Uribe, la Encrucijada de los Verdes, y el debate que los bogotanos no podemos eludir

Imagen-Revista Semana

La figura y las salidas del expresidente Uribe enrarecen el panorama electoral, arrastran y reducen el debate electoral sobre el futuro alcalde de Bogotá a un asunto de mecánica electoral, y se asoma la esterilidad de una discusión planteada en términos de Uribistas vs Antiuribistas. No es lo que necesita Bogotá en medio de esta trascendental elección; pero así será. Uribe se hará sentir gústeles o no. Prueba de ello, es la difícil situación que por estos días suscitó su reiterado respaldo al exalcalde Enrique Peñalosa en las filas del Partido Verde, y que hoy distancian al candidato del ala de su copartidario Antanas Mockus.

En el caso particular de los verdes el efecto Uribe está obligando al partido a escoger entre dos orillas que a mi parecer resultan irreconciliables, y por eso, la dureza y la franqueza de las palabras que dirigió Mockus a Peñalosa la semana pasada: “Uribe o yo”. Tras analizar el incidente me inclino por pensar que no es capricho. La posición radical de Mockus hay que entenderla a partir del contexto y del discurso que dio vida a la Ola Verde en medio de las presidenciales del año pasado, pues el fenómeno nació fundamentalmente como una vehemente y refrescante contrapropuesta a los métodos de hacer política del uribismo.

Fue del discurso anticorrupción y gracias a la apuesta por una manera distinta de hacer política de donde obtuvo su fuerza la opción verde. Fue un fenómeno ciudadano que creyó en un equipo de políticos independientes, probados exitosamente al frente de la administración de Bogotá, y Fajardo en Medellín. El discurso encontró su fortaleza y margen para crecer en la coherencia que existió entre la trayectoria de sus candidatos y los postulados que exhortaron.

En medio de la grave crisis que afronta Bogotá, marcada además por el mayor escándalo de corrupción que la ciudad recuerde, y que tiene al Alcalde Samuel Moreno suspendido por los próximos 3 meses, sería absolutamente irresponsable no centrar buena parte de la discusión electoral alrededor del problema de la corrupción, la politiquería, el clientelismo, y la ausencia de controles políticos efectivos.

Pero teniendo en cuenta lo anterior, ¿Cómo plantear frontalmente la pelea contra todas estas plagas si se tiene como socio al grupo político que mejor las ha practicado en los últimos años? ¿Se siente seguro el candidato Peñalosa de no estar poniendo en juego la futura gobernabilidad, transparencia e independencia de un posible gobierno suyo al aliarse en campaña con el Uribismo?  ¿Sobre la base de qué razones programáticas se le abren las puertas al Uribismo para la realización de una posible alianza y no a los otros partidos?

Veo en una alianza de los verdes con Uribe un duro golpe al compromiso de ese partido de seguir defendiendo con igual contundencia su rechazo al “todo vale.”

 Siempre existirá el riesgo de perder o la posibilidad de ganar. Confieso que me atrae el modelo de ciudad que pregona el candidato Peñalosa, y su capacidad y experiencia de realizar sus ideas, sin embargo, creo que es imperante la necesidad de alcanzar la alcaldía honrando los sentimientos y las razones que hicieron posible la efímera ilusión de la Ola Verde. Mockus está exigiendo la coherencia de principios.

Enrique Peñalosa twiteaba en estos días, “Lo que ha ocurrido en Bogotá es una dolorosa manera de aprender que si importa por quien votamos y a quien elegimos”. Me tomé el atrevimiento de responderle por el mismo medio que la situación igualmente demuestra que también importa con quién se gobierna, y el uribismo cogobernó con Samuel desde el Concejo; Bogotá necesita coherencia.”

Juan Carlos Flórez se refiere al silencio del concejo ante la debacle de la ciudad así: “Mientras la ciudad era saqueada y llevada al despeñadero, el grueso de los 45 concejales  comía callado; apenas unos poquísimos levantaron tímidamente su voz ante tan descarados delitos y ante tanta desidia. El resto calló y vale la pena preguntarse por qué lo hizo.”

Creo en la necesidad de reivindicar las opciones políticas ciudadanas y aquellas que por trayectoria dan mayores seguridades de no terminar contaminadas por la politiquería y la corrupción. Creo en la urgente necesidad de derrotar por medio de la inspiración, las buenas ideas, y el voto de opinión –el más difícil de conquistar-,  al voto emocional, politiquero y asociado a cálculos electorales. Hoy más que  nunca el electorado bogotano tiene la responsabilidad de elegir un programa sólido que demuestre independencia y firmeza frente al manoseo de la clase política oportunista y clientelista.

La elección comienza a calentarse, es temprano, pero esperaría que muy pronto comience el debate de las ideas entre quienes aspiran a gobernar la ciudad. La elección está bien abierta, y por el momento nadie tiene nada asegurado.  Eso sí, recomendaría a los candidatos mucha coherencia. Los bogotanos estamos atentos.

¿Usted qué opina de una posible alianza del Partido Verde/Peñalosa con el expresidente Uribe y el Partido de la U? ¿La ve conveniente? ¿Inconveniente? ¿Pone o quita votos?

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2 Respuestas a “Uribe, la Encrucijada de los Verdes, y el debate que los bogotanos no podemos eludir

  1. German me permito transcribir el texto del profesor Guillermo Hoyos
    Moral, ética, política y derecho

    “El ex presidente Uribe no es un delincuente”; no sería difícil estar de acuerdo con esta declaración de Enrique Peñalosa, el nuevo candidato a la alcaldía de Bogotá por el partido de los Verdes con el apoyo de los uribistas. Al menos mientras los jueces no digan lo contrario.

    Pero resulta que éste no es el problema que divide a los Verdes oportunistas, con Peñalosa a la cabeza, de unos pocos que, con Mockus, sí parecen aún ser consecuentes con los principios fundamentales de la filosofía política: a saber, que moral, ética, política y derecho no son la misma cosa, así desde Aristóteles la ética y la política sean hermanas, y así la moral, la política y el derecho estén tan relacionados desde Kant, que él mismo dijo, en su bondadosa ingenuidad, que si en algún momento hay conflicto entre política y derecho que no pueda solucionarse por las buenas, es necesario llamar a la moral, la cual solucionará la cuestión al instante. Claro que esto es tan bonito, que no alcanza a ser cierto.

    Lo que sí sigue siendo cierto en la genialidad de Kant es que “a la auténtica política le es imposible dar un solo paso sin haber rendido antes homenaje a la moral”. Sin hacer este homenaje, escribe en su Paz Perpetua, no será posible ir acabando con “la terrible guerra”, de la que afirma con un pensador griego: “lo malo de la guerra radica en que crea más personas malas que las que elimina”.

    Una condena tardía

    Algo semejante a lo que está sucediendo con los Verdes ocurrió no hace mucho con el Polo Democrático Alternativo. También ellos confundieron la política con el derecho, al afirmar que no podían descalificar a Samuel Moreno como Alcalde de Bogotá ni a su hermano como Senador, elegidos por ellos mismos y por quienes confiaron en los principios éticos -no necesariamente morales o moralistas- de las directivas de ese partido.

    (La continuacion del articulo lo encuentran en Razon Publica)

    http://razonpublica.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2045:penalosa-y-uribe-el-polo-y-samuel-moreno-la-confusion-lamentable-de-nuestros-dirigentes-&catid=19:politica-y-gobierno-&Itemid=27

  2. Pingback: Sr. Peñalosa ¿Había necesidad? | MiBlogota : Pensando en una Mejor Bogotá

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