómo es que va a funcionar? Algo discutimos sobre la medida, sin embargo, de repente, en medio de los argumentos que iban y venían, me contó algo asombroso que me llamó la atención y alrededor de lo cual, centraríamos la conversación hasta llegar a mi casa.

Era la primera vez que lo oía de un taxista y se resume en lo siguiente:

En medio del apocalíptico tráfico capitalino, medio en el cuál un taxista se gana la vida, el tipo se atrevió a pensar y a actuar diferente a los demás. Buscó la manera de competir de una manera muy distinta, casi que opuesto a como lo hace la manada. Fue necesario un poco de análisis y también diría que de cabeza fría y reposada.  De un cambio de lentes para ver las oportunidades  que hay detrás de cualquier crisis, en su caso, el caos de Bogotá. Prefirió no jalarle más a esa infructuosa y salvaje guerra del centavo que se libra en las calles capitalinas. ¡Pensó en su calidad de vida! ¿Qué hizo? Muy sencillo. Dejó así con el trancón que se desata de lunes a viernes entre 4 pm y 8 pm. Eso es todo. Innovó alrededor de sus horas de trabajo.

Me lo dijo así: “Ya no le jalo más al trancón de por las tardes. Decidí que a las 4 pm me voy para mi casa. Llego, me doy una siesta entre las 5 y las 6, paso tiempo con mis hijos, ceno con la familia y regreso a trabajar entre las 7:30pm-8:00 pm y hasta la medianoche. Antes trabajaba de corrido hasta las 11 pm. Ahora me hago entre 25 y 30 mil pesos más diarios, trabajando más tranquilo, sin estar metido en el trancón (Se gana el recargo nocturno y hace más carreras).”

¿A cambio de qué el trancón? Mejor economía, tiempo con la familia, ver crecer a sus hijos, una buena comidita casera como a todos nos gusta, levantarse al día siguiente más descansado, con el ánimo renovado, disfrutar de su tiempo en el trabajo, etc., etc., etc. No tiene precio. ¿Para qué competir por el margen? Y para encimar, hay un carro menos en las trancadas y endemoniadas calles de la ciudad. Me pareció un ejemplo contundente de creatividad, innovación y aplicación del sentido común ¿Qué tal que todos pensáramos y actuáramos un poco más como él? ¿Qué tal devolverle al sentido común el lugar que se merece en la toma de nuestras decisiones? Optar por sencillo y aplicable. ¿Cuántos problemas de nuestra movilidad capitalina podríamos resolver así? ¿Y en general de la ciudad? ¿De nuestra propia cotidianidad?

Las buenas historias de la ciudad se encuentran en las calles, en sus detalles, cosas maravillosas que no se evidencian y que pasamos por alto. ¿Cuántas soluciones sencillas, baratas y de rápida aplicación para resolver miles de problemas de la ciudad pasamos por alto?

Reinventando la cultura ciudadana para Bogotá

Arrastro una emoción muy grande desde la última intervención que realizamos de Cebras por la Vida el pasado miércoles, 14 de agosto de 2013. Hemos empezado una faceta maravillosa y emocionante de este proyecto ciudadano que ha centrado su mensaje en la urgencia que tenemos como sociedad de darle al peatón, a las personas que caminamos la ciudad, que somos todos, un lugar en lo más alto de las prioridades de nuestro proyecto urbano y de sociedad. Nuestro proyecto siempre ha tenido como propósito articular esfuerzos, inculcar y amplificar el mensaje, y empezamos por lo más importante: la ciudadanía. Esto se gesta por ciudadanos preocupados y comprometidos con su ciudad, que han entendido que cualquier proyecto exitoso de ciudad, necesita de una ciudadanía activa, exigente y crítica, pero también propositiva y corresponsable. Una ciudadanía que se toma muy en serio su rol como agente de cambio que interviene directamente en las transformaciones de su entorno.

