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Séptima peatonal, promesa inconclusa

Las emblemáticas materas de la 7a. Nada verde crece en ellas.

Las emblemáticas materas de la 7a. Nada verde crece en ellas.

El alcalde Petro bien aprovechó la oportunidad que le dieron las obras del puente dela 26, iniciando mandato, para peatonalizar la Carrera 7ª. Eso fue en febrero 25 de 2012. Una jugada audaz en medio de las circunstancias que levantó no poca controversia. Nada menos que la principal vía de la ciudad, aquella que llega a la Plaza de Bolívar, a la Catedral Primada, al Honorable Congreso de la República, al balcón del señor alcalde, toda para el disfrute de peatones y bicicletas. ¡Afuera carros! ¿Llegaba la revolución urbana a Bogotá? No exagero, estábamos ante la posibilidad de un proyecto potencialmente revolucionario para esta visionaria ciudad que se inventó la Ciclovía, pero dónde paradójicamente, salvo por el día domingo, caminantes y ciclistas somos víctimas de un contexto urbano y una cultura que nos pisotea. Es la cruda realidad.

¿Cuántas oportunidades para la ciudad se habrían podido desprender y potenciar a partir de un espectacular proyecto de peatonalización y renovación de nuestra principal vía?

Se me ocurren ideas en varios temas como recuperación del espacio público, cultura ciudadana, seguridad, trabajo con habitantes de calle, movilidad sostenible, cultura y arte, comercio formal e informal, turismo, historia del centro, en fin. Un proyecto estratégico de acupuntura urbana en todo el corazón de la ciudad, que le habría aportado de manera significativa al giro de mentalidad que la ciudad necesita en la búsqueda de recuperar su autoestima; y que habría respaldado con hechos concretos temas centrales del discurso progresista pero vació del actual alcalde, como inclusión, igualdad, respeto por lo público, eliminar dependencia en el carro particular, garantizar prioridad para el peatón y bicicletas, renovación del centro ampliado, y mucho más.

La experiencia internacional, algo en lo que se defiende el alcalde Petro cuando se propone ir por más y peatonalizar el Eje Ambiental, ha demostrado los inmensos beneficios que arrojan proyectos de peatonalización de vías. Eso es, cuando están bien hechos y se gerencian con habilidad y convicción. De ninguna manera son proyectos fáciles de poner en marcha; no lo son en Nueva York, ni en Arequipa, ni en Seúl, y pues tampoco tendría por qué haberlo sido en Bogotá. Pero Además ¿De cuándo acá algo es fácil en Bogotá? Por el contrario, la idiosincrasia del mundo se ha visto tan influenciada por nuestro affaire con el automóvil, que cualquier proyecto de peatonalización en el mundo, de entrada encuentra como su reto principal, ineludible también, la cuestión de sensibilizar a los ciudadanos sobre sus múltiples beneficios y de irle ganando respaldo entre amplios actores y sectores de la ciudad. Y algo importantísimo: no sirve si sólo le funciona y tiene contentos a unos pocos. En el caso que nos ocupa, es evidente cómo el comercio formal sigue sintiéndose excluido, abandonado e ignorado (Comerciantes de la Cr 7ª temen quebrar por las obras).

En el fondo, seducir y conquistar ciudadanos es el verdadero reto de estas apuestas de transformación urbana. En estos proyectos, sí que importan la opinión y percepción de los ciudadanos. Por su parte, el gobierno tiene que asumir su plena responsabilidad frente a cómo se planea, diseña, comunica, se pone en marcha el proyecto, y fundamentalmente, cómo se gestiona. Principalmente de su trabajo y liderazgo, depende que se venza la resistencia que pueda arrastrar la idea.

¿Es eso lo que ha ocurrido con este proyecto? ¿Cuál creen ustedes que es la percepción que despierta el proyecto entre sus usuarios, negocios y la ciudadanía en general? ¿Quieren los bogotanos más peatonalizaciones?

