Archivo de la categoría: Ciudad y Ciudadanía

Cebras por la Vida gana Premio de Sostenibilidad Urbana 2014

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Les comparto la nota que sacó la semana pasada El Espectador contando sobre el Premio de Sostenibilidad Urbana que ganó el proyecto Cebras por la Vida en el marco del Foro Mundial Urbano que recién tuvo lugar en Medellín. Fue una gran semana durante la cual seguimos cohesionando liderazgos ciudadanos entre personas que sueñan con mejores ciudades para vivir y ser felices. Medellín deja una gran impresión en todos los que asistimos al Foro; por la calidez y el orgullo de su gente, porque indudablemente es una ciudad que avanza y se reinventa impulsada por el trabajo colectivo entre ciudadanos, gobierno, sector privado, universidades, etc.  Como bogotano me voy con envidia de la buena, pues hoy Medellín es indudablemente el referente de desarrollo urbano para Colombia y el mundo que alguna vez fue Bogotá. Lo de Bogotá es cada vez más lejano. Finalmente, todo el agradecimiento con La Ciudad Verde por abrirle este espacio a esfuerzos ciudadanos como Cebras por la Vida.

¿Por qué Cebras por la Vida en una frase? Priorizar al peatón es el principio ordenador más poderoso que pueda tener una ciudad para llevarle felicidad y calidad de vida a sus ciudadanos. Piénselo.

Cebra que le dejamos al Valle de Aburrá la semana pasada.

Artículo El Espectador

Recibió premio en el Foro Urbano Mundial

Bogotá quiere ser la más sostenible

La adecuación de bicicarriles y la iniciativa ciudadana que pinta de colores las cebras peatonales fueron reconocidas en Medellín.

Por: Esteban Dávila, Verónica Téllez Oliveros

Los ciudadanos del mundo están reclamando cada vez más el derecho a vivir en lugares cómodos e incluyentes. Durante el 7º Foro Urbano Mundial en Medellín, el director de ONU Hábitat, Joan Clos, y el Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, exhortaron a los líderes y ciudadanos a enfocarse en la senda de la sostenibilidad si se quieren construir “ciudades habitables”.

En Colombia, un movimiento que trabaja por que la ciudadanía se empodere en estos temas es La Ciudad Verde, que esta semana premió iniciativas creativas de los habitantes y los municipios del país.

Uno de los tres premios entregados en Sostenibilidad Creativa fue para el bogotano Germán Sarmiento, quien presentó su propuesta Cebras por la Vida, la que define como “una forma de llamar la atención sobre un problema que se ha mantenido invisible en la ciudad: el de ser peatón”, uno de los actores más vulnerables en la vía.

Se trata de un acto pedagógico que busca hacer el reclamo a la sociedad para que proteja al peatón y al Estado para que intervenga en cuestiones tan elementales como el cuidado de la cebra y el control alrededor de elementos de la seguridad vial para que se “pueda caminar dignamente por la ciudad”. Sigue leyendo

Decorando la ciudad de modernidad y sostenibilidad: WIFI gratis en Transmilenio y jardines/paraderos de bus

¿En serio?  Fuente: Revista Semana

¿En serio? Fuente: Revista Semana

Ultimo artículo durante la era Petro, que resume mucho lo que fue.

La actual administración sale con unos proyectos/ideas que parecen un mal chiste. En medio del colapso de Transmilenio y las protestas de hace un par de semanas por el mal servicio y el hacinamiento, anuncian que se estrena WIFI gratis en el sistema de buses rojos. Felipe Zuleta escribió sobre esto en una columna reciente (De culo para el estanco): “Pero como dicen los usuarios, si nos roban los celulares y las tabletas sin sacarlos, cómo será si los sacamos dizque para navegar por internet.” Bajo este escenario, este WIFI que ofrece el Gobierno Distrital no es más que decoración. Una vanidad. Pretensiones de una ciudad inteligente. Buenas ideas y hasta buenas intenciones que en medio del contexto actual de la ciudad, son absurdas y risibles. ¿En qué ciudad viven estos señores?

El desarrollo de una ciudad depende de procesos, no de comprar y adquirir juguetes. Pero vemos a la administración anunciando con bombos todas sus compras materiales: sus nuevos compactadores, nuevos taxis eléctricos, WIFI para Transmilenio, WIFI en la plaza de Bolívar, máquina tapa huecos, motos para la policía, Segways para la policía, aplicación para tapar alcantarillas, etc. ¿Pero y dónde están los resultados? Ahí están los compactadores destrozados en unos talleres, los huecos sin tapar, el WIFI sin usar, el aire cada día más contaminado, y en general, la misma percepción de inseguridad.

Paraderos en los que nadie para

Paraderos en los que nadie para

Por lo tanto no son más que decoraciones, igual que los paraderos de bus que ahora han decidido disfrazar de jardines (Artículo Semana: Paraderos Verdes). Esto último sí es demasiado jocoso: estructuras (paraderos) que hasta ahora para lo único que han servido es para cederle a unos privados un espacio publicitario privilegiado (EUCOL); paraderos no pueden llamarse. Ese nombre hay que ganárselo haciendo que los buses recojan y descarguen a los pasajeros en esos puntos; un comportamiento básico y de puro sentido común para el  buen funcionamiento de la movilidad de una ciudad, pero que históricamente, los gobiernos han sido incapaces de regular. Pues ahora que sean jardines.  Genial. Entretanto se caen los árboles de la ciudad por la misma razón que las vías están llenas de huecos y el espacio público en general destrozado: falta de gerencia y mantenimiento. La semana pasada uno de estos árboles cobró la vida de una mujer.

A los gobiernos no se les puede juzgar sólo por sus buenas y nobles intenciones. Tienen que haber prioridades y planes coherentes con las realidades de la ciudad. Hay que tener sueños y aspiraciones, pero también hay que saber llegar a ellos. Vuelvo y pregunto: ¿En qué ciudad viven estos funcionarios?

Creo que así pretenden decorar de ciudad sostenible y moderna a Bogotá.

Nota final. Petro tenía que irse de la alcaldía. Instituciones internacionales como la OEA y la CIDH,  manejan una doble moral, lo que en mi opinión le resta legitimidad a sus actuaciones. Mientras callan y se asustan con gobiernos matones como el de Venezuela, una dictadura desde hace años, ampara a un alcalde que siguiendo el mismo libreto de Chávez, ha reducido el concepto de democracia a salir elegido en las urnas. Democracia es mucho más que eso. Los criterios y estándares de democracia y justicia que aplican, ni son constantes, ni son aceptables.

Con o sin Petro, desde hace rato la que viene perdiendo es Bogotá.

Bogotá: Haber votado así fuera en blanco

Fuente: Revista Semana

Fuente: Revista Semana

El 65% de los bogotanos no salió a votar. Esta apatía es la que en buena medida nos tiene como nos tiene. Y lo peor de todo es que lo sabemos bien. Haber votado así fuera en blanco. No llovió, la Ciclovía estuvo cerrada, era domingo, hay elecciones cada 4 años. Somos demasiado cómodos y dejados. El deplorable estado de la ciudad y nuestras batallas egoístas contra todos y todo en la cotidianidad, son un reflejo de eso. Venimos viviendo en un estado de apatía y amargura con vicios de epidemia, que sólo parará si empezamos a hacer ciertos esfuerzos. En esa línea, no nos puede dar mamera votar. Pero además, debemos ser conscientes que nuestro juego como ciudadanos no se limita al voto. No podemos seguir alimentando nuestra propia desgracia, por más escépticos y desilusionados que estemos, y asqueados por el circo de la política colombiana y el prolongado desgobierno de la ciudad.

 El cuento de los derechos sí que gusta, pero el de los deberes más bien poco.

 Pensaría que hemos padecido lo suficiente. Que el maltrato sistemático que nos aplica la ciudad termina por sacudir a la ciudadanía. A veces creo que sí.  He visto y conocido unas iniciativas ciudadanas increíbles que alientan. Pero otras veces, señales como esta, evidencian que no; que en Bogotá domina una escalofriante apatía colectiva.

 Es innegable que en Bogotá la crisis se ahonda y echa raíces, en gran medida gracias a esa impresionante pereza ciudadana. Somos unos fenómenos para criticarlo todo, para solo indignarnos, y por supuesto, para quedarnos en eso…en nada más que la indignación. Una indignación ligera y pasajera, que así como se prende, vuelve y se apaga.