Es de esto precisamente de lo que queremos contagiar. Asimismo, siempre hemos querido demostrarnos y demostrarle a la ciudad que es posible y al mismo tiempo necesario, encontrarnos alrededor de causas comunes por las cuales trabajar.  Es más, estamos convencidos que no hay otro camino para  sacar adelante a Bogotá. Las soluciones tendrán que salir de nosotros.

Y es entonces como esta nueva versión de Cebras por la Vida evidenciará cómo sí somos capaces de hacerlo, un colegio, una raya, una cebra a la vez. Será un trabajo gradual y acumulativo, que tendrá en la ciudadanía, y en los niños especialmente, su principal mano de obra y vocería. Los niños serán los grandes protagonistas de esta hazaña.

Este nuevo momento de nuestras intervenciones en el espacio público reúne varios nuevos elementos que nos permitirán llevar nuestro mensaje de respeto por el peatón más lejos y con mayor fuerza. Hablare de dos muy importantes:

  • Alianza con Colegios Distritales y lo niños como portadores del mensaje: Estuvimos en el barrio Restrepo (famoso por el comercio de zapatos) de la localidad Antonio Nariño, en el sur de la ciudad, trabajando con aproximadamente 40 jóvenes de la Institución Educativa Guillermo León Valencia. Comienza un proyecto que desde el pasado martes llevará el mensaje de respeto por el  peatón a la ciudad a través de un trabajo en llave con los niños y jóvenes de nuestros colegios distritales. Específicamente, junto a ellos, estaremos interviniendo y reparando con colores y creatividad la señalización vial de las zonas aledañas de sus propios colegios. La apuesta es empezar con intervenciones, un colegio por mes. ¿Qué mejor que generar esta conciencia en nuestros niños y que a la vez sean ellos los multiplicadores del mensaje?
  • Ciudadanía y gobierno de la ciudad suman esfuerzos alrededor del proyecto: Algo muy importante que logramos para el futuro del proyecto es que entidades claves del distrito como las Secretarías de Movilidad, Educación y Gobierno y la Veeduría Distrital (primera en sumarse) se unieran a este, cada una de ellas aportando desde sus respectivos roles y fortalezas. El martes pasado apoyaron cerrando las vías y ayudando a controlar el tráfico. La idea es que en los próximos días, semanas, la Secretaría de Movilidad se haga presente en el lugar, complementando nuestra intervención con la señalización vial pendiente (pictogramas, letrero de zona escolar) e instalando estoperoles (reductores de velocidad) sobre las franjas de colores. Adicionalmente, el componente pedagógico se reforzará a través de talleres de capacitación sobre accidentalidad vial que la Secretaría de Movilidad llevará a los colegios. El proyecto es en sí mismo una propuesta de conversación de doble y más vías. La ciudadanía pone. El gobierno pone. Todos ganamos. Y lo mejor, nadie pierde.

Jaime Garzón le dijo a un grupo de jóvenes universitarios lo siguiente en una conferencia en la Universidad del Valle, corría el año de 1997:

“Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselos.”

Haríamos bien en recoger estas palabras para llevarlas a la práctica en nuestras ciudades, en nuestros entornos, barrios, comunidades. Sin duda, este es otro mensaje central de nuestra iniciativa.

Al final, lo que queremos es una ciudad que a través de insistir sobre la importancia del respeto por el peatón, con hechos concretos y la búsqueda de cambios culturales,  nos encamine hacia una sociedad más incluyente, solidaria y democrática.

Nuestro regalo de cumpleaños (475) para Bogotá: Cebras al Colegio

Cebras por la Vida continua, ahora, llevando la iniciativa a Colegios Distritales. Llevaremos el mensaje a toda la ciudad.

Por: http://combo2600.com/

Cebras por la Vida

Cebras por la Vida

Hace unos meses pintamos la primera cebra de colores en Bogotá. A partir de ese momento descubrimos la fuerza transformadora que tiene la acción ciudadana, propositiva, colectiva y creativa. Hoy, en sus 475 años, tenemos otro regalo para la ciudad.