Transcurridos ya casi 3 años desde su cierre, la Carrera 7ª tendría que ser hoy la calle favorita de todos los bogotanos y de quienes visitan la ciudad. Y más que un simple lugar de tránsito, debería ser ese destino que buscamos para quedarnos largas horas, entreteniéndonos cómodamente y tranquilos con su actividad y paisaje. Hoy por hoy, pasados 914 días desde su cierre, la 7ª ya tendría que servirnos como referente del impacto positivo que resulta de peatonalizar vías. Y para el alcalde y sus agencias, pues tendría que ser esa carta fuerte e incontrovertible para proponerle más peatonalizaciones a la ciudad.

Desafortunadamente, no es así.

Según el informe de percepción ciudadana de Bogotá Cómo Vamos, a la pregunta, qué tan de acuerdo está usted con peatonalizar ciertas vías de la ciudad, menos de un 30% de los encuestados afirma estar de acuerdo. El respaldo sigue siendo ínfimo. ¿Esperaban algo diferente? Lo cierto es que ese corto recorrido entre las calles 10 y 26, se percibe como un espacio absolutamente huérfano de gestión por parte de la administración distrital: sucio, inseguro, oscuro de noche (no hay iluminación), lleno de indigentes, fachadas rayadas/grafiteadas, andenes intransitables por la invasión de ventas ambulantes, olor a meados, y unas materas donde nada verde crece, convertidas en el referente del visionario proyecto. Entonces, creo que tenemos que ser justos con el verdadero potencial de la idea y decir, que aquí no ha habido un proyecto integral de peatonalización como tal, sino un cerramiento de la vía sin más. Divertido, entretenido, desordenado, con bicicletas, sin duda mejor que lo que había anteriormente, pero nada más.

Queda claro el punto que he querido hacer. El mundo está lleno de buenas ideas para inspirarnos y echarlas a andar. Experiencias de peatonalizaciones exitosas hay muchas y definitivamente por ahí es que hay que ir. Ahora, hay que saberlos lograr, pues de lo contrario, arriesgamos lesionar de muerte la idea.

Por estos días, el gobierno ha anunciado el inicio del “verdadero” proyecto de peatonalización de la vía. El comercio está timbrado. Personalmente, nada quisiera más, que ver el legado de una espectacular peatonalización quedarse en Bogotá. Y aunque el tiempo corre, creo que es viable. Eso sí, el gobierno deberá reconocer sus errores, echarle ganas, cumplir con tiempos, entenderse y ser comprensivo con los actores, y sobretodo, asumir que un proyecto de estos trae consigo la enorme responsabilidad de levantar espíritus y ponernos a soñar con la posibilidad de una mejor ciudad.

Ir por menos, para qué.

Han tenido 914 días para acercar la visión de la vía a esto.

Han tenido 914 días para acercar la visión de la vía a esto.


Esta nota la motiva en un primer momento el contenido de una clase maravillosa (planeación urbana desde abajo) de la Profesora Marta Bonilla en la Universidad de los Andes, que centró los proyectos de sus estudiantes en la 7a peatonal. Fui invitado a presenciar los proyectos finales, que debo decir, me sorprendieron por su gran calidad y riqueza para estudiar las dinámicas de la peatonalización. 

Actitud de Turista y Happy Post Project

Actitud de Turista es la iniciativa de un gran amigo (Pastuso-Mario Chamorro) que hoy en día se encuentra en Nueva York llevándole un mensaje de felicidad y esperanza al mundo. ¿Quieren tips de cómo activar sensaciones maravillosas todos los días? Entren a Tourist Attitude.

Su otro proyecto es el Happy Post Project http://www.myhappypost.com/, a través del cual nos invita a todos a preguntarnos ¿Qué nos hace felices? y a escribirlo  o dibujarlo en un Post It. Muy sencillo. Ahora inténtelo con usted mismo y las personas que tiene a su alrededor; y descubra el poder de la pregunta. El proyecto está recorriendo el mundo.

En buena medida la inspiración de mi último artículo, Arte Urbano: Otro lente para ver la ciudad y de otras empresas personales de mi vida se han nutrido de su ejemplo. Para él, todos los créditos.