 ¿Y qué queda? Las tragedias se repiten. La crisis se prolonga.

 Haber votado así fuera en blanco.

 Ya hace un tiempo me había encontrado con la siguiente frase de Bertolt Brecht que nos habla de esa apatía:

“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del arroz, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro, que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.

 No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos, que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales multinacionales.”

¿Qué necesitamos para movernos? ¿Cuánto nos ha costado tanta apatía por los asuntos públicos del país y la ciudad?

Nota final: Hay que ser equilibrados y reconocer, que la falta de canales innovadores y efectivos de participación, distintos al voto, aplastan el interés ciudadano. Aquí hay un reto grande por inventárselos, proponerlos y construirlos. Los espacios de participación tradicionales no funcionan. La gente no cree en ellos. La confianza ciudadana en las instituciones está por el piso. ¿Qué se necesita para incentivar una mayor y más consciente participación ciudadana? ¿Cómo seducir esa participación? ¿Cuáles son las barreras que desmotivan al ciudadano? ¿Cómo podemos mejorar la interacción entre el ciudadano y el gobierno? Preguntas que debemos respondernos y sobre las cuales tenemos que actuar innovando.

 De todas maneras, nada de esto excusa semejantes niveles de abstención.

Hacer del peatón la prioridad: Ruta hacia una gran ciudad I

Ojo en el peaton

0 El ojo siempre en el peatón. Su cuidado, la obsesión de la ciudad.

No sé si sienten lo mismo, pero yo veo una Bogotá paralizada, patinando sobre el mismo eje, sobre los mismos problemas, ahogándose en retórica, diagnósticos y estudios de grandes proyectos de transporte o infraestructura, polarizada políticamente y fragmentándose cada vez más. Ahora, y ya lo he dicho, no hay crisis, sin que detrás se encuentren infinidad de oportunidades.  ¿Pero dónde están las de Bogotá?

 La idea que vengo a compartirles es la siguiente: para hacer de Bogotá una ciudad caminable a lo largo y ancho, varias cosas son indispensables, que si se logran, y es posible empezar ya, hoy mismo, nos conducirán en la dirección para avanzar en la construcción de una gran ciudad para vivir y ser felices.

 ¿Por qué es estratégico para la transformación de la ciudad? ¿Cómo nos puede ayudar un enfoque colectivo que priorice al peatón a levantar esta ciudad de sus múltiples crisis? (Movilidad, inseguridad, contaminación, confianza, eficacia de su gobierno,  autoridad, espacio público, economía, salud) ¿Cómo nos puede ayudar a poner en movimiento la transformación física y cultural de la ciudad?

 Entre las razones, desarrollaré las siguientes: 1) Ordenar Prioridades y Dimensión Humana, 2) Empezar ya y Pequeñas Acciones que son Determinantes 2) Empatía y Causas Comunes, 3) Seguridad 4) Sostenibilidad y 5) Buen Gobierno y Gestión. Empezaré por las primeras tres y volveré con las demás en futuras notas.

 Ordenar Prioridades y Dimensión Humana

 “Si diseñas una ciudad para carros y para el tráfico, consigues carros y tráfico. Si diseñas una ciudad para personas y lugares,  consigues personas y lugares.”

Fred Kent, Fundador Project for Public Spaces.

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Ciudades para vivir y ser felices

 Para comenzar, pensar en el bienestar del peatón nos ayuda a ordenar y a reenfocar nuestras prioridades. Nos obliga a hacernos preguntas fundamentales, que pareciera hemos dejado de hacernos.  Por ejemplo: ¿Cómo queremos vivir? ¿Qué necesitamos para vivir mejor? ¿Más carros? ¿Parques? ¿Centros Comerciales? ¿Qué necesitamos para ser felices?

 Pensar en la problemática del peatón, nos jala con gran fuerza a  centrar nuestra atención en las necesidades de los seres humanos que vivimos la ciudad, primero y siempre. Nos invita a observar la ciudad y sus dinámicas con nuevos ojos, instándonos a pensar su diseño y funcionalidad, su infinidad de detalles, desde el respeto por la escala y dimensión humana. ¿Cuáles son las verdaderas necesidades de las personas que vivimos en la ciudad? Bajo un enfoque que prioriza al peatón, las personas son lo importante, no la comodidad de los carros. Bogotá necesita ordenar sus prioridades y habría que empezar por esto. ¿No creen?

 Porque pasa el tiempo, y se afianza en Bogotá una cultura cada vez más dependiente del auto particular, que vemos a diario cómo va comiéndose la calidad de vida de todos sus ciudadanos, sin discriminar por estrato, y que ya sabemos, terminará por colapsar la ciudad.

 As­í es que tenemos que dejar de diseñar y acomodar para el carro –sólo aproximadamente el 14% de viajes se hacen en carro particular-, y devolverle la ciudad a los seres humanos. Y para esto, nada como una política deliberada de priorizar al peatón, que le ayude a la ciudad a activar este radical cambio de chip. Primero las personas, priorizar la calidad de vida del ciudadano, proteger vidas humanas, etc. Es una cuestión de equidad, pero también, de viabilidad de la ciudad.

No me caben dudas. Un enfoque así, invitaría a la ciudad a actuar con mayor determinación y sentido de urgencia, en el sentido de mejorar y ampliar el sistema de transporte público (acabar con esa mafia de la “Guerra del Centavo), y mejorar las condiciones de ciclistas y peatones. Un enfoque así, orientaría mejor el criterio y las decisiones dentro de la administración, en cuanto al diseño y la ejecución de sus proyectos, por ejemplo el SITP. ¿O creen que el problema de las dobles tarjetas o su lenta implementación, resultaron de pensar obsesivamente en la calidad de vida del ciudadano? Un enfoque así, acercaría mucho más al cuerpo de policía de la ciudad a la ciudadanía, y entonces, quisiera pensar, habría podido evitarse, por ejemplo la muerte del joven grafitero. Un enfoque así, daría un enorme énfasis, al orden y al estado del espacio público, pues es allí, donde construimos confianza los ciudadanos y cobra verdadera vida la ciudad.

 ¿A quién o a qué se debe la ciudad si no es a las personas que en ella vivimos? ¿A sus ciudadanos? Entonces, empezar por aquí.

 Podemos empezar ya. Pequeñas acciones que son determinantes.

 “El valor no es más que la acumulación de pequeños pasos.”

Gyory Konraid.

Cebras por la Vida

Pequeñas acciones que son determinantes

¿Qué esperamos para dar inicio a la transformación? Podemos empezar a activar ya un proceso de transformación positiva de la ciudad, desde pequeñas intervenciones y acciones, alrededor del cuidado del peatón, que destrabe la parálisis de la ciudad. ¿Cómo protegemos y dignificamos a las personas que caminan en la ciudad? Acciones como  pintar las cebras de la ciudad, señalizar calles, vigilar la velocidad en las vías, sacar a los carros de las aceras, ordenar y embellecer la vida exterior de la ciudad, podrían desencadenar un proceso de gerencia y recuperación del espacio público, que Bogotá necesita urgentemente.  Además, así se enviaría un poderoso mensaje a la ciudadanía de compromiso por mover la ciudad hacia adelante, a través de acciones y hechos palpables que impactarían positiva y de manera  inmediata la calidad de vida de los ciudadanos. Acciones que lo ciudadanos verán, pero que además sentirán.

Al mismo tiempo, la ciudad irá ganando confianza para moverse hacia intervenciones de mayor escala. Pero hay que dar esos primeros pasos con consistencia y determinación. La gente está cansada de tanta promesa de transformación que se queda en el discurso. Entonces, a través de pequeñas acciones que son necesarias para cuidar y dignificar al peatón, que son factibles y realizables en el corto plazo, pondremos en movimiento una transformación real, concreta y gradual de la ciudad.

Que no nos quepa duda, de los pequeños detalles depende el éxito de la ciudad.