Hace algunos meses, la Veeduría Distrital, que acompaña el proceso de la Mesa de Cabildantes Estudiantiles de Bogotá, nos invitó a que aportáramos nuestro conocimiento y nuestras capacidades como iniciativas ciudadanas para identificar posibles estrategias que aporten en la construcción de entornos escolares seguros; una cuenta pendiente con los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de la capital.

En conjunto identificamos serias deficiencias en materia de señalización y demarcación de las zonas escolares, que alimentan la inseguridad de las niñas y los niños que diariamente van y vienen de sus colegios a pie. Era, por lo tanto, la mejor oportunidad para integrar nuestra exitosa experiencia de las cebras de colores a la política pública de la ciudad e imprimirle a los entornos escolares un nuevo significado, en donde el peatón sea el centro y la prioridad.

Junto con nuestros amigos de Cebras por la Vida y la Veeduría Distrital, también se unieron a esta iniciativa las secretarías de Gobierno, Movilidad y Educación, quienes están comprometidos en hacer realidad el sueño de tener cebras de colores en los entornos escolares. Esperamos aunar esfuerzos entre las instituciones, la ciudadanía y el sector privado para darle a Bogotá alternativas en la ejecución de sus políticas públicas, que trasciendan en el tiempo con un sentido de corresponsabilidad, innovación y amor por la ciudad.

 Con la Mesa de Cabildantes Estudiantiles de Bogotá se escogieron 4 colegios piloto para la intervención, que están ubicados en las localidades de Antonio Nariño, Rafael Uribe Uribe, Engativá y Bosa; allí estaremos devolviéndole a Bogotá y a sus más frágiles peatones, un espacio seguro y colorido para caminar.

 Es por eso que queremos contarles sobre nuestra nueva iniciativa e invitar a los que quieran acompañarnos a que vengan el próximo miércoles 14 de agosto, desde las 11 de la mañana, a pintar la primera cebra de colores en la IED Guillermo León Valencia, ubicado barrio Restrepo (Carrera 24b sur con Calle 16) en dónde le entregaremos a la ciudad el que será el regalo más colorido en sus 475 años.

La defensa del peatón: una apuesta por la sostenibilidad urbana

Les comparto una reciente entrevista sobre el Proyecto de Cebras por la Vida. Ver entrevista original en el El Espectador.

Un movimiento ciudadano, “Cebras por la Vida” (ver registro fotográfico), trabaja para que la ciudad proteja y trate de manera digna al peatón. Con arte y recursos propios, estos activistas le apuestan a que con su mensaje la autoridad de la ciudad asuma un liderazgo y que todos, gobierno, organizaciones y ciudadanos, ataquemos de frente un problema que deja casi una víctima mortal al día. Hablamos con German Sarmiento, líder de esta iniciativa, que por lo pronto ya ha tenido eco en la Veeduría Distrital.

¿Qué es y cómo nace la iniciativa?
La iniciativa se llama “Cebras por la Vida” y el nombre se deriva de una actividad que hicimos hace algún tiempo con el colectivo paisa La Ciudad Verde que se llamaba “Bicis por la Vida”, y que consistió en pintar bicicarriles en distintas ciudades de Colombia, de forma simultánea en una jornada. Desde que incursioné en el tema de ciudad, hace unos tres años, le he dado mucha importancia al lugar del peatón en la ciudad. Hay que verlo de una manera estratégica para que la ciudad nos funcione a todos. Aquí el peatón es invisible y es un actor que requiere atención en muchos detalles de la ciudad: señalización, andenes, aspectos culturales. Las carencias se notan en aspectos simples y cotidianos como no darle la vía al peatón en los cruces, el parqueo de vehículos sobre los andenes, y la falta de respeto a los lugares señalados y destinados para personas con discapacidad.

¿Por qué el peatón es un actor crítico en la ciudad?
El peatón es una persona que nos obliga a ponernos en los zapatos del otro, porque al fin y al cabo todos somos peatones. En algún momento quien maneja un carro va a tener que dejar su vehículo y va a tener que enfrentar la ciudad como peatón. Y en esta ciudad se le trata como a un ciudadano de segunda. Eso se nota en su misma actitud: es un actor sumiso, es un actor miedoso, es un actor que le toca andar a la defensiva porque no solo no le dan vía, sino que incluso muchas veces le echan el carro encima. Eso se aprecia en la mirada temerosa del peatón, que cruza con sobresalto porque sabe que cuando el semáforo cambie a verde para los carros tiene que salir corriendo.

¿Por qué la causa del peatón y no otra más taquillera?
Yo tengo un blog que se llama “Miblogota” (www.miblogota.com) y me he dedicado mucho a escribir sobre la experiencia de la ciudad vivida a través del lente del ciudadano de a pie. Trato de rescatar principios tan sencillos como: primero las personas y después los carros, llevar temas que están escondidos y sacarlos a la luz para que hagan parte del debate urbano, entre ellos el tema del peatón. Detrás de esta iniciativa existe una crítica fuerte a la gestión del gobierno de la ciudad en términos de que cosas tan sencillas como tener la señalización vial en buen estado es algo que no se está haciendo. Y así como esto, existen muchísimos detalles que le competen al gobierno de la ciudad. Lo que vemos es que no hay una gerencia de la ciudad, no hay una acción proactiva y sistemática de mantener la ciudad en buen estado. Y eso es importantísimo por un tema de autoestima, pero en el caso concreto del peatón el tema de la señalización no es algo accesorio. Las cebras no están de adorno, cumplen un rol práctico que es proteger la vida de las personas.

 “El peatón es invisible en Bogotá y se le trata como a ciudadano de segunda” Sigue leyendo

El sistema está quebrado II: Sin justicia no hay ciudad

“En la mayor parte de los hombres el amor a la justicia no es más que el dolor de sufrir la injusticia.”

François de la Rochefoucauld  (1613-1680) Escritor francés

Fuente: Revista Semana

Fuente: Revista Semana

¡Qué tragedia! Un joven borracho revienta su vehículo contra taxi y mueren 2 mujeres jóvenes profesionales. La semana anterior, un bus del SITP al parecer pierde sus frenos  y causa un inverosímil accidente que deja 3 muertos en Usme. Mientras escribo esto, CityTV informa que 2 mujeres mueren arrolladas por una tractomula intentando cruzar una avenida en el sur de la ciudad. “Esta avenida es un cementerio” dice un señor del sector. Otro comenta que hace años debían haber puesto un semáforo en esa vía, que los accidentes son recurrentes y que preocupantemente hay un colegio muy cerca del lugar. Van a ser unos seis meses atrás que escribía sobre la tragedia del niño Sebastián Nieto, de 6 años, que perdió la vida cuando camino al colegio, se lo llevó por delante una buseta que no respetó un semáforo en rojo. El conductor debía 67 millones de pesos en comparendos. Nosotros preocupados por el trancón, que no es para menos, pero la verdadera tragedia es esta inseguridad en las vías que se extiende como una epidemia por la ciudad. Hay que ver la manera como caen a diario motociclistas en las calles, uno detrás de otro, como moscas; que como el trancón, se han vuelto parte de nuestro paisaje urbano. Ah, no ha pasado una semana y vuelve a ser noticia el SITP con otro de sus buses involucrado en un accidente, al parecer, nuevamente por fallas en sus frenos. Pequeños detalles que fallan.