 Empatía y Causas Comunes

 “Las ciudades tienen la capacidad de darle algo a todos, solo sí, y solo cuando, se construyen entre todos”

Jane Jacobs

NO hay andenes por donde transitar. Toca por la calle

NO hay andenes por donde transitar. Toca por la calle

 En Bogotá es urgente, diría que vital, que encontremos causas comunes que nos acerquen y nos inviten a construir colectivamente la ciudad. En eso, creo que muchos estamos de acuerdo. Ahora, ¿Quién no es peatón? La respuesta es clara. Lo cierto es que todos somos peatones y nadie está exento del riesgo de la violencia vial que se vive en la ciudad. Tenemos que ser conscientes que en cualquier momento, en cuestión de un segundo, una atropellada nos puede cambiar la vida o llevarse la de algún ser querido. Posiblemente, no haya otra causa en la vida urbana, que nos aglutine como la defensa del peatón.

 Obligadamente, la problemática del peatón nos pone a ver a través de las necesidades del otro y a pensar en las necesidades de los grupos más frágiles y vulnerables de la sociedad. Precisamente por ser el actor más frágil y vulnerable en la vía, el peatón requiere de especial consideración y cuidado. Un énfasis deliberado en su cuidado, nos ayudará a fortalecer la conciencia colectiva sobre el cuidado  y respeto de la vida, y nos obliga a que entre ciudadanos nos protejamos mutuamente.  La del peatón, es una causa que nos invita a trabajar juntos, gobierno y ciudadanía, pero además, sin importar diferencias de género, edad, estrato, raciales, o de tendencia política. ¿Izquierda o derecha? Qué importa.  Todos somos peatones. En esto, por ejemplo, el discurso de Petro y Peñalosa es casi el mismo.

Cebra de Colores Cr 11 con Cll 87

 Esta es una pregunta que no me canso de hacer: ¿Ha pensado en lo que le significa a una persona en silla ruedas moverse por Bogotá y las implicaciones que eso tiene en su vida? ¿Lo mismo, por ejemplo, para una persona mayor de edad o para una mujer en estado de embarazo? También vale la pena preguntarnos: ¿Cómo queremos llegar a viejos? ¿Nos sentimos tranquilos con la ciudad como está, para nuestros hijos? La causa del peatón no solo nos invita, sino que además obliga a pensar en la construcción de una ciudad que nos funcione a todos.

 El diseño y la gestión de la ciudad, son un poderoso instrumento que bien pueden segregar o excluir, o por el contrario, producir verdaderas condiciones de equidad e inclusión en la vida de las personas.

Viene más en próximo articulo…….¿Cómo el enfoque de priorizar al peatón le ayudaría a la seguridad de la ciudad?

¿Qué le pasó al Día sin Carro?

Día sin Carro Bogota, Febrero 6 de 2013

Día sin Carro Bogota, Febrero 6 de 2014

Pasó el día sin carro. Otro. Y a pesar de la importancia que tiene una jornada como esta para la ciudad, en medio de la crisis y la congestión diaria que vivimos los bogotanos, para reflexionar, para convencernos de que es posible vivir de otras maneras, vivir mejor, vuelve a quedar la sensación de que el Día sin Carro sigue perdiendo brillo y acogida entre los ciudadanos. Lastimosamente los ciudadanos, pero todos en general, parecemos comprender cada vez menos su valor y significado. Antes siempre podíamos anticipar el rechazo de gremios como FENALCO. Predecibles y miopes. Sin embargo, este año, sorprendentemente expertos del tema urbano y movilidad como Eduardo Beherentz, también le dieron palo ¿Qué le pasó a la jornada? ¿Qué hay que hacer para recuperarle su significado?

Pasan los años, y aunque hay que reconocer que la administración actual hizo esfuerzos interesantes en las pasadas 2 jornadas, sobre todo habilitando la red de ciclovías, queda claro que para recuperarle su energía y dinámica, el esfuerzo debe ser significativamente mayor por parte del equipo organizador y del gobierno en su totalidad.  Lo veo así; fue tal el sentimiento que se enraizó a lo largo de tantos años de pereza institucional preparando y animando la jornada, que para reversarlo, se necesitará de algo realmente especial, sobre todo, en el sentido de devolverle coherencia y consistencia al día. Mucha coherencia y consistencia.  Porque salimos ese día a las calles, y si bien las revoluciones de la ciudad en algo disminuyen, ahí sigue la plaga de motos que nadie ataja, la Guerra del Centavo que nadie enfrenta, el abuso diario del gremio de los taxistas, Transmilenio más colapsado, y algo nuevo y que es el colmo, carros blindados de particulares transitando (ahora no compran 2 carros, se compran un blindado), configurando el paisaje de la ciudad. Mientras tanto, ni el trancón, ni la contaminación ceden. ¿Qué mensaje envía un escenario como este a los ciudadanos? Así pues, se hace difícil legitimar la jornada.  ¿No creen?

Lo cual me trae a otro punto importante.  La jornada no puede tratarse ni entenderse como un proyecto de un día y ya, ni aislado de lo que pasa en la ciudad. Tampoco puede depender del extraordinario, pero solitario esfuerzo de los apasionados de la bicicleta. Si bien la fecha en que salimos en bicicleta,  caminamos y usamos el transporte público es fundamental, la etapa de preparación de la ciudadanía, dónde se nos invita y seduce a vivir la ciudad de una mejor manera, es tanto o más importante. Debe haber mucha comunicación previa, alrededor de una preparación de la ciudad para vivir la jornada – (rutas, actividades, alquiler de bicicletas, parqueaderos)-, indicando las posibilidades y ventajas que ofrece el día.

Por otra parte, desde el gobierno debe trabajarse obsesivamente por mejorar y evolucionar la jornada año tras año. Para eso, es clave entender lo que funcionó y no funcionó de cada jornada, con el objetivo de proponerse mejoras concretas y posibles para la próxima edición.  ¿Cómo mejoramos la jornada? ¿Qué nuevos elementos podemos incorporarle? ¿Cómo fortalecemos su componente pedagógico? Por ejemplo, si ya sabemos del problema de las motos ¿Por qué no se tramitó lo necesario para eliminarlas? Si sabemos que la flota de buses tradicionales es la que más contamina ¿Por qué siguen saliendo en esas cantidades? Que sea un proyecto de ciudad más que de gobierno.  Deben haber unas metas muy concretas que guíen su preparación y ayuden a medir su éxito: número de ciclistas y peatones en las calles, niveles de contaminación, usuarios SITP y Transmilenio, y por supuesto, prestarle mucha atención al ánimo y las reacciones de la gente.

Finalmente, el Día sin Carro debería plantearse como fecha referente en el tiempo para que el gobierno le presente a la ciudadanía avances significativos en materia de movilidad, en términos de indicadores y también de proyectos. Para que nos cuenten por ejemplo en qué va el SITP, qué ha pasado con las nuevas fases de Transmilenio y los estudios del metro, en qué va el proyecto de bicicletas públicas y la expansión de la red de ciclorutas, para que nos digan cómo se ha comportado la accidentalidad vial y qué han hecho al respecto. Para que rindan cuentas.

El Día sin Carro es mucho más que una jornada aislada. Viéndolo bien, fácilmente podría ser una poderosa herramienta de política pública y de comunicación con la ciudadanía, alrededor de la cual planteamos un camino aterrizado y colectivo para salir de esta profunda y repetitiva crisis de la movilidad de la ciudad.

La pregunta no puede ser si seguimos o no con el Día sin Carro. La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿Cómo hacemos para rescatarlo, fortalecerlo y mejorarlo año a año?

Nota final. Sobre la advertencia que emitió la Secretaría de Movilidad la semana pasada (Ver: Bicicarriles pintados sin permiso por ciudadanos serán borrados), justo en la víspera del Día sin Carro, en el sentido de que borrará bicicarriles ciudadanos, la invitación es a que aproveche estratégicamente todas esas ganas  y la energía de los ciudadanos que quieren aportar con acciones y propuestas a la transformación de la ciudad, articulándolas a su trabajo. El Distrito no se puede dar el lujo de despreciar estos esfuerzos (Ver: La bobada de borrar ciclocarriles ciudadanos). Detrás de estas acciones hay unos ciudadanos activos y bien intencionados, que le están diciendo algo, y mal haría el gobierno en cerrarles la puerta en sus narices. Aquí lo que hay, es una gran oportunidad de replantear las relaciones gobierno-ciudadanía y para innovar en nuevas formas y canales de participación ciudadana.

El espacio público de Bogotá ¿Chicharrón u oportunidad?

Una calles de San Francisco

Una calle de San Francisco

Una ciudad es tan exitosa y democrática como la calidad del espacio público que les ofrece a sus ciudadanos. De esto, estoy convencido. Pero hoy por hoy, hay que decirlo, el estado del espacio público de Bogotá es para llorar; deprimente[1]. Para comprobarlo, basta con asomarse a la ventana y ver. La ciudad está vuelta $%$&.

¿Cuál es la razón de esto? A mi modo de verlo es bastante claro: ya van a ser varios los años, demasiados, en los que sencillamente no ha habido quien gerencie y vele por el cuidado de su espacio público. Este no se cuida, no se mantiene, no se restaura, no se regula, no se proyecta, y por supuesto, tampoco hay quien sancione a sus transgresores. Y esto es hablando de estándares mínimos y básicos. ¿Recuerdan la niña que murió el año pasado al caer en una alcantarilla sin tapa? (Esta nota da una buena muestra de lo trágico que esto resulta: Bogotá: 10 noticias diferentes al caso Petro)  Mientras tanto, es evidente que todos, incluyendo autoridades y agencias del distrito, contribuyen lo suyo -con hechos, comportamientos y omisión- a su descomposición[2].

A pesar de su importancia y relevancia para todo lo que ocurre en la ciudad e implica vivir en ella, el tema permanece a  la deriva y sin dolientes. Es un chicharrón por el que nadie quiere responder y por el que pocos piden respuesta. ¿Cuál es la agencia responsable y líder del tema? ¿Es el IDU? ¿Es Movilidad? ¿Es el IPES? ¿Es la Defensoría del Espacio Público? Me imagino a cualquiera contestando medio en chiste, medio serio: “¿De verdad? Nooooo…¡¿Eso de verdad existe?!” ¿Coordinan estas agencias sus políticas y acciones? ¿Quién responde por qué dentro del Distrito? ¿Cuál es la agenda para el espacio público de Bogotá? Preguntas elementales sobre el tema, que estoy seguro, difícilmente le sabrán responder en el Distrito.

Un reconocido arquitecto decía lo siguiente: “En el andén todos nos encontramos como iguales.” Y es cierto.  El buen espacio público se traduce en equidad y dignifica a los que menos tienen. Entretanto, hay que ver cómo en Bogotá, los ricos pero también quienes pueden, optan cada vez más por privatizar y llevar a interiores su comodidad;  clubes privados, fincas, gimnasios, centros comerciales, futbol 5, etc. Es lamentable. La escasez de alternativas que ofrece la ciudad, además de fragmentarnos y segregarnos, afianza esa enajenante cultura del “shopping mall”.  Y entonces, sucede que mientras unos pocos se llenan los bolsillos de dinero y los demás deambulan como zombis, fracasamos como sociedad. Así de sencillo.

Un señor repara la pared que le rayaron

Un señor repara la pared que le rayaron

Gerenciar el espacio público es una necesidad vital y permanente de la ciudad. Alguien lo tiene que hacer desde el gobierno, y hacerlo bien. Pero más que eso, lo realmente importante es reconocer que el espacio público es una fuente sinigual de todo tipo de oportunidades para la ciudad y de felicidad para sus ciudadanos. Tener buenos parques, calles bonitas y seguras para caminar, plazas públicas, zonas verdes, gente y actividad, -espacio público vibrante y saludable- se traduce en oportunidades de recreación, económicas, para el buen vivir, culturales, de empleo, para cohesionar comunidades y construir confianza. Es ahí donde encontramos la verdadera vida de la ciudad. Además, una ciudad que gerencie adecuadamente su espacio público, tendrá mejores chances de gobernar la inseguridad[3].

Hacerlo es una inversión en calidad de vida para todos. Lo contrario y seguir igual, es la erosión de la dignidad de la ciudad y de todos los que en ella vivimos.


[1] Bogotá tiene 3.6 mts2 de espacio público per cápita. Meta nacional: 15 mts2

[2] Les encanta pautar con Pepe Pegotero. Y acordémonos del día en que Bieber, acompañado y protegido por la policía, grafiteó los muros de la 26,

[3] Teoría de las Ventanas Rotas

Bogotá en el 2014, De la política a la ciudadanía

¿Quién siente una gran emoción por este 2014 que se le viene a Bogotá? ¿Alguien?

De mi parte, les confieso que no mucha.

Aunque creo que la ciudad ha sido gobernada por un pésimo alcalde en los últimos dos años, habría preferido que Petro termine su mandato. En el 2015, con suficiente evidencia a sus espaldas de su incapacidad de gobernar y liderar un proyecto como Bogotá. Por eso, ni destitución, ni revocatoria. Pero todo indica que saldrá del Palacio de Liévano y vendrán elecciones atípicas o habrá alcalde escogido por el Presidente de una terna de progresistas. En  cualquier caso, el nuevo alcalde gobernará durante menos de 2 años. Bogotá no saldrá de su interinidad.

Entretanto, el ambiente político de cara al proceso electoral nacional se enciende, y el juego y la pelea por la capital del país serán centrales. La batalla de la política nacional se juega en Bogotá. Uribe será protagonista. Y un Petro alcalde y eventualmente destituido y vuelto mártir, también lo será. Prepárense para la cantaleta de estos dos. Para el escenario de unas elecciones atípicas, suena Pacho Santos por el Uribismo y otro que ya anunció su interés es William Vinasco. Es frecuente oír decir que el bogotano debe aprender a votar mejor. Advierto, Si llega a darse una elección este año, es probable que no haya qué escoger. Peñalosa está jugando en las presidenciales con un discurso urbano; clave para el futuro del país. Mockus y otros andan inhabilitados. Y otros cuentos más –Navarro, Galán-, anulados por la elección nacional. Un escenario patético. Ya entienden por qué lo decía.

Seguramente, en el debate de una eventual elección para elegir alcalde de Bogotá este 2014, los temas de fondo de la ciudad pasarán a segundo plano. Tengo mucha curiosidad de ver lo que pasará con esta elección. Nada está claro. Mientras tanto, la interinidad de la ciudad, ausente de un liderazgo y un proyecto claro, seguirá mermando la capacidad de administración y ejecución del aparato estatal del distrito. Será un año movido, diría que turbulento en lo político y de mucho ruido, pero me temo que estancado en cuanto a los procesos de transformación de la ciudad. Pero OJO, solo aquellos que se inician y en principio se lideran desde la institucionalidad de la ciudad.

Porque al tiempo que eso se frena, seguirán apareciendo y consolidándose iniciativas ciudadanas, emprendimientos sociales,  colectivos urbanos, etc., que surgen como respuesta natural al vacío de poder y de liderazgo que deja la crisis político-institucional de la ciudad.

El futuro de la ciudad no se trata de izquierda versus derecha, como todo se enmarca en las conversaciones políticas del país. Tenemos que salir de esa dicotomía estéril y divisoria. Se trata de su funcionamiento y sus transformaciones, y al final, de la felicidad y el bienestar de sus ciudadanos. Si bien en el mundo de la política, pocos parecen entenderlo, alivia sentir y saber que todo lo que huele a crisis y engendra politiquería, también aviva y acelera reacciones ciudadanas propositivas y transformadoras.

Hay que aprovechar esta coyuntura electoral y la activación del interés en la política que se despierta en estas épocas, para que más personas se entusiasmen a participar en la construcción de nuevos proyectos ciudadanos; que se gestan con la mira puesta en el interés colectivo de la ciudad.

No lo duden. Será un año político casi aturdidor. Pero pensándolo bien, también puede ser un año que acelere la consolidación de estos procesos. Algo clave, pensado en el futuro de la ciudad en el largo plazo.

Aprovecho para compartirles un video inspirador sobre la transformación de Nueva York en los últimos años. Otros lo están haciendo.

Bogotá Interina

Bogota,acéfala Por: Matador

Bogota,acéfala Por: Matador

Bogotá no sale de su calvario. Trágicamente la ciudad vuelve a quedar en interinidad. Continúa su desintegración institucional.

La destitución del alcalde, así cuente con argumentos de ley, carece de legitimidad y credibilidad porque detrás de la decisión está el emperador Ordoñez. Punto. Un tipo arbitrario, ideólogo radical, clientelista enclosetado, que viene excediéndose peligrosamente en el ejercicio de sus funciones y poderes, impunemente y sin contrapeso a la vista. Su decisión será interpretada como una decisión netamente política, insisto, así hubiese tenido argumentos de fuerza para sacarlo. Algo que Petro capitalizará en su futuro político. Esto sucede en un país completamente huérfano de un sistema de justicia. La acumulación de poder del señor Ordoñez  es precisamente un resultado de este vacío.