Y otra vez  salen todos al unísono, ante la calentura de la tragedia, a pedir la cárcel para conductores borrachos. Una Ley que así lo ordene. Y creemos que con eso habremos solucionado algo. Este es un país ahogado en normas y procedimientos ¿Pero y la institucionalidad que garantice su aplicación? ¡Qué se aplique equitativamente! ¿Y la justicia para el ciudadano de a pie? ¿Dónde está? No la hay para hacer respetar por ejemplo límites de velocidad y semáforos en rojo, o el cobro de 67 millones de pesos en comparendos que debía el busetero que mató a Sebastián y para garantizar la cancelación de por vida de  cualquier posibilidad suya de conducir al frente de un servicio de transporte público. Acciones concretas y viables, que evitarían tragedias, de haber una eficiente y asertiva gerencia de la ciudad. Que regule e imparta justicia, que sea garante del orden en la vida urbana, que vele por el cumplimiento de normas básicas, sencillas, diría que de puro sentido común, antes de que la tragedia ocurra. Nuevamente.

En el caso de Sebastián ¿Qué hacía este irresponsable conduciendo un servicio de transporte público? ¿Dónde estaba la autoridad mientras este bárbaro acumulaba infracciones? En el caso de las motos, cuyo número aumenta vertiginosamente ¿Cuándo se tomarán medidas asertivas para proteger sus vidas y las de todos nosotros? En general, ¿Cuándo se implementarán acciones concretas, sistemáticas, con buen criterio, que regulen la velocidad dentro de la ciudad? ¡Quién sabe! Pero entretanto, seguiremos en esta crónica de tragedias anunciadas, prevenibles, cuyas soluciones o previsiones se mueren en la carreta y la debilidad del aparato estatal y su autoridad. En mi artículo anterior afirmaba que el sistema está quebrado.” ¿Dudas?

La crisis de justicia se evidencia mucho más allá de lo que sucede al interior del sistema judicial y lo que pasa por entre las manos de los jueces. Eso sin duda, está muy mal. Hablo de la justicia que no se administra en nuestra cotidianidad, en miles de situaciones, que las damos por pequeñas omisiones y transgresiones, pero que como vemos cobran vidas.

Estas tragedias son sin duda el resultado de eso.

El sistema está quebrado ¿Con qué lo curaremos?

El poder del contexto y el determinante humano

Me encontré con el siguiente doloroso artículo sobre el caos que se vive actualmente en Transmilenio: El plan para combatir con cultura a los ‘bárbaros’ en Transmilenio. Principalmente se refiere a la falta generalizada de cultura ciudadana que se vive dentro del sistema de buses rojos. O en palabras más directas, se refiere al comportamiento vandálico y hasta criminal que cientos de sus usuarios practican diariamente en éste. La situación de desgobierno que describe el artículo, deja la alarmante sensación de que el sistema comienza a adoptar, cada vez con mayor fuerza, los vicios y peligros que caracterizan el infierno y la tragedia que ha sido y es “La Guerra del Centavo.” Progresiva y sistemáticamente el aire que se respira en el entorno es más violento, de más irrespeto entre los mismos ciudadanos y hacia el sistema, dónde los hampones se adueñan con mayor propiedad de la escena, y así, el caos se afianza y se reproduce. El sistema se va oxidando, se va pudriendo, se va quebrando. ¿De quién es la culpa? ¿Somos los bogotanos patológicamente unos bárbaros? ¿Lo explica nuestro ADN? ¿Así somos y punto? ¿Somos una multitudinaria partida de hampones? Al fin y al cabo, todas las situaciones que menciona la nota tienen a los ciudadanos como sus protagonistas. Pareciera entonces  que hay demasiada evidencia en contra(Este es un buen artículo que así lo sugiere: La hipocresía de colarse en Transmilenio¿Ustedes qué opinan? Sigue leyendo

The Atlantic Cities toma nota del activismo urbano bogotano

Hoy en día, The Atlantic Cities es sin ninguna duda uno de los mejores proyectos editoriales digitales sobre la actualidad del debate urbano en el mundo. Para quienes les interesa el tema de las ciudades, aquí encontrará un lugar absolutamente fascinante con contenidos de gran calidad, de miradas frescas y un tono creativo sobre las tendencias urbanas que están mandando la parada. A continuación les comparto con gran felicidad la entrada que publicaron la semana pasada sobre el activismo urbano bogotano del que he sido parte junto con otras personas y colectivos (Combo2600, La Ciudad Verde, Agentes Cultóricos) alrededor de una causa que inexplicablemente ha permanecido invisible en nuestra ciudad: el respeto por el peatón.

In Bogotá, Activists Are Fighting Against a Backslide in Pedestrian Safety

Atl Cities

Es importante que en el mundo entiendan que los días de los mimos de Mockus  y de la ciudad que se dio la pela de recuperar los andenes de los carros para los peatones durante su gobierno y el de Peñalosa, dejaron de estar con nosotros hace ya muchos años. Es la triste realidad. Progresivamente cualquier cultura de respeto hacia quienes caminamos, inculcada por estas administraciones, se fue diluyendo; carros estacionando sobre andenes, deteniéndose sobre cebras y  rampas de acceso, motos que transitan temerariamente sobre rutas peatonales, construcciones bloqueando pasos, PARES y semáforos en rojo que nadie respeta, déficit de semaforización peatonal, etc., etc., etc., etc.

Es ante esta absurda e irrefutable realidad y la inacción del gobierno de la ciudad frente a  la problemática que acciones como Cebras por la Vida, 1 Minuto de Silencio por el Peatón y el homenaje a Su Majestad el Cráter han cobrado vida y sentido.

Ciudades excluyentes, ciudades en deuda

¿Dónde está la discapacidad? No está en la persona. Está en el entorno.

Queremos una ciudad donde caminar sea seguro para nuestros adultos mayores

Estaba en mora de escribir sobre este tema, porque a pesar de haber reflexionado mucho al respecto, pensando en la tragedia que son nuestras ciudades para las personas con discapacidad y nuestros adultos mayores, siempre con la intención de plantear y visibilizar el problema, hasta ahora me decido a hacerlo. Ha sido de pronto el miedo a defraudar o herir susceptibilidades. ¿Cómo referirme a estas personas? (Discapacitadas, en condición de discapacidad, personas con condiciones especiales, personas especiales, sencillamente distintas, etc.) Este es un punto que siempre aparece en la discusión. ¡Siempre! Pues nada, es un tema duro, sensible, del que poco conocemos y donde unos saben más que otros. Pero no importa, el punto es que hay que hablar del problema y planteárselo a la sociedad. Lo más grave definitivamente sí sería no tratarlo o seguirlo abordando tímidamente, o continuar atendiéndolo principalmente desde el plano discursivo y normativo. Vale la pena preguntarnos: ¿Cómo es posible que en un país como Colombia cuya guerra ha mutilado a miles de nuestros soldados y cobrado la vida de tantas personas, el problema pase de agache? ¡Hay demasiada tinta muerta sobre el tema! Para la muestra nuestras ciudades. Ahí está Bogotá.

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Así sucedió CEBRAS POR LA VIDA…..

En medio de un intenso invierno de lluvias, el clima cedió, y  el sol salió para que Cebras por la Vida se tomara las calles.

Llegó un grupo increíble de personas, de diferentes edades, todas interesadas en transformar su ciudad. Probablemente lo más gratificante de la jornada resultó ser el encuentro y la integración de estas personas. La ciudad se construye en equipo, alrededor de causas comunes. ¿Y cuantas causas comunes, importantes, no tenemos delante nuestro? Como en este caso, la apuesta es visibilizarlas, sacarlas a relucir. Exponerlas con cariño y creatividad. Hacer que sea imposible seguirlas ignorando. Entender que la ciudad la definimos entre todos y que esta no es otra cosa que la acumulación de sus pequeños detalles.

Ahí le dejamos a la ciudad una pequeña inversión que hacemos sus ciudadanos para proteger a quienes caminan Bogotá.

Cebras por la Vida se realizó en el marco de 100en1Dïa. Gracias a ellos por animar esta jornada de acción ciudadana a favor de una mejor ciudad.