Por su parte, hay que decir que Gustavo Petro abusó de su posición y se otorgó facultades por fuera de su alcance, pretendiendo que las reglas de juego no le aplicaran como administrador de la ciudad. Tergiversó, desfiguró, redujo el concepto de democracia al simple hecho de salir elegido en las urnas. Se dedicó a hacer política populista, a confrontar y dividir,  a abrir sin respiro y desordenadamente frentes de debate, y pese a contar con un discurso progresista para muchos temas de la ciudad, fue incapaz de traducir sus palabras en hechos. Tras 2 años de gobierno, por ejemplo, fue incapaz de conformar y cohesionar un equipo de trabajo (perdí la cuenta de renuncias y cambios en su gabinete). La mejor defensa de Petro, política y judicial, habría sido una gestión eficiente y responsable de la ciudad. ¿Y cómo se encuentra la ciudad tras estos 2 años de su gobierno? No la hubo. Afuera en las calles poco o nada ha cambiado para los ciudadanos. El ánimo de la gente no mejora. Bogotá sigue sin norte.

Eso sí, la ciudad está cada vez más contaminada de política nacional. Lastimosamente, más que proyectos de ciudad o país, lo que domina en Colombia, son proyectos personales de poder. Ordoñez tiene el suyo. Petro tiene el suyo. Dos egos monumentales, enfrentados desde orillas ideológicas opuestas, aportando cada uno lo suyo a la desinstitucionalización de todo. Pierde el país. Pierde Bogotá.

Finalmente, no me cabe duda que el futuro de la ciudad, lo encontraremos en el fortalecimiento de su sociedad civil, de su ciudadanía y de la construcción que adelantemos de una verdadera visión colectiva de la ciudad que queremos. La crisis de la ciudad, es una crisis de su liderazgo político y de sus instituciones, pero pasa también, ya lo he dicho, por una crisis de su ciudadanía. Esta nueva interinidad, confirma la necesidad de fortalecer los procesos de la ciudad desde abajo.

Justin Bieber y sus rayones

El cagón del Justin Bieber, escoltado por varios policías de la ciudad y su seguridad privada, detiene sus 4×4 blindados en plena avenida 26,  para grafitear, junto con un grupo de sus compadres, los muros de la ciudad. Esto sucede en horas de la noche. Tratamiento de estrella. Hay unos que hacen lo que se les da la gana, cuando se les da la gana con la venia sumisa y pendeja de nuestras autoridades. Así funciona esto por acá.  Un ejemplo más de lo atrofiado del criterio de nuestra policía. ¿Para quién trabajan? ¿Alguien sabe? Un ejemplo más de cómo en este país los privilegios y la seguridad se han privatizado, se le entregan a unos pocos. Un ejemplo más de cómo se perratean las posiciones de autoridad, de cómo se desdibujan las normas. De cómo, en cuestión de valores y prioridades sencillamente todo lo tenemos patas arriba. Igualito a cómo cuando uno de nuestros decorosos políticos parquea donde le place o pasa con su caravana de escoltas, abriendo camino, sin respetar pares, semáforos en rojo, nada. Para ellos esto no es nada. Es normal. Es su derecho divino. El derecho divino a pasar por encima de todos y de todo.

Alguien lo decía muy bien en las redes sociales: “Los mismos que mataron a Diego Felipe Becerra, ayer acompañaron a Bieber para que rayara alguna de las paredes de la ciudad.” Es fuerte, pero tiene mucho de cierto.

Como ciudadano de a pie, uno suele temerle a la racionalidad de nuestra policía; sí, tristemente dudamos de sus intenciones, criterio y disposición de ayudarle a la ciudadanía. A veces, al verlos actuar, o cuando recibimos este tipo de noticias, es inevitable preguntarse qué los motiva. Es normal encontrarse con opiniones de ciudadanos diciendo que viven detrás de la mordida, o que están para joder más que para ayudar, o que nunca aparecen cuando se les necesita, o que sucedió en sus narices pero que nada hicieron. Si bien no podemos generalizar, lo cierto es que como cuerpo de autoridad sufren de un preocupante déficit de credibilidad frente a la ciudadanía.

Por otra parte, esto sucede en una ciudad que se encuentra absolutamente devorada por el grafiti. Donde el arte se confunde con el  rayón burdo que agrede. Y donde ese rayón burdo, nubla el arte callejero de los verdaderos artistas. Asimismo, la muerte del joven grafitero evidencia los riesgos que enfrenta una actividad como el grafiti en un contexto inseguro y cargado de riesgos como lo es la noche bogotana.

Por todo lo anterior y más, le corresponde a la ciudad encontrar maneras de canalizar positivamente la actividad del grafiti. Personalmente, estoy convencido que en el arte urbano tenemos una poderosa herramienta para revitalizar y embellecer nuestra ciudad, para acercar y activar comunidades, al tiempo que aprovechamos y potenciamos el talento, la creatividad y energía de miles de nuestros jóvenes. En esto, recientemente el gobierno de Gustavo Petro,  llevó a cabo una valiosa iniciativa, invitando a colectivos de artistas urbanos a intervenir con grandes formatos las culatas de la avenida 26.

El resultado habla por sí solo. (Ver fotos) ¿Qué más sigue de todo esto? ¿Profundizarán en el desarrollo de estas políticas? Esperamos que sí.

Ahora, de manera preocupante, este incidente deja ver cómo las políticas de unos van por un lado y las actuaciones de los otros por caminos muy distintos. Algo muy desafortunado y me atrevería a decir que trágico, pues para que esto de la ciudad funcione, el diálogo y la coordinación entre policía y gobierno, y su alineación de prioridades, son elementos absolutamente obligatorios.

Cebras por la Vida volvió a jugar

Intervención #2 – Colegio La Palestina, Cll 80 con Cr 76, Engativá

En julio de este año, un compañero de este grupo de jóvenes quedó en coma tras ser impactado por un articulado de Transmilenio a las afueras del Colegio.

Estamos muy agradecidos con este grupo de jóvenes del Colegio La Palestina. Todos trabajamos en equipo. Lo hicieron con la seriedad de niños jugando. Como debe ser. Lo hicieron ver muy fácil. Esperamos haberles dejado una buena reflexión sobre el problema del peatón en la ciudad y que lo hayan disfrutado tanto como nosotros. Contamos con ellos para que el mensaje le llegue a muchos más.

Santiago Martín, un estudiante que participó en la actividad, dijo lo siguiente: “utilizando el arte para hacer llamativa a la cebra, se le da importancia al peatón, uno de los actores más importantes en la movilidad”. (Obtenido de nota de ADN)

Esto es una expresión ciudadana. Quizá, con colores, las señales de tránsito dejen de ser invisibles.

Esto sucedió el viernes 25 de octubre de 2013.

Ciudad insensata, cortoplacista y miope: Tragedias Anunciadas

Foto de @CamiloMontoyaYe:

Foto de @CamiloMontoyaYe:”Así amaneció la alcantarilla por donde cayó la niña de 2 años en el centro de Bogotá “

No encuentro otros términos para definir a Bogotá. Semana tras semana, la inverosimilitud de las noticias que produce la ciudad, malas noticias, así nos lo confirma.

Hechos como la muerte reciente de Michel Dayana, una niña de 2 años, que muere al caer en una alcantarilla abierta en el centro de la ciudad –Av Jiménez con Cr 9- , no deja dudas. Dramas similares, absurdos, que rayan con la ficción, me atrevo a decir, suceden una y otra vez en Bogotá, no porque estemos locos o vivamos en Macondo, pero porque detrás de todas estas tragedias, advertidas, tenemos un gobierno que ha sido incapaz, ya por muchos años, de funcionar y cumplir con sus mínimos. El decaimiento del aparato estatal del Distrito, de su institucionalidad responsable de gerenciar la ciudad, de mantenerla, repararla y hacerla funcionar adecuadamente para sus ciudadanos, ha alcanzado unos niveles trágicos ¡Una niña de 2 años se fue por una alcantarilla que duró días, probablemente semanas, sin ser tapada! ¿Cuánto irá a durar la indignación? ¿La calentura en los medios? Pero lo más importante: ¿Qué resultará de esta indignación? ¿Valdrá de algo la muerte de Michel Dayana?  ¿Se logrará algo sustancial en términos de darle solución al problema? ¿Nos propondremos buscar las soluciones de fondo?

¿Las exigiremos?

O por el contrario. La tragedia se repetirá en el futuro, la noticia será la misma pero con otro nombre, será otro el niño o la niña, en otra fecha; como borregos nos haremos las mismas preguntas, nos calentaremos, nos indignaremos fogosamente, para al final, obtener las mismas respuestas inocuas y vacías de siempre que nos dan el gobierno de la ciudad y sus funcionarios. Entretanto, afuera, en las calles, todo igual.

Es fundamental que ante estas crisis, que frente a estas tragedias urbanas y humanas, dejemos de mirar miopemente, buscando el chivo expiatorio para la noticia caliente, como por ejemplo, señalar al ladrón de la alcantarilla. Que lo hay, lo hay. No obstante, una tragedia como esta, creería uno, merece por parte de todos –gobierno, medios y sociedad- que hagamos otras preguntas mucho más estructurales y de fondo. Y el gobierno, quien se las haga en primer lugar. Mirar hacia adentro, empezar por reconocer las fallas. Sus fallas. Percatarse del deplorable estado en el que se encuentra la ciudad y cuánto de eso se debe a su no gerencia. Hacer una profunda autocrítica.

Por lo tanto, la principal pregunta que debe responderse es la siguiente:

¿Cómo encara hoy el gobierno de la ciudad su cuota de responsabilidad  por esta tragedia que sucede bajo su administración, que pudo evitarse, de haber estado tapada la alcantarilla? Y a continuación: ¿Cómo responderá en términos de su gestión y qué acciones concretas tomará frente al contexto que la ocasionó? ¿Aprovechará la crisis, para  plantearse actuar bajo un sistema moderno de gerencia de la ciudad y de su espacio público que atienda las miles de situaciones de idéntico corte que a diario padecemos los bogotanos?

Porque si bien estamos hablando de una situación puntual, la muerte de  Michel Dayana, la alcantarilla es solo un ejemplo que perfectamente se extiende a una infinidad de otras situaciones que nos encontramos en las calles, “pequeños detalles” que merecen y es obligación del gobierno de la ciudad reparar y prever, pero que quedan ahí, agravándose, huérfanos, mientras se afianzan las posibilidades de que ocurra la próxima tragedia.

El problema es evidente con la infraestructura de la ciudad, pero igualmente con todo lo que atañe el ejercicio de la autoridad y el control sobre lo que ocurre en su espacio público; atracos, robos de alcantarillas, ventas ambulantes sin ningún orden, carteles, pasa calles, riñas, tipos orinando, buses volándose semáforos en rojo, carros estacionados sobre los andenes, motos transitando sobre estos, taxis apoderados de la vía, etc., etc. Todo pasa impune.

Finalmente. El debilitamiento de la institucionalidad de la ciudad, de su capacidad de gerenciarse, no es responsabilidad exclusiva del gobierno actual. Pero eso es consuelo. Lo importante es entender que su momento es hoy, que su responsabilidad está aquí y ahora. ¿La asumirá? ¿Lo exigiremos los ciudadanos?

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Algunas preguntas que deben responderse:

  • ¿Qué medidas se tomarán inmediatamente y cuáles se van a preparar en el mediano y largo plazo para evitar que este tipo de tragedias se repitan a futuro?
  • ¿Cómo propone el gobierno de la ciudad enfrentar el robo de estas alcantarillas? Detrás de esto hay un negocio, hay una mafia. (1400 alcantarillas robadas en Bogotá en el transcurso del año, 5 diarias)
  • ¿Cómo corresponderá el gobierno su obligación de reparar con mayor celeridad estos riesgos?
  • ¿De qué manera responderá con mayor agilidad y asertividad a las alertas que le dirige la ciudadanía para que atienda estas situaciones de riesgo?
  • ¿Cómo en vista de cientos y miles de situaciones que presentan riesgo en la ciudad, por lo menos se buscan mecanismos  temporales que alerten sobre su presencia?

Reinventando la cultura ciudadana para Bogotá

Arrastro una emoción muy grande desde la última intervención que realizamos de Cebras por la Vida el pasado miércoles, 14 de agosto de 2013. Hemos empezado una faceta maravillosa y emocionante de este proyecto ciudadano que ha centrado su mensaje en la urgencia que tenemos como sociedad de darle al peatón, a las personas que caminamos la ciudad, que somos todos, un lugar en lo más alto de las prioridades de nuestro proyecto urbano y de sociedad. Nuestro proyecto siempre ha tenido como propósito articular esfuerzos, inculcar y amplificar el mensaje, y empezamos por lo más importante: la ciudadanía. Esto se gesta por ciudadanos preocupados y comprometidos con su ciudad, que han entendido que cualquier proyecto exitoso de ciudad, necesita de una ciudadanía activa, exigente y crítica, pero también propositiva y corresponsable. Una ciudadanía que se toma muy en serio su rol como agente de cambio que interviene directamente en las transformaciones de su entorno.

Es de esto precisamente de lo que queremos contagiar. Asimismo, siempre hemos querido demostrarnos y demostrarle a la ciudad que es posible y al mismo tiempo necesario, encontrarnos alrededor de causas comunes por las cuales trabajar.  Es más, estamos convencidos que no hay otro camino para  sacar adelante a Bogotá. Las soluciones tendrán que salir de nosotros.

Y es entonces como esta nueva versión de Cebras por la Vida evidenciará cómo sí somos capaces de hacerlo, un colegio, una raya, una cebra a la vez. Será un trabajo gradual y acumulativo, que tendrá en la ciudadanía, y en los niños especialmente, su principal mano de obra y vocería. Los niños serán los grandes protagonistas de esta hazaña.

Este nuevo momento de nuestras intervenciones en el espacio público reúne varios nuevos elementos que nos permitirán llevar nuestro mensaje de respeto por el peatón más lejos y con mayor fuerza. Hablare de dos muy importantes:

  • Alianza con Colegios Distritales y lo niños como portadores del mensaje: Estuvimos en el barrio Restrepo (famoso por el comercio de zapatos) de la localidad Antonio Nariño, en el sur de la ciudad, trabajando con aproximadamente 40 jóvenes de la Institución Educativa Guillermo León Valencia. Comienza un proyecto que desde el pasado martes llevará el mensaje de respeto por el  peatón a la ciudad a través de un trabajo en llave con los niños y jóvenes de nuestros colegios distritales. Específicamente, junto a ellos, estaremos interviniendo y reparando con colores y creatividad la señalización vial de las zonas aledañas de sus propios colegios. La apuesta es empezar con intervenciones, un colegio por mes. ¿Qué mejor que generar esta conciencia en nuestros niños y que a la vez sean ellos los multiplicadores del mensaje?
  • Ciudadanía y gobierno de la ciudad suman esfuerzos alrededor del proyecto: Algo muy importante que logramos para el futuro del proyecto es que entidades claves del distrito como las Secretarías de Movilidad, Educación y Gobierno y la Veeduría Distrital (primera en sumarse) se unieran a este, cada una de ellas aportando desde sus respectivos roles y fortalezas. El martes pasado apoyaron cerrando las vías y ayudando a controlar el tráfico. La idea es que en los próximos días, semanas, la Secretaría de Movilidad se haga presente en el lugar, complementando nuestra intervención con la señalización vial pendiente (pictogramas, letrero de zona escolar) e instalando estoperoles (reductores de velocidad) sobre las franjas de colores. Adicionalmente, el componente pedagógico se reforzará a través de talleres de capacitación sobre accidentalidad vial que la Secretaría de Movilidad llevará a los colegios. El proyecto es en sí mismo una propuesta de conversación de doble y más vías. La ciudadanía pone. El gobierno pone. Todos ganamos. Y lo mejor, nadie pierde.

Jaime Garzón le dijo a un grupo de jóvenes universitarios lo siguiente en una conferencia en la Universidad del Valle, corría el año de 1997:

“Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselos.”

Haríamos bien en recoger estas palabras para llevarlas a la práctica en nuestras ciudades, en nuestros entornos, barrios, comunidades. Sin duda, este es otro mensaje central de nuestra iniciativa.

Al final, lo que queremos es una ciudad que a través de insistir sobre la importancia del respeto por el peatón, con hechos concretos y la búsqueda de cambios culturales,  nos encamine hacia una sociedad más incluyente, solidaria y democrática.

Nuestro regalo de cumpleaños (475) para Bogotá: Cebras al Colegio

Cebras por la Vida continua, ahora, llevando la iniciativa a Colegios Distritales. Llevaremos el mensaje a toda la ciudad.

Por: http://combo2600.com/

Cebras por la Vida

Cebras por la Vida

Hace unos meses pintamos la primera cebra de colores en Bogotá. A partir de ese momento descubrimos la fuerza transformadora que tiene la acción ciudadana, propositiva, colectiva y creativa. Hoy, en sus 475 años, tenemos otro regalo para la ciudad.

Hace algunos meses, la Veeduría Distrital, que acompaña el proceso de la Mesa de Cabildantes Estudiantiles de Bogotá, nos invitó a que aportáramos nuestro conocimiento y nuestras capacidades como iniciativas ciudadanas para identificar posibles estrategias que aporten en la construcción de entornos escolares seguros; una cuenta pendiente con los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de la capital.

En conjunto identificamos serias deficiencias en materia de señalización y demarcación de las zonas escolares, que alimentan la inseguridad de las niñas y los niños que diariamente van y vienen de sus colegios a pie. Era, por lo tanto, la mejor oportunidad para integrar nuestra exitosa experiencia de las cebras de colores a la política pública de la ciudad e imprimirle a los entornos escolares un nuevo significado, en donde el peatón sea el centro y la prioridad.

Junto con nuestros amigos de Cebras por la Vida y la Veeduría Distrital, también se unieron a esta iniciativa las secretarías de Gobierno, Movilidad y Educación, quienes están comprometidos en hacer realidad el sueño de tener cebras de colores en los entornos escolares. Esperamos aunar esfuerzos entre las instituciones, la ciudadanía y el sector privado para darle a Bogotá alternativas en la ejecución de sus políticas públicas, que trasciendan en el tiempo con un sentido de corresponsabilidad, innovación y amor por la ciudad.

 Con la Mesa de Cabildantes Estudiantiles de Bogotá se escogieron 4 colegios piloto para la intervención, que están ubicados en las localidades de Antonio Nariño, Rafael Uribe Uribe, Engativá y Bosa; allí estaremos devolviéndole a Bogotá y a sus más frágiles peatones, un espacio seguro y colorido para caminar.

 Es por eso que queremos contarles sobre nuestra nueva iniciativa e invitar a los que quieran acompañarnos a que vengan el próximo miércoles 14 de agosto, desde las 11 de la mañana, a pintar la primera cebra de colores en la IED Guillermo León Valencia, ubicado barrio Restrepo (Carrera 24b sur con Calle 16) en dónde le entregaremos a la ciudad el que será el regalo más colorido en sus 475 años.

El sistema está quebrado ¿Con qué lo curaremos?

El poder del contexto y el determinante humano

Me encontré con el siguiente doloroso artículo sobre el caos que se vive actualmente en Transmilenio: El plan para combatir con cultura a los ‘bárbaros’ en Transmilenio. Principalmente se refiere a la falta generalizada de cultura ciudadana que se vive dentro del sistema de buses rojos. O en palabras más directas, se refiere al comportamiento vandálico y hasta criminal que cientos de sus usuarios practican diariamente en éste. La situación de desgobierno que describe el artículo, deja la alarmante sensación de que el sistema comienza a adoptar, cada vez con mayor fuerza, los vicios y peligros que caracterizan el infierno y la tragedia que ha sido y es “La Guerra del Centavo.” Progresiva y sistemáticamente el aire que se respira en el entorno es más violento, de más irrespeto entre los mismos ciudadanos y hacia el sistema, dónde los hampones se adueñan con mayor propiedad de la escena, y así, el caos se afianza y se reproduce. El sistema se va oxidando, se va pudriendo, se va quebrando. ¿De quién es la culpa? ¿Somos los bogotanos patológicamente unos bárbaros? ¿Lo explica nuestro ADN? ¿Así somos y punto? ¿Somos una multitudinaria partida de hampones? Al fin y al cabo, todas las situaciones que menciona la nota tienen a los ciudadanos como sus protagonistas. Pareciera entonces  que hay demasiada evidencia en contra(Este es un buen artículo que así lo sugiere: La hipocresía de colarse en Transmilenio¿Ustedes qué opinan? Sigue leyendo

The Atlantic Cities toma nota del activismo urbano bogotano

Hoy en día, The Atlantic Cities es sin ninguna duda uno de los mejores proyectos editoriales digitales sobre la actualidad del debate urbano en el mundo. Para quienes les interesa el tema de las ciudades, aquí encontrará un lugar absolutamente fascinante con contenidos de gran calidad, de miradas frescas y un tono creativo sobre las tendencias urbanas que están mandando la parada. A continuación les comparto con gran felicidad la entrada que publicaron la semana pasada sobre el activismo urbano bogotano del que he sido parte junto con otras personas y colectivos (Combo2600, La Ciudad Verde, Agentes Cultóricos) alrededor de una causa que inexplicablemente ha permanecido invisible en nuestra ciudad: el respeto por el peatón.

In Bogotá, Activists Are Fighting Against a Backslide in Pedestrian Safety

Atl Cities

Es importante que en el mundo entiendan que los días de los mimos de Mockus  y de la ciudad que se dio la pela de recuperar los andenes de los carros para los peatones durante su gobierno y el de Peñalosa, dejaron de estar con nosotros hace ya muchos años. Es la triste realidad. Progresivamente cualquier cultura de respeto hacia quienes caminamos, inculcada por estas administraciones, se fue diluyendo; carros estacionando sobre andenes, deteniéndose sobre cebras y  rampas de acceso, motos que transitan temerariamente sobre rutas peatonales, construcciones bloqueando pasos, PARES y semáforos en rojo que nadie respeta, déficit de semaforización peatonal, etc., etc., etc., etc.

Es ante esta absurda e irrefutable realidad y la inacción del gobierno de la ciudad frente a  la problemática que acciones como Cebras por la Vida, 1 Minuto de Silencio por el Peatón y el homenaje a Su Majestad el Cráter han cobrado vida y sentido.

Ciudades excluyentes, ciudades en deuda

¿Dónde está la discapacidad? No está en la persona. Está en el entorno.

Queremos una ciudad donde caminar sea seguro para nuestros adultos mayores

Estaba en mora de escribir sobre este tema, porque a pesar de haber reflexionado mucho al respecto, pensando en la tragedia que son nuestras ciudades para las personas con discapacidad y nuestros adultos mayores, siempre con la intención de plantear y visibilizar el problema, hasta ahora me decido a hacerlo. Ha sido de pronto el miedo a defraudar o herir susceptibilidades. ¿Cómo referirme a estas personas? (Discapacitadas, en condición de discapacidad, personas con condiciones especiales, personas especiales, sencillamente distintas, etc.) Este es un punto que siempre aparece en la discusión. ¡Siempre! Pues nada, es un tema duro, sensible, del que poco conocemos y donde unos saben más que otros. Pero no importa, el punto es que hay que hablar del problema y planteárselo a la sociedad. Lo más grave definitivamente sí sería no tratarlo o seguirlo abordando tímidamente, o continuar atendiéndolo principalmente desde el plano discursivo y normativo. Vale la pena preguntarnos: ¿Cómo es posible que en un país como Colombia cuya guerra ha mutilado a miles de nuestros soldados y cobrado la vida de tantas personas, el problema pase de agache? ¡Hay demasiada tinta muerta sobre el tema! Para la muestra nuestras ciudades. Ahí está Bogotá.

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Así sucedió CEBRAS POR LA VIDA…..

En medio de un intenso invierno de lluvias, el clima cedió, y  el sol salió para que Cebras por la Vida se tomara las calles.

Llegó un grupo increíble de personas, de diferentes edades, todas interesadas en transformar su ciudad. Probablemente lo más gratificante de la jornada resultó ser el encuentro y la integración de estas personas. La ciudad se construye en equipo, alrededor de causas comunes. ¿Y cuantas causas comunes, importantes, no tenemos delante nuestro? Como en este caso, la apuesta es visibilizarlas, sacarlas a relucir. Exponerlas con cariño y creatividad. Hacer que sea imposible seguirlas ignorando. Entender que la ciudad la definimos entre todos y que esta no es otra cosa que la acumulación de sus pequeños detalles.

Ahí le dejamos a la ciudad una pequeña inversión que hacemos sus ciudadanos para proteger a quienes caminan Bogotá.

Cebras por la Vida se realizó en el marco de 100en1Dïa. Gracias a ellos por animar esta jornada de acción ciudadana a favor de una mejor ciudad.

Cebras por la Vida ¡Un ejercicio de ciudadanía activa!

CEBRAS (1)Este sábado entrante estaremos a las 11 am en la intersección de la Calle 72 con Carrera 9 lanzando el proyecto Cebras por la Vida. En el marco del proyecto 100en1Día, haremos una pintada de pasos de cebra que adornaremos con mucho color y expresión ciudadana. Todos están muy invitados a participar en esta fiesta que reclama por el derecho  de  todos los bogotanos a caminar de manera segura y digna. 

¿Qué busca Cebras por Vida? Puntualmente, dignificar el lugar de quienes caminamos en Bogotá. Darle al peatón el lugar que se merece. Priorizarlo y cuidarlo. “Queremos enseñarnos y enseñarle a la ciudad y demás ciudadanos sobre la importancia de priorizar, proteger y dignificar al peatón.” Decía en una nota anterior que “pensar en el peatón es obligarnos a mirar de manera amplia y comprensiva los aspectos más críticos de la ciudad, pensando siempre primero en las personas, no en el auto particular y sus exigencias. Es esta quizás la motivación más extraordinaria para hacer de Bogotá una ciudad tolerante, incluyente, amable con el medio ambiente, compacta, limpia, cálida y segura para todos. “

Lo invito a responder: ¿Por qué Cebras por la Vida? ¿Por qué son importantes las cebras?

Las siguientes son las respuestas de los aliados del proyecto a esta misma pregunta: Sigue leyendo

Cobro de Valorización ¿Sí valoriza? ¿Siempre valoriza?

 “¿Qué pasa si con la obra de valorización mi propiedad se desvaloriza en vez de valorizarse? ¿El distrito me indemniza?

@MaFeRojas (Directora del IDU)”

Nunca recibí respuesta.

El instrumento del cobro de valorización parte del supuesto de que con toda obra de infraestructura que con éste se realiza, se está valorizando la propiedad de quien lo paga, ubicada cerca de  la novedad. ¿Cierto? Ahora bien ¿Pueda ser, contrariamente a lo aceptado, que además de perder por el lado de la contribución que paga el ciudadano, éste, también pierda, e incluso más, con la obra ya edificada? Es decir, el ciudadano no recibe el retorno o bienestar esperado por el pago del impuesto, la obra no lo beneficia y hasta desmejora su calidad de vida, perdiendo entonces por izquierda y derecha.

¿Ustedes que creen? La respuesta es sí. Mi respuesta. Definitivamente no toda obra de infraestructura eleva el valor del suelo a su alrededor. Y se ha vuelto casi una ley de la naturaleza, que autopistas elevadas y grandes puentes dentro de las ciudades, no solo no generan riqueza y tampoco elevan el valor de las propiedades vecinas, sino que por el contrario destruyen, implacables, su valor. Arruinan la calidad de vida del entorno. Matan todo lo que yace abajo.

¿Qué han hecho en el mundo? Por muchos años se impuso el modelo de las grandes autopistas. Pero no va más. En el mundo están tumbando estas autopistas urbanas elevadas para reemplazarlas por espacio público de calidad (parques lineales, alamedas, plazas, bulevares, espacios verdes, avenidas, parques, etc.). El caso más emblemático es Seúl, Corea del Sur (Ver foto) con el Proyecto de Renovación Cheonggyecheon[1]  (Lea reportaje New York Times). El osado alcalde que desapareció la autopista llegó a ser Presidente del país entre 2008-2013; Mr. “Cheonggyecheon” Lee Myung-bak. ¡Nuestros políticos, tomen nota! Otro buen ejemplo es Madrid, España con el proyecto Madrid Río. Y en Vancouver, han prohibido la construcción de puentes vehiculares elevados dentro de la ciudad[2].

 

¿Cuál ha sido la cantaleta de los bogotanos frente al problema de la congestión? “Más vías, más puentes, autopistas urbanas”. Y entonces se me viene a la mente la manera como el urbanista y ex alcalde de Curitiba, Brasil,  Jaime Lerner se refiere a los autos y sus caprichos: Son exigentes, nada les satisface, siempre piden más.” Y trae después la siguiente frase inolvidable: “Yo siempre suelo decir que el carro es como la suegra. Tienes que tener una buena relación con ella, pero ella no puede dirigir tu vida. Porque cuando la única mujer en tu vida es tu suegra, tienes un problema.”

En Bogotá nos tendrá que llegar el día, esperemos más temprano que tarde, en el que entendamos que el problema de la congestión nunca se resolverá sólo con ampliar más vías y que al carro particular debemos encontrarle alternativas concretas. La obsesión por el carro y sus demandas, es el viacrucis de una ciudad.

El caso del Puente de la Calle 109 con NQS

 

En un principio se le propuso a la comunidad pasar la vía por debajo de tierra. Sin embargo, a medio camino, a los ciudadanos se les cambio el proyecto por la alternativa del puente elevado. Según el Distrito, lo segundo resultaría más económico. ¿Para quién? ¿Alguien cuantifica el costo social de estas obras? ¿Alguien valora lo que le cuesta al estado la erosión de la confianza ciudadana en su sistema tributario? En fin. Preguntas importantes que nunca o poco se responden.

Ver este puente hoy, construido, estrellado contra los muros del Cantón Norte me produce indignación. Sigue leyendo

¿Por qué algunos taxistas en Bogotá preguntan para dónde va uno?

la foto (49)

¿Por qué algunos taxistas en Bogotá preguntan antes de aceptar la carrera para dónde va uno?

Esta fue la pregunta que la semana anterior me invitó a responder la Revista Semana para el especial: 100 preguntas para saber cómo somos los colombianos.

Acá mi respuesta:

Por pereza, porque no les conviene en términos de eficiencia “la ruta no les sirve”, por un egoísmo racional, pero principalmente, porque como pasa en tantas otras actividades en Bogotá (Guerra del Centavo, Grafiti, carteles de publicidad, ventas ambulantes, etc.) el contexto, la laxitud de la autoridad formal y social y una falta de aplicación consistente de las normas, lo permite. Frente a la ausencia de un aparato estatal fuerte, algo/alguien llenará ese vacío; alguien pondrá las reglas. En este caso, los taxistas. Ante esto, definitivamente faltan mayores niveles de solidaridad en la ciudad y de respeto por lo público y por el ciudadano de a pie.

 La norma existe. Ante la problemática y la queja reiterada de los ciudadanos, hemos visto a las autoridades en repetidas ocasiones salir en medios advirtiéndolo. ¿De cuánto es la multa?  ¿Cuántas se han sancionado? ¿Cómo pone un ciudadano la queja y cómo se hace efectiva? ¿Alguno de ustedes conoce la respuesta a estas preguntas? Yo no las conozco. De pronto si conociéramos las respuestas a estas preguntas, la situación no sería tan frecuente. De pronto si el gobierno se hiciera estas preguntas con seriedad, poniendo en el centro de la discusión el bienestar del ciudadano, la situación no sería tan frecuente.

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La respuesta que dí me salió espontáneamente sin que en su momento hubiese  consultado a taxista alguno u otra persona. Ahora bien, tras haberlo conversado rápidamente con un taxista esa misma tarde, el señor mencionó que una razón importante era lo “bueno del trabajo.” Es que “hay muy buen trabajo” me comentaba. Es decir, a cambio de esa carrera que pueda ser lejos y/o trancada por la congestión, salen varias más convenientes/eficientes. El mercado regulando la actividad y el comportamiento de los taxistas. Me confesó que no se sienten realmente amenazados por la sanción, aunque en su caso, prefería no hacerlo. Se evitaba insultos y el mal genio de las personas. En el momento en que se acaba su turno -se intuye que es cuándo más sucede-, me contaba que procuraba  ir por el carril del centro evitando recoger pasajeros (Autoregulación).

¿Ustedes qué responderían a la pregunta? ¿Sumarían algo